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Alejandro A. Tagliavini

El columnista basado en Argentina más publicado en el mundo

Una buena inversión: ladrillos españoles

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

La economía argentina está muy complicada y no es creíble que habrá una recuperación tipo V o U, según el gobierno o los “principales analistas” -los mismos que en 2017 aseguraron que el PIB crecería en 2018 3% y 3,5% en 2019-, sino que todo indica que la curva hacia abajo no tiene solución y el PIB podría, incluso, caer más que en 2018.

Solo por nombrar las últimas noticias, el riesgo país -unos 830 puntos- supera ampliamente al de Bolivia, y Ecuador. Tras el fallo de la Corte -y la implementación de la Reparación Histórica- “en el año 2007 se destinaba el 33% de la recaudación tributaria nacional a pagar jubilaciones y pensiones… proyectamos que alcanzará el 57% en 2019”, indica Invecq. Aun así, lo que reciben los jubilados es paupérrimo, o sea, no hay margen para bajarlo.

Y en noviembre, según Economía, los ingresos aumentaron 35,4% interanual, por debajo de la inflación. Sin embargo, la presión fiscal total aumentó, en relación con el PIB del sector privado en descenso. De los ingresos, los recursos tributarios fueron los que más crecieron, en particular los Derechos de Exportación (DEX) aumentaron 242,4% interanual. El gobierno está encaprichado en la reducción del déficit, lo que es contraproducente si se hace a costa de destruir el sector productivo -el sector privado- con impuestos, altísima inflación y tasas impagables.

Según Federico Muñoz, dada la devaluación, “En el acumulado de los cuatro últimos trimestres, el PIB en dólares cayó a 498.000 M, debajo de los US$ 633.000 M para el acumulado anual hasta el primer trimestre de 2018… en 2019 no llegaremos a un ingreso de US$ 10.000 per cápita”. Así las cosas, los capitales huyen a un ritmo que se acelera sin que se vislumbre freno. Gran noticia para empresas de cajas de seguridad que han visto crecer fuertemente su negocio ya que los bancos tienen lista de espera. Pero hay alternativas mejores al “dólar bajo el colchón”.

Aunque el exterior no está de parabienes, hay alguna luz. Wall Street tuvo la semana pasada su peor desempeño semanal en una década, y según Trump “El único problema… es la Fed (que aumenta las tasas)… no entienden las necesarias guerras comerciales o un dólar fuerte o incluso los cierres (de Gobierno) demócratas por la frontera”.

Trump provocó el cierre del Gobierno Federal -hoy miércoles el público empezará a notar los efectos- ante la negativa de los demócratas de dedicar US$ 5.000 M a la construcción del muro con México. Y esto a pocos días de que la Cámara de Representantes pase a manos de los demócratas. Así, la Casa Blanca aceptaría menos fondos para el muro con tal de evitar que el cierre se extienda hasta enero.

La semana pasada el Dow cayó 6,88% acumulado una caída superior al 12% en lo que va del mes, y el lunes bajó otro 2,91%. En tanto que la Bolsa de Tokio tuvo ayer martes -no fue feriado en Japón- la peor caída en dos años: el Nikkei, descendió 5,01% hasta el nivel más bajo desde el 25 de abril del 2017.

Así, todos coinciden en que las Bolsas europeas son las más atractivas para 2019, aunque la volatilidad persistirá, llegaría alguna recuperación de los activos, pero habrá que estar atentos y ser selectivos. La mayoría de los inversores va a cerrar el 2018 con rentabilidades negativas a pesar de que antes de comenzar el ejercicio el crecimiento global sincronizado invitaba al optimismo. Pero apareció la batalla comercial entre China y EE.UU., la ralentización del crecimiento chino debido al impase en su política pro mercado, la debilidad de las economías emergentes y el Brexit.

Según Lazard Asset Management, el crecimiento salarial en EE.UU. es clave para la recuperación y el buen tono de Wall Street, y por ende, del resto de índices internacionales. Los salarios crecerían en 2019 entre el 3% y el 4%. Sin embargo, no hay certeza de que esto ocurra. Hoy la tasa de desempleo se sitúa en el mínimo de 49 años, pero los salarios no han crecido significativamente en 2017 y 2018.

El 2019 será año de retos en la zona euro, dados los cambios políticos. Debido al débil crecimiento económico, los votantes han mostrado su descontento votando a partidos populistas y nacionalistas. Sin embargo, parece más estable que EE.UU. y así el euro podría seguir recuperándose.

Por cierto, tanto inversores locales como extranjeros se han volcado a comprar vivienda en España para alquiler, una inversión conservadora. Dada la elevada demanda, los arriendos se encarecieron más de 40% en solo cuatro años, según Fotocasa. En el tercer trimestre, los alquileres rindieron 4%, y el acumulado de 12 meses llega al 11,2% -obviamente, en euros, moneda que promete subir-, según el Banco de España.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Aumenta la volatilidad global al ritmo del desprecio al mercado

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Quienes desde hace un año siguieron el consejo simple -comparado con las elucubraciones de los asesores financieros- de desinvertir en Argentina y hacerse de dólares, en general -después de comisiones e impuestos- hoy pueden comprar un 20% más en propiedades inmuebles y un 30/40% más en acciones y títulos. Y, por cierto, la recomendación es seguir por el mismo camino de volcarse a moneda fuerte y dirigirse al exterior, aunque el problema es adónde. Habrá que ser muy selectivo y, básicamente, buscar países estables, que profundicen las políticas promercado, porque el ambiente global es confuso.

Como cualquier drogadicto -que pretende pasarla bien sin esfuerzo o, más bien, con el esfuerzo de los demás- hoy el mundo financiero y de las grandes empresas pide más a los bancos centrales después de años de beneficiarse de políticas monetarias ultra laxas, a costa de los contribuyentes que -por vía de impuestos e inflación- financian estas aventuras de la banca estatal. Y la marcha atrás que ha iniciado la Fed y que, en poco tiempo, tiene previsto realizar el Banco Central Europeo tensiona las bolsas, tanto en renta variable como en fija.

Esta política ultra laxa -de créditos artificialmente baratos- ha creado burbujas que ahora se complican creando un ambiente de inestabilidad global fogueado por Trump, y su alocada guerra comercial, y el mandatario chino que pareciera querer darle un impasse a la política promercado provocando una desaceleración del crecimiento de China.

El miércoles pasado, la Fed se ciñó al guion previsto al subir por cuarta vez las tasas de interés, la novena subida desde que en 2015 se inicio la normalización de la política monetaria en EE.UU., y dejó entrever la desaceleración en los aumentos para 2019, solo dos alzas en lugar de tres para situar la política monetaria “justo por debajo del rango neutral”. Y los inversores están castigando la decisión con ventas masivas en renta variable y acudiendo al refugio de la deuda. Así, la bolsa va camino de registrar su peor trimestre desde 2011.

Ante una subida de la Fed y perspectiva de más alzas, el movimiento natural hubiera sido que la curva de rentabilidad aumentara con mayor margen en el largo plazo contra el corto ya que el alza de la tasa de interés conlleva un descenso del precio de los bonos -aumentando la tasa implícita- dado que, los inversores, venden la deuda para adecuar su cartera al nuevo precio del dinero. Sin embargo, en plazos largos como a diez años el precio comenzó a subir ante la oleada de compras aplanándose la curva de tasas.

Así el bono del Tesoro de EE.UU. a diez años retrocede a mínimos de siete meses, con una rentabilidad del 2,78%, mientras en la deuda a corto plazo se producen ventas. La curva de tasas da hoy un nuevo paso en su estrechamiento y el diferencial entre a dos (2,67%) y diez años se reduce a 11 puntos básicos lo que se considera como un indicador que adelanta futuras recesiones. Cada una de las seis recesiones desde 1970 fue precedida por una curva invertida en las tasas.

Por otro lado, muchos analistas como el Commerzbank creen que “la aversión al riesgo en el mercado de renta variable está conduciendo al precio del petróleo a los mínimos actuales”. El miedo a una desaceleración económica que lastre la demanda de crudo, junto con las turbulencias en los mercados financieros, están hundiendo la cotización.

Según la Agencia de la Energía de EE.UU., “la actual caída de los precios del petróleo es muy similar a la de 2014”. En el último trimestre de ese año, el crudo se hundió 40%, llegando a los US$ 30. El crash de 2014 tuvo como protagonista a los productores de shale oil en EE.UU., gracias al fracking, lo que impulsó la oferta global históricamente controlada por la OPEP. Ahora, además, hay temor por un estancamiento de la demanda y un parón de la economía global.

El crudo Brent acumula un desplome de más del 37% desde los máximos anuales de octubre, mientras que el West Texas cae un 39%. En octubre, la caída se acercó al 9% y en noviembre superó el 22%, el mayor descenso mensual desde octubre de 2008. En lo que va de diciembre la corrección se acerca al 5%.

Desde UBS aseguran que “existe preocupación porque los recortes de la OPEP no serán suficientes, en un entorno de dudas sobre el crecimiento económico, para contrarrestar el crecimiento de la oferta de los productores de shale oil en EE.UU.”, sin embargo, destacan que la demanda y la oferta volverán a encontrar un punto de equilibrio entre los US$ 70 y 80. Se espera que, para 2019, las sanciones a Irán y la debacle de la industria petrolera de Venezuela desemboquen en una oferta global más ajustada.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Cuarenta años del gran “Gaige Kaifang”

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

China ha cumplido, este 18 de diciembre, 40 años del comienzo del Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, el proceso que emprendió el “dragón rojo” bajo el mando de Deng Xiaoping, a partir de 1978, para recusar al maoísmo y abrirse al mundo y al sector privado. Aquellos cambios, que luego fueron seguidos por la “glasnost” y “perestroika” de Gorbachov en la URSS, fueron el principio del espectacular vuelco de la nación, que pasó de una economía de pobres a convertirse en tiempo récord en la segunda potencia global.

A la muerte de Mao, el PIB de China representaba el 1,75% de la economía mundial, en 2018 se ha multiplicado por 82 llegando a aportar el 15% de la riqueza global: US$ 12,24 billones. La esperanza de vida ha pasado de 65,8 a 76,4 años y más de 800 millones de personas superaron la pobreza.

Como contra caso, en Argentina, que cada vez le da más la espalda al mercado, con más regulaciones e impuestos, la pobreza aumenta, el estrés también y el PIB creció solo nueve veces -de US$ 58.000 en 1978 a unos 512.000 M en 2017- a lo que hay que descontarle la inflación del dólar y el crecimiento poblacional, más la devaluación del peso y la fuerte caída de este año con lo que el PIB per cápita habrá bajado al finalizar 2018.

Aunque ahora pareciera comenzar una nueva era en la que, según sus críticos, Xi Jinping, el nuevo líder chino, ha desmantelado buena parte del legado de Deng. Ha eliminado los límites temporales que impuso el Pequeño Timonel -Deng- al mandato presidencial y, en la economía, el sector público vuelve a ganar terreno sobre un sector privado que fue el motor del crecimiento en las últimas décadas.

Según Willy Lam, de la Universidad China de Hong Kong, “Se han abandonado casi todas (las reformas de Deng)… : el liderazgo colectivo y la prohibición del culto a la personalidad; separación del Partido y del Estado; en la economía, el énfasis en el mercado y buen trato a los empresarios privados y los capitalistas extranjeros…”.

Y así ya la economía china no crece como en años pasados, y no debido a la “guerra comercial” con EE.UU. que, más bien, es una excusa. Entonces, ya se escuchan voces que piden más reformas económicas para recuperar el camino a favor del mercado que marcó el Pequeño Timonel. Irónicamente, “Trump está obligando a Xi a volver a las enseñanzas de Deng”, especialmente en el énfasis sobre el mercado y el trato no discriminatorio a las empresas extranjeras, dice Lam.

El jefe del Estado chino pronunció, el pasado día 18, un discurso sobre el aniversario que desilusionó a quienes esperaban medidas de profundización en el Gaige Kaifang; o de conciliación en la guerra comercial. Xi no anunció ninguna medida concreta en cuanto a liberalización económica en un momento en que el compromiso de China con la apertura ha sido cuestionado por varios de sus socios comerciales -especialmente EE.UU.- e incluso por varias voces dentro del país.

“Nadie está en posición de dictar a China lo que debe hacer”, insistió Xi durante un cansador discurso de hora y media dedicado principalmente en defender a ultranza el papel del Partido Comunista. “El Partido lo lidera todo”, dijo citando a Mao Zedong y dejando añoranzas por Deng Xiaoping ya que al decir que “El proceso de reforma y apertura es uno de los hitos más destacados de la China contemporánea”, pareció más una frase para contentar a sus críticos que un convencimiento real.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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El plan quinquenal: la decadencia

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Es imposible mejorar y ser eficiente, en cualquier actividad, sin competencia: no se puede ser buen tenista sin un contrincante, solo peloteando en un frontón, ni se puede ser un buen equipo de fútbol -como Riber, con la B de Bernabeu- solo tirando pelotas al arco. Por lo que solo la actividad privada en competencia -desregulada- es eficiente. En contraposición con la actividad estatal que jamás es competitiva, o porque el Estado le garantiza “reservas de mercado” o porque, como Aerolíneas Argentinas, no compite realmente desde que el Estado le asegura “los goles”, es decir, que el Tesoro le gira todos los fondos necesarios para cubrir su déficit y, así, no tiene aliciente para ganar.

Por esto es que, un país es eficiente y crece en la medida del tamaño de su sector privado competitivo e, inversamente, decrece cuanto más se agranda su sector estatal. Así las cosas, desde el principio de su mandato en la CABA, quedó claro que Macri provocaría la decadencia del país: con la excusa de que, por ser opositor, la Nación no le giraba fondos, aumentó impuestos, regulaciones, empleados públicos y empresas estatales, es decir, aumentó la ineficiencia a costa del sector privado.

Y, al llegar a la Nación, como era de esperarse, continuó con el mismo “modelo” que dice que “es el correcto” y los burócratas internacionales lo apoyan -obvio, son burócratas estatales- con lo cual, como seguramente será reelecto según veremos, Argentina tiene por delante otro quinquenio de decadencia.

De los tres años de gobierno de Macri en la Nación, sólo en uno, el 2017, el PBI creció, pero no verdaderamente, sino inflado gracias a créditos que supusieron un brutal aumento de la deuda -y de las tasas de interés, quitando recursos al sector privado-, siendo que en el acumulado registra una caída de algo más de 18%. Por su parte, el dólar aumentó casi 300% y, según Eco Go, la inflación acumulada se rondará el 158% a pesar de haber sido contenida por la recesión que dificulta inhibe que los empresarios aumenten precios, mientras que la suba de tarifas acumulada hasta este diciembre rondará el 280%.

Por cierto, quitar subsidios es de justicia si y solo si se les devuelve a los consumidores el correspondiente porcentaje de los impuestos con los que se solventaba ese subsidio, pero Macri “se quedó con el vuelto”: subió tarifas y no bajó impuestos, por el contrario, los subió provocando una fuerte -y muy injusta- caída en el poder adquisitivo de la gente. Mientras que en 2018 los salarios aumentaron solo 31%, la suba interanual de precios terminaría en alrededor del 47,5%.

Dicen quienes justifican a Macri que, si bien los números no son buenos “se hicieron cambios estructurales” y que la culpa de la caída del PBI en 2018 habría sido de la sequía y la crisis cambiaria. Pues no hubo tal crisis, salvo en la imaginación de quienes no saben cómo justificar sus erradas predicciones, sino solo una previsible y justa apreciación del dólar.

Y no recuerdo que ninguna economía seria, ni Japón, ni EE.UU., ni Alemania, que tuvieran caídas en el PBI por culpa de una sequía, o de un tsunami, o de un huracán como Katrina que destrozó, literalmente, a Nueva Orleans y el PBI de EE.UU. ni se inmutó. Si recuerdo, en cambio, que desde que China comenzó a realizar verdaderos cambios estructurales, “promercado”, su PBI entro rápidamente en una espiral de crecimiento de hasta el 13,5% anual llegando a ser hoy la segunda economía global.

Y la crisis argentina se profundiza. La construcción cayó 6,4% anual en octubre de este año, la industria 6,8%, el comercio minorista (CAME), la venta de autos 0 km y los despachos de cemento mostraron fuertes caídas mientras que la recaudación de la AFIP subió solo 34% anual, muy por debajo de una inflación que rondaría el 47%, proyección que pone en jaque al presupuesto 2019. La bolsa porteña cae más de 50% en dólares en lo que va de 2018 y empeora.

El 52% de los productores del campo cree que la situación de su empresa está peor que el año pasado, según SEA-CREA, a pesar de ser el sector más optimista, y un 70% de los consultados aseguró que no cree que estén dadas las condiciones para realizar inversiones. En el agro, las necesidades de financiamiento de las compañías serán mayores en la campaña 2018/19 respecto de la anterior, lo que se va a complicar notoriamente con estas altísimas tasas a partir de las de referencia que, del 70%, por ahora bajaron al 59%.

Por cierto, los REM del BCRA parecen un ranking de quién yerra más, habría que premiarlos con el récord Guinness. Todos los gurús empezaron diciendo que en 2018 se crecería alrededor de 3% y 3,5% en 2019 y lo peor del caso es que lo dijeron sin fundamente serio, pero aun así siguen pronosticando con la misma “certidumbre” y ahora dicen que, si bien habrá una caída del PBI de un -2,4% en 2018 y alrededor de -1% en 2019, en el famosísimo “segundo semestre” de 2019 empezaría la recuperación, dicen.

Entretanto, el FMI en octubre de 2017 estimó que el PBI en 2019 crecería 3,2% y ahora dice que caerá -1,7%. Si seguimos la curva de las proyecciones que venía haciendo (para 2019, +3,2%, luego +1,5% y ahora -1,7%) en marzo del año que viene dirá que el PBI caerá más del -3% en 2019 y aún más en 2020 y esto sí se acercará más a la realidad.

Además, tiene sentido lo que dicen muchos analistas -como el Estudio Broda- de que la curva de rendimientos de los bonos argentinos está indicando que el mercado tiene “serias dudas” sobre el financiamiento público a partir de 2020, cuando el programa financiero oficial asume que se recupera el acceso a los mercados de deuda en condiciones razonables. La asistencia del FMI se reduce y cubre 14,7% de las necesidades brutas. Y podría ocurrir una “reestructuración de deuda post 2019” salvo que el riesgo país baje de los 500 puntos cuando hoy ronda los 750 y tiene ganas de seguir subiendo.

En el Gobierno insisten en que el rendimiento de los bonos que vencen luego de las elecciones “reflejan el riesgo político post electoral”. No es muy serio que en el mercado todavía se dude de la reelección de Macri y que esto traiga cierta incertidumbre.

Los mejores científicos políticos de EE.UU. tienen esto de las campañas muy estudiado. Las personas no votan racionalmente -de todos modos, los políticos dicen una cosa y luego hacen otra, de modo que no se los puede votar por sus programas- sino con “el corazón”. En particular, en el caso de las mujeres el proceso sicológico es muy parecido al de “elegir un marido”. Así, termina ganando básicamente quién tiene más y mejor publicidad y el oficialismo, al tener el aparato de gobierno, gana lejos en esto.

Además, más allá del discurso, la gente es conservadora, o sea, prefiere “malo conocido que bueno por conocer”. Total, que gana las elecciones quién va por la reelección en un porcentaje muy alto de veces: de los 24 presidentes -regulares, no como Gerald Ford que asumió por renuncia de Nixon- que fueron por la reelección en EE.UU., 17 fueron reelectos, es decir el 70%, porcentaje que se eleva mucho en países con tendencias populistas como el nuestro. Así ganaron Menem, Cristina, Evo, Dilma Rouseff, Bachelet, Ortega, Santos, Correa, etc. Y pasa lo mismo a nivel diputados y senadores que van por la reelección, los “incumbents” que, según estadísticas recogidas por OpenSecrets.org, en más del 90% de los casos ganan la reelección.

O sea que Macri será reelecto, salvo una “catástrofe nuclear” que muy difícilmente ocurra. Ni siquiera el hecho de que el juez federal Claudio Bonadio haya citado a Franco y a Gianfranco Macri, padre y hermano del Presidente respectivamente, y aun recordando al “arrepentido” primo Calcaterra, podría cambiar esto.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Al final, Macron es un político

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Alain Minc, mentor del presidente francés Emmanuel Macron, aseguraba que su amigo pensaba que “el sistema se ha descompuesto y caerá, hay que recogerlo”, viendo cuan harta está la gente del sistema político, sobre todo de los impuestos como desde hace centurias.

Pero, al mismo tiempo, las personas son conservadoras al punto que suelen optar por el “que todo cambie para que nada cambie”. Así es como lo votaron a Macron, un “antisistema” pero que, al final, es otro político que ahora también repudian. Según Franck Gauidichaud, de la Universidad de Grenoble, el descontento es grande y no se calmará con un aumento de sueldo o una bonificación de fin de año.

Minc asegura que el presidente ha inventado “el populismomainstream”, y aclara que “el populismo siempre era la expresión de un extremismo. Y los partidos tradicionales eran la expresión del mainstream. Pero puede existir un populismo mainstream: es decir, los reflejos del populismo con la finalidad y la economía social de mercado”.

Parecido, y no solo en el apellido, a Macri, el presidente argentino que aseguró, al mejor estilo peronista, que quiere “un Estado al servicio de la gente”, lo que resulta una contradicción, ya que sus leyes se imponen coactivamente, precisamente porque las personas se niegan a suscribirlas voluntariamente. Sugestivamente, dicho sea de paso, el argentino no irá a la asunción del Jair Bolsonaro, el nuevo “ultraderechista” -dicen- presidente de Brasil.

El gobierno ya había anulado el aumento de impuestos a los combustibles, que encendió el movimiento de los “chalecos amarillos”, pero no fue suficiente. Así, Macron -hoy impopular, solo el 21% lo apoya- se dirigió a la nación captando una audiencia excepcional de más de 23 millones de personas intentando frenar las manifestaciones más graves en décadas, y que ya han costado un 0,1% del PIB.

Y anunció que el salario mínimo aumentará en € 100 al mes, que las horas extras no pagarán impuestos, pidió a las empresas que abonen una paga extra y retiró una subida de impuestos a los jubilados que cobren menos de € 2000. Medidas con las que el déficit fiscal superaría el 3%, lo que traerá un conflicto ya que se opone a las normativas de la UE.

Hablando se salario mínimo, qué dirían en Venezuela de este aumento de € 100, -unos 114 dólares- cuando el salario mínimo allí, es de 4.500 bolívares soberanos –unos 8,2 dólares– al tiempo que un kilo de queso manchego cuesta unos 6.370 bolívares.

Macron reconoce errores, pero no renegará de todo y, aunque toda la izquierda lo reclama, no recuperará el Impuesto –“a los ricos”- sobre el patrimonio. Suponen, ingenuamente, que los millonarios deben pagar más impuestos cuando la realidad es que ellos necesariamente los derivan hacia abajo -subiendo precios, bajando salarios, etc.- con lo que siempre terminan cayendo con más fuerza sobre los más pobres.

En fin, Macron no tranquilizó del todo a los ciudadanos, ni lo conseguirá porque, finalmente, también es político, parte del sistema. Pero no es menos cierto que, en algún momento, los manifestantes terminarán aceptando a los políticos que, al fin de cuentas, ellos votaron. Es que así es la sociedad humana, conservadora por naturaleza, que jamás evoluciona por revoluciones sino por lenta maduración, como todo en el cosmos, como las plantas que crecen lentamente desde semillas.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Viento neutro, ni de frente ni de cola

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El panorama internacional luce realmente complicado, aún más desde la aparición de Trump y su extravagante idea de la economía local y global. Ahora, de estas turbulencias, algunos vientos deberían empujar dólares hacia afuera de la Argentina y otros hacia adentro.

Los mayores índices bursátiles mundiales están en pérdidas desde hace meses. La principal preocupación reside en la desaceleración de la economía global, incluyendo la de EEUU. Para Bank of America Merrill Lynch el crecimiento mundial se desacelerará en 2019, con un avance del 3,6% frente al 3,8% de 2018, en tanto que el aumento de los beneficios empresariales globales pasará de más del 15% de media en 2018 a debajo del 5% en 2019.

Para la OCDE, en 2019 la economía global crecerá un 3,7% -dos décimas menos que en la anterior previsión-, en tanto que el FMI espera un incremento del PBI global del 2,9% para el próximo ejercicio, y Deutsche Bank pronostica un avance del 2,4% de la economía estadounidense para 2019. Todas cifras en caída, pero lejos de la recesión.

El desplome de la cotización del crudo desde los máximos anuales de primeros de octubre -casi 30% en el caso del Brent- dejó en evidencia el cambio de expectativas económicas ya que el precio del petróleo suele ser un indicador adelantado de la economía.

La curva de tasas estadounidenses, que normalmente dibuja una pendiente positiva ya que los rendimientos de la deuda a largo plazo son mayores que a corto, enervó al mercado al invertirse el pasado martes, por primera vez en más de una década tras la crisis financiera desatada con la caída de Lehman.

El aplanamiento de la curva, que paga más por su bono a 2 años que por el de 5, suele anticipar contracciones en la economía, aunque la mayoría de los expertos descarta que EE.UU. entre en recesión antes de 2020. El problema es que durante el período que la curva americana está invertida, los inversores salen de los países emergentes y se colocan en bonos americanos.

Cuando la renta fija a corto plazo se paga más cara que a largo plazo, entra en juego la posibilidad de que en un futuro más o menos cercano, un determinado país vaya a tener dificultades económicas. Históricamente, una inversión de la curva ha servido de presagio de una crisis económica posterior. Sin embargo, el indicador más importante es la inversión de la curva en el tramo de 3 meses a 10 años, y no tanto lo que sucedió el martes cuando el bono a 2 años pasó a rendir 2,80%, más que el 2,79% que rendía un bono a 5 años.

Mientras que la guerra comercial entre EE.UU. y China se ha dado una poco fiable tregua de noventa días, en la zona euro tenemos el desafío presupuestario del Gobierno italiano a Bruselas, el encadenamiento de crisis políticas en otros países de la UE como España y, sobre todo, el Brexit. La propuesta de acuerdo de salida de la UE debía votarse este martes en el Parlamento británico, pero la votación fue pospuesta por la primer ministro -que ahora pretende renegociar con la UE un nuevo acuerdo- ante la evidencia de que no sería aprobada, provocando una fuerte sensación de desprolijidad en los mercados que cayeron al conocer la noticia.

Por otro lado, el mercado da por seguro que la Fed subirá las tasas un cuarto de punto en la reunión del 18 y 19 de diciembre, hasta situarlas en el rango de 2,25%-2,5%. Pero después de los últimos mensajes del presidente, sugiriendo una desaceleración, ya casi nadie espera tres alzas en 2019.

Lo que mejora un poco el panorama de los mercados emergentes, a los que perjudica la revalorización del dólar asociada a las tasas de interés más altas, a la vez que encarece el crédito. Aunque también se puede leer como la confirmación de que el crecimiento de EE.UU. -la locomotora global- está perdiendo tracción lo que representa un desafío adicional para los bonos y la economía argentina.

La Fed busca preservar el valor de la moneda -con una inflación en torno a 2% anual- y mantener un bajo nivel de desempleo -alrededor de 4%- mientras que el PIB crece al 3,5% anual. Esto sugiere que la economía estaría sobrecalentada, pero ahora se observa una desaceleración con lo que la suba de tasas -que desalienta la inversión productiva y el consumo- no sería tan agresiva en 2019.

Por cierto, la tasa de interés real de EE.UU. se encuentra en 0,4% anual, aún lejos del rango que se considera contractivo, entre 1% y 2%. Entretanto, insólitamente, el mercado le exige tasas más altas al BCRA para renovar sus Leliq. El jueves pasado, la tasa promedio de las letras de liquidez a 7 días cortó al 59,01% lo que da una tasa real muy por encima de la recesiva y, aun así, el Central produjo una expansión monetaria de poco más de $12.600 M, en tanto que el viernes cortó al 59,16%, y la autoridad monetaria expandió otros casi $30.000 M.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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G20, ¡mas rating que ShowMatch!

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Empecemos por notar un par de fuertes ironías. Por un lado, el demócrata Macri recibe con honores al líder del hegemónico partido comunista chino que puja por el “libre comercio” contra el “campeón del capitalismo”, EE.UU. La segunda ironía es que también recibió al heredero saudí, con lo que le queda poca autoridad moral para decir que combate a narcos y motochorros cuando invita a responsables por el descuartizamiento de un periodista.

En cualquier caso, el G20 tuvo un gran rating y Macri salió fuertemente ganador frente a la opinión pública dado que, según Van Gordon Sauter, ex jefe de la CBS, las cadenas de televisión inevitablemente terminan fijando las aspiraciones nacionales. Aunque, por cierto, solo fue la opinión publica argentina. Afuera, casi ni se enteraron.

En general, se le dio más relevancia a la asunción de López Obrador en México y, si se acordaron del G20, fue sobre todo por la tregua entre EE.UU. y China. Uno de los diarios más leídos en la web en español, El Mundo de Madrid, titula “Réquiem por el multilateralismo” y dice que “George H. W. Bush murió… en persona y en espíritu. Su ideal de un mundo (globalizado)… recibió el certificado de defunción en una cumbre del… G-20…. los negociadores llegaron a un acuerdo que… sanciona el statu quo… Más serio es que el comunicado, por primera vez en 10 años de cumbres del G-20, no rechace el proteccionismo”.

Es decir que el G20 está lejos, muy, de promover realmente el libre comercio lo que, por otro lado, podría lograr cada país unilateralmente sin esta cumbre que, además de costar decenas de millones de dólares, prácticamente cerró al mercado, le impidió trabajar durante dos días. El Economista de España tituló “El G20 salva la cara con una débil defensa del multilateralismo” y afirma “La mala salud de la cooperación internacional quedó reflejada en numerosas fotos, diferencias e infortunios”.

Ya se ve pues que esta cumbre no solo que no fue “pro” mercado, sino que no piensa liberarlo más -y quizás menos- al comercio internacional, ni piensa en bajarle impuestos, ni dejarlo trabajar a pleno. Más bien se dedicó a agrandar el peso del Estado a costa del sector privado lo que, sin dudas, tiene consecuencias negativas. Pero vendrían inversiones, dice el oficialismo… te acordás hermano qué tiempos aquellos, cuando Macri prometía “lluvia” de inversiones y viajaba a Davos, pues vino una sequía que retardó la producción agropecuaria.

El sábado, el presidente dijo que la cifra global de financiamiento para inversión directa tras el G-20, antes de los anuncios bilaterales con China, llegó a US$ 3000 M -nada comparado US$56.3000 M que aporta el FMI-, pero ese dinero es proporcionado y/o dirigido por agencias estatales, es decir, se agranda el Estado a costa del mercado. Luego, con China se firmaron acuerdos por más de US$ 5000 M. Otra vez inversiones digitadas desde y para el Estado -además de unas pocas desregulaciones- como el segundo swap de monedas por US$ 8500 M.

Al contrario de lo que la opinión pública cree, y como corresponde a burócratas y líderes estatales, el G20 más que desregular -liberar al mercado- propone regular. Aunque pasó casi desapercibido, la adopción de medidas regulatorias fue la misión principal -particularmente en finanzas- y por eso dieron pasos concretos para reforzar los aportes de capital al multi estatal FMI, o sea, más Estado a costa del sector privado que lo financia por vía impositiva. Por cierto, esta reforma implicará una redistribución del poder en el organismo, siendo China el mayor beneficiado ya que tendrá una mayor influencia basada en su peso como principal acreedor de EE. UU.

En fin, finalizado el show hoy nos queda la vida real, el mercado, las personas que trabajan sencillamente todos los días para financiar al Estado, sus cumbres y sus caprichos. Por caso, el 83,3% las pymes -motor fundamental del sector privado- tuvo bajas en las ventas minoristas durante noviembre, su peor caída interanual de 15,6%, once meses consecutivos de caídas (-5,8% promedio anual), según CAME.

Para terminar, insisto en que lo mejor del G20 fue la tregua en la guerra comercial entre EE.UU. y China, lo que provocó que las bolsas globales subieran, moderadamente ya que nadie se cree que esto terminará aquí, y acompañó la bolsa local a la que, por cierto, le falta mucho por recuperar ya que, pese a la remontada de noviembre de casi 7% -gracias a que el precio de algunos papeles está muy bajo- las acciones pierden un 50% en dólares en lo que va de 2018 a pesar de que el dólar está pisado por el gobierno con las exageradamente altas tasas que ofrece. A ver cuánto dura la euforia G20… poco, me atrevo a decir.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

 

Boca y River vs la Cumbre del G20

Por Alejandro A. Tagliavini*

El ómnibus del plantel de Boca Juniors que iba a jugar la final de la Copa Libertadores en el estadio de su rival, River Plate, dobló en una esquina donde los hinchas locales tiraron piedras hiriendo a jugadores. El partido se suspendió. Ahora todos intentan encontrar un responsable, sin ir al fondo.

Las barras bravas tienen una conexión con la policía y los dirigentes las estimulan, como los políticos con los votos. Y el problema básico es la ausencia de derechos de propiedad bien establecidos ya que se rigen por legislaciones estatales deportivas -impuestas utilizando el monopolio estatal de la violencia- que establecen a los clubes como sociedades “de personas” y no de propietarios.

Los socios pueden usufructuar las instalaciones, pero no son propietarios y, como los dirigentes tampoco lo son solo les interesa su carrera política y no la propiedad del club. Así, a nadie realmente le importan los daños que provocan las barras a las que usan como “fuerza de choque” para su carrera política. Si los socios fueran propietarios directos entonces existirían estímulos para controlar los desmanes.

No hay violencia en el golf, ni en deportes masivos como el béisbol o el fútbol americano porque los derechos de propiedad son claros y cada equipo y estadio tiene un dueño. Algunos clubes de fútbol ya se han convertido en sociedades de capital, anónimas. Así, no solo ha desaparecido la violencia al desvincularse de la política y reemplazar las barras bravas por propietarios responsables, sino que los clubes se han transformado en empresas exitosas gestionadas por profesionales.

Por caso, el fútbol de España fue parcialmente “privatizado” en 1990 permitiendo a los clubes ser sociedades anónimas deportivas (SAD). La mayoría -salvo Real Madrid, Barcelona, Athletic Bilbao y Osasuna- son propiedad de inversores privados. Hoy el fútbol español es uno de los mejores.

Soccerex clasifica a los clubes con más poder financiero en este deporte que mueve globalmente US$ 700.000 M anuales. Su último ranking se refiere al Índice Financiero de Fútbol (FFI, en inglés). En primer lugar, aparece una SAD, el Manchester City con un FFI de 4.883; en segundo lugar, el (SAD) Arsenal con un FFI de 4.559. Recién sexto aparece el Real Madrid -aunque, al no ser SAD, no paga impuesto a las sociedades- con un FFI de 2.579, y 13 el FC Barcelona con 1.626.

Los alemanes se ven parcialmente coartados ya que allí los inversores no pueden tener una participación superior al 49% de un club. Los dos gigantes españoles al no ser SAD bloquean la posibilidad de un gran inversor y, por cierto, si el Real Madrid se capitalizara en la Bolsa quedaría primero en el ranking. Boca aparece en el puesto 76 con un FFI de 0.191, seguido de River con 0.189.

En fin, al escribir esto, aun nadie sabe si se jugará esta final de la Libertadores ni dónde. Y, hasta qué punto se mete la política, que Macri presionaba para que se realizara pronto y en el mismo lugar porque quería mostrarle al G20 que su Gobierno puede garantizar la seguridad pública y evitar los delitos… debió pensarlo antes ya que el primero en llegar para la Cumbre fue el heredero saudí sospechado de descuartizar a un periodista, y cuyo gobierno ya decapitó unas 200 personas en 2018, pero aunque Human Rights Watch pidió a la justicia local su detención, difícilmente se concrete y podrá moverse libremente.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Agua de deshielo dejará el G20

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El petróleo acaparó el foco, la semana pasada, en los mercados financieros y amaga con seguir el protagonismo. En solo diez días el crudo registró tres desplomes próximos o superiores al 6%, cosa que el viernes se agravó cayendo casi 8% en el barril tipo West Texas, de referencia en EEUU., mientras que el Brent quedó debajo de los 60 dólares por primera vez desde 2017. Aunque esta semana comenzaba con una suba, el Brent superaba los 60 dólares y el West Texas rozaba los 51.

A esto se suma el acuerdo sellado durante el fin de semana en la cumbre europea que evita, de momento, el peor escenario: el de un Brexit sin acuerdo a nivel europeo. Pero debe afrontar ahora la reválida, quizá, más complicada, del Parlamento británico.

Y ahora el mundo mira la cumbre del G20… pero a nadie piensa en Argentina. Los focos están puestos en la reunión que mantendrán los mandatarios de EEUU y China porque podrían firmar la paz en su guerra de aranceles lo que ayudaría a enfriar los temores a una desaceleración económica, y a una menor demanda de petróleo. Pero lo cierto es que es poco probable que algo sustancial ocurra.

La presencia de los máximos mandatarios de Arabia Saudí -sospechado del descuartizamiento de Khashoggi- líder de la OPEP, y de Rusia, líder de los países que no pertenecen a la OPEP, podría aportar novedades. El 6 de diciembre la cumbre de la OPEP aprobaría una reducción del suministro para frenar el desplome del precio, reducción de la producción de crudo que se acercaría a 1,5 millones de barriles diarios.

Entre tanto, el gobierno argentino se cree protagonista de la foto del año y piensa que con eso se hará famoso. Es un defecto argentino, pensar que se vive de la “facha”, y no del trabajo diario y sencillo de la personas -el mercado- que, por el contrario, se verá severamente perjudicado por el altísimo costo de la cumbre.

Pocos creen que algo útil y concreto pueda ocurrir para el país, para empezar, es imposible que lleguen inversiones cuando la presión impositiva logra algo tan elemental como que no cierren los números de muchos negocios, salvo la bicicleta financiera (irónicamente, la recaudación en términos reales cae, complicando los números del gobierno). Por esto, dicho sea, el superávit comercial crece demostrando que el mercantilismo no tiene razón ya que esto no es ningún bien, sino que se debe a la recesión al punto que las exportaciones caen.

Pero el infundado optimismo del Gobierno no termina en esta cumbre, y supone que el PBI estaría creciendo 4% en el cuarto trimestre de 2019. El 2018 terminaría con una caída de 2,4% y el 2019 con una de solo 0,5%. Pero tanto los organismos multilaterales como las consultoras proyectan números peores.

La OCDE calcula una caída del PBI del 2,8% para 2018 y 1,9% en 2019 y una recesión larga. La consultora Eco Go estima que 2018 finalizará con una caída de 2,8% y 2019 con una de 2%. Según Ecolatina, el 2018 cerrará con una contracción de 2,4% y el 2019 de 1,4%. Solo la Consultora Ledesma proyecta una merma del PBI de 2,3% para el 2018 y otra de 0,5% para el 2019, coincidiendo casi con el oficialismo. Hasta el principal socio del gobierno, el FMI, prevé un desplome de 2,6% para el 2018 y otro de 1,6% para el 2019.

Ahora, estas consultoras y organismos fueron corrigiendo varias veces hacia la baja sus proyecciones demostrando que en el futuro seguirán haciendo lo mismo. A ver, aun cuando es una creencia popular aquello de que a veces hay que pasar momentos negativos para luego recuperarse, lo cierto es que esta idea no resiste el análisis de la ciencia de la lógica que dice claramente que lo malo solo es consecuencia del mal.

O sea, si la economía cae de este modo es porque el sistema es malo y si no hay cambio -en el fondo, solo superficial como el supuesto aporte circunstancial del campo- que justifique la rectificación de la curva negativa, las proyecciones respecto al desarrollo de la economía seguirán bajando.

Por cierto, en septiembre la actividad cayó 1,9% contra agosto y así el tercer trimestre cerró 0,4% abajo del segundo que, a su vez, terminó cayendo 4% respecto al primero. Y aun si el repunte comenzara en algún momento del año que viene, las previsiones de los analistas -en mi opinión, demasiado optimistas- es que no alcanzaría para evitar que Macri terminará su primer mandato con una contracción de hasta el 3,9% respecto al PBI que recibió en 2015, contrayéndose el per cápita 8,7%.

Lógico: el mal proviene del mal, un mal sistema termina mal, uno virtuoso provoca un crecimiento inmediato. Y cuando quede en evidencia que la cumbre fue perjudicial, costosa e inútil para el mercado, la desesperanza será fuerte.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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