Por Alejandro A. Tagliavini*

 

La recuperación no se dio en el segundo trimestre del 2016, ni en el último semestre y, ahora, los analistas “optimistas” se están atajando y la están retrasando para el segundo semestre de 2017… pero no vendrá. A lo sumo, podrá ocurrir que la medición del PIB del Indec muestre algún repunte debido a la entrada circunstancial de dinero, pero crecimiento en términos de aumento de la eficiencia y productividad, no se dará.

Según el Indec, la construcción cayó 12,7% durante 2016, con una fuerte caída en diciembre -7,8%- mientras que la producción industrial, que retrocedió 2,3% interanual en diciembre, acumuló una merma del 4,6% en 2016. La recaudación de enero -que subió 30%- pareciera corroborar que el país sigue en recesión porque parece baja si descontamos la inflación y el blanqueo. Y, en mi opinión, esto marca una tendencia.

El principio es simple, el mercado resulta destruido por la represión estatal medida en términos de presión fiscal total (carga impositiva, inflación, endeudamiento, etc.), que ha aumentado, y por las regulaciones que, en el balance, pareciera que también crecieron porque, si bien se eliminaron algunas como el “cepo”, se instrumentaron otras como los “precios transparentes” que traen mucha confusión y terminarán provocando el efecto contrario, de hecho, el aumento en las compras en cuotas podría superar el 40%.

Los “optimistas” no basan sus estimaciones en criterios científicos sino en datos coyunturales que, suponen, se van a dar y, suponen, influirán positivamente. Demasiadas suposiciones y poco rigor científico. Una de estas consultoras prevé un “alto crecimiento” en la siderurgia (11,5%), la construcción (10,1%), el sector automotor (5,1%), el agro (4,3%), los agroquímicos (5,4%) y la carne bovina (3,8%)… me encantaría saber cómo adivinan estos crecimientos porque saberlos a ciencia cierta, cuando ni los productores lo saben, no es serio.

La supuesta recuperación se daría primero en el interior, gracias al agro que hasta ahora ha dejado mucho que desear considerando que es de los sectores más beneficiados por Macri. Según La Rural, se daría una cosecha récord de 120 millones de toneladas -10% más que el año pasado- y récord también en la producción de carne con 5,9 millones de toneladas. Y dice que podrían generar 1,1 millón de puestos de trabajo en cinco años. Pero el Indec mostró una pérdida de 5.736 puestos en el sector en el tercer trimestre de 2016, respecto al mismo período del 2015.

Casi basan el supuesto crecimiento en el campo, el repunte del consumo y la obra pública. Lo del campo es poco para empujar a toda la economía y lo del aumento del consumo suena ridículo ya que no repuntó en enero y la tendencia es negativa. Los aumentos de tarifas en 2017 mermarán los recursos de los consumidores que el año pasado perdieron 6%.

Para la consultora Scentia, el salario real no mejorará y, por ende, tampoco el consumo y la economía crecería entre 1% y -1%. Según los supermercados, en enero no se percibió recuperación del consumo, y se mantuvo la tendencia declinante. Los números muestran mermas de entre 8% y 11% en volumen. El 2016 cerró con una contracción del 4,5%, con un diciembre que registró una caída de 5,1% interanual.

Finalmente, en cuanto a la obra pública hay que decir que, por el contrario, es recesiva. El Estado no crea riqueza, la retira del mercado coactivamente con impuestos. De modo que retira dinero de la actividad privada, lo tamiza por una enorme burocracia y lo que queda para inversión es mal asignado.

Y la Fed no ayuda. Para una economía como la Argentina que, como dije, para crecer necesita entrada de dinero, todo parece indicar que se encarecerá complicando no solo el financiamiento sino la deuda contraída y la importación de insumos, tecnología y bienes de capital imprescindibles para el crecimiento real en productividad y eficiencia.

Pese a que la Fed, tiene intención de aplicar en 2017 al menos tres subas de tasas, en esta reunión del 1 de febrero, no hizo anuncios porque espera a que se defina la política económica de Trump que dijo que reducirá impuestos a las empresas y a la clase media a la vez que pretende gastar hasta un billón de dólares en infraestructura. Como están las cosas, van a aumentar la emisión que la Fed pretendería contrarrestar elevando más las tasas lo que conduciría a un dólar más fuerte.

Expertos como Anatole Kaletsky, de Gavekal Dragonomics, o Ben Emons de Intellectus Partners y columnista de Bloomberg, han señalado que la fortaleza del billete verde podría causar, en 2017, una crisis de deuda en los emergentes peor que la de los 80 y 90.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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