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Alejandro A. Tagliavini

"Hay quienes piensan distinto a mí, incluso yo, al cabo del tiempo, pienso distinto a mí", J.L. Borges

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Tesla y Bitcoin, una lección de economía

Por Alejandro A. Tagliavini*

                 Para decirlo rápidamente, hoy se dan tres corrientes económicas. El keysianismo, que lo conocemos de sobra por ser gran armador de burbujas, emiten y emiten creyendo que con eso mueven la economía y lo que logran es un boom artificial que, para cuando se pincha, la onda expansiva empora las cosas. La teoría económica neoclásica -la preferida de los operadores de mercados que desconfían de la emisión exagerada- cuya característica consiste en creer en el equilibrio -de la curva de oferta y demanda- del mercado, lo que implica el conocimiento perfecto y, por tanto, que éste es estático y rígido: la empresa es solo una función productiva, un medio para transformar insumos en productos.

                 Y finalmente la teoría que podríamos llamar del mercado natural (“libre”), iniciada por los escolásticos españoles de la Escuela de Salamanca de los siglos XV y XVI, y retomada, en alguna medida, por la Escuela Austríaca de Economía que sabe que no existe el equilibrio -porque no hay conocimiento perfecto, estático- sino un entorno puntual en permanente movimiento, que tiende al equilibrio en la medida en que se encuentra nuevo conocimiento que siempre es perfectible. Y, por ello, el mercado es imprevisible e imposible de planificar de antemano. Y una empresa es, precisamente, una función creativa, en búsqueda del conocimiento perfecto al que nunca se llega, y por tanto, imprevisible y espontánea.

                   Escribió John Authers que la noticia de la vacuna de Moderna debería, al menos, ser tan importante como la de Pfizer, pero no lo fue para los mercados que llegaron a máximos históricos con la de Pfizer pero luego se enfriaron y no parecen haber reaccionado mucho con la segunda vacuna, más bien parecen desilusionados, y es que el mercado empieza a vislumbrar que los políticos se han enamorado de las cuarentenas y no las dejarán tan fácilmente.

                   Como era esperable, subieron las acciones castigadas por los confinamientos y demás represiones de los Estados y bajaron las de la plataforma de Internet FANG, Facebook (F), Amazon (AMZN), Netflix (NFLX), and Alphabet (GOOG) que siguen teniendo un rendimiento inferior al promedio de las acciones del S&P 500.

                   Moderna subió 400% en lo que va del año: 

                 Sin embargo, dice el neoclásico John Authers demostrando que no entiende al mercado, que aun cuando no ha sucedido nada que cambie la historia de “fundamentales” flojos de Tesla (TSLA) sus acciones ganan 604% en lo que va de 2020 y casi 700% desde que comencé a recomendar su compra después de la crisis de marzo:

                 Y desde que S&P Dow Jones Indexes anunció oficialmente que Tesla se unirá a su índice insignia S&P 500 el próximo mes, convirtiéndose en la empresa más grande jamás admitida en términos de capitalización de mercado, aunque no tendrá ningún efecto sobre los “fundamentales” -sus ingresos, ventas, rentabilidad o cualquier otra cosa que determine el valor actual descontado de sus flujos de efectivo futuros- el precio de sus acciones subió más que las de Moderna:

                     La capitalización de mercado de Tesla aumentó unos USD 50.000 M al conocerse la noticia, mientras que la capitalización de mercado de Moderna, después de toda la emoción, es de USD 38.700 M. Es decir, el comité de selección del S&P 500 ha logrado crear más valor de mercado al agregar Tesla a un índice que el equipo de científicos de Moderna al inventar una vacuna.

                      Tiene sentido que las personas compren Tesla ahora, porque saben que los fondos indexados y los fondos cotizados, que gerencian unos USD 11 B, estarán obligados a comprarla ahora que está incluida en el S&P 500. 

                     “Moderna puede o no tener un buen precio de USD 38.7000 M, pero su historia en 2020 es un ejemplo del capitalismo…Tesla puede o no tener un buen precio a casi exactamente 10 veces más (su capitalización de mercado ronda los USD 400.000 M), pero su historia en 2020 es un ejemplo de que el capitalismo va muy mal” se queja John Authers.

                       Como todos los neoclásicos que desde hace meses vienen augurando equivocadamente el desplome de Tesla no entiende que el mercado es imprevisible, que no se mueve al antojo de los operadores o planificadores estatales sino a su propio aire. Y, por sobre todo, no se mueve por costos, es decir, el público nunca decide cuánto quiere pagar por un producto según cuánto le cuesta al fabricante, decide comprar si considera que el precio le conviene. Así, el mercado no compra las acciones en base a los fundamentales de las empresas sino cuando intuye que esa acción tiene potencial para subir, por distintas razones.

                       A muchos les gusta hablar de “expectativas”, pero se parece más a “esperanza” porque las expectativas hacen referencia a la previsión de que esos fundamentales se superarán en el futuro, mientras que la esperanza hace referencia a que unas ideas claras, progresistas, con avances importantes y un liderazgo firme pueden obtener logros hoy impensables, y Elon Musk es uno de esos líderes que, entre otros tantos logros, desafió la cuarentena y ganó, “privatiza” la actividad espacial -y su infinito potencial- haciéndola mucho más eficiente. 

                        En fin, otro caso muy notable es el del Bitcoin cuyos “fundamentales” también asustan a los neoclásicos. Por cierto, las monedas privadas y digitales, que son muy anteriores a que se hiciera famoso el Bitcoin, han sido muy estudiadas por Lawrence White que twitteó este facsímil de 1869 donde ya se hacía referencia a “dinero cibernético” trasmitido de manera telegráfica: 

Fuente: Journal of the Telegraph (1 October 1869).

                     Escribió Joanna Ossinger que el Bitcoin (BTC) está siendo utilizado – a pesar de su histórica volatilidad- como cobertura contra riesgos, como una mayor debilidad del dólar o un repunte de la inflación. Sube casi 150% en 2020 y se ubica en relación con el oro en el nivel más alto en casi tres años. Y así empujó al índice de criptografía Bloomberg Galaxy, que rastrea a Bitcoin y las monedas rivales más grandes.

                 La base de inversores de BTC se amplía a medida que ingresan más instituciones como Square Inc., Paul Tudor Jones y Stan Druckenmiller, y más empresas incentivan su uso como la decisión de PayPal Holdings Inc. de permitir que sus clientes gasten cripto en su red de 26 M de comerciantes, o el operador español de vehículos blindados Prosegur SA que ha creado un sistema de almacenamiento en frío para proteger los activos digitales del cliente que nunca se conecta a Internet.

                Por cierto, el oro todavía tiene un historial más sólido y ha demostrado durante décadas ser un activo de refugio seguro. Pero se pueden combinar ambas cosas y comprar “ciber oro”.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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When panic is big business

Chica Miedo De Las Inyecciones En El Consultorio Del Médico Fotos,  Retratos, Imágenes Y Fotografía De Archivo Libres De Derecho. Image  53109538.

Alejandro A. Tagliavini *

                     One of the most talked about news these days has been that the CEO of Pfizer sold 5.56 million dollars in shares of the company (more than 60% of its participation) on the same day that the pharmaceutical company announced that its vaccine against coronavirus was more than 90% effective, while its executive vice president also got rid of shares that, that same day, closed with an increase of almost 8% and, since then, have fallen as in the stock markets the news of the vaccine cools.

                     Strategy that brings to mind another swap operation by executives of another biotechnology company, Moderna, when on May 18 it reaped highs on Wall Street with increases of 30% when announcing promising results of its vaccine. The next day, the company’s CFO exercised 241,000 options for $ 3 million and then sold them immediately for $ 19.8 million, securing a profit of $ 16.8 million.

                    Nuño Domínguez and Ignacio Fariza wrote in Madrid’s El País that Pfizer “is already closing million-dollar contracts to sell its vaccine to various countries, but the truth is that the only public proof of its effectiveness is a press release from the company itself that it does not answer fundamental questions” and the executives of both companies did not answer their questions.

                   While “It is unacceptable that the top manager of a company earns so much money on the same day that such a vague announcement is made, without hardly knowing details about the efficacy of the vaccine,” said Marcos López Hoyos, president of the Spanish Society of Immunology.

                  By the way, Moderna didn’t want to be left behind in this race (to earn money thanks to politicians?) to fight the covid and has announced that the effectiveness of its vaccine is 94%, but also without an endorsement that certifies it. It would only be missing that some exaggerated in his rush to win the race say that he has achieved a remedy with 120% effectiveness.

                In other words, these pharmaceutical companies are taking advantage of the public panic, spurred on by governments, to build juicy deals with the bureaucrats who decide which vaccine is supposedly good and which is not, as if they were not susceptible to being bribed. It is very easy for an official to write a statement – in exchange for “a little money” – saying that a vaccine is excellent, since if later the general public that naively believes in the “official information” suffers great damage, they simply cover it up thanks to the great propaganda power they have.

                Even if it was not mandatory, which it will probably be in countries with little respect for the human right to freedom – and great desire to do business between politicians and pharmaceutical companies – the world market created by “the need to vaccinate” a large part of humanity is huge and the profits are astonishing: a renowned Swiss bank estimates them at 10 billion dollars a year, in the US alone.

                     Instead, people – the market – risk their own lives when deciding to take a vaccine, therefore, they are not susceptible to being bribed and, if it is good for them, the word will spread among family and friends and others will take it. This is the main argument for vaccination to be totally voluntary, in addition to respect for a basic moral principle such as the human right to freedom.

* Senior Advisor at The Cedar Portfolio  and Member of the Advisory Council of the Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Cuando el pánico es un gran negocio

Chica Miedo De Las Inyecciones En El Consultorio Del Médico Fotos,  Retratos, Imágenes Y Fotografía De Archivo Libres De Derecho. Image  53109538.

Por Alejandro A. Tagliavini*

                     Una de las noticias más comentadas estos días ha sido que el CEO de Pfizer vendió 5,56 millones de dólares en acciones de la compañía (más del 60% de su participación) el mismo día en el que la farmacéutica anunciaba que su vacuna contra el coronavirus tenía una efectividad superior al 90%, a la vez que su vicepresidenta ejecutiva también se deshizo de acciones que, ese mismo día, cerraron con un alza de casi un 8% y, desde entonces, han bajado a medida que, en el mercado y las bolsas, se enfría la noticia de la vacuna.

                     Estrategia que trae a la memoria otra operación de canje por parte de directivos de otra biotecnológica, Moderna, cuando el 18 de mayo cosechaba máximos en Wall Street con subidas del 30% al anunciar resultados prometedores de su vacuna. Al día siguiente, el presidente financiero de la empresa ejerció 241.000 opciones por 3 millones de dólares y luego los vendió de inmediato por 19,8 millones asegurándose un beneficio de 16,8 millones de dólares.

                    Escribieron Nuño Domínguez e Ignacio Fariza, en El País de Madrid, que Pfizer “está cerrando ya contratos millonarios para vender su vacuna a varios países, pero lo cierto es que la única prueba pública de su efectividad es un comunicado de prensa de la propia compañía que no responde preguntas fundamentales” y que los directivos de ambas compañías no respondieron sus preguntas.

                   Mientras que “Es inaceptable que el máximo directivo de una empresa gane tanto dinero el mismo día que se hace un anuncio tan vago, sin que apenas conozcamos detalles sobre la eficacia de la vacuna”, opina Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología. 

                 Por cierto, Moderna no se ha querido quedar atrás en esta carrera (¿por ganar dinero gracias a los políticos?) por combatir el covid y ha anunciado que la efectividad de su vacuna es del 94%, pero también sin un aval que lo certifique. Solo faltaría que algún exagerado en su apremio por ganar la carrera diga que ha conseguido un remedio con el 120% de efectividad.

                En otras palabras, estas farmacéuticas están aprovechando el pánico del público, azuzado desde los gobiernos, para armar jugosos negocios con los burócratas que supuestamente deciden qué vacuna es buena y cual no, como si no fueran susceptibles de ser sobornados. A un burócrata le resulta muy fácil redactar un comunicado -a cambio de un dinerillo- diciendo que una vacuna es excelente, total que, si después el gran público que ingenuamente cree en la “información oficial” sufre grandes daños, sencillamente lo tapan gracias al gran poder de propaganda que tienen.

                Aun cuando no fuera obligatoria, que probablemente lo sea en países con poco respeto por el derecho humano de la libertad -y muchas ganas de hacer negocios entre políticos y farmacéuticas-, el mercado mundial creado por “la necesidad de vacunar” a gran parte de la humanidad es enorme y las ganancias siderales: un reconocido banco suizo las estima en 10.000 millones de dólares al año solo en EE.UU.

                     En cambio, las personas -el mercado- se juegan la propia vida al decidir tomar una vacuna, por lo tanto, no son susceptibles de ser sobornadas y, si les resulta buena, se correrá la voz entre familiares y amigos y otros la tomarán. Este es el principal argumento para que las vacunas sean totalmente libres, además del respeto a un principio moral básico como es el derecho humano a la libertad.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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El blue podría desacelerarse, mientras la vacuna se enfría

Por Alejandro A. Tagliavini*

            Una serie de hechos sintomáticos se han producido estos días, aunque por ahora son muy débiles, van en el buen sentido: el de achicar el peso -por tamaño y “regulaciones” del Estado- sobre la sociedad. Entre otros, el gobierno empieza a liberar los precios máximos y otras tarifas. Se avizora cierta intención de “austeridad” como el fin del IFE lo que produjo que, durante octubre, el déficit primario cayera.

             Fernández dijo que “sobran las tierras fiscales”, y que deben ser usadas para “producir alimentos” y que quiere “que las tierras del Estado improductivas vayan a quienes produzcan”, lo que sería un avance si eso implica privatizar, y si la propiedad no va a parar a los amigos del poder, mucho mejor. Y la desregulación, aunque mínima, del Cannabis medicinal va por el buen camino ya que la “guerra contra las drogas” lo único que trajo hasta ahora es, precisamente, guerra.

             Esta tendencia un poco más “ortodoxa” del gobierno se ve también en el mercado financiero y cambiario. La baja que venía encadenando estos días el blue sin dudas fue artificial, ya que se debió en buena medida a “manos amigas” que ofrecían diariamente cerca de USD 1 M. Sin embargo, si el gobierno profundiza este camino “más ortodoxo” el precio del dólar podría moderar su escalada, aunque no dejará de subir y mucho menos bajará.

             El plan de estabilización “market friendly” con el fin de reducir la brecha viene dando algún resultado, y hoy es menor al 90% cuando a mediados de septiembre los dólares financieros alcanzaron un precio de $181 y la brecha cambiaria respecto del oficial superó el 120%. Aunque para bajar las expectativas devaluatorias, el BCRA comenzó desde octubre a intervenir fuertemente en el ROFEX, vendiendo contratos de dólares a futuro, cerrando septiembre con una posición vendida neta en futuros superior a los USD 5.000 M. Si sumamos las colocaciones “dólar linked”, el total vendido en pesos ligados a la devaluación superaría los 10.000 M, según la Consultora 1.816. Lo que explica en parte la negativa del gobierno a devaluar que, dicen los rumores, el FMI exige sea de alrededor del 15%.

              Ante la dificultad de comprar dólares o salir al exterior, los bonos que ajustan por CER -la mejor alternativa entre las opciones soberanas en pesos- han venido subiendo notoriamente en la última semana ya que los inversores se preparan pensando en un contexto de mayor aceleración inflacionaria. En el año, la inflación acumula un total del 36,6% y desde el consenso de los analistas espera una aceleración estimando que alcance el 50,5% para los próximos 12 meses. Las emisiones de bonos dólar linked por $ 265.000 M bajó la demanda de bonos CER.

              Entretanto, el dólar solidario y el Mep se mueven en el rango de entre $140 y $150. El blue en tanto sube hasta los 166. Pese a ello, la diferencia entre el oficial minorista y las cotizaciones alternativas es mucho menor a la de hace algunas semanas. Así, la diferencia entre el dólar solidario y el blue ronda el 17% mientras que la brecha entre el minorista oficial y el Mep orilla apenas 5%. Las caída en el precio del Mep se debió a las intervenciones del BCRA y la Anses en el mercado de bonos, con ventas de títulos públicos para acotar las cotizaciones. 

              Hay que aprovechar que vale lo mismo el Mep que el oficial más los impuestos y comprar CEDEARS que también están baratos en pesos porque tienen implícita la cotización del dólar. En el Mep se puede comprar sin límite, igual que en el blue.

             Por cierto, quienes antes compraban su cupo solidario ahora se vuelcan al dólar blue con lo que el gobierno consiguió el efecto contrario a bajar el dólar, pero es que ya se quedaba sin reservas. Las arcas del BCRA siguen cayendo y ya perdieron más de USD 5.000 M en el año y las reservas internacionales “líquidas” serían ya negativas.

             Pero hasta ahora, el consenso de los analistas consideraba que un fuerte desequilibrio fiscal se avecinaba para diciembre, y sería financiado en mayor medida por emisión monetaria, viendo probable un ajuste cambiario para principios de 2021. El relevamiento de FocusEconomics, entre analistas locales y extranjeros, determinó el precio previsto para el dólar a diciembre de 2021 a $128,94, lo que representaría un alza de $6,78 respecto a las cifras previstas en el informe anterior de octubre para el mismo plazo. Considerando que el billete mayorista cotiza a $79,42, de cumplirse las proyecciones de los economistas, el precio del dólar subiría 62,3% en los próximos 13 meses y medio.

             A ver. Por caso, el precio de cierre de este jueves de un contrato futuro a febrero 2021 fue unos $94. Ahora, el BCRA aceleró la devaluación promedio diaria del dólar oficial, cercana a 0,3%, y si anualizamos el precio del dólar a esta tasa -sin contemplar un fuerte ajuste en el tipo de cambio como el que exigiría el FMI- paradójicamente éste superaría lo que hoy cotizan dichos contratos: febrero a $95,15.

             Pero el valor del dólar mayorista del consenso de la encuesta de ForumEconimics para fin de año que viene que es de $128,94, es inferior a lo que se está negociando para antes de esa fecha en el mercado de futuros y opciones del Rofex-Matba. En esa plaza se está pactando a $137,60 para octubre de 2021, que es la última fecha en la que se realizan estas operaciones a término.

             O sea, mientras el blue seguirá su rumbo quizás más moderado, el BCRA devaluará más de lo que el consenso y el mercado estiman en la suposición de que no ocurra devaluación como insiste el gobierno y que, de momento, lleva todas las de lograrlo.

             Entretanto, en el globo habas se cuecen. Escribe Laura Sánchez en Investing.com que una de las noticias más comentadas entre los expertos es que el CEO de Pfizer (NYSE:PFE), vendió el lunes USD 5,56 M en acciones de la compañía (más del 60% de su participación), el mismo día en el que la farmacéutica anunciaba que su vacuna contra el coronavirus tenía una efectividad superior al 90%.

             En tanto que la vicepresidenta ejecutiva de Pfizer, también vendió acciones ese mismo día, también al precio de 41,94 dólares cada una el día que las acciones de Pfizer cerraron con un alza de casi un 8% y desde entonces, a medida que en el mercado y las bolsas se enfrían la noticia de la vacuna no han dejado de bajar cotizando ahora a 37,84.

                Estrategia que trae a la memoria otra operación de canje por parte de directivos de otra biotecnológica, Moderna (NASDAQ:MRNA) cuando el pasado 18 de mayo la compañía cosechaba máximos en Wall Street con subidas del 30% al anunciar resultados prometedores de su vacuna. Al día siguiente, el presidente financiero de Moderna ejerció 241.000 opciones por USD 3 M y luego los vendió de inmediato por USD 19,8 M, asegurándose un beneficio de 16,8 M.

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

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How China will become the global leader in ten years

China: Historia colonial, diplomacia cañonera y paliza

Alejandro A. Tagliavini *

              In 2019 the Red Dragon was already the second largest economy in the world, with a GDP of about USD 14 trillion it left behind the euro zone (13.4 trillion) while, according to JP Morgan, the United States retained the first place with a GDP of USD 21.3 trillion and it remained the largest economy with 27.3% of global GDP, while China (17.9%) surpassed the euro zone (17.1%).

              Beijing intends to displace the Western powers economically, technologically and militarily. In less than 40 years it went from being an agrarian country, with USD 250 in annual per capita income, to an industrial giant and exceeding USD 9,000 in income in purchasing power parity. How it did it? Liberalizing the market.

              In other words, since violence is destructive, the less the State interferes – the monopoly of violence, its police power with which it imposes “laws” – the less it destroys what private people build and the more the economy grows. Thus, crises are solved by the private sector when the State worsens them, like vaccines (assuming they are not counterproductive) from the private company Pfizer that were achieved without public money: “You have to get rid of bureaucracy. The subsidy always comes with ties, “argued the company.

              Although the US is freer than China – except for Hong Kong – the fact of having about four times more inhabitants makes the red GDP approach that of the first power. Now, according to the IMF’s multi-state bureaucracy, the US economy (given the quarantines and other state repressions) will fall -4.3% in 2020 and grow 3.1% in 2021, while China lifted the lockdowns and will grow 1.9% in 2020 and 8.2% in 2021.

              But Beijing today has a more authoritarian leadership and is slowing the liberalization of the market, while the US increases state interference with the recent elections being a clear indication. Where the State has little weight, citizens have little interest in politics. On the contrary, where the state has a lot of interference, citizens are very concerned about who is in power.

                 In the recent elections, citizen participation reached a record 66.3%, and Joe Biden was elected with another record of 74.9 million votes surpassing Obama’s 68.4 million which Trump also surpassed by obtaining almost 70 million. Interestingly, by the way, the “revolutionary” Biden is the oldest president in history: 78 years. It brings to my mind the “revolutionary” Fidel whose Cuba was so conservative that the vehicles on the streets were from the 1950s.

                  And the current Chinese leader has clear “imperialist” intentions and he shows it with his “Belt and Road Initiative” (BRI) or “New Silk Road Initiative”, the megaproject that in its beginnings in 2013 was limited to neighboring countries , and its purpose was the construction of infrastructures for interconnection, but it has expanded geographically and sectoral. More than a hundred countries have already joined and it covers trade, finance, security, culture and tries to get other countries to adopt Chinese technology standards, such as 5G telephony and, in general, expands its global influence.

           More state interference in the US and slower liberation in China will bring less growth. Thus, supposing that the US grows at 2% in ten years, it will achieve a GDP of USD 25 trillion, and if China grows at 6% in a decade it will exceed 27 trillion.

* Senior Advisor at The Cedar Portfolio  and Member of the Advisory Council of the Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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De cómo China será el líder global en menos de diez años

China: Historia colonial, diplomacia cañonera y paliza

Por Alejandro A. Tagliavini*

              En 2019 el Dragón Rojo ya era la segunda economía del mundo, con un PBI de más de USD 14 billones dejaba atrás a la zona euro (13,4 billones) mientras que, según JP Morgan, EE.UU. conservaba el primer lugar con un PBI de USD 21,3 billones y seguía siendo la economía más grande con el 27,3% en el PBI global, mientras que China (17,9%) superaba a la zona euro (17,1%).

              Pekín pretende desplazar a las potencias occidentales no solo económicamente, sino tecnológica y militarmente. En menos de 40 años pasó de ser un país agrario, con USD 250 de renta anual per cápita, a un gigante industrial y rebasar los USD 9.000 de renta en paridad de poder adquisitivo. ¿Cómo lo logró? Liberando al mercado.

              Es decir, como la violencia es destructiva, cuanto menos se entromete el Estado -que es el monopolio de la violencia, su poder de policía con el que impone “leyes”- menos destruye lo que las personas privadas construyen y la economía crece más. Así, a las crisis las resuelve el sector privado cuando el Estado las empeora, como la vacuna (suponiendo que las vacunas no sean contraproducentes) de la empresa privada Pfizer que se logró sin dinero público: “Hay que liberarse de burocracia. La subvención siempre viene con ataduras”, argumentó la compañía.  

                   Aunque EE.UU. es más libre que China -salvo por Hong Kong- el hecho de tener unas cuatro veces más habitantes hace que el PBI rojo se acerque al de la primera potencia. Ahora, según la burocracia multi estatal del FMI, la economía de EE.UU. (dadas las cuarentenas y otras represiones estatales) caerá -4,3% en 2020 y crecerá 3,1% en 2021, en tanto que China levantó los confinamientos y crecerá 1,9% en 2020 y 8,2% en 2021.

                  Pero Pekín, hoy tiene un liderazgo más autoritario y está ralentizando la liberación del mercado, a la vez que EE.UU. aumenta las injerencias estatales siendo las recientes elecciones un claro indicio. Dónde el Estado tiene poco peso, por eso mismo los ciudadanos tienen escaso interés en la política. Por el contrario, donde el Estado tiene mucha injerencia, los ciudadanos están muy preocupados por quién ejerce el poder.

                 En las recientes elecciones la participación ciudadana llegó al récord de 66,3%, y Joe Biden fue electo, con otro récord de 74,9 millones de sufragios superando los 68,4 millones de Obama al que también superó Trump al obtener casi 70 millones. Curiosamente, por cierto, el “revolucionario” Biden es el presidente que tendrá más edad en la historia: 78 años. Me trae a la memoria al “revolucionario” Fidel cuya Cuba era tan conservadora que los vehículos que circulaban por las calles eran de la década del 50.  

                 Y, por cierto, el actual líder chino tiene claras intenciones “imperialistas” y lo evidencia con su “Belt and Road Initiative” (BRI) o “Iniciativa Nueva Ruta de la Seda”, el megaproyecto que, en sus comienzos en 2013, se ceñía a países vecinos, y su propósito era la construcción de infraestructuras para interconexión, pero se ha ido expandiéndo geográfica y sectorialmente. Ya se han adherido más de cien países y abarca el comercio, las finanzas, seguridad, cultural e intenta que otros países adopten estándares tecnológicos chinos, como la telefonía 5G y, en general, expandiendo su influencia global.

           Más injerencia estatal en EE.UU. y ralentización de la liberación china traerá menor crecimiento. Así, suponiendo que EE.UU. crezca al 2% en diez años logrará un PBI de USD 25 billones, y si China crece al 6% en una década lo superará con 27 billones.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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LA VERDADERA JUSTICIA SOCIAL

Artículo publicado en Revista de Instituciones, Ideas y Mercados Nº 48, ESEADE | Mayo 2008| pp. 259-284| ISSN 1668-0693

Por Alejandro A. Tagliavini

Introducción

           “La ‘justicia social’ como antitesis de la justicia” (1), es un artículo de Alberto Benegas Lynch (h) que me parece doblemente interesante. Por un lado, por el tema en sí mismo, siendo esta una buena oportunidad para que lo discutamos y ubiquemos en su justo lugar sacándolo del contexto demagógico en el que, lamentablemente, suele citárselo. Incluso, hasta ponerlo por encima de la justicia cuando social es solo un adjetivo que señala solo un modo de estudio de la justicia: desde el hombre viviendo en comunidad, en sociedad.

          El segundo motivo, por el cual es muy interesante, es porque es un buen ejemplo de lo que significa el engaño ideológico. Muchos se dicen tomistas y utilizan el lenguaje de esta metafísica, originalmente aristotélica, pero en realidad, no lo son. En cambio, Alberto Benegas Lynch (h) pareciera utilizar el lenguaje del empirismo inglés y, sin embargo, defiende el orden natural, como lo entiende la metafísica aristotélico tomista, frente a Rawls que, sin ser tomista, defiende la “justicia social” del mismo equivocado modo como la pregonan todos los falsos tomistas que conozco.

        Claro que me parece muy  oportuno, para aclarar todo esto, empezar por el principio. Es decir, descifrar qué es realmente el orden natural aristotélico tomista y, consecuentemente, qué es la justicia y qué la justicia social.

El orden natural

            Según Santo Tomás, “Algunos filósofos antiguos negaron el gobierno del mundo, diciendo que todas las cosas sucedían por la casualidad. Lo absurdo de esta opinión se demuestra de dos maneras: Primero por lo que advertimos en las cosas mismas: vemos que en las cosas naturales… se realiza lo mejor, lo cual no sucedería si no hubiese una providencia que las dirigiese al bien como a un fin, lo que es gobernar. Por lo tanto, el orden mismo invariable de las cosas es una prueba manifiesta de que el mundo es bien gobernado, como en una casa bien arreglada vemos, por el orden que en ella reina, que hay alguno que cuida de ella y la administra, según lo dijo Aristóteles…  La segunda razón… porque, siendo propio del mejor producir lo mejor no conviene a la soberana bondad de Dios el que no lleve a la perfección las cosas creadas; y la perfección suprema de cada ser está en la consecución de su fin; por consiguiente, así como pertenece a la bondad divina producir todas las cosas, de igual manera le es propio conducirlas a un fin, que es lo que se llama gobernar” (2).

            Se puede predecir, relativamente, a qué hora saldrá el sol el día de mañana y el día posterior y dentro de cien días. Porque, los astros, responden a un orden preestablecido. Podría conocerse con anticipación en qué época del año florecerá una planta en particular, porque el mundo vegetal, como el animal, también responde a un orden preestablecido. Y, Usted mismo, se dormirá todas las noches casi a la misma hora y comerá casi a las mismas horas, porque, también, tiene un orden preestablecido por la naturaleza. Pero no sólo físico sino, también, psíquico y espiritual. Quien más quien menos, todas las madres aman a sus hijos, los dolores fuertes provocan llanto y las situaciones cómicas, risa.

                   Así, según Jacques Maritain, el orden natural significa la existencia de leyes fenomenológicas, entendiendo por fenómeno toda manifestación de actividad. Leyes que son las generatrices y que se repiten invariablemente tanto en lo particular, como en lo general y universal. La ley científica, no hace jamás otra cosa que extraer, de manera más o menos directa, más o menos desenvuelta, la propiedad o la exigencia de un cierto indivisible ontológico, que no es otro que aquel que los filósofos llaman bajo el nombre de naturaleza o esencia (3).

                  Una característica importante de este orden es que es espontáneo (es intrínseco, de acción propia), consecuentemente está presente y se manifiesta en cualquier momento y lugar, independientemente de la voluntad humana. Los fenómenos naturales son espontáneos, precisamente, porque son intrínsecos, porque hacen a su propia esencia. Por el contrario, los objetos diseñados artificialmente, al no poseer principios intrínsecos, para desarrollar su “entidad” necesitan ser movidos por otra fuerza (4).

                   Algo que ocurre de modo espontáneo respondiendo a un orden preestablecido, puede decirse que ocurre ‘necesariamente’. Y, que el hombre pretenda ignorarlo, claro está, no tiene caso (5).

                    Queda claro que existe un orden natural preexistente al hombre aunque, fundamentalmente, para la persona humana (en función de su razón natural, de su alma en definitiva). ‘Infinitamente sabio’, aunque su ‘sabiduría’ fuera por ‘descarte’, es decir que, aquellos seres que no tuvieran asegurado un progreso hacia el bien, terminarían desapareciendo quedando sólo los que sí lo tuvieran.

           El orden (natural) es ‘la recta disposición’ de las cosas hacia un fin (el bien, el ser), ergo, el orden natural define la existencia. Ahora, esta ‘recta disposición’, por cierto, en ningún caso implica un ‘momento estático’ (un equilibrio) metafísico, sino todo lo contrario: supone un movimiento (un desarrollo) hacia la vida. El ‘momento estático’ es propio de las tumbas, de la muerte, en donde todo se dispone de modo que nada se mueva. 

            Para algunos autores el ‘estado natural’ del hombre es el estado primitivo (un cuadro estático). Para la metafísica aristotélico tomista el “estado natural” implicaría el “estar acorde con la naturaleza”, con el orden natural que implica movimiento, desarrollo. En consecuencia, significaría una contradicción el comparar un estado estático con el orden natural.

         Así, si bien es cierto que el ‘estado primitivo’ (históricamente hablando) del hombre es de ‘salvajismo’, no es menos cierto que, precisamente, luego de una sucesión de estados, hoy el hombre ha dejado de ser primitivo (al menos, tan primitivo). Esta sucesión de estados configura, por definición, un orden, porque toda sucesión evolutiva de fenómenos dirigidos hacia un fin (un bien), implica un orden.

          Alberto Benegas Lynch (h) se hace eco de esta definición de manera que “la condición natural del hombre lamentablemente es la pobreza más extrema”. Para la metafísica tomista, por el contrario la condición natural es un proceso evolutivo creativo, según veremos, que es infinito y, por tanto, lejos de la pobreza, es sobreabundante.

           Pero ese no es un inconveniente real sino una cuestión de vocabulario, ya que Alberto Benegas Lynch (h) tiene claro que, en la medida en que pueda desarrollarse naturalmente el mercado, la pobreza extrema será superada, sin límite superior. En cambio, los hay muchos “tomistas” que creen que el orden natural es una situación estática, una adecuación del hombre a unas reglas morales, que lo mantendrían en armonía con Dios, y de donde no hay que moverse.

         El problema es que, como esta situación no es real porque esta situación estática no se da naturalmente, estos “tomistas” empecinados en un cuadro “moral” estático diseñan unas normas artificiales que, precisamente, como no se dan espontáneamente, tienen que imponer coactivamente. Así, la moral no es la adecuación vital del hombre al movimiento del orden natural hacia la perfección de la vida, sino una serie de reglas prediseñadas que se imponen coercitivamente a la sociedad porque serían justas, según su opinión.

           Por el contrario, al ser el orden natural de principio intrínseco, en cuanto que hace referencia al ‘interior’, a la esencia de las cosas, la evolución se producirá de modo espontáneo, ‘necesario’, en tanto no lo coartemos. Recordemos que, para Aristóteles, las causas material y formal son intrínsecas, pues ambas lo realizan (al ser) inseparable y permanentemente, son “razón de su existencia” (6). En tanto que, las causas eficiente y final, suelen llamarse extrínsecas, porque son razón del ser pero no lo constituyen. Por cierto que, ‘la’ causa eficiente y final, sólo puede ser el Bien, de otro modo, el hombre se destruiría (ya se habría destruido).

El bien y el mal

                  El bien y el ser son convertibles (ens et bonum convertuntur). Parménides de Elea, quizás el primer gran metafísico de la historia, ya afirmaba la que, para muchos, es la primera y más simple aserción de toda verdadera filosofía: “Se debe pensar y decir siempre que el ser es, porque es ser, mientras que el no ser no es” (7). Así, metafísicamente hablando, el mal, ergo, la violencia, en cuanto tal, como que destruye a la vida, no existe.

            Doctrina clásica entre muchos autores, empezando por Platón y Aristóteles y, particularmente, entre los católicos, ya que lo contrario significaría sostener el maniqueísmo. Efectivamente, si el mal existiera esto implicaría que ha sido creado, pero como el Bien no puede crear el mal, habría que afirmar, junto con el maniqueísmo, que existen dos principios creadores: uno para el bien y otro para el mal.

                Así, por ejemplo, san Agustín identifica claramente el mal con el no ser (el no existir, metafísicamente, en cuanto mal), justamente, como decía, con el fin deliberado de oponerse al maniqueísmo. Y asegura, de modo categórico, que “Dios es el sumo ser, y por esto inmutable, que creó las cosas de la nada… y a unas distribuyó el ser en más y a otras en menos… de El proceden todos los entes que tienen ser… pues a lo que es se opone, o es contrario, el no ser, y por eso respecto de Dios, es decir, de la suma esencia… no hay esencia alguna contraria” (8).  

                    Para visualizar lo que he venido diciendo, digamos que el mal no existe del mismo modo en que, por ejemplo, el color negro no existe. Recordemos que, el color, es una impresión luminosa, en tanto que el negro es la falta de esta impresión. Por el contrario, el blanco es la máxima luminosidad; así, con una combinación, sumatoria visual de los colores, puede obtenerse el blanco. Cuando Usted ‘ve’ negro, en realidad, no está viendo nada (si nota algún brillo es porque no existe el negro absoluto, perfecto).

           De aquí, también, que el orden natural no ‘registre’ el mal. Efectivamente, visto este es ‘la recta disposición hacia el bien’, necesariamente, ‘ignorará’ al mal, sencillamente porque no es de suyo, precisamente, porque no existe. El mal es el desorden. Y, así, el orden natural, que es metafísico, que hace al ser, no ‘registra’ al mal, evitando su evolución hacia la perfección y, consecuentemente, permitiendo que se ‘autodestruya’.

             Por otro lado, está claro que el ‘mal perfecto’, constituye una contradicción en términos, porque lo perfecto es lo bueno. De modo que, en toda cosa en donde ‘hay mal’, como éste no puede ser perfecto, habrá, también, de modo necesario, algo de bien (aunque sea infinitésimo).

               En otras palabras, el Ser es el bien absoluto, pero el ser absoluto es su prerrogativa. De modo que no puede haber mal absoluto porque sería contradictorio (el mal con el absoluto). Para decirlo en términos peyorativos, no puede existir un mal tan grande como el Bien porque, entre otras cosas, esto implicaría un ‘empate’ y el Bien, sabemos, debe necesariamente triunfar. Consecuentemente, aun cuando el mal no existe en cuanto tal, como no puede ser absoluto, lo que en realidad encontramos es un mal parcial (más grande o más pequeño, pero parcial).

             Es decir, que el mal implica, de suyo, porque nada puede ser absolutamente malo, la existencia de un bien parcial (menos o más grande) que será mal parcial (más o menos grande). En otras palabras, aun cuando el mal no existe como tal, existirán los seres buenos (en la medida en que sean) y, a la vez, malos (en la medida en que no sean). Y, en este sentido ‘existencial’, puede decirse que hay (‘existe’) mal. Y aquí se produce la gran ironía de que, para que ‘exista’ el mal, debe, de modo necesario, ser sostenido por bien, o venir ‘adherido’ a algo de bien, por pequeño que sea.

                 Ahora, esta claro que, el mal, la negación del ser, no es en absoluto algo que, como no existe, metafísicamente, en cuanto tal, no se ‘siente’. Por el contrario, es la situación más desagradable que le pueda ocurrir a humano alguno, puesto que el hombre fue creado para ser. En el extremo es imposible de imaginar, pero para tener una vaga idea, supongamos una persona ciega, sorda, muda, sin tacto y sin olfato, pero, además, invisible, es decir, un individuo que ‘no existe’ ni para sí ni para el registro de terceros. De hecho, alguien así podría vivir muy poco tiempo (si es que puede llegar a vivir).

               Así, el dolor que produce la ausencia de bien, es, precisamente, la reacción natural del ser frente al mal que está en donde debería haber existencia (esto, psicológicamente, se ve con mucha claridad; así, normalmente, la angustia, la depresión, la ira y demás males, señalan la falta de ser, de amor). Es decir, que este dolor es la indicación que nos hace la naturaleza (la esencia) de las cosas en cuanto a que estamos alejándonos de ella.

                 Desde la moral (que tiene sentido a partir del ser en potencia), el mal no tiene entidad propia (en cuanto que no existe), sino que consiste en una privación (lo que le falta de ser al bien al que viene ‘adherido’), es la ausencia del bien debido (según el orden, para ser plenamente). Así santo Tomás asegura que “El bien se dice en virtud del orden al fin. Como el mal es privación del bien, doblemente puede producirse el mal: sea según la misma relación al fin, o según la aptitud para conducir a él. Y así el pecado se engendra por una doble causa: o porque el acto no es proporcionado al fin, como ocurre con las acciones que son malas en sí mismas; o porque el agente lo refiere desordenadamente al fin, como es patente en las acciones que se tornan malas por la intención, aunque lo que se haga sea en sí mismo bueno” (9).

              En cualquier caso, como el mal es la ausencia del bien debido, la solución siempre, y necesariamente, consiste en ‘poner’ bien allí donde no está. Este es pues el verdadero y único modo real y eficiente de combatir el mal: ‘creando’ el bien allí donde no está.

                 En cuanto al Bien, es importante notar que es único. Es decir que, sea propio o ajeno ‘se confunde’ de manera que resulta sólo uno. De modo que, cuando se actúa por el bien, no puede distinguirse entre el ego y el prójimo. Así, para la Iglesia romana “Esta es la Comunión de los Santos que profesamos en el Credo; el bien de todos se convierte en el bien de cada uno, y el bien de cada uno se convierte en el bien de todos”, según asegura Juan Pablo II (10).

          Así, cuando una persona interactúa con otra, o hace el bien o hace el mal. Si hace el mal, lo hace para ambas (estrictamente, lo hace sólo para sí mismo; metafísicamente: no hace nada), si hace el bien, lo hace para ambas (en rigor de verdad, simplemente se participa en el Bien con todo lo que esto implica).

          Por otro lado, la persona es única, es decir, es cuerpo y alma, de aquí que, en principio, el bien espiritual, dentro del orden natural debe necesariamente implicar el bien material, e inversamente. Remarco que esto último es verdad dentro del orden natural, no en las sociedades altamente interferidas por la violencia institucional de hoy en día.

              Así, el amor a sí mismo nada tiene que ver con el egoísmo, sino que significa exactamente lo contrario. Efectivamente, sabemos que el verdadero Bien es uno sólo. Así, cuando se ama verdaderamente, es imposible distinguir entre el amor a sí mismo y el amor al prójimo. El egoísmo, por el contrario, surge de la errónea creencia de que puede hacerse el ‘bien’ a uno mismo sin que importe lo que le suceda al prójimo. Pero, al negar al prójimo, como el bien es único, se niega el propio, se niega el verdadero amor propio. Claramente, es una actitud ‘racionalista’, en cuanto cree posible que la ingeniería humana pueda crear un orden donde el bien propio se pueda dar sin que cuente el del prójimo.

La violencia y la defensa propia

                   Dice santo Tomás de Aquino que: “La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural, por cuanto es común a lo voluntario y a lo natural el que uno y otro vengan de un principio intrínseco, y lo violento emana de principio extrínseco” (11). Así, Etienne Gilson asegura que para el Aquinate “Lo natural y lo violento se excluyen, pues, recíprocamente, y no se concibe que algo posea simultáneamente uno y otro de estos caracteres” (12).

               Por otro lado, es obvio, en razón de la supervivencia, que oponerse a lo natural implica, en principio, oponerse a lo voluntario. Pero lo natural podría ser violado por principio intrínseco. Efectivamente, lo ‘voluntario’, libre albedrío de por medio, podría oponerse (erróneamente, es decir, no sería voluntario estrictamente, de acuerdo con el orden natural) a lo natural. El suicidio, por caso.

           Aunque, estrictamente, esto dejaría de ser un acto humano para convertirse en un acto del hombre contrario al orden natural, por cuanto dejaría de estar dirigido al bien. En cualquier caso, lo intrínseco, en sentido estricto, nunca puede ser contrario a lo natural, porque si lo ‘voluntario’ va contra lo natural deja de ser un voluntario propio del ser humano para convertirse en un extrínseco a la naturaleza humana.  

               De aquí que, en sentido estricto o propio, cortar una manzana o matar un animal para alimentarnos (una acción dirigida al bien del hombre que, de suyo, ‘domina’ a la naturaleza a través de la razón natural que ‘participa de la providencia’), no sea violencia. Sí constituiría violencia, en sentido propio, si destruyéramos a la naturaleza sin razón alguna. Tampoco constituiría violencia si me opongo a lo voluntario’ (no voluntario estricto) de otra persona pero no a lo natural. Por ejemplo, si me quieren asesinar puedo (y debo) negarme al ‘voluntario’ del virtual asesino, sin cometer violencia.

              Estrictamente, entonces, todo esto constituye, en forma necesaria, el orden natural: lo natural, la voluntad dirigida por la Providencia (a través de la razón humana natural) y el bien como un fin.

              Así las cosas, la ‘violencia’ en defensa (propia, de terceros o del bien común) no tendría culpa en tanto no constituye violencia en sentido propio o estricto (si puede constituir violencia en sentido amplio). Efectivamente, si una persona me quiere asesinar su ‘voluntad’ no lo está dirigiendo al bien, de modo que, no sólo no se está comportando como ser humano, de acuerdo al orden natural, sino que está contrariando su naturaleza humana.

       Además, está intentando destruir, no mi “naturaleza humana metafísica” porque no puede destruir mi libre albedrío, pero sí mi naturaleza física. El corolario de esto es que, en rigor, cuando ‘me’ defiendo, en realidad, no estoy defendiendo mi naturaleza humana, sino la del atacante, y es importante que no perdamos de vista este principio, porque de aquí surge, directamente, que un delincuente es ‘la’ persona cuya naturaleza humana debe ser defendida.

           Consecuentemente, si ‘ataco’ a una persona que debiendo ser humano no está, de hecho, comportándose como tal, no ataco el orden natural, sino que, por el contrario, lo estoy defendiendo. Esto es clave porque, insisto, en rigor, la defensa propia es la defensa (el intento de recuperar la naturaleza humana) del orden natural que está siendo violada no en mi persona sino en la del delincuente.

             Ahora es muy importante aclarar algunas cosas para que el tema quede en su justa dimensión.

               Según vimos, el mal absoluto es una contradicción en términos, de modo que toda persona siempre tendrá, por muy delincuente que sea, algo de naturaleza humana. Y si tenemos en cuenta que “La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. ‘La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor… solamente es querido el uno, el otro, no’ (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7)”, según el Catecismo de la Iglesia Católica (13), en principio, ni siquiera en defensa es lícito matar a un ser humano (14).

         El matar a una persona en defensa sólo puede justificarse como un ‘error’ involuntario, es decir, como un acto del hombre, no humano. Si están por matar a la esposa de Pedro, éste, no sólo debe defenderla sino que tiene grave obligación de hacerlo (para ser más estrictos, en rigor, tiene grave obligación, no sólo de defenderla sino de conseguir efectivamente que no sea asesinada) porque debe defender el orden natural. Pero no puede matar al asesino porque, éste último, conserva aunque sea un mínimo de ser humano. Ahora, si en la desesperación, Pedro toma un arma y mata al delincuente, podría ser considerado un ‘error’ involuntario en el proceso de la legítima defensa del orden natural.

            Claramente, y esto no es casual sino que tiene fundamentos científicos (metafísicos, ontológicos, psicológicos), los mejores (más eficientes y duraderos) métodos de defensa son los no violentos como la prevención, la persuasión, la negociación, etc.        

           De todo lo dicho, queda muy claro que no existe tal cosa como ‘violencia justa’ (principio ‘filosófico’ muy querido por el fundamentalismo ‘religioso’). La violencia siempre será contraria al orden natural y, por tanto injusta, aunque por momentos pueda ser perdonable.

           Precisamente, si las enseñanzas de la Escuela Austríaca de economía tienen una conclusión metafísica es que, en cuestiones sociales en general, y en economía en particular, la coerción (estatal), la coacción, violencia al fin de cuentas, no solo nunca es justa sino que destruye al mercado que, precisamente, se basa en la cooperación y el servicio voluntarios, teniendo al precio que hace las veces de árbitro entre los distintos actores.

La Planificación y el libre albedrío

               Sabemos que, para el Doctor de Aquino, la Providencia ‘se manifiesta’, de modo principal, a través de la razón natural. Por esto es que, toda la naturaleza, está sometida al hombre.

        Ahora, queda claro que esto de ninguna manera significa que el ser humano pueda (‘adelantar el futuro’) planificar el orden, porque esto implicaría que el hombre es la Providencia o incluso anterior. Cuando la verdad es la inversa: la Providencia es anterior al hombre (limitándose la persona a participar, posteriormente) y se manifestará, luego, a través la razón natural de la persona. De aquí la importancia del libre albedrío. De aquí la importancia de la acción “en tiempo real”.

                 En rigor, la razón natural humana ‘participa’ de la Providencia, quedando claro que esta participación es ‘secundaria’. En el sentido de que, si bien puede decirse que ‘participa plenamente’, lo hace de modo necesariamente imperfecto y, no como ‘creador’, sino como ‘seguidor’. Es decir, no crea sino que, simplemente, va ‘adhiriendo’ a lo que la Providencia le va descubriendo.

         Y esto vale, incluso, para los descubrimientos (o ‘inventos’) científicos. Para santo Tomás “creare est aliquid ex nihilo facere” (15), es decir, crear es hacer algo a partir de la nada. Consecuentemente, como sólo Dios es capaz de crear algo desde la absoluta nada, queda claro que el hombre sólo puede participar de esta creación. De tal modo que, la ‘creación’ humana es verdaderamente tal, sólo en tanto y en cuanto sea una participación en la Creación. Participación secundaria, ‘seguidora’ a través del libre albedrío. En otras palabras, el hombre no ‘inventa’ (no crea) a la naturaleza, ni al orden natural (a las ciencias), sino que, simplemente, va descubriendo lo que, de hecho, ya fue creado y ‘está funcionando’.             

                   La planificación supone que la razón humana es absoluta (según vimos, supone que la razón es la Providencia (16)) y, consecuentemente, puede, construir, adelantar el futuro (“inventar” una ley de cumplimiento inexorable) puesto que podría conocer todas las infinitas variables que existen en el universo. Pero, como no es absoluta, es incapaz, entre otras cosas, de conocer estas infinitas variables. Consecuentemente, no puede adelantar con seriedad como evolucionarán los acontecimientos y, de aquí, que sus leyes nunca se cumplirán inexorablemente de modo natural. Con lo cual, para no desdecirse, necesita coercionar sus leyes de modo que se ‘cumplan inexorablemente’ según había predicho.

           Al no tener cabida el movimiento “en tiempo real” se provoca la situación estática que habíamos visto antes.

           Demás está decir que la no planificación no significa desorden sino, justamente, lo contrario. El verdadero orden humano hace al momento actual (‘en función de la eternidad’), la planificación ‘hace’ al futuro, supuestamente, al tiempo infinito. Es decir, para ponerlo con un ejemplo sencillo, una cosa es tener las oficinas ordenadas (limpias y las cosas en su lugar), y otra muy diferente es pretender fundar una fábrica de lavarropas, planificando férreamente cuantos aparatos se venderán y exactamente a qué precio. Porque, luego, resulta que ni venden esa cantidad, ni a ese precio o ni siquiera terminan vendiendo lavarropas, y la empresa se desmorona.

         Una cosa es proponer que durante determinado día, uno trabajará dentro de un horario y anotarlo en la agenda, y otra prever la cantidad de lavarropas que venderá. Sencillamente, porque uno, hasta cierto punto, puede disponer de sí mismo (de su libre albedrío), pero no hay modo de disponer de los compradores, del mercado, a menos que los fuerce coercitivamente (por ejemplo, teniendo, vía control aduanero, el monopolio nacional).

              Es decir, el ser ordenado no es más que un mero intento por adaptarse al orden preexistente, planificar consiste en pretender que con nuestra razón podremos forzar el futuro. El ejercicio mental es muy diferente, en un caso, significa el estudio de lo que ocurre y nuestro intento por adaptarnos, justamente, a la ‘planificación’ que propone el orden natural. En el otro, implica pretender que podemos ‘racionalizar’ los hechos futuros y, consecuentemente, inducirlos en ese sentido. Para ponerlo en términos psicológicos, en un caso es el exterior a nuestra persona el que nos indica como debemos actuar, en el otro caso es un intento porque lo externo a nuestra persona se comporte como a nuestro ego se le antoja (17). Y esto, evidentemente, está  relacionado con la moral.

         Consecuentemente, la planificación es el verdadero desorden por cuanto desconoce deliberadamente la existencia del orden natural, y su inexorable fin, y más tarde o más temprano, es el caos y, finalmente, la desaparición.

                   El racionalismo pretende que, justamente, la ciencia es una prueba de la capacidad planificadora del hombre. Sin embargo, no pareciera que el conocimiento humano fuera muy planificado. Gabriel Zanotti escribió que “No hay forma alguna – y menos aún, algorítmica – que permita decir cuando un programa se convierte en empíricamente progresivo o regresivo… La respuesta de Lakatos… es básica: es la noción de riesgo lo que permite distinguir lo racional de lo no racional. Por supuesto que un científico sabe que corre el riesgo de estar trabajando muchos años en un programa progresivo que repentinamente se vuelva regresivo, dada una molesta e importante anomalía, pero es esa conciencia de riesgo – esencial, en mi opinión, a la falsabilidad – lo que lo mantiene dentro de lo racional… (la ciencia) es un orden espontáneo que funciona con independencia del conocimiento disperso de los científicos… se trabaja con conjeturas que se intuyen, que no son nunca absolutamente corroboradas, ni absolutamente falsadas”. Ahora este riesgo (propio de los ordenes no planificados como la ciencia) debe encararse con ‘madurez’, así, continúa Zanotti, “Una conciencia ‘madura’ es una conciencia que ha crecido moralmente… cualificada por la prudencia, mediante la cual una persona juzga con verdad y certeza…” (18).

El orden natural de la sociedad      

            “Soñé que la vida era felicidad.

             Desperté, y vi que la vida era servicio.

            Serví, y encontré la felicidad”

                                   Rabindranath Tagore

                   El hombre ha nacido para vivir en sociedad. Desde el momento en que para procrearse necesita de dos personas, varón y mujer, necesariamente, debe relacionarse para poder sobrevivir. Siendo que el principio de supervivencia, personal y de la especie, es propio del orden natural. Así, necesita que las sociedades (la familia y los demás) vivan, crezcan, mejoren, se perfeccionen. En definitiva, de la vida y de servir es de lo que se trata. Y esto es amar, porque, finalmente, amar es luchar por la vida (19).

               De modo que las relaciones sociales, las  relaciones entre las personas, tienen una naturaleza que debe ser respetada para su adecuado funcionamiento. Y a esto lo llamaremos ‘orden natural social’. Y en esto, sin duda, tiene que ver la moral y la ética, que no son sino aquellas reglas que, de acuerdo con el orden natural propio del ser humano, lo conducen hacia una mejor vida. Algo así, salvando las distancias, como las instrucciones que redacta el fabricante para el buen uso de cualquier aparato.

             De modo que, el hombre tiene un instinto básico de supervivencia, y si bien es claramente imperfecto, desde el momento en que necesita que la sociedad mejore y desde que ha sido creado para perdurar, necesariamente, más allá de los errores, accidentes o excepciones, tendrá una clara tendencia hacia la cooperación y el servicio para la vida, que será el modo natural, ‘normal’ en las relaciones sociales, también las económicas.

            Aunque fuera por el lado negativo, es decir, que aquellas sociedades compuestas por personas que no tuvieran esta tendencia natural hacia la cooperación y el servicio (hacia la moral, en definitiva) desaparecerían y, con ellas, esta tendencia negativa.

         Como consecuencia de todo lo dicho, el hombre necesita rechazar a la violencia como método de interacción y basar, toda su acción social, en la cooperación y el servicio voluntarios.

         Así es que, por caso, cuando Usted pasa frente a un local de venta, normalmente, no sale el comerciante y, haciendo uso de la fuerza, lo obliga a comprarle. Ni llama a la policía para que ésta, arma en mano, lo obligue a pagarle sin que Usted tenga interés en los productos que vende. Lo que hace el comerciante es tratar de incentivarlo, ofreciéndole aquello que Usted prefiere, de modo de poder venderle. Lo que hace el comerciante es servirlo.

                 El gobierno, en cambio, cuando está basado en la coerción, y en la medida en que lo está, le dice, por ejemplo (en los países en que existe el “salario mínimo”), que Usted no puede contratar a nadie por debajo de ese salario. Y, sin que le importe su opinión, lo obliga a dejar de contratar a todas esas personas que precisamente son las más necesitadas. Y, si se le ocurriera sacar de la extrema pobreza a una de estas personas contratándola aunque deba pagarle algo menos que el salario mínimo estatal, el gobierno lo envía al juez para que éste, a su vez, le envíe a la policía de modo que, por la fuerza, cumpla con su “orden” preestablecido racionalmente. Y así es como se produce la miseria y la desocupación porque siempre hay algo para hacer, como señala Alberto Benegas Lynch (h), de modo que no puede imputarse la desocupación a la naturaleza de las cosas.

         Y esto, claramente, es lo contrario a servir, implica negar, contrariar a la vida. Porque, dicho en términos metafísicos, ésta es un proceso positivo exclusivo del sujeto en evolución. De donde, la acción del sujeto resulta fundamental y, entonces, cualquier coacción violenta que impida o modifique su acción es ir contra la vida.

              En otras palabras, el accionar (individual) de la persona, en una sociedad con ausencia de coerción institucional, en donde impera el orden natural, terminará necesariamente produciendo un resultado positivo para la sociedad. Por lo que hemos visto, en la medida en que la acción del individuo sea mala, el orden natural social se encargará de que no quede ‘registrada’ (20). Y, en cambio, si ‘registrará’ aquello de bueno que pudiera tener.

        Es decir, como el  orden natural es el modo de acercarse al bien, si lo seguimos necesariamente obtendremos bien, si no lo seguimos, obtendremos “nada”. Si mi acción consiste en fundar una empresa y esta es buena, es decir, está dedicada al servicio de la gente, o sea que encuadra dentro del orden natural, será exitosa y continuará adelante. Si mi acción es mala, es decir, que la empresa no está dedicada al servicio de la gente, el mercado natural se encargará de que quiebre y mi acción, desaparecerá rápidamente sin que quede rastro alguno.

          Como consecuencia directa de esto, el hombre necesariamente progresará, porque lo malo desaparecerá y lo bueno irá ‘quedando y sumando’ (21). Así, cuanto más respetemos al orden natural, una ‘mayor cantidad’ de bien produciremos y, consecuentemente, más rápidamente progresaremos.

         De aquí, pues, el principio del progreso humano que se dará aún con nuestros defectos, errores y pecados: puesto que, para no progresar en absoluto, deberíamos no respetar en absoluto al orden natural, lo que es un absurdo metafísico porque el absoluto es extraño (por superior) al hombre (es decir que, en alguna medida, aunque sea por ‘error’, respetaremos a la naturaleza de las cosas). 

            Se suele argumentar que una persona podría preferir, egoístamente, cosas que la dañen a ella y a terceros. Efectivamente, puede suceder y de hecho sucede mucho. Pero (más allá de que resulta un tanto temerario el que un tercero juzgue el egoísmo o no de otra persona), como su mala acción violará al orden natural, será fuertemente impelido a corregirla (si se me ocurre no dormir durante tres días seguidos, me sentiré tan cansado que, finalmente, me dormiré sin pretenderlo). Pero, si aún así, persiste en su mala acción, como el orden natural es lo que dirige hacia la vida, de algún modo, se auto eliminará y sus malas acciones, con él,  desaparecerán (si continúo sin dormir, finalmente, moriré).

                   En cualquier caso, y éste es el corolario que debe quedar claro, en tanto la persona actúe voluntariamente, finalmente, prevalecerá el bien, el orden natural. En realidad, ya sabíamos esto, sabíamos que lo violento es contrario a lo voluntario y a lo natural, de donde, lo violento necesariamente destruye la naturaleza de las cosas. En tanto que lo ‘voluntario’ puede o no destruir lo natural. Si no lo destruye, seguirá hacia el bien. Si lo ‘voluntario’ destruye lo natural, como éste es intrínseco, destruirá a la naturaleza intrínseca haciendo desaparecer el ‘voluntario’ (por cuanto al ser ambos intrínsecos) que existirá en tanto exista esta naturaleza que le da existencia.

               El orden natural social ha sido, en alguna medida, descrito por muchos autores. Así, con su famosa ‘mano invisible’, Adam Smith había encontrado que algo ‘natural’, producía que la sociedad se condujera, de suyo, hacia el bien y el progreso. Había hallado, en alguna medida, que existía un orden social que se manifestaría, espontáneamente, dirigiendo hacia el progreso. 

La planificación social y la violencia institucional

               Cuando, por caso, el Estado impone coercitivamente cargas tributarias, supone que conoce las infinitas variables que ocurren (ocurrirán) en la sociedad. Pero, luego, sucede que un padre tiene que sacar dinero destinado a la comida de sus hijos para pagar los impuestos. Y así es como, en el caso de la sociedad, la planificación, resulta aún más dañina. Porque, si bien la Providencia actúa de modo principal a través de la razón humana (y esto nos permite conocer la ley natural y nos obliga a seguirla, pero de ningún modo nos autoriza a planificar el futuro), como la sociedad es de orden natural, es decir, anterior al hombre (la persona humana, claramente, es anterior a la sociedad, consecuentemente, tiene derechos naturales anteriores a la sociedad, pero el principio social es anterior al hombre aunque para la persona), en la sociedad la Providencia se manifestará de modo principal con anterioridad a la razón humana personal (individual).

                  Pero, en rigor, lo más grave no es la planificación en sí misma, sino la violencia con que se pretende imponer sus ‘leyes’. Efectivamente, cuando un funcionario estatal planifica el futuro, es seguro que, en mayor o menor medida (generalmente, en gran medida), errará. Si no impone coercitivamente su ‘planificación’, nada malo ocurrirá porque el mercado natural, la gente, irá acomodándose voluntariamente a la realidad ‘en tiempo real’ (si el padre de familia no tiene con que pagar impuestos, no paga y los hijos comen).

          El problema surge cuando al Estado se le ocurre imponer violentamente su planificación que, como es errada, provocará que la sociedad yerre en su accionar. El padre de familia deberá pagar impuestos, y sub alimentar a sus hijos, o ir preso. Por cierto que, prever que, en casos especiales, los ciudadanos puedan apelar a la ‘justicia’ no tiene sentido por impracticable y no es forma (particular) de paliar un mal (general) evitable.

             Muchas veces se justifica la planificación coactiva, ejercida sobre las personas, con el supuesto de que, la sociedad (y, consecuentemente, la ‘autoridad’ que la representa), tiene grave obligación natural de defender el bien común (22). Y, por cierto, para poder ejercer semejante principio, deben basarse en el antinatural concepto de ‘violencia justa’ (supuesta defensa propia o del bien común) que ya discutimos.

               Vamos a ver. Estrictamente, la defensa del bien común de ninguna manera es un imperativo para la sociedad, porque esto significaría contradecir el orden natural. Es decir, si la sociedad natural tuviera obligación de defender el bien común esto supondría que no está dirigida al bien de suyo. Es lo mismo que decir que el orden natural tiene obligación de defender el bien común. Y esto implica una confusión insalvable.

          Efectivamente, los que tienen la obligación de defender el bien común son las personas y, consecuentemente, las autoridades correspondientes que las representan. Pero esta defensa se debe, precisamente, a que debe respetarse el orden natural, es decir, esta defensa es obligatoria, justamente, para defender a la sociedad natural. Consecuentemente, no se puede obligar (coercionar) a la sociedad.  

       Para Rawls, haciéndose eco de los falsos “tomistas”, asegura que: “… las desigualdades… de dotes naturales son inmerecidas, habrán de ser compensadas… en dirección hacia la igualdad (…) si es que queremos diseñar al sistema social…”.

          Frente a estas afirmaciones racionalistas que pretenden planificar a la sociedad por encima de los mandados naturales, Alberto Benegas Lynch (h) hace una muy buena defensa del orden natural al señalar que “Es la desigual distribución de talentos lo que, a su vez, permite la división del trabajo que es lo que posibilita la cooperación social, de lo contrario, si todos tuviéramos iguales habilidades e inclinaciones el intercambio y la cooperación social resultarían imposibles”.

El mercado natural 

                   “Abolido el cambio mutuo de productos, la sociedad sería imposible, y viviríamos todos inquietos, congojosos, sin que nosotros fiáramos de nuestros hijos, ni nuestros hijos de sus padres. ¿Por qué pues ha sido constituida la sociedad, sino porque no bastándose uno a sí mismo para procurarse los elementos necesarios de la vida pudiéramos suplir la escasez con el recíproco cambio de lo que cada cual tuviese y le sobrase?”, asegura el jesuita Juan de Mariana, escolástico español (23).

                   Sabemos, pues, que existe un orden natural, que el ser humano es parte del mismo, y que el hombre tiene una naturaleza social, basada en el principio de supervivencia y en su necesidad de relacionarse, más allá de su imperfección. En consecuencia, existe un ‘orden social’ que funcionará adecuadamente en tanto no sea interferido, por ejemplo, por el uso de la violencia coercitiva. Ahora, todo esto, necesariamente, implica ‘acciones’ y relaciones de tipo ‘material’: comer, vestirse, habitar una casa, educarse, y demás. A este aspecto, entonces, del orden natural social (del orden natural a secas, anterior al hombre) lo llamaremos mercado natural o, para abreviar, simplemente mercado.

              En otras palabras, a estas relaciones, a esta sociedad así conformada naturalmente, vista desde el punto de vista de la economía, es decir, de la ‘creación’, distribución y utilización de los recursos (de los que siempre hay para ‘crear’ porque el hombre es imperfecto y la distancia entre la imperfección y la perfección, que es lo que el hombre busca, es infinita) la llamaremos el mercado natural.

                Va de suyo, pues, que este mercado responde directamente a los mandados del orden descrito por el Aquinate (es, insisto, el orden natural) en cuanto que está, necesariamente, dirigido al bien (a la perfección), en cuanto que es ordenado por excelencia, en cuanto que sus leyes ocurren espontánea y necesariamente y demás características que hemos estudiado.

          Esto implica que existirá, aun cuando, en uso del libre albedrío, el hombre decida ignorarlo. Si ésta es la decisión, lo que ocurrirá, no es la destrucción del mercado natural, sólo se destruirá  el hombre; aunque, ya lo vimos, por el principio de supervivencia, de modo necesario, finalmente se impondrá (aunque fuera por ‘descarte’, según sabemos).

               Israel M. Kirzner afirma que “La teoría del mercado… se basa en la intuición fundamental de que los fenómenos del mercado se pueden ‘comprender’ como manifestaciones de relaciones sistemáticas. Los fenómenos observables del mercado… no se consideran como masas de hechos aislados e irreductibles, sino como resultado de determinados procesos que pueden, en principio, captarse y comprenderse” (24).

        Claramente la Escuela Austríaca, de la que Kirzner es un destacado expositor, reconoce que, el mercado, no es una situación caótica sino que, ‘intuye’ que existe un orden que puede ‘en principio, captarse y comprenderse’. Así, en lugar de ‘crear un orden’ que suplante el ‘caos’ a través de la razón humana (‘planificar’), tiene algún respeto por el orden natural anterior al hombre.

                Pero Kirzner avanza todavía más y ‘descubre’ que el mercado no es una situación estática, de equilibrio, sino un ‘proceso creativo’. Como señala Alberto Benegas Lynch (h), la suma cero del estatismo, aquella según la cual en el mercado la riqueza de uno es consecuencia de la pobreza del otro, es falsa de toda falsedad ya que, por el contrario, el mercado natural supone la participación del hombre en la creación de riqueza desde la nada.

               Es decir que, estos representantes de la Escuela Austríaca, ‘intuyen’ un orden (‘fenómenos sistemáticos’) que, además, conlleva creatividad, lo que queda corroborado por la experiencia empírica.

El Proceso del Mercado Natural.

                   El orden natural, entonces, implica crecimiento, esto es, el desarrollo de un movimiento continuo que, finalmente, nos conduce al bien. Este proceso en el mercado es un proceso natural que, como tal, lleva a la perfección (a la que, obviamente, nunca llegaremos). En ésta búsqueda de lo perfecto, de lo que se trata es de ‘eliminar’ las imperfecciones propias de la naturaleza humana (en el sentido agustiniano, la ‘naturaleza inferior’). Ahora, dicho groseramente, la imperfección del hombre se traduce de dos modos: en la vulnerabilidad de su cuerpo (necesita alimentarse, educarse, vestirse, sanarse y demás) y en la descoordinación con sus semejantes, o mejor dicho, en la necesidad de coordinar sus actividades con sus congéneres en función de su inevitable carácter y vocación social.

                En consecuencia, el proceso de mercado, en la búsqueda de la perfección, será un proceso, básicamente, orientado a la búsqueda de la verdad (la información, el conocimiento) que le permita, por un lado, fortalecer su débil naturaleza humana (comer, vestirse, transportarse, mantener su salud y demás) y coordinarse con sus congéneres (para fortalecerse); estando, obviamente, ambas cuestiones íntimamente relacionadas.

                 Y esta búsqueda de la verdad es un proceso creativo en cuanto supone (no la creación de la verdad que ya ha sido creada) la máxima creación a la que puede aspirar el hombre, esto es: encontrar verdades que antes ni siquiera sabíamos que existían, según veremos. Dicho de modo metafísico, la Perfección tiene y posee Todo, todo lo que quiere y necesita; como nosotros no somos perfectos, entonces, lo que debemos hacer es encontrar las verdades que nos acerquen a la Perfección, a la posesión y tenencia de Todo, de todo lo que necesitamos y queremos.

            Israel M. Kirzner lo explica del siguiente modo: “El rasgo central del proceso de mercado… se refiere al papel que desempeñan en él la ignorancia y el descubrimiento. Es central porque el desequilibrio consiste en la ignorancia… Por eso, el proceso de mercado consiste en aquellos cambios que expresan la secuencia de los descubrimientos surgidos a partir de la ignorancia inicial que constituye el estado de desequilibrio. Describimos esta secuencia de descubrimientos como constitutiva de un proceso equilibrante… Sin duda reconocemos que los seres humanos están motivados para enterarse de aquello que les conviene… El enfoque del proceso de mercado se centra en los incentivos ofrecidos por las condiciones de desequilibrio para aquellos descubrimientos que se suman a las tendencias equilibrantes sistemáticas. Considera que estos incentivos atraen constantemente la atención de nuevos competidores potenciales; reconoce que esta atención debe tomar la forma de percepción empresarial de oportunidades rentables que pueden explotarse… (25).

                  En fin, creo que ya hemos hablado suficientemente acerca del carácter social coordinador (para la supervivencia, el perfeccionamiento) del mercado natural (de otro modo sería destructivo). También hablamos del necesario proceso de aprendizaje que esto supone (en cuanto a conocimiento de la verdad y, consecuentemente, de la perfección). Y, finalmente, de que, más allá de que, en función del libre albedrío, cada persona pueda fallar, las fuerzas equilibrantes del mercado (la Providencia), de modo ‘necesario’ llevarán al mercado natural hacia su fin, el bien.

        Así, claramente, para el tomismo los recursos no son escasos, sino que este proceso creativo del mercado natural no tiene límite, es infinito, los recursos, por tanto, son infinitos. Lo que es escaso es el actual stock (precisamente, debido a la interferencia coactiva, violenta, destructiva, de los gobiernos). Alberto Benegas Lynch (h) se hace eco de esta idea de que los recursos son escasos, pero, de nuevo esto no es un problema sustancial porque sabe muy bien que el mercado librado a su natural desarrollo terminará con la escasez. Lo que sí es grave es que existen “tomistas” que no creen en este proceso creativo infinito, ergo, creen que los recursos son insanablemente escasos y que, por tanto, alguien tiene que distribuir coactivamente lo poco que hay. 

La justicia social

               Si el orden natural existe, si el hombre es, por naturaleza, social, y si la justicia existe, va de suyo que la justicia social existe. Pero ¿qué es justo? Aquello que se corresponde con su naturaleza. En otras palabras, es justo todo lo que hace al orden natural y es justicia dar a los seres y cosas aquello que les corresponde naturalmente, que se da naturalmente.

       Entonces, justo es aquello que surge espontáneamente dentro del orden natural. Por tanto, la justicia no es sino respetar aquello que da el orden natural. El adjetivo social solo hace referencia al punto de vista desde la que se la mira: la “justicia social” es la justicia estudiada desde el punto de vista social del hombre, es decir, aquella justicia que resulta de la interacción entre las personas.

          Por ejemplo, si una persona trabaja, es decir, naturalmente participa en la “creación” de riqueza que comparte con otras personas, es “socialmente justo” el que obtenga como resultado de esta “creación” una recompensa (un bien) acorde con su calidad de persona humana. Y esto lo garantiza el orden natural, es decir, en tanto no existan leyes estatales coactivas (violentas) que impidan el natural desarrollo del mercado, todas las personas podrán trabajar obteniendo (capitalización mediante) un resultado acorde con su dignidad humana.

           El Aquinate afirma que “Hay dos especies de justicia. La una consiste en dar y recibir recíprocamente, cual se verifica en la compra y venta y demás contratos y transacciones de esta naturaleza; esta, que es llamada por Aristóteles (Et. 1.5, c.4) conmutativa o directiva de los cambios o negociaciones, no compete a Dios; porque, como dice San Pablo (Rom. 11, 35): ¿Quién le ha dado a él primero para que le sea recompensado? La otra consiste en distribuir, por cuya razón se llama distributiva, según la cual un rector o administrador da a cada uno conforme a su dignidad. Como el buen orden de una familia o de una multitud bien gobernada hace ver esta justicia en su jefe; de igual modo el orden del universo, que brilla tanto en las cosas naturales como en las voluntarias, es una prueba de la justicia de Dios. Lo cual hace decir a San Dionisio (De los nombres div., c.8): Es preciso reconocer la justicia de Dios, en que concede a todos los seres lo que les es propio según su respectiva dignidad, y en que conserva la naturaleza de cada cosa en el orden y virtud que le son propios” (26).

           La justicia distributiva, dice el Doctor de Aquino, es, esencialmente, la justicia de Dios, y quedará garantizada por el gobierno del orden por El establecido, es decir, por el orden natural que excluye a la violencia coercitiva. Así, la imperancia del orden natural, supone la más justa distribución de las riquezas.

              El Catecismo de la Iglesia Católica define a la justicia social claramente: “La sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a las asociaciones y a cada uno conseguir lo que le es debido según su naturaleza y su vocación. La justicia social está  ligada al bien común y al ejercicio de la autoridad” (27). Y más adelante se refiere a los derechos de la persona humana del siguiente modo: “…son anteriores a la sociedad y se imponen a ella. Fundan la legitimidad moral de toda autoridad… Sin este respeto una autoridad sólo puede apoyarse en la fuerza o en la violencia para obtener la obediencia de sus súbditos…” (28).

                   Vamos a ver. En primer lugar, acertadamente contrapone la violencia a la legitimidad moral de la autoridad. Luego, recuerda que los derechos de la persona son anteriores, no ya al Estado sino, incluso, a la sociedad. Es decir, la no violencia es un derecho anterior, incluso, a la sociedad. Además, la justicia social tiene que ver con la naturaleza humana y vocación, va de suyo, entonces, que es contraria a la violencia porque hace al orden natural.

            Por otro lado, la Iglesia Católica en varias oportunidades ha insistido en que el mercado sea regulado (en el sentido de que una autoridad debe velar por el bien común); pero, obviamente, por lo antedicho, esta regulación no debería ser coercitiva, de modo que lo que correspondería, es la regulación que naturalmente surge dentro de la sociedad, dentro del mercado.

          Por ejemplo, existen muchas instituciones privadas que establecen normas para unificar criterios y modalidades como, por ejemplo, el tamaño de las bocas de expendio de combustibles. Más crítico aun, las mejores y reales regulaciones en cuanto a seguridad pública suelen ser establecidas por organizaciones privadas, por ejemplo, Boeing con sus aviones vendidos.

              Efectivamente, toda evidencia empírica demuestra que la única regulación real es la que se produce a través del mercado natural. La ‘regulación’ coercitiva, artificial, no produce más que destrucción y caos, como toda violencia.

              Y así debería entenderse la condena que alguna vez hizo la Iglesia a los ‘mercados capitalistas’. El individualismo (el egoísmo, la creencia racionalista de que puede conseguirse el bien propio violentando los derechos ajenos) y la primacía de la “ley del ‘mercado'” suelen imponerse sobre el trabajo humano en la medida en que se imponga la violencia coercitiva institucional dentro de la sociedad dejando de responder al orden natural, y entonces, aquí si se impone la ley del más fuerte, como ‘en la selva’.

              Si el gobierno, por ejemplo, le otorga a una empresa, coactivamente, el monopolio en la producción de alimentos dejando que ésta actúe sin regulaciones naturales del mercado (precios, competencia, eficiencia, etc.), esta compañía, probablemente provoque la muerte de muchos seres humanos. Porque aumentará exageradamente el precio de los alimentos y dejará caer la calidad y el control sanitario.

          Por otro lado, de acuerdo a todo lo que hemos visto, la justicia de ninguna manera puede ser impuesta coactivamente, sino que debe ser el resultado de la interacción natural entre las personas, en tiempo real, es decir, que no pueden existir una serie de normas planificadas por el hombre a ser impuestas coactivamente con el fin de crear una situación estática de “justicia social”

          Para ir terminando quiero enfatizar en que, si bien hay que temerle al egoísmo, el amor propio no solo no es condenable sino muy saludable ya que, recordemos, el bien es uno solo, es decir que cuando la persona interactúa dentro del orden natural necesariamente provoca su propio bien y el de los demás, el bien común, la justicia social. 

        Al final, queda claro que la “justicia social” coactivamente impuesta es la antítesis de la justicia, como reza el título del trabajo de Alberto Benegas Lynch (h) que termino de comentar.

NOTAS

(1) Contribuciones, Buenos Aires, Fundación Adenauer, No.3 (67), septiembre de 2000.

(2) S.Th., I, q. 103, a. 1. Providencia puede parecer un término demasiado ‘teológico’, y, como lo que intento es hacer ciencia natural, quiero aclarar que esta podría (eventualmente) sustituirse con cualquier fuerza ‘natural’ que nos condujera, de suyo, a favor de la vida, la supervivencia, a favor del bien. Erich Fromm, por caso, probablemente llamaría amor a la Providencia (ver la nota 19 siguiente); y Adam Smith quizás la llamaría ‘la mano invisible’. El Aquinate la define del siguiente modo “El (Dios) es quién así las ordena (a las cosas); y precisamente en esa ordenación, que es la razón del orden de las cosas, consiste la Providencia” (S.Th., I, q. 22, a. 1). Nótese que lo que se afirma es que el orden natural, de suyo, nos dirige a la perfección. Pero no que cada uno de los seres humanos, inexorablemente, se dirigirán al bien. De hecho, la tesis que presento es que lo harán, precisamente, solo en la medida en que respeten a la naturaleza de las cosas.

(3) Ver ‘Les degrés du savoir’, París 1932 (trad. esp. Desclée, Buenos Aires 1947).   

(4) ver Mariano Artigas y Juan José Sanguinetti, ‘Filosofía de la Naturaleza’, EUNSA, Pamplona 1984, p. 90.

(5) “La ley natural es inmutable (cf. GS 10) y permanente a través de las variaciones de la historia; subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso. Las normas que la expresan permanecen substancialmente valederas. Incluso cuando se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades…”, Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1958.

(6) ‘Física’, II, 5; y ‘Metafísica’, I, III (Ed. Espasa-Calpe Arg., Buenos Aires 1945, p. 21 y ss.).

(7) Cfr. ‘Sobre la Naturaleza’, Fr. II, v. 3 y Fr. VIII. Este es el famoso ‘principio de no contradicción’.

(8) ‘De Civitate Dei’, XII, 2.

(9) ‘In IV Sent.’, d. 16, q. 3, a. 2. s. II.

(10) Exhortación Apostólica ‘Christifideles laici’, 30-XII-1988, n. 28. (11) S.Th., I-II, q. 6, a. 5. Por otro lado, “La violencia se encuentra también en los seres inanimados… Con más razón es posible violentar al ser animado: por ejemplo, se puede obligar a un caballo a que se separe de la línea recta por donde corre, haciéndole que cambie la dirección y vuelva por donde vino. Y así, siempre que fuera de los seres existe una causa que los obliga a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad, se dice que estos seres hacen por fuerza lo que hacen… Esta será, pues, para nosotros la definición de la violencia y de la coacción: hay violencia siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y que está  en los seres mismos que obran”, ‘La Gran Moral’, I, XIII (en Aristóteles, ‘Moral’, Espasa-Calpe Argentina SA, Buenos Aires 1945, p. 46). 

(12) ‘El tomismo’, Sda. Parte, Capítulo VIII, EUNSA, Pamplona 1989, p. 438.

(13) n. 2263. El hecho de que, en aparente contradicción con lo que cita el Catecismo, santo Tomás habría justificado la pena de muerte (cfr. S.Th. II-II, q. 108, a. 3, ad. 1) no hace a la argumentación aquí expuesta. En cualquier caso, debe quedar claro que, el nivel de conocimientos y desarrollo que hoy el hombre ha adquirido, deja muy claro que la pena de muerte no es justificable de ningún modo y bajo ninguna circunstancia.

(14) A esta altura, nos debe quedar muy claro, por cierto, lo que con respecto a los ‘preceptos negativos’ de la ley natural (‘no matarás’, el no a la violencia, por caso) con mucha claridad afirma Juan Pablo II (Encíclica ‘Veritatis Splendor’, Roma 1993, n. 52) “… se trata de prohibiciones que vetan una determinada acción ‘semper et pro semper’, sin excepciones, porque la elección de un determinado comportamiento en ningún caso es compatible con la bondad de la voluntad de la persona que actúa, con su vocación a la vida con Dios y a la comunión con el prójimo. Esta prohibido a cada uno y siempre infringir preceptos que vinculan a todos y cueste lo que cueste; a no ofender en nadie y, ante todo, en sí mismos, la dignidad personal y común a todos. Por otra parte, el hecho de que solamente los mandamientos negativos obliguen siempre y en toda circunstancia, no significa que, en la vida moral, las prohibiciones sean más importantes que el compromiso para hacer el bien, como viene indicado por los mandamientos positivos. La razón es más bien la siguiente: el mandamiento del amor de Dios y del prójimo no tiene en su dinámica positiva ningún límite superior, sino más bien uno inferior, por debajo del cual se viola el mandamiento. Además, lo que se debe hacer en una determinada situación depende de las circunstancias, las cuales no se pueden prever globalmente con antelación; por el contrario, se dan comportamientos que nunca y en ninguna situación pueden ser una respuesta adecuada, o sea, conforme a la dignidad de la persona. En último término, siempre es posible que al hombre, debido a presiones u otras circunstancias, le sea imposible realizar determinadas acciones buenas; pero nunca se le puede impedir que no haga determinadas acciones, sobre todo si está dispuesto a morir antes que hacer el mal”. (15) Cfr. S.Th., I, q. 45, a. 1 y ss. Es decir que, que “Crear quiere decir llamar a la existencia desde la nada; por tanto, crear quiere decir dar la existencia”, según asegura Juan Pablo II, Encíclica ‘Dominum et Vivificantem’, Roma 1986, II, 3, 34. 

(16) Juan Pablo II afirma que “Olvidando, sin embargo, que la razón humana depende de la Sabiduría divina -y en el estado actual de naturaleza caída también de la necesidad- así como la realidad activa e innegable de la divina Revelación para el conocimiento de verdades morales incluso de orden natural, algunos han llegado a teorizar una completa autonomía de la razón en el ámbito de las normas morales relativas al recto ordenamiento de la vida en este mundo. Tales normas constituirían el ámbito de una moral solamente ‘humana’, es decir, serían la expresión de una ley que el hombre se da autónomamente a sí mismo y que tiene su origen exclusivamente en la razón humana. Dios en modo alguno podría ser considerado Autor de esta ley; sólo en el sentido de que la razón humana ejerce su autonomía legisladora en virtud de un mandato originario y total de Dios al hombre. Ahora bien, estas tendencias de pensamiento han llevado a negar, contra la Sagrada Escritura (cf. Mt. 15, 3-6) y la doctrina perenne de la Iglesia, que la ley moral natural tenga a Dios como autor y que el hombre, mediante su razón, participe de la ley eterna, que no ha sido establecida por él”, Encíclica ‘Veritatis Splendor’, Roma 1993, n. 36. Me interesa, en particular, recalcar el punto en donde desacredita la capacidad de planificar un orden al advertir que no puede existir algo así como un mandato original de Dios al hombre para que éste haga lo que le venga en gana. Por el contrario, el orden debe ser tal (espontáneo), que Dios ‘se haga patente’ en cada instante.  

(17) Según E. De Bono, en un entendimiento ordenado “El pensamiento comienza ahora a fluir de los papeles representados y no de tu ego. De este modo se trazan los mapas. Así, finalmente, el ego puede elegir la ruta que prefiera”, ‘Seis Sombreros para Pensar’, Granica, Barcelona 1996, p. 33.

(18) G. Zanotti, ‘Epistemología y Política’, Libertas No. 29, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1998, pp. 171-2 y pié de pp. 176-7. El Papa Juan Pablo II asegura que “Para el Antiguo Testamento, pues, la fe libera la razón en cuanto le permite alcanzar coherentemente su objeto de conocimiento y colocarlo en el orden supremo en el cual todo adquiere sentido. En definitiva, el hombre con la razón alcanza la verdad, porque iluminado por la fe descubre el sentido profundo de cada cosa y, en particular, de la propia existencia. Por tanto, con razón, el autor sagrado fundamenta el verdadero conocimiento precisamente en el temor de Dios: ‘El temor del Señor es el principio de la sabiduría’ (Pr 1, 7: cf. Si 1, 14)”, Encíclica ‘Fides et Ratio’, Roma 1998, n. 20.

(19) Desde un punto de vista psicológico, la mejor definición del amor que he podido encontrar, probablemente, sea la que da M. Scott Peck en ‘La nueva psicología del amor’ (Emecé Editores, Buenos Aires 1989, pp. 83-4-5): “la voluntad de extender el sí mismo de uno con el fin de promover el crecimiento espiritual propio o de otra persona”, y más adelante “… el proceso de extender el propio ser de uno es un proceso de evolución… de manera que el acto de amar es un acto de auto evolución aun cuando la finalidad del acto sea el crecimiento de otra persona…”; y luego “… el acto de extender los límites de uno mismo implica esfuerzos… nuestro amor se demuestra sólo a través de nuestras obras… supone esfuerzos… es un acto de la voluntad, es intención y acción… implica elección… decidimos amar”. Por su lado santo Tomás afirma que “Amar es desear el bien a alguien”, S. Th., I-II, q. 26, a. 4. Sin duda resulta sugestivo el siguiente párrafo de Erich Fromm: “Ese deseo de fusión interpersonal (el amor) es el impulso más poderoso que existe en el hombre: Constituye su pasión más fundamental, la fuerza que sostiene a la raza humana, al clan, a la familia y a la sociedad. La incapacidad para alcanzarlo significa insania o destrucción- de sí mismo o de los demás – Sin amor, la humanidad no podría existir un día más”, ‘El Arte de Amar’, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1966, pp. 30-31.

(20) El proceso metafísico, que ya hemos estudiado, es el siguiente. El orden natural implica un progreso hacia el último fin, el bien. De modo que, necesariamente, nos dirige al bien; consecuentemente, de suyo, de algún modo, evita el mal. Esto no significa que el hombre no pueda actuar mal, significa que el orden natural, por sí mismo, lo ignorará y, consecuentemente, en la medida en respetemos a la naturaleza de las cosas, evitaremos el mal.

(21) Esto ocurre, incluso (o más aún, diría) en el campo del conocimiento humano. Si el conocimiento a partir del ser humano es relativo, parcial y mezclado con muchos errores ¿quién o cómo se decide qué es conocimiento científico válido? Paul Fereyabend (ver ‘Adiós a la razón’, Ed. Tecnos, Madrid 1996) asegura que “…la elección de programas de investigación en todas las ciencias es una tarea en la que deben participar todos los ciudadanos… ” (en) “Esta democratización de la ciencia y de otras formas de conocimiento …el curso más racional de acción a tomar es: si debe existir una elección, pero no hay garantía de éxito, entonces la elección deberá dejarse a aquellos que paguen la política elegida y que sufran sus consecuencias. En tales circunstancias, dejar la ciencia a los científicos significaría abandonar nuestra responsabilidad ante una de las instituciones más poderosas y, si no se toman grandes precauciones, también mortales de nuestro medio, mortal para las mentes tanto como para los cuerpos”, (‘Ciencia: ¿Grupo de presión política o instrumento de investigación?’, en op. cit., p. 119); y anteriormente “Es verdad que ocasionalmente la gente ha sacado provecho de los resultados científicos, pero no comprendieron lo que sucedía, no tenían nada que decir sobre el tema, se mantenían en un estado de ignorancia, y, por otra parte, se producían muchos fracasos y desastres. Las instituciones se hicieron más humanas, pero, de nuevo, poco tiene que ver esto con las ciencias. Una total democratización del conocimiento podría haber restaurado por lo menos parte del contexto más amplio, habría establecido un nexo real y no meramente verbal con la humanidad, y habría podido llevar a una auténtica ilustración…” (op. cit, p. 100). En fin, se acerca a una respuesta a nuestra pregunta al afirmar que, el conocimiento, debería acercarse más a un ‘proceso democrático’. Dado que, finalmente, el saber válido debería ser el que la gente acepta como tal (esto es fácil de visualizar en el mercado natural, en donde la gente en un proceso democrático decide que le sirve y que no). Lo que en realidad ocurre, completando la idea de Feyerabend, es que el orden natural se encargará de decidir qué es científicamente válido y que no, ‘registrando’ lo bueno e ignorando lo malo (‘democráticamente’ a través de las personas que triunfarán en la medida en que respeten el orden natural). El orden natural (como que dirige a la vida, al bien), de alguna manera (básicamente, por ‘descarte’: quién tiene un conocimiento errado, que no conduce a la vida, o lo olvida o desaparece y, con él, el saber no válido), provoca la selección de aquellas ideas que conducen al bien, sosteniéndolas a través del tiempo. De este modo progresa el mundo a pesar de tantos errores científicos. Y descarta para el ‘olvido’ las ideas malas, aun cuando puedan ser históricamente recordadas (recordamos las ideas de Marx pero ya pocos las aplican).

(22) Juan Pablo II denuncia que: “Para algunos, el comportamiento concreto sería recto o equivocado según pueda o no producir un estado de cosas mejor para todas las personas interesadas: sería recto el comportamiento capaz de ‘maximalizar’ los bienes y ‘minimizar’ los males… Este ‘teleologismo’, como método de reencuentro de la norma moral, puede, entonces, ser llamado… ‘consecuencialismo’ o ‘proporcionalismo’. El primero pretende obtener los criterios de la rectitud de un obrar determinado sólo del cálculo de las consecuencias que se prevé pueden derivarse de la ejecución de una decisión. El segundo, ponderando entre sí los valores y los bienes que persiguen, se centra más bien en la proporción reconocida entre los efectos buenos o malos, en vista del ‘bien más grande’ o del ‘mal menor’, que sean efectivamente posibles en una situación determinada… aun reconociendo que los valores morales son señalados por la razón y la revelación, no admiten que se pueda formular una prohibición absoluta de comportamientos determinados” (recordemos que, de acuerdo al ‘no matarás’, pesa una prohibición absoluta sobre la violencia) “que, en cualquier circunstancia y cultura, contrasten con aquellos valores… En un mundo en el que el bien estaría siempre mezclado con el mal y cualquier efecto bueno estaría vinculado con otros efectos malos, la moralidad del acto se juzgaría de modo diferenciado: su ‘bondad’ moral sobre la base de la intención del sujeto, referida a los bienes morales, y su rectitud sobre la base de la consideración de los efectos o consecuencias previsibles y de su proporción. Por consiguiente, los comportamientos concretos serían cualificados como ‘rectos’ o ‘equivocados’, sin que por esto sea posible valorar la voluntad de la persona que los elige como moralmente ‘buena’ o ‘mala’. De este modo, un acto que, oponiéndose a normas universales negativas viola directamente bienes considerados como pre-morales, podría ser cualificado como moralmente admisible si la intención del sujeto se concentra, según una ‘responsable’ ponderación de los bienes implicados en la acción concreta, sobre el valor moral reputado decisivo en la circunstancia. La valoración de las consecuencias de la acción, en base a la proporción del acto con sus efectos y de los efectos entre sí, sólo afectaría al orden pre-moral… En esta perspectiva, el consentimiento otorgado a ciertos comportamientos declarados ilícitos por la moral tradicional no implicaría una malicia moral objetiva… El no poder aceptar las teorías de las teorías ‘teleológicas’, ‘consecuencialistas’ y ‘proporcionalistas’ que niegan la existencia de normas morales negativas relativas a comportamientos determinados y que son válidas sin excepción, halla una confirmación particularmente elocuente en el hecho del martirio cristiano, que siempre ha acompañado y acompaña la vida de la Iglesia”, Encíclica ‘Veritatis Splendor’, Roma 1993, nn. 74-5 y 90.

(23) ‘Del Rey y de la Institución Real’, en Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, Atlas, 1950, vol. 31, p. 560. Existe la equivocada idea, de que la moderna teoría del mercado fue sino desarrollada, al menos, seriamente expuesta, a partir de la escuela escocesa liderada por Adam Smith. Esto es claramente falso. Por el contrario, “En varios sentidos… Adam Smith desvió la economía de su recto camino, el representado por la tradición continental iniciada en los escolásticos medievales y tardíos, y continuada por los escritores franceses e italianos del siglo XVIII, llevándola hacia otro muy diferente y falaz. La ‘economía clásica’ smithiana… se encenagó en análisis agregativos, en la teoría del valor basada en el coste de producción, en situaciones de equilibrio estático, en la división estática entre ‘micro’ y ‘macro’, y en un complejo bagaje de análisis holístico y estático”, asegura Murray N. Rothbard (‘Historia del Pensamiento Económico’, Unión Editorial, Madrid 1999, p. 404). Así es que me parece temerario el atribuir el desarrollo de la teoría del mercado a un grupo en particular, más bien me inclino a pensar en una maduración antigua y lenta a través de los siglos. Sin embargo, es indudable que un grupo de destacados tomistas, en su mayoría jesuitas y algunos dominicos, gran parte de ellos profesores de Moral y Teología en la Universidad de Salamanca, tuvieron mucho que ver en un desarrollo serio y sistemático de la teoría del mercado. “Tengo una carta de Hayek… en donde… Dice que Rothbard y Marjorie Grice-Hutchinson ‘demuestran que los principios básicos de la teoría del mercado competitivo fueron establecidos por los escolásticos españoles del siglo XVI y que el liberalismo económico no fue diseñado por los Calvinistas sino por los jesuitas españoles”, asegura Jesús Huerta de Soto (Austrian Economic Newsletter, Summmer 1997, Vol. 17, n. 2, Auburn, Alabama, p. 3.). En cualquier caso, por el nivel intelectual, el prestigio dentro de la Iglesia (dos de estos escolásticos fueron san Bernardino de Siena y san Antonino de Florencia que escribe en 1449 la doctrinalmente tomista Summa Moralis Theologiae que constituye el primer tratado de la nueva ciencia de la Teología Moral), y por la jerarquía que ocupaban (por ejemplo, Diego de Covarrubias y Leyva, era Obispo de Segovia), sin ninguna duda puede decirse que éste fue, hasta hoy, el intento más serio y más válido, dentro de la Iglesia Católica, en el estudio de la economía. Lo que sí logró Adam Smith y sus seguidores, fue dominar el pensamiento económico, terminando con el desarrollo de la escuela ‘subjetivista’ (aunque no tanto), escolástica, que no sólo había estudiado seriamente al mercado, sino que lo entendía teóricamente. La tradición se mantuvo viva en Francia, en los escritos de Richard Cantillon, Anne Robert Jacques Turgot y Jean-Baptiste Say, y algunos conocimientos pasaron a Inglaterra, a través de los escritos de los teóricos protestantes del ‘derecho natural’, Hugo Grotius y Samuel Pufendorf. Por cierto que, ésta defensa del mercado, era coherente con la realidad histórica. Recordemos que, la Iglesia, había sido siempre un ‘poder’ contrario al estatismo. Pero, sobretodo a partir de la Revolución Francesa, se fortalece el racionalismo a la vez que decae el ‘poder’ de la Iglesia que, consecuentemente, deja de significar un verdadero reto y freno al estatismo.  

(24) ‘Competencia y Empresarialidad’, Unión Editorial, Madrid 1998, p. 17.

(25) ‘El significado del proceso de mercado’, Libertas, no. 27, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1997, pp. 128-9-133-4-5-8-9. El Papa Juan Pablo II asegura que “Movido por el deseo de descubrir la verdad última sobre la existencia, el hombre trata de adquirir los conocimientos universales que le permiten comprenderse mejor y progresar en la realización de sí mismo. Los conocimientos fundamentales derivan del ‘asombro’ suscitado en él por la contemplación de la creación: el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal”, Encíclica ‘Fides et Ratio’, Roma 1998, n. 4.

(26) S.Th., I, q. 21, a. 1.

(27) n. 1928.

(28) n. 1930.

BIBLIOGRAFÍA

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Zanotti, G. (1998): “Epistemología y Política”, LibertasNo. 29, Buenos Aires: ESEADE, Octubre.

Gracias al keynesianismo, sube W.St. y los refugios, el Btc intratable

Por Alejandro A. Tagliavini*

                 En esta Argentina histérica e impredecible, el dólar blue hoy anotaba su novena baja consecutiva, a $157, y ya cayó $38 desde el pico de $195 del 23 de octubre. La brecha cambiaria con el dólar mayorista se redujo de un máximo de 150% a menos de 100% en solo dos semanas. Más allá de que el dólar está bajando a nivel global -lo que en rigor no incide en esta Argentina tan desenfocada del mundo- la bajada del blue se debe, básicamente, a la colocación de bonos, estrategia de muy corto plazo que logra, como dice Roberto Cachanosky, que el dólar se agache. Claro que cuando vuelva a aparecer lo hará con más fuerza.

               El gobierno no entiende que inflación e IPC son cosas distintas y que absorbiendo demanda de pesos genera más inflación -porque aumenta la brecha en tiempo real con la oferta- y que si no se muestra en el IPC se debe a la recesión y a la represión del gobierno sobre distintos precios.   

             De modo que, hay que aprovechar este blue artificialmente barato, antes de que estalle, y salir al exterior. Europa no pinta bien debido a que no terminan con las cuarentenas y otras represiones estatales, pero el avance del “más amigable” Biden a la Casa Blanca, ha empujado a sus índices bursátiles un 9% en 5 días.

             Como estaba previsto, la Fed no movió ficha al término de su reunión de dos días que culminó el jueves y decidió mantener las tasas de interés entre el 0% y el 0,25% debido a que “la actividad y el empleo en general se mantienen todavía muy por debajo de sus niveles a principios de año”, lo que resulta obvio dado que no terminan de levantar las cuarentenas y demás restricciones a la libertad personal.

             La idea de la Fed es mantener el precio del dinero en los niveles actuales hasta que se recupere el pleno empleo máximo y la inflación alcance el 2% o esté en camino de superar moderadamente dicho nivel durante algún tiempo. Y también insisten en la necesidad de un mayor estímulo fiscal para respaldar una rápida recuperación, especialmente en el mercado laboral. De hecho, el banco central engulle mensualmente USD 80.000 M en bonos del Tesoro y 40.000 M en activos respaldados por hipotecas.

           Keynesianismo, estímulos y dinero barato garantizado -burbuja para hoy, inflación para mañana- que suman que Biden promete aún más estímulos, y que los republicanos quedarán fuertes en el Senado impidiendo una suba de impuestos significativa a las grandes corporaciones, que ha provocado una sostenida suba en Wall Street.

           Así, aun con la incertidumbre política y los negativos datos macro no frena Wall Street. El Dow Jones sube un 1,95%, hasta los 28.390,18 puntos; el S&P 500 registra un ascenso del 1,95% también y se sitúa en las 3.510,45 unidades, y el Nasdaq 100 avanza un 2,56%, hasta los 12.078,07 enteros.

         Tras las ininterrumpidas subas de los últimos cuatro días en la bolsa estadounidense, el S&P 500 gana un 8,71% en el año y se sitúa a un 2% de los 3.580 puntos (máximo histórico). Por su parte, el Nasdaq 100 acumula una rentabilidad del 38,3% y se encuentra a un 2,7% de máximos (12.400). En cambio, al Dow Jones todavía pierde un 0,52% en lo que va de año, pero está a un 4% de máximos (29.551 puntos).

               Pero como, a los inversores conservadores esto le huele a inflación, los valores resguardo siguen subiendo. El oro aumenta un 3% este jueves, hasta la cota de los USD 1.950/onza y vuelve a niveles de mediados de septiembre. De este modo, se acerca un poco más a su máximo anual e histórico: los USD 2.051,5. En lo que va de ejercicio, gana un 28%. La plata sube fuerte, un 5% y el Bitcoin un 10% superando los USD 15.500

               Por otro lado, el euro recupera los USD 1,182 y se aprecia un 5,4% sobre el billete estadounidense en el año. La volatilidad que mide el índice VIX de la Bolsa de Chicago, ligado al S&P 500, cae un 6% este jueves, que se une al 17% que perdió el miércoles, y se sitúa en los 27,8 puntos. Una señal de tranquilidad del mercado que está muy alejado de los 82 puntos que registró en el mes de marzo.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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An urgent humanitarian appeals

Alejandro A. Tagliavini *

             The tight election, against all the polls and a strong anti-Trump media campaign, highlights two themes. First, the media is estranged from the people, and they will have to make changes, or they will perish in front of the individuals and their social media hobbies. Second, many people, if not the silent majority, do not want quarantines and other repressions of the human right to freedom. And the world must understand it or risk regrettable, increasingly violent protests around the world.

             McQuillan and Koehler say that Biden is going to socialism. He would support the Green New Deal – a camouflaged state takeover with the excuse of the climate change – a banking system run by the Federal Reserve and the Postal Service with control over money, and he would expand very flawed Medicare. All financed with more taxes than the poor always pay, because the rich avoid them by raising prices or lowering wages.

             I do not know if they are right. To begin with, politicians do not keep their word. And I also do not think Trump is a champion of freedom, I wouldn’t vote for him. But the most serious global problem today is quarantines and other state repressions and Trump would end them. And all because of a virus that caused the death of less than 0.02% of the global population when the Spanish flu, per case, killed 2.4%.

              To argue that the virus could develop exponentially is science fiction in the face of a real catastrophe, not supposed, caused by these quarantines of which, due to space limitations, we will only see malnutrition.

                 The free market is not what the conservative right says: freedom for large corporations. On the contrary, it is the absence of state coercion -violence, police- that favors the powerful, so that ordinary people can work and interact in peace. And hence the effectiveness of the market because, while the State is violently imposed, people cooperate achieving efficiency since, being voluntary, interactions take place only when both parties win, they get what they prefer.

                   Thus, as Sweden shows, free societies resolve epidemics effectively when state violence reaches the point where UK police warn that it is a “civic duty” to report on neighbors who violate restrictions. It reminds me of the informers of Jews before the Gestapo.

                    Due to the restrictions, according to the ILO, 305 million jobs were lost. Farmers are affected by blockades that limit access to their land, planting or harvesting or accessing markets and selling products or buying inputs. Already 1.5 million New Yorkers, in the most cosmopolitan city on the globe, depend on food banks. But more serious is what Oxfam, an organization in any case on the left, tells us: 12,000 people per day would starve to death due to quarantines, although Oxfam and the UN are quite incoherent and attribute it “to the pandemic and government restrictions”.

                    Let us be clear: those who do not work are because the government prevents it. According to the UN, the number of people in a hunger crisis will rise to 270 million by the end of the year, 82% more than in 2019. And this on a planet where there is plenty of food, says Oxfam.

                     And for this reason, I make a sincere humanitarian appeal: to end completely and definitively all state repression.

* Senior Advisor at The Cedar Portfolio  and Member of the Advisory Council of the Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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