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Alejandro A. Tagliavini

Investments & Private Banking/ Columnista de opinión

El gobierno es un divague

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Por profesionalismo evito títulos “subjetivos”, este no lo es. La situación ha tomado un cariz que lo serio es, precisamente, decir que se está perdiendo objetividad, sentido común y lógica.

Macri dijo que “los argentinos no quieren volver para atrás” pero el PBI no deja de caer, vamos para atrás. Entretanto en la Rosada aseguraban que “En diciembre de 2019, la economía estará más sana que en 2015”. ¿Tanto cuesta ser realista y aceptar los datos -oficiales- que muestran lo contrario?

Dicen que baja la inflación. Imposible. Para empezar no entienden que este fenómeno es el exceso de emisión de moneda en tiempo real. Así, “absorber” pesos del mercado no tiene sentido porque, una vez emitido el exceso, precisamente vía aumento de precios, el mercado equilibró la oferta y demanda. Si a posteriori se retira moneda del mercado ofreciendo tasas altas, se provoca una “emisión negativa” es decir, en tiempo real se baja artificialmente la demanda de dinero, no los precios.

Además, están los números. Dice el gobierno que está bajando “desde los registros de septiembre y octubre de 2018”. Entre noviembre y enero, el aumento mensual de los precios fue de entre 2,5% y 3,2%, la mitad que septiembre. ¡Qué alentador! ¿Pero, y si es verdad que en febrero superará el 3,5% y que sigue subiendo?

Según el oficialismo, el índice de precios mayoristas es un anticipo y aumentó 0,6% en enero, acumulando 2% en el último trimestre, el crecimiento más bajo desde fines de 2016. La realidad es que esta baja -circunstancial- nada tiene que ver con la inflación, sino que, por el contrario, muestra recesión en aumento, y la contrapartida es una caída mayor en la demanda de dinero.

Por esta ridiculez de creer que “absorbiendo” dinero baja la inflación, el BCRA volvió a subir las tasas -Leliq casi en 50%- aumentando la “bicicleta”, destruyendo la producción. Insólitamente, lo hacen para “frenar” al dólar como si su precio provocara inflación y no al revés.

A ver, el precio del dólar tiene que subir porque es, precisamente, otro precio y dada la inflación debe acomodarse, por oferta y demanda, para equilibrar al mercado. Con un dólar artificialmente planchado, el precio en dólares de los productos debería aumentar al ritmo de la inflación -de los costos- lo que los deja fuera de competencia. Así es como las exportaciones caen.

Insólitamente el gobierno dice que esta “construyendo una macroeconomía más sana… hacia el déficit cero… un tipo de cambio competitivo y estable, con superávit comercial… Este es el camino para reducir la inflación”. Sin palabras, de no creer. Y remata argumentando que van a reactivar “a partir de las exportaciones, la continuidad de la baja de tasas y la recuperación de salarios y jubilaciones”. Por cierto, las ventas minoristas cayeron 11,6% en enero, 13 meses consecutivos de baja.

Economía estimaba que las exportaciones crecerían arriba de 20% en 2019. Y la realidad muestra que, por el contrario, caen. Bajaron 4,7% interanual en enero y la cosa va para peor -por el desfasaje dólar/inflación- a pesar de los pronósticos -basados en deseos imaginarios- del gobierno y muchas “consultoras” al punto de prometer un superávit comercial en 2019 al nivel del 2012.

Si todavía hubo superávit -no por mucho tiempo- de US$ 372 M en enero frente a los US$ 1.000 M proyectados, se debe a la recesión, la destrucción de la producción que logró que las importaciones cayeran 26,5%.

Pero el gobierno no se escapa de la realidad con sus solas fuerzas, además de las “consultoras” hay otros “expertos”. Por caso, cuando está claro que el problema es un exceso de Estado parasitario sobre el mercado cada vez más expoliado, la “mejor escuela de negocios”, ubicada en Pilar, propone ahondar el problema. En un informe afirma que “el rol contractivo de las erogaciones del sector público sobre gastos de inversión y consumo… brinda sustento a la contracción”.

O sea, la baja del gasto estatal provoca la recesión económica. Dios nos libre de estos “expertos”, como el FMI asegura que “se están logrando avances importantes”. Claro, al ser un banco (multi) estatal es, necesariamente, estatista y estatizante y, entonces, considera que la consolidación del Estado es un “avance”.

Divagues de lado, el diario económico global más prestigioso, The Wall Street Journal, en un editorial -“Brexiteers for Argentina”- asegura que “El Brexit no funcionará con el modelo económico… inflacionario de Argentina”, sino convirtiendo a Gran Bretaña “en un Hong Kong o Singapur, con baja regulación, bajos impuestos y libre comercio…”.

Según Came, de cada “$ 100 que entran a una pyme, 46 va a impuestos”, y queda mucho por sumar. Así, según O. Ferreres, la Inversión Bruta Interna Mensual cayó 5,6% interanual en 2018, y va para peor. Los Procedimientos Preventivos de Crisis se duplicaron durante el macrismo, y ahora se conocieron los casos de Coca Cola, Avianca, Editorial Atlántida, y Fate que asegura que el problema se agudizó con las retenciones a las exportaciones industriales -una alícuota del 8%- y la disminución del reintegro a dichas ventas.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Señores, al REM hay que leerlo al revés

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Según una encuesta -entre 118 empresas- de SEL Consultores, el aumento de salarios para aquellos bajo convenio, en 2019, será de 30% y del 29% para los jerarquizados o fuera de convenio. Coincide con la inflación esperada, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA que, en su última edición, estimó una inflación de 28,5%. Quiero creer que las empresas no han respondido en base a lo que dice el REM, ya que este es un relevamiento de aquellos que siempre se equivocan (ver su historial).

El promedio de ajuste salarial fuera y dentro de convenio en 2018 fue de 33% y la inflación de 47,6%. Casi 15 puntos perdieron los salarios, una muy fuerte caída del poder adquisitivo. Y este año la cosa pinta peor, de modo que las remuneraciones quedarán otra vez atrasadas -a no dudarlo- al contrario de lo que dicen muchos “gurús” del REM.

La realidad cruda es que, en enero de 2019, la inflación fue de 2,9%, el doble de lo que tuvo Bolivia en todo 2018. Por cierto, la primera era Macri terminará con una inflación acumulada de 235%, “algo” superior a las economías avanzadas que habrán acumulado 6,6% y 20% las emergentes. Y esto a pesar de -o por culpa de, pero este es otro tema- la “quietud cambiaria”, el “torniquete monetario” -que, entre otras cosas, se olvida que en la ecuación entra la fuerte caída en la demanda de dinero- y la fuerte recesión.

Obvio, supera a la inflación esperada por el REM, de 2,5%, y va muy al contrario de la desaceleración esperada que prometía ser la primera señal de que la recesión iba camino de terminar. Pues como los del REM dicen que terminará, y en 2020 el PBI crecerá, hay que leer al revés y saber que la cosa va para peor y en 2020 seguirá la recesión.

Así las cosas, en 2018 el 73% de los consultados revisaron el porcentaje que pensaban pagarles a los trabajadores fuera de convenio y lo subieron entre 7 y 15 puntos sobre lo originalmente planificado. Al fin, según el Ministerio de Trabajo -a noviembre de 2018- la caída real acumulada, durante los 12 meses anteriores, del promedio salarial de los privados registrados fue de 3,9% y la del salario mediano, 4,4%.

El problema es que, en 2019, las empresas estarán en peores condiciones y, por tanto, quizás no puedan realizar este reajuste final. Solo en noviembre el salario real cayó 9,4% interanual en promedio y la cosa se agrava. Por cierto, las empresas que dicen que disminuirían su platilla laboral llegan al 21% mientras que las que la aumentaría son solo el 16%.

Este “inesperado” aumento en la inflación hizo que estos días el BCRA desacelerara la bajada de tasas de interés. En enero, el financiamiento total en el mercado de capitales se incrementó 6% respecto del mes anterior, aunque fue 51% menor al del mismo mes del 2018. O sea, sigue siendo extremadamente bajo y ahora bajará más si siguen las tasas altas al punto que es ridículo creer que la economía se va a recuperar pronto.

A la falta de crédito, los altos impuestos, las aplastantes regulaciones y demás, se suma la caída en las exportaciones -en volumen- aunque el gobierno anunciara el alza en el superávit de la balanza de pagos que se debe, sobre todo, a la caída en las importaciones. Y esto por culpa del dólar, sostenido artificialmente bajo gracias a las altas tasas de Leliq, que se traduce en que Argentina exporte solo el 10% de su PBI cuando la media global es del 35%.

Ahora, como la Zona de no Intervención (del BCRA en el precio del dólar), de momento, se ajustaría a un ritmo mensual del 2%, bastante menor que la inflación que se asoma realmente, la pérdida de competitividad de las exportaciones argentinas aumentará, pérdida que algunos calculan en alrededor del 3% en 2019 y, en mi opinión, será bastante mayor.

El único suave alivio es que, la Fed podría hasta bajar las tasas en 2019, provocando una tendencia hacia la depreciación del dólar. Dadas la ralentización global, la falta de inflación, la volatilidad en los mercados, una deuda creciente y la evaporación de los estímulos fiscales, en los dos últimos meses, las probabilidades que dan los analistas a que se produzca una subida de tasas en 2019 bajó desde el 60% en diciembre hasta el 5% actual. Por el contrario, la posibilidad de una bajada escaló hasta el 15% y la probabilidad de no ver movimiento toca el 80%.

De momento, lo que dirá la Fed en su reunión de marzo es una incógnita. Muchos argumentan que el ISM manufacturero en EE.UU. -mide producción, inventarios, envíos y nuevos pedidos de la industria- es un buen vaticinador ya que cuando bajó de 50, explicitando la contracción del sector, casi siempre redujo las tasas la Fed que, además, está planificando el fin de la reducción de su cartera de bonos y completar la normalización del balance.

En fin, lo que también empieza a preocupar, por su incidencia en la subida de las tasas, es que, durante dos años, Trump sumó más de US$ 2 B a la deuda pública, que alcanza un récord de US$ 22 B, 78% del PBI. Aunque durante en el anterior gobierno, de Obama, el ritmo era superior, unos US$ 1,16 B anuales.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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La “ayuda” que Venezuela necesita

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Dicen los agoreros que, cuando un país tiene una crisis económica casi terminal, resulta muy complejo salir adelante ya que las políticas que fomentan el crecimiento surten efecto a largo plazo.

Entre estos agoreros que, por cierto, quieren aprovechar la situación, está el FMI que dio una señal acerca de un posible futuro involucramiento en Venezuela. El subdirector Gerente de la entidad multi estatal, escribió en Twitter que: “Para hacer frente a la devastadora crisis económica y humanitaria, requerirá un amplio apoyo de la comunidad internacional”.

A ver, más allá de la crisis humanitaria urgente que debería ser atendida por las ONGs -independientes y aceptables para chavistas y oposición- que, sin dudas, son las mejores ayudando en catástrofes, Venezuela no necesita ayuda y menos de organismos, como el FMI, que han dejado países devastados por donde han pasado debido a que suelen financiar Estados, gobiernos, es decir, sistemas burocráticos ineficientes y, además, lo hacen barato, pero no gratis.

Es cierto que el país caribeño no llegará a ser un país rico en pocos meses, pero no hay duda de que, en la medida en que se deje libre a las personas, en la medida en que se desregule al mercado y se le rebaje la carga fiscal, de modo que puedan crear, trabajar y producir con todo su potencial, estarán encaminados por la buena senda y no viviendo de “limosnas” que suelen inhibir el afán de creación, trabajo y superación. Solo con desregular el mercado petrolero ya habrán abierto un gran camino.

La paradoja más grande del chavismo ha sido que sobreviviera gracias a venderle petróleo a su enemigo mortal, y uno de los argumentos más escuchados es que EE.UU. está impulsando la crisis política para “quedarse con su petróleo”. Sin embargo, Venezuela necesita desesperadamente que su vecino del norte compre su crudo para obtener divisas.

Desde que EE.UU. anunció que dejaría de comprar petróleo venezolano, en tanto Maduro siguiera controlando a la petrolera estatal PDVSA, el país se encuentra en una situación insólita ya que no sabe qué hacer con el 50% de su producción y, a la vez, teme quedarse sin gasolina en poco tiempo.

De los 1,17 millones de barriles que producen al día -según Reuters con datos de enero- unos 560.000 iban a EE.UU. en noviembre pasado. Así llegaban casi todos los ingresos de divisas, ya que el resto de la producción va gratis, a China y Rusia les envía unos 450.000 barriles como pago en especie por deudas y Cuba recibe unos 49.000 barriles diarios de petróleo gratis, según estimaciones de Reuters, a cambio de apoyo médico y de sus servicios de inteligencia.

Ahora, el 90% de las divisas a Venezuela entran por la venta de petróleo casi exclusivamente a EE.UU., y sin ellas, sus ingresos se desplomarían, agravando la escasez que sufre. Y, para remate, el petróleo venezolano es demasiado pesado y solo lo pueden comprar refinerías dotadas de procesos de conversión profunda, siendo que la mayoría de esas plantas están en EE.UU.

Además, las plantas venezolanas no podrían refinar ese crudo sin los disolventes procedentes de su filial en el país del norte, Citgo, y la producción caería 30%. De hecho, dada la dificultad para refinarlo se estaba importando 106.000 barriles al día desde EE.UU. para su uso en gasolina, a un costo de US$ 2.500 millones anuales para obtener combustible que luego PDVSA regala a los conductores.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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La calma cambiara es solo aparente

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Acaba de conocerse que, la formación de activos externos netos acumulada entre 2017 y 2018, supera los US$ 59.000 M -incluidos los dólares “en el colchón”- lo que no refleja otra cosa que la alta inflación que tuvo el peso, y que continúa muy por encima de las proyecciones oficiales. De modo que es solo cuestión de tiempo para que el billete verde vuelva a ponerse a tono con los nuevos precios.

La calma es momentánea, y el hecho de que el gobierno está intentando frenar el carry trade con las Leliq, es un reconocimiento implícito de que el dólar está planchado circunstancialmente gracias a las altas tasas, o sea, los dólares que se posicionan en pesos para sacar esta ventaja.

En las últimas dos semanas, con el billete verde hasta debajo de la zona de no intervención, el BCRA aceleró el ritmo de baja de tasas, recortando más de 10 puntos en nueve ruedas, quedando el rendimiento de la Leliq alrededor del 46% anual. Pero los operadores creen que el proceso de baja será más gradual y hasta podría hacer una pausa, y quedarse en un piso del 43% anual. O sea que el “carry trade” promete continuar, precisamente, mientras mantengan al dólar “quieto”.

Ayuda el campo, ya que los dólares de los productores agropecuarios sumarían este año más de US$ 30.500 M en concepto de ventas al exterior. Considerando que en 2018 ingresaron unos US$ 25.500 M, esto implicaría un salto ia. del 20%. Unos cuantos dólares más, pero, dicho sea de paso, no tanto como para creerse el entusiasmo del gobierno de que esto revertiría la caída de la economía en general. La contracara de este dólar artificialmente bajo es un círculo vicioso que lleva, entre otras cosas, a que Argentina exporta poco más del 10% de su PBI, cuando la media a nivel internacional es superior al 35%.

Por otro lado, más allá del déficit primario cero, quedaría un déficit financiero del 3% del PBI, que debe cubrirse con emisión adicional de deuda, aumentando la presión a la baja del dólar. El déficit fiscal total se redujo en 2018 solo el 0,2% del PBI ya que pasó del 6% al 5,8% dado que los gastos primarios, sin los intereses de la deuda, se redujeron del 2,9% al 2% del PBI, pero la cuenta de intereses subió del 3,1% al 3,8% del PBI.

Y la recaudación fiscal baja -y cada vez más- en términos reales, complicando estas cuentas. Por tomar un indicador, según el Indec, entre enero y noviembre de 2018 los salarios perdieron 17,3% frente a la inflación, es decir, que así las cosas el consumo y la inversión de las personas cae y cae además su capacidad de endeudarse.

Cuando los créditos UVA fueron lanzados, en marzo de 2016, el plazo para pagarlo era de hasta 30 años con una cuota similar a la de un alquiler que se actualizaba por inflación. Pero ahora ese valor casi triplica al de un alquiler. Así, los casos de cuotas impagables se multiplican y lo mismo para quienes sacaron un auto ahorro, ya que la mayoría está pagando el doble, en comparación al 2018, y para algunos el aumento de un mes al otro fue del 70%.

En fin, ayudaría el “viento de cola” ya que podría desacelerarse la apreciación global del dólar, gracias a la ralentización en la subida de tasas por parte de la Fed, pero falta la otra pata. Crossroads, o encrucijada, se ha convertido junto a paciencia, en las palabras fetiche del presidente de la Fed, frente a los riesgos que acechan a la economía: un divorcio sin acuerdo por el Brexit, una brusca desaceleración en China y, principalmente, el incremento de las tensiones comerciales según se confirmaba que Trump y Xi Jinping no se reunirán el 27 y 28 de febrero en Vietnam, aunque podrían hacerlo después del 2 de marzo, cuando expire el plazo de las negociaciones.

En estos momentos un 81,2% del mercado descuenta que no habrá subidas de tasas este año, según FedWatch, en tanto que el porcentaje de operadores que proyectan una bajada para el próximo 11 de diciembre (15,3%) es cinco veces mayor que el de los que esperan una subida (2,8%). Aunque, por otro lado, hay cierto optimismo en cuanto a la economía de EE.UU. ya que para la Fed “el desempleo es bajo, los precios están cerca del 2%, por lo que ahora estamos en un buen lugar”.

Pero, aun suponiendo que las tasas no se muevan, queda por ver el balance, que está de moda, ya que la Fed ha venido inundando a los mercados de deudas absorbiendo dinero. La Fed todavía acumula en este registro más de US$ 4 B, de los cuales 2,22 son bonos del Tesoro y unos 1,6 B son activos respaldados por hipotecas (MBS).

Casualidad o no, en octubre de 2018 las bolsas globales comenzaron a temblar y la volatilidad invadió los mercados. Justo en ese mes, la Fed apretó el turbo en la reducción de balance alcanzando los US$ 50.000 M mensuales que deberían seguir desapareciendo hasta alcanzar el tamaño ‘adecuado’. Cuando el proceso comenzó en 2017, la Fed proyectó que la normalización finalizaría en 2022 y el remanente sería de US$ 2,3 B, pero ahora se discute la ralentización y hasta poner fin a la reducción del balance.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Los capitales prefieren a Evo e ignoran a Macri

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El mundo del revés. Argentina supuestamente inclinada al mercado -alineada con el G20, y EE.UU- . y Evo, un populista que detesta al capitalismo. Nada más equívoco. “Wall Street” prefiere a Bolivia -así nomás- demostrando que tiene oídos sordos para los políticos y que se mueve con realidades.

Morales viene apadrinando una política más pro mercado -aunque todavía lejos- que Argentina. En el país del altiplano, la presión fiscal ronda el 26% del PBI (con Macri, el 33%), la inflación acumulada en 2018 fue de 1,51% (en Argentina, 47,6%), bajó el desempleo hasta el mínimo histórico de 4,2% y las tasas de interés son muy inferiores a las argentinas.

Así, Bolivia está entre los de mayor expansión de la región. Cerró 2018 con un crecimiento del PBI de 4,7% y la Cepal estima 4,4% para 2019, habiéndose expandido 78% en el período 2006-2017 logrando bajar la pobreza del 59,9% al 36,4%, casi el nivel al que llegará Argentina en 2019 cuando, según estimaciones, el PBI per cápita vuelva a niveles de 2007.

Y Wall Street lo sabe. Además de que Bolivia tiene acceso al crédito internacional a tasas razonables -no así Macri- recibe inversión extranjera directa creciente -116% más en 2017 respecto de 2016- y en Argentina cae. Pero no todo es bueno, por caso, la rentabilidad de las AFP (privadas, aunque con un oligopolio establecido por el Estado) hasta diciembre de 2010 superaba el 8% anual, pero en 2018 cayó a un 2%, debido a que ahora el gobierno les prohíbe invertir en unos instrumentos que son los de mayor rentabilidad.

Entretanto, aquí pasamos un veranito artificial, o tranquilidad del cementerio. Estable el dólar -gracias a tasas altísimas de Leliq, que matan la producción- riesgo país y tasas en baja, mientras sube la altísima presión fiscal (60,5% de la renta agrícola según FADA). Irónicamente, el dólar bajo -desacoplado de la inflación- mata la exportación que en 2018 cayó 5% en volumen.

Se sobre cumplen las metas de déficit fiscal y quizás logren el déficit primario cero en 2019, aunque falta para que el déficit -con intereses de deuda incluidos- tienda a cero, sobre todo porque la recaudación tributaria que cae, en términos reales, complicará todo. Pero esto no hace directamente al sector privado, al sector productivo.

Los últimos datos auguran un futuro peor. En diciembre la producción industrial profundizó su caída, 14,7%; la construcción se desplomó 20,5% y prácticamente todos los índices incluyendo el desempleo empeoran. Y la Bolsa de fiesta, evidenciando que algo está realmente desencajado ya que no se explica ni con la ayuda de la Fed reculando, no solo en la subida de tasas sino incluso en su balance que lo venía reduciendo a un ritmo de US$ 50.000 M mensuales inundando al mercado con bonos, absorbiendo efectivo global.

Según el último REM, el PBI real en 2019 caería 1,2%, luego en 2020 crecería 2,5%. Pero como siempre los del REM se corrigen para abajo, vendrán números peores. De hecho, pronostican que la inflación llegaría a diciembre en 29,9% cuando hace poco proyectaban “solo” 15,5%.

El BCRA, solo en enero compró US$ 560 M -$20.876 M-, así la meta de Base Monetaria (BM) pasó de $1.351.000 M a $1.358.000 M, siendo de $1.372.000 M para los meses siguientes. La BM hoy está en $ 1.367.319 M, si sumamos la deuda en Leliq, pases y otros llega a $ 2.186.682 M. Las reservas del BCRA suman US$ 66.413 M, y con el ingreso en marzo del cuarto tramo del FMI -US$ 11.000 M- quedarían en unos US$ 77.000 M. El endeudamiento total del BCRA incluidas Leliq, pases y otros es de $ 823.245 M, unos US$ 22.164 M, el 33,4% de las reservas.

Ahora, la estrategia sería acopiar reservas sin expandir la BM. Por ejemplo, recibiendo dólares del FMI y absorbiendo pesos vía Leliq. Pero, al no comprender que la inflación es el exceso de emisión en tiempo real sobre la demanda de moneda, se cometen unos errores que, inversamente, alimentan la inflación igual que la emisión para comprar dólares o rescatar Leliq.

La misma colocación de Leliq es inflacionaria, ya que absorbe demanda de dinero en tiempo real aumentando la diferencia con la sobreoferta, a pesar de que el BCRA y muchos analistas -neo keynesianos- creen que la inflación es el exceso -estático- de moneda en el mercado y, por tanto, creen que absorbiendo pesos se soluciona. Además, si los bancos se desprendieran de estos títulos el BCRA los obligaría a subir los encajes lo que es inflacionario ya que supone una contracción de la demanda monetaria.

Todo movimiento monetario artificial -no del mercado- es inflacionario. Así, la baja de encajes a partir de febrero inyectaría más dinero, y aunque no modifica el total de la BM (igual a circulación más encajes) es inflacionaria porque supone aumentar la oferta de circulante no solicitada por el mercado.

En fin, sí Macri no consiguió inversiones en su viaje inicial a Davos ni en ningún otro, tampoco las conseguirá en la India en tanto no baje la presión fiscal, la inflación y las tasas. Así que, en lugar de gastar este próximo viaje el dinero de este país empobrecido debería, de mínima, imitar las políticas de Morales.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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El Papa y Venezuela

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Para cuantificar la devastación lograda por el chavismo, digamos que el PBI de EE.UU., durante los cuatro años de la Gran depresión, cayó 29%; el de España, durante toda la guerra civil que ganó Franco, bajó 35% y el de Venezuela, solo desde 2016, descendió un 65%.

La situación es demasiado grave como para tomárselo a la ligera. Pero muchos están reaccionando visceralmente. La extrema izquierda, por odio a Trump y lo que representa, justifica al chavismo. Y la derecha se va en excesos como pretender una invasión militar lo que resultaría en un remedio peor que la enfermedad.

Entre los excesos de la derecha no falta el desprecio hacia el Papa Francisco, a quién conocí cuando era arzobispo primado de Argentina, y al que no defenderé, pero sí me parece necesario señalar que algunos ataques son muy irresponsables.

Por caso, “El cinismo del papa Francisco”, escribió Rubén Amón, en El País de Madrid, con un grado de inexactitud alarmante. Dice que el Papa, en su momento, recibió a Cristina Kirchner con calidez contrastando fuertemente con la frialdad demostrada hacia Mauricio Macri, no lo sé. Pero luego Amón afirma algo ridículo como que “La diferencia de trato…  tanto explica el rechazo al auge liberal de los Gobiernos de América Latina como presupone la tutela implícita al régimen de Maduro”.

Incluir a Macri en un “auge liberal” demuestra que el autor no realizó la más mínima investigación, ya que su gobierno es casi tan estatista -y casi tan populista- como el de los Kirchner, solo que es de derecha y de modales más elegantes. Hasta Evo Morales está realizando una política más “pro mercado libre” que Macri.

En Bolivia, la presión fiscal ronda el 26% del PBI (en Argentina, el 33%), la inflación acumulada en 2018 fue de 1,51% (con Macri, 47,6%), bajó el desempleo hasta el mínimo histórico de 4,2% (cuando en el país Del Plata crece) y las tasas de interés son muy inferiores a las argentinas. Además de que Bolivia tiene acceso al crédito internacional a tasas razonables -no así Macri- recibe inversión extranjera directa creciente -116% más en 2017 que en 2016- y en Argentina cae.

Así, Bolivia está entre los de mayor expansión de la región. Cerró 2018 con un crecimiento del PBI de 4,7%, habiéndose expandido un 78% en el período 2006-2017 logrando bajar la pobreza del 59,9% al 36,4%, casi el nivel al que llegará Argentina en 2019 cuando PBI haya caído más de 2% desde que asumió Macri.

“Las únicas reflexiones pontificias respecto a la crisis se restringen al prevalecimiento de la paz…”, escribe Amón. Increíble que no considere a la paz el tema más importante, casi excluyente. “Yo apoyo a todo el pueblo venezolano… Me asusta el derramamiento de sangre” ha dicho el Papa quién, a pesar de su fallido intento anterior, mediaría si las partes se lo piden.

Entretanto, muchos se han olvidado del viaje papal a los Emiratos Árabes Unidos. Ya es un hito el solo hecho de ser la primera visita, en la historia, de un pontífice a la península arábiga que se caracteriza por el fanatismo y la represión de sus pueblos y -como consecuencia- excelente caldo de cultivo para reacciones violentas como el terrorismo. Y allí Francisco aseguró que “La libertad no se limita solo a la de culto, sino que ve en el otro a un verdadero hermano, un hijo de mi propia humanidad que Dios deja libre y que, por tanto, ninguna institución humana puede forzar”.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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El capitalismo prefiere a Evo, no a Macri

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Si quedaba duda de que política y mercado van por caminos distintos, sino opuestos, y que el discurso de los políticos suele ser engañoso, veamos el caso de Argentina supuestamente inclinada al mercado -alineada con el G20, y EE.UU- . y Evo que es un populista que detesta al capitalismo. Nada más equívoco. “Wall Street” prefiere a Bolivia. Así nomás.

La realidad es que Morales viene apadrinando una política más pro mercado -aunque todavía lejos- que Argentina. En el país del altiplano, la presión fiscal ronda el 26% del PBI (con Macri, el 33%), la inflación acumulada en 2018 fue de 1,51% (en Argentina, 47,6%), bajó el desempleo hasta el mínimo histórico de 4,2% y las tasas de interés son muy inferiores a las argentinas.

Así, Bolivia está entre los de mayor expansión de la región. Cerró 2018 con un crecimiento del PBI de 4,7% y la CEPAL estima 4,4% en 2019, habiéndose expandido un 78% a precios constantes en el período 2006-2017 logrando bajar la pobreza del 59,9% al 36,4%, casi el nivel al que llegará Argentina en 2019 cuando, según estimaciones, el PBI per cápita vuelva a niveles de 2007.

Y Wall Street lo sabe. Además de que Bolivia tiene acceso al crédito internacional a tasas razonables -no así Macri- recibe inversión extranjera directa creciente -116% más en 2017 respecto de 2016- y en Argentina cae. Pero no todo es bueno, por caso, la rentabilidad de las AFP (privadas, aunque con un oligopolio establecido por el Estado) hasta diciembre de 2010 superaba el 8% anual, pero en 2018 cayó a un 2%, debido a que ahora el gobierno les prohíbe invertir en unos instrumentos que son los de mayor rentabilidad.

Entretanto, aquí pasamos un veranito artificial, o tranquilidad del cementerio según se mire. Estable el dólar -gracias a tasas altísimas de Leliq, que matan la producción- riesgo país y tasas en baja, mientras sube la altísima presión fiscal (60,5% de la renta agrícola según FADA).

Es cierto que sobre cumplen las metas de déficit fiscal y quizás logren el déficit primario cero en 2019, aunque falta para que el déficit -con intereses de deuda incluidos- tienda a cero, sobre todo porque la recaudación tributaria que cae, en términos reales, complicará todo. Pero esto no hace directamente al sector privado, al sector productivo.

Los datos del 2018 auguran un futuro peor, a pesar de los pronósticos. En noviembre, la actividad cayó 7,5% (y bajo -6,4% en diciembre, según Ferreres), la industria se desplomó 13,3%, la construcción cayó 15,9%, el consumo bajó 6% y el empleo registrado retrocedió 1,4%.

Según el último REM, el PBI real en 2019 caería 1,2%, luego en 2020 crecería 2,5%. Pero como siempre los del REM se corrigen para abajo, debemos esperar números significativamente peores. De hecho, pronostican que la inflación llegaría a diciembre en 29,9% cuando hace poco proyectaban “solo” 15,5%.

El BCRA, solo en enero compró US$ 560 M -$20.876 M-, así la meta de Base Monetaria (BM) pasó de $1.351.000 M a $1.358.000 M, siendo de $1.372.000 M para los meses siguientes. La BM hoy está en $ 1.367.319 M, si sumamos la deuda en Leliq, pases y otros llega a $ 2.186.682 M. Las reservas del BCRA suman US$ 66.413 M, y con el ingreso en marzo del cuarto tramo del FMI -US$ 11.000 M- quedarían en unos US$ 77.000 M. El endeudamiento total del BCRA incluidas Leliq, pases y otros es de $ 823.245 M, unos US$ 22.164 M, el 33,4% de las reservas.

Ahora, la estrategia parece ser el acopiar reservas sin expandir la base monetaria. Por ejemplo, recibiendo dólares del FMI y absorbiendo pesos vía Leliq. Pero, al no comprender que la inflación es el exceso de emisión en tiempo real sobre la demanda de moneda, se cometen una serie de errores que, al contrario de lo que pretenden, alimentan la inflación igual que la emisión para comprar dólares o rescatar Leliq.

Irónicamente, la misma colocación de Leliq es inflacionaria, ya que absorbe demanda de dinero en tiempo real aumentando la diferencia con la sobreoferta, a pesar de que el BCRA y muchos analistas -neo keynesianos, o clásicos- creen que la inflación es el exceso -estático- de moneda en el mercado y, por tanto, creen que absorbiendo pesos se soluciona. Además, si los bancos se desprendieran de estos títulos es probable que el BCRA obligue a subir los encajes lo que es inflacionario ya que supone una contracción de la demanda monetaria.

Todo movimiento monetario artificial -no surgido del mercado- es inflacionario. Así, la baja de encajes a partir de febrero inyectaría más dinero, y aunque no modifica el total de la BM (igual a circulación más encajes) es inflacionaria porque supone aumentar la oferta de circulante no solicitada por el mercado.

En fin, así como Macri no consiguió inversiones en su primer viaje a Davos ni en ningún otro periplo, tampoco las conseguirá en la India en tanto no baje la presión fiscal, la inflación y las tasas de interés. De modo que, en lugar de gastar en este próximo viaje el dinero de este país empobrecido debería, de mínima, imitar las políticas de Morales.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Los venezolanos ya votaron, con los pies

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Solo en Colombia hay cerca de un millón de venezolanos que han huido del gobierno chavista dejando familia, trabajo, estudios y hasta propiedades. En Buenos Aires, el acento venezolano es cotidiano y, pocos días atrás, vi a una estudiante de la Universidad Central de Venezuela, que vivió en las calles porteñas hasta que una señora se apiadó y la llevó con ella, que vendía sus artesanías en el metro.

La opinión de estas personas, el “voto” de estos inmigrantes muchos de los cuales literalmente llegaron a pie, es más importante, mucho más real, que los que ponen una simple papeleta en una urna. Y cuantos más hubieran querido salir y no han podido. Es esta la peor crisis humanitaria de América Latina y bastaría este “voto con los pies” para que el chavismo deje el gobierno.

Pero el sistema político actual, global, es incoherente, por no decir perverso, y permite que se impongan gobiernos con semejante rechazo popular. Es que la “autoridad” de los Estados modernos se basa en el monopolio de la violencia -su poder militar y de policía- y la violencia solo puede acarrear, de un modo u otro, conflictos. En contraposición con el mercado donde las acciones resultan de acuerdos pacíficos y voluntarios entre las personas.

“Si no le gusta, preséntese a las elecciones y gane” argumenta el oficialismo, pero dicen eso, precisamente, porque saben que, de algún modo, lograrán ganar esas elecciones. En Venezuela, según denuncias de organizaciones como Human Rigths Watch y Amnistía Internacional, muchos dirigentes de la oposición están impedidos de postularse, unos presos, otros inhibidos “legalmente” y el resto, en el exilio.

Así las cosas, Venezuela ha tenido dos poderes judiciales, dos Parlamentos y ahora dos presidentes El autoproclamado presidente, Juan Guaidó, al ser consultado sobre posibles intervenciones militares declaró que “todas las opciones están sobre la mesa”. Esperemos que no ocurra, que no sea violenta la solución y que, como el mismo dijo, se logre una pacífica.

El problema es que, obviamente, el chavismo no renunciará ya que, en este sistema perverso donde el “orden” se impone con sanciones violentas, se arriesga a severas condenas en el futuro. Por este motivo, Guaidó aseguró que ofrecería una amnistía a los militares y al gobierno. Pero esto es, como señala el jurista Ricardo Manuel Rojas, imposible en el sistema actual. Los delitos de lesa humanidad, según el Estatuto de Roma, son imprescriptibles, no son susceptibles de perdón, amnistía o indulto.

En Argentina, hay precedentes: la ley de autoamnistía de los militares antes de dejar el poder en 1983, y las leyes de “punto final” y “obediencia debida”, sobrevenido un gobierno civil, fueron anuladas y los acusados detenidos. Cualquier ley que se dictara para amnistiar o perdonar al chavismo, sería insalvablemente nula.

Y los tribunales venezolanos o la Corte Penal Internacional deberían proceder con independencia de dichas leyes. Y si algún país diera asilo, las órdenes de captura y procesamiento deberían seguir pendientes indefinidamente ya que estos delitos no prescriben, de modo que, apenas salgan de la frontera del país que otorgue el asilo deberían ser detenidos y llevados a juicio.

En fin, como dije, el sistema político basado en sanciones violentas, en la violencia, deberá ser revisado en el futuro, porque nos ha metido en un callejón sin salida.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Por qué Argentina no crecerá con el “modelo” actual

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Dados dos motivos fundacionales, la eficiencia económica es una cualidad exclusiva del mercado (la sumatoria de las personas individuales). Primero, porque es el que la define: un tren puntual, rápido y bonito que llega al desierto, no sirve a nadie, es económicamente ineficiente. Segundo, es necesario competir. Un jugador, solo, no tiene marco de referencia ni contrincante que lo incentive a superarse.

Así, el Estado, es necesariamente ineficiente. No compite o porque es monopólico -como Aysa- o porque tiene fondos inagotables del tesoro -como Aerolíneas Argentinas- de modo que no necesita ser eficiente, basta con ser “políticamente correcto”.

Entonces, el modelo oficial al aumentar el peso estatal sobre el sector privado solo incrementa la ineficiencia y, por tanto, la economía caerá. Podrán inflar el PBI circunstancialmente -como en el 2017- con entrada de dinero por préstamos, buena cosecha y mejora en la balanza comercial, pero el sistema seguirá perdiendo eficiencia, productividad.

Y los datos muestran que el peso estatal se agranda a costa de las personas. El Estado tiene tres modos de absorber recursos. Primero, con impuestos.

Según el IARAF, la presión tributaria que en 2018 finalizó en 32,6% del PBI (0,02% encima del 2017) llegará al 33,4% en 2019. Y esto a pesar de que entre 2015 y 2018 el gasto público bajó cuatro puntos del PBI, según Abeceb. Sucede que creció el servicio de la deuda y que la presión fiscal debe computarse sobre el PBI del sector privado, que cayó.

Dicen que la presión fiscal que en Argentina llega al promedio de los países de la OCDE. Suponiendo que sea cierto, hay que sumar los otros dos modos de absorción de recursos: la inflación, 47,6% de disminución del valor de la moneda debido al exceso de emisión para solventar gastos estatales, y el tercer modo, el endeudamiento/tasas altas.

Un informe del Bank of America Merril Lynch muestra que los préstamos al sector privado, en relación con el PBI, llegan al 18% en Argentina -el promedio de la región es 45% y en los emergentes llega a 90%- el resto se lo “llevó” el Estado.

Pero hasta inflar el PBI con fondos del exterior se va a complicar, porque el “viento” parece ser de frente. Mientras el Brexit se demora, entre hoy miércoles y mañana, se realiza otra ronda de negociaciones entre China y EE.UU. dentro de la tregua comercial que finaliza el 1 de marzo. Dejemos de lado, el suspendido cierre del gobierno en EE.UU., además de los datos de empleo y crecimiento a ambos lados del Atlántico, hoy también se conocerán los resultados de la reunión de la Fed. Según el FedWatch, el 68,4% de los analistas cree que no moverá las tasas durante 2019 y 4,2% cree que podría hasta bajarlas en diciembre, dada la desaceleración global, y la sombra de recesión en EE.UU.

Habrá que ver si la Fed insinúa que se trata de una pausa, para tomar fuerzas, y seguir subiendo las tasas cuando los mercados se estabilicen. Además, es importante ver si decide finalizar el adelgazamiento de su balance antes de lo previsto. Desde el inicio de la dieta en 2017, la reducción trepa a US$ 400.000 M, lo que tendría el mismo efecto que dos subidas de tasas, de 25 pb cada una, según Natixis.

Así, la tasa de fondos federales actual estaría cerca del 2,875%, el extremo superior de lo que la Fed considera neutral (2,8%). Y si reduce su balance en otros US$ 400.000 M en 2019, equivaldría a una subida de otros 50 pb llevando la política monetaria a “territorio restrictivo”.

También hoy miércoles al anunciar el reembolso trimestral -de la próxima semana- el Tesoro aumentaría las ventas de deuda, para financiar el creciente déficit dado el crecimiento del gasto y de los servicios de la deuda, récord, de US$ 16 B. La cantidad total de títulos a 3, 10 y 30 años que se ofrecerán en la próxima subasta de reembolso se estima en $ 84.000 M, 1000 M más que hace tres meses.

La emisión de deuda nueva neta total del Tesoro en 2018 ascendió a US$ 1,34 B, contra US$ 550.000 M en 2017. En 2019, sería de US$ 1,4 B y oscilaría entre US$ 1,25 y 1,4 B en los próximos cuatro años. A pesar de la inundación de oferta, los rendimientos del Tesoro no se elevan debido a la firme demanda.

Pero el problema de la deuda global empieza a preocupar. Gracias a tasas del 0% ofrecidas por los bancos centrales, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) superó el 318% del PIB global en el tercer trimestre de 2018. Y no solo es deuda pública sino, sobre todo, privada que no está en entidades financieras. Hoy la cifra ronda US$ 72 B, frente a 27 B de hace una década.

Y, dadas las perspectivas, los inversionistas se están deshaciendo de los bonos de deuda. Pero no solo los principales compradores, los bancos centrales, también muchos secundarios. De hecho, según los datos que maneja Bank of America Merrill Lynch, el pasado año salieron US$ 63.000 M de fondos de deuda corporativa, lo que ha llevado a acuñar el término Crexit para definir estos reembolsos en bonos corporativos.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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