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Alejandro A. Tagliavini

El columnista basado en Argentina más publicado en el mundo

“Misery” Argentina

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

No hay dudas de que Argentina ha venido madurando en todo sentido -aunque menos de lo ideal- pero, al mismo tiempo, resulta paradójico el triunfalismo del gobierno y la opinión pública que acompaña. Lo del gobierno es un clásico de los políticos: se ensalzan para ser votados. Y que la opinión pública acompañe, es esperable.

Entre muchos especialistas, Van Gordon Sauter, ex jefe de noticias de la CBS, aseguraba que era cierta la “hipótesis de fijar la agenda, de la TV” que sostiene que, sí la mayor parte de los reportajes insisten en lo mismo, entonces días después y fuera del contexto, los espectadores atribuyen importancia a lo que ven en proporción al tiempo que lo ven. Y, en países con alto grado de intervención estatal, los políticos oficialistas son los que más se ven en TV y, entonces, la gente repite sus discursos como si fueran realidades incontrastables.

Pero luego vienen los baldes de agua fría, como que los inversores externos no vienen y ni siquiera tienen realmente a la Argentina en su agenda. Ahora se acaba de conocer el “Misery Index” (Indice de Infelicidad), creado originalmente Arthur Okun, y compilado desde hace cuatro años por Bloomberg, que básicamente tiene en cuenta factores como la inflación y la desocupación, entre 66 países.

En su última edición, obviamente Venezuela resultó la economía más infeliz del mundo, con un puntaje que más que triplica al que obtuvo en 2017. Sigue Sudáfrica y tercero, sí tercero, sí el tercer país más “miserable” es Argentina a pesar de haber mejorado su puntaje. Y luego sigue Egipto. Del otro lado, en cambio, Tailandia volvió a consagrarse como la economía “menos infeliz”, seguido de Singapur.

Es que, si de desempleo e inflación se trata, los argentinos, más allá de repetir el discurso de la TV, no se sienten alentados. Además de la desocupación, uno de los problemas más angustiantes de los argentinos, por causa del impulso inflacionario que este año promete hasta superar el del 2017 y al de la era K, según una encuesta de Kantar Worldpanel, al menos el 30% de la población -un porcentaje alto- dijo que verá afectada o eliminada su capacidad de ahorrar, y sólo el 18% dijo que no sufrirán impacto sus hábitos como consumidores.

De hecho, según la media de los especialistas, el consumo masivo crecería apenas 1% en 2018 al mismo ritmo o menos que la población con lo que el consumo per cápita podría caer, tras las caídas de 2016 (7%) y 2017 (1%). Es de estacar que, un rasgo que destacan los expertos es que Argentina tiene una economía con muy poco ahorro y niveles de consumo altos respecto al PIB: un clásico argentino, consumir más de lo que se gana.

Entre los analistas hay consenso en que se generó un salto en el consumo de bienes durables como autos de alta gama, inmuebles -que repuntaron con los créditos hipotecarios- y un aumento del turismo al exterior al punto que Argentina es el tercer país que más entradas compró para el Mundial de Rusia.

Ahora, lo que aumentó es la importación de autos, y no la producción, gracias al dólar artificialmente barato -debido a la neo keynesiana política “anti inflacionaria” de tasas altas- que también impulsó el exagerado turismo. Aun así, crecen más las importaciones desde Brasil que las exportaciones. Entretanto, la industria local tiene que sufrir un exageradísimo “costo argentino” básicamente originado en el Estado.

Según el economista jefe de la UIA, la industria y la economía, en general, tuvieron los mejores números entre 2002 y mediados de 2011. El crecimiento industrial de 2017, de entre el 1,6 y 1,8%, no compensa la caída de entre 4,6 y 4,8% de 2016. Y si en 2017 hubo una mayor producción parcial se debe en gran parte al “empuje” del Estado.

Es decir, lo que crece es todo aquello apalancado desde el gobierno. Por caso, el boom de los préstamos UVA (atados a la inflación) hizo que los hipotecarios crecieran 148% al ajustar por inflación durante 2017, cuando se sumaron unos 58.500 nuevos deudores. Gobierno que, a su vez, se endeuda extraordinariamente. O sea, que no crece realmente el mercado, desde que no lo hace intrínsecamente, sino que algunos sectores sienten el “impulso” circunstancial del Estado hasta que se le acabe la capacidad de endeudarse… y luego veremos quién paga las cuentas.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

La batalla perdida, contra la tecnología

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Más allá de las especulaciones propias del mercado, uno de los motivos por los cuales el Bitcoin en particular ha caído casi a la mitad en estas últimas semanas es porque los gobiernos miran, cada vez con más recelo, a las criptomonedas e intentan controlarlas. No es para menos, es que su poder -su “soberanía”- corre riesgo de desaparecer.

Los ministros de Finanzas y jefes de bancos centrales de Francia y Alemania, en una carta al ministro de Hacienda de Argentina que hoy detenta la presidencia del G-20, pidieron un informe internacional sobre las criptomonedas, un reporte del FMI sobre las implicaciones para su estabilidad financiera y trabajar para una acción “transfronteriza” para regularlas ya que “podrían presentar riesgos sustanciales para los inversores (que)… pueden ser vulnerables a crímenes financieros”.

Pero la parte sustancial de esta carta se ve cuando dicen que “A largo plazo, también podrían emerger riesgos… en el campo de la estabilidad financiera”. Es que los políticos no están solos. Si algo caracteriza al sistema monetario actual dominado por los Estados -que se atribuyen el monopolio de la moneda- es que está acompañado por los grandes bancos que son socios incondicionales al punto que los han rescatado, varias veces, con cifras multimillonarias a costa de los impuestos de los empobrecidos ciudadanos.

Así, pareciera que Barclays seguirá a otros bancos en EE.UU. al impedir que los clientes compren criptomonedas con sus tarjetas de crédito. Barclay card es uno de los mayores proveedores de tarjetas en Reino Unido y EE.UU. que aún no ha anunciado formalmente la prohibición que si ya comunicaron Lloyds Banking Group Plc y Virgin Money, siguiendo el ejemplo de JP Morgan Chase & Co y Citigroup.

Claro que siempre hablan de defender a los clientes -como si estos fueran niños estúpidos que no pueden manejarse por sí mismos- para que no acumulen enormes deudas por la compra de moneda virtual si su valor se desploma, dijo una portavoz de Lloyds.

Al regulador financiero japonés no le faltó excusa para empezar a inspeccionar las sedes de las casas de cambio de criptomonedas tras el robo masivo perpetrado contra Coincheck -cuando desaparecieron unidades de la moneda digital NEM valoradas en US$ 530 millones- que es un servicio de billetera y cambio con sede en Tokio que opera intercambios entre bitcoin/ether y monedas fiduciarias en Japón, y transacciones y almacenamiento bitcoin en otros países.

Las inspecciones realizadas por la Agencia de Servicios Financieros de Japón tienen la finalidad de “examinar sus sistemas de gestión interna, incluida la gestión de riesgos”, reveló el ministro japonés de Finanzas. Y se pidió a los 32 operadores de monedas digitales del país, incluido Coincheck, conocer sus medidas para proteger los activos de sus clientes. Japón es el segundo país con mayor volumen de mercado de criptomonedas.

En fin, hablando de tecnología que pueden saltar las fronteras, ya les caerá el turno a Elon Musk, creador de Tesla, Jeff Bezos -el hombre más rico del mundo fundador de Amazon- , CEO de Blue Origin y Richard Branson, dueño de Virgin Galactic que compiten por la creación de cohetes y naves para viajes interplanetarios. Seguramente, en la medida en que los políticos sientan que su “soberanía” está comprometida, saldrán a regularlos para “defender” a los ciudadanos y, por cierto, conseguirán lo que siempre logran: retrasar el desarrollo social.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

El desánimo global pesa más en Argentina

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

A pesar de que los organismos internacionales siguen tirando expectativas optimistas con respecto a la economía global, los mercados parecen desanimados y desconfiados.

Wall Street intenta tranquilizarse tras vivir una semana de vértigo que iba camino de ser la peor desde octubre de 2008, en plena crisis financiera. El índice Dow Jones logró cerrar el viernes pasado con un repunte del 1,4% aunque con mucha volatilidad. Aun así, se produjo una caída acumulada del 5,2% desde el lunes, la peor desde enero de 2016. El impulso final volvió a colocar al índice por encima de los 24.000 puntos y lo sacó de la zona de corrección. Pero ha visto evaporarse 2.200 puntos -casi 10%- desde el máximo histórico del 26 de enero.

Los mercados estadounidenses vivieron una auténtica montaña rusa que hacía subir y bajar las acciones durante toda la sesión. El lunes perdió, de un plumazo, 1.175 enteros, el mayor desplome en puntos de la historia. En porcentaje fue del 4,6%, la mayor caída desde 2011. El martes rebotó el 2,33%. El miércoles, cerró equilibrada. El jueves perdió otro 4,15%, el segundo mayor descenso histórico, en puntos. Durante toda la semana, las Bolsas europeas y asiáticas bailaron al ritmo que marcaba Wall Street y todas las grandes plazas cerraron el viernes con pérdidas.

Entretanto, los bonos del Tesoro, donde la tasa de interés de las letras a 10 años supera el 2,8%, su nivel más alto en cuatro años, se convierten en el puerto seguro para los inversores cuando sube el precio del dinero. Este trasvase del mercado de acciones al de renta fija se ve alimentado por una escalada del índice de volatilidad Cboe, que se movió entre los 30 y los 40 puntos, frente a menos de 10 a comienzos de año.

Los tres índices de referencia de Wall Street -Dow Jones, Nasdaq y S&P- entraron en zona en negativa para el año, al bajar a niveles de mediados de noviembre del pasado año. El desplome provocó que se evaporara el equivalente a 2,6 billones de valor bursátil en el S&P 500. En perspectiva, el desplome suma 3,5 billones en valoración desde las elecciones presidenciales.

La volatilidad se comió el 40% de lo ganado en la era Trump. Google, la segunda compañía cotizada, es el mayor perdedor en términos absolutos con más de 114.000 millones desde el máximo. Le sigue Apple, la mayor del parqué, con 83.000 millones. Las dos están en zona de corrección. Microsoft les sigue con 69.000 millones, Berkshire Hathaway con 63.000 millones y Exxon Mobil con 54.000 millones.

La remontada -por no decir burbuja- de los últimos nueve años en Wall Street estuvo, de hecho, subvencionada por una política monetaria extremadamente laxa por parte de la Fed. Y esta política se aleja cada vez más, ya que el dato de empleo de enero estaría mostrando que el crecimiento es sólido y que los salarios suben, lo que se interpreta como un incentivo para subir las tasas -según ya anticipan todos los analistas- con más agresividad para “contener la inflación”.

Por cierto, tras los sobresaltos de los últimos días, los inversores “clásicos”, los que creen en las perennes reglas del mercado bursátil, se preguntan en qué momento deberían comprar. “Las correcciones en los mercados suelen ser del 10%”, dice Levitt de Oppenheimer. “Estamos cerca de ese punto y después, las acciones suelen subir durante los siguientes meses”, concluye.

En cualquier caso, resulta evidente que “el optimismo que llevó a las acciones de EE.UU. a nuevos máximos se está agotando, al menos temporalmente”, explica Craig Burelle, analista de Loomis Sayles. Así, los inversores buscan activos de cobertura, prefiriendo los bonos del Tesoro a 10 años y para ello han desarmado posiciones, sobre todo en instrumentos de riesgo como el caso de las acciones y activos de emergentes al punto que los bonos de mercados emergentes soportaron la mayor salida de capitales en la historia.

Y, por cierto, en esta bajada global, los bonos argentinos vienen sufriendo una caída adicional como consecuencia de la mayor depresión local: en lo que va del año pierden 10% en la parte larga de la curva y 5,5% en los vencimientos a 2026. En tanto que los bonos brasileños, en la parte larga cayeron 7%, los mexicanos 4,85%, los de Perú 5,7% y los colombianos, puntualmente el bono a 2045, sufrieron una merma de 6,05% en lo que va del 2018.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Cuando vale la doble moral

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El Estado moderno impone arbitrariamente su doble moral. Y sus defensores no tienen justificación racional, simplemente dicen que “si el Estado lo dice, o lo necesita, es bueno…” son esos mismos políticos que, muchas veces -muchísimas-, están acorralados por la corrupción. Quizás, el ejemplo más irritante sea el “servicio militar obligatorio” (SMO) que me recuerda a Mirabeau, uno de los padres de la Revolución Francesa, y su frase: “Prusia no es un Estado con ejército, sino un ejército con Estado.”

El presidente de Francia propone una especie de breve servicio cívico-militar, obligatorio, para ofrecer “una experiencia de la vida militar, de la mezcla social y de la cohesión”. Luego de que Jacques Chirac abolió el SMO en 1997, el proyecto actual que, insólitamente, cuenta con el apoyo del 80% de la población, contempla un mes de servicio para hombres y mujeres de 18 a 21 años. Según Le Monde, el costo anual -unos € 3.000 millones- equivale al costo de la disuasión nuclear.

Hoy, debido al temor por el terrorismo -como siempre, el miedo provocando reacciones adversas- la idea se ha expandido por Europa al punto que el Bundestag propone un nuevo concepto de “defensa civil” incluyendo el SMO aduciendo, además, que Rusia tiene explícitas aspiraciones expansionistas, tanto que los países nórdicos también están promoviendo el retorno más o menos inminente del “servicio” (¿?) obligatorio.

Es el caso de Noruega y Suecia, cuyo ministro de Defensa parece dispuesto a promoverlo en 2019. España es distinta. Después de que José María Aznar eliminó la conscripción obligatoria en 2001 en oposición al Ministerio de Defensa, hoy prevalece la idea de que un ejército profesional es mejor alternativa.

Ahora, dice Alberto Medina Méndez que, aun suponiendo que las razones esgrimidas fueran legítimas, el hecho de conseguirlo a expensas de sojuzgar a los demás, exime de comentarios adicionales: aquello “impuesto por medio de la coacción no puede ser bueno… o no precisaría de semejante atropello”.

Por su parte, según el profesor colombiano Mario Madrid-Malo Garizábal, para el derecho internacional consuetudinario la esclavitud es el estado o la condición de una persona sobre la que se ejercen cualquiera de las potestades inherentes al derecho de propiedad o de dominio. El artículo 7, 2., c) del Estatuto de la Corte Penal Internacional entiende por esclavitud “el ejercicio de los atributos del derecho de propiedad sobre una persona, o de algunos de ellos”.

Según el derecho internacional, existen prácticas análogas a la esclavitud tradicional como el trabajo infantil, el reclutamiento de niños como combatientes, la trata de mujeres y de niños, la servidumbre por deudas y la servidumbre conyugal. En ese catálogo falta, por cierto, una modalidad de esclavitud: el servicio militar obligatorio. Ahora, la causa de tal omisión fue explícitamente redactada por los interesados -los políticos y burócratas estatales que viven de la inimputabilidad del Estado- y se halla en el artículo 8°, 3., c) II) del Pacto Internacional de derechos civiles y políticos, norma en la cual se establece que el SMO no se considerará como trabajo forzoso.

En fin, remata Madrid-Malo Garizábal, diciendo sobre el servicio obligatorio que de su horrendo carácter y de sus efectos perniciosos hablan claro las estadísticas sobre suicidio y enfermedad mental entre las personas sometidas.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Cuando un daltónico mira un semáforo

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Mientras que la principal fuente de “crecimiento”, la deuda estatal, va camino de perjudicarse, ya que la Fed cambia de titular -la actual celebrará el 30 y 31 de enero su última reunión- y asume Jerome Powell confirmando el continuismo, o sea, la senda alcista de las tasas de interés, el gobierno ve “luces verdes”. La Fed elevó las tasas tres veces en 2017, hasta el rango de entre el 1,25% y el 1,5%, y aprobaría otras tres subas en 2018.

Nada menos que 15 luces, verdes ve el oficialismo, tres amarillas y dos rojas en su “Monitor de la Economía Real”, la última edición de un semáforo que prepara mensualmente el Ministerio de Producción, con indicadores de la actividad económica, oficiales y de consultoras privadas. Faltando los datos de diciembre, que se antojan peores, el más rojo es la caída de la industria textil, 8,6% entre enero y noviembre de 2017, y luego la química 1,5%. Los amarillos: la baja de 1% del consumo, el 24,8% de inflación anual y la caída de 0,9% de la producción de alimentos.

Ahora, entre lo verde estaría el mercado de créditos hipotecarios -desde 2016 ya alcanzaron los $ 56.300 M-, claro que apalancados desde el Estado. Así las cosas, no extraña que, en 2017, el “crecimiento” de la economía fue impulsado especialmente por la “inversión”, de la mano del agro y la construcción pública y privada, insisto, apalancada desde la deuda estatal.

Según el gobierno, la industria se expandió 1,9% en los primeros 11 meses de 2017: “Los primeros, durante el primer semestre del 2017 fueron metalmecánica, metales básicos, automotriz y minerales no metálicos, vinculados al crecimiento de la construcción, el agro y el consumo durable. Luego, caucho y plástico (que abastecen a los sectores automotriz y construcción principalmente)”.

Ahora, la producción automotriz cerró 2017 con 472.158 unidades salidas de las fábricas, según quién más sabe de esto, Adefa, 0,1% menos que en 2016. El cuarto año consecutivo de retroceso desde 2013 y casi la mitad del récord de 828.700 vehículos que se fabricaron en 2011.

Para el 2018, “las perspectivas son mejores… por el cambio en la meta inflacionaria, la recuperación de Brasil y la reforma tributaria”. Se recuperarían los salarios, impactando en el consumo, los precios de los productos primarios y la obra pública y el incentivo de la inversión a través de proyectos PPP, ambos apalancados por el Estado y su endeudamiento

Y la reforma tributaria que, según el Gobierno, mejoró la tasa de rentabilidad de las empresas demostrando que no entiende al mercado, cree que éste es manejado por las empresas cuando está conformado por las personas, los 45 M de argentinos. O sea, que unas empresas mejoren no hace al mercado, que crecerá cuando todo el conjunto de la sociedad crezca, para lo que hay que desregular a la economía y bajar la presión fiscal general, y no solo a las empresas ni manteniendo el nivel general con aumentos en otros lados.

Por caso, el gobierno tiene que desregular el sector energético permitiendo que cualquiera pueda producir, distribuir y vender en cualquier momento y lugar, y que el mercado fije tarifas competitivas. La revisión tarifaria en el sector eléctrico -que desde diciembre con el aumento de febrero acumulará casi 70%-, tenía como objetivo disminuir la cantidad de cortes y bajar los subsidios. Sin embargo, durante diciembre, el número de interrupciones en el servicio subió 28%, en relación al mismo mes de 2016, en el AMBA, aunque la duración de los cortes fue 13% inferior.

Según el Instituto Argentino de Energía, a noviembre del 2017, la balanza comercial reflejaba un déficit de US$ 7.656 M. De este total, el 41% se debe al déficit energético. Con este potencial de desarrollo y el Estado que les garantiza estas tarifas y privilegios monopólicos, de las acciones del Merval en lo que va del 2018, las mayores subas se dan en el sector energético que aumentó, en promedio 15%, destacando Central Puerto S.A. y Distribuidora de Gas Cuyana S.A. que subieron en solo 15 días 41 y 36% respectivamente.

En fin, el optimismo decae. Por caso, la última edición del Índice de Confianza, elaborado trimestralmente por Vistage Argentina desde 2006 entre líderes de empresas, bajó de 133 puntos en el tercer trimestre de 2017-récord- a 129 en el último. El 71% dijo que mejorará el escenario económico, 15 puntos menos que el 86% de la medición anterior. El 85% cree que su facturación crecerá en 2018, 80% espera ver crecer sus ventas, pero los que esperan que su rentabilidad aumente pasaron del 53% al 48%.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Davos, lo que el mercado no es

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Es llamativo el que parte de la opinión pública tenga una imagen negativa del mercado natural cuando éste no son sino las personas, esa misma opinión pública que lo rechaza. El mercado natural, subrayo, es el conjunto de los seres humanos desde el punto de vista de la cooperación voluntaria, pacífica, espontánea entre las personas con el fin de vivir y mejorar.

Sucede que la idea de mercado se ha deformado hasta contrariar su verdadero sentido. Tomemos por caso el Foro Económico de Davos, que está de moda. Se presenta como “pro mercado” cuando no lo es, confundiendo al público. En primer lugar, como dije, el mercado está compuesto por 7500 millones de personas -la población mundial- y los “líderes” en Davos serán unos 2000, ni la millonésima parte.

En segundo lugar, en esta costosísima reunión que se realiza entre el 23 y 26 de enero, se reúnen diez presidentes de empobrecidos países africanos, nueve de oriente medio y norte de África, seis de Latinoamérica además de occidentales, como Emmanuel Macron y la primera ministra británica Theresa May. En total, serán 350 líderes políticos, incluidos más de 60 jefes de Estado. El primer ministro de India dará el discurso inaugural y Trump antes de la clausura. Habrá una entrega de premios, con la asistencia de Cate Blanchett, Shah Rukh Khan y Elton John.

O sea, son muchos burócratas estatales, de esos que se dedican a “regular” al mercado -a interferirlo coactivamente- los que comparecerán allí. Y los temas que tratarán son temas -algunos casi hilarantes como “la hipnosis para evitar los dolores físicos”- de cómo el Estado debe regular al mercado natural, cómo estos gobernantes deben coartar a las personas de acuerdo con el “sector privado” allí presente. Y, por cierto, no se olvidarán de “cómo mejorar los sistemas de impuestos” porque de ellos viven.

Ahora, este “sector privado” -que no es ni la millonésima del mercado- está conformado por empresarios como Bill Gates que ha amasado una fortuna exagerada gracias, precisamente, a privilegios otorgados por los burócratas presentes, como el “copyright” que es un monopolio intelectual impuesto coactivamente al mercado. Otros, como los CEOs de Coca-Cola, Nestlé y Dell, y en particular el de Alibaba, Jack Ma, interactúan intentando que no los regulen o no los perjudiquen, política errada en mi opinión.

Y los discursos son incoherentes. Trump se enfocaría en “hallar maneras de fortalecer la cooperación internacional para defender intereses compartidos”, cuando en realidad es solo un golpe mediático más del egocéntrico promotor del “America first”. Por su parte, los políticos latinoamericanos están preocupados por la pobreza que ellos mismos crean, por ejemplo, con abusivos impuestos que terminan pagando los más pobres ya que los empresarios los derivan subiendo precios.

Insólitamente, el presidente argentino, cuyo país exhibe un nivel de pobreza que alcanza al 30% de la población, es uno de los que más ha gastado abriendo una “Casa Argentina” donde recibirá -inútilmente- a empresarios que no han invertido precisamente porque la carga fiscal es muy alta y el país no crece.

Irónicamente, quizás no estaba errado el conservador sitio online Breitbart cuando describía al foro como “un colectivo de élites izquierdistas y sus compinches corporativos multinacionales que debaten sobre cómo configurar las agendas globales para dividir el botín”.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

“Tengo un sueño… seguir soñando”

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

No soy adicto a los ídolos. Porque olvidan que todos cometemos errores serios. Pero por sobre todo porque hay millones de héroes anónimos, que luchan diariamente, y no me parece bueno ensalzar a los famosos olvidando a tantos que se esfuerzan hasta el infinito en la soledad. Pero, en fin, hay historias que dan pie a buenos escritos, como la de Martin Luther King.

Cada tercer lunes de enero, en EE.UU. es fiesta nacional gracias a Ronald Reagan, para celebrar a King Jr., y este año coincidió con la fecha de su nacimiento el 15 de enero de 1929. Su vida se apagó en 1968, a los 39 años, asesinado hace 50 años por un segregacionista en Memphis.

Con su mensaje ganó el Premio Nobel de La Paz en 1964. Desde las escalinatas del Monumento a Lincoln en Washington en 1963, frente a unas 250.000 personas -con corbata y hasta sombrero según era la costumbre de la época- Mahalia Jackson le gritó: “¡Háblales del Sueño, Martin!”.  Y el reverendo King dejó el texto y comenzó una extraordinaria improvisación.

Clamaba por la libertad de millones, por el fin de leyes discriminatorias, frente a activistas que, además, lucharon contra la guerra de Vietnam y la pobreza. “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando”, gritó. Y en otra oportunidad “Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía, plantaría un árbol”.

Palabras que, según Michiko Kakutani, son símbolo de libertad y no violencia, alentando a los activistas desde la plaza de Tiananmen, hasta Europa del Este. Inspirado en canciones como “This Land is Your Land” de W. Guthrie: “Que resuene la libertad desde las altas montañas de Nueva York… desde las suaves pendientes de California”.

Cuando su hogar sufrió un atentado, King le dijo a la muchedumbre: “Quiero que améis a nuestros enemigos”… entre los que estaba el FBI -que tiene un largo historial en el armado de causas falsas- y que en 1968 armó un expediente difamatorio, sin prueba alguna, que lo acusaba de comunista y le atribuía amantes como Joan Báez…

Entretanto, Trump va al revés. Quiere erradicar 11 millones de indocumentados -discriminados- y acaba de anunciar el fin del Estatus de Protección Temporal del que se benefician unas 320.000 personas, que llevan una media de 19 años viviendo en EE.UU., de los cuales más del 90% son ciudadanos de El Salvador, Honduras y Haití, y que han tenido 275.000 hijos estadounidenses.

Gracias a las “Maras”, pandillas surgidas gracias a la “ilegalidad” de las drogas y la “guerra” contra estas sustancias desatada por el gobierno de EE.UU., El Salvador es el país más violento del mundo, con un promedio de 60 homicidios por cada 100.000 habitantes. Y allí quiere Trump devolver a estos inmigrantes, a la violencia, a la pobreza y la desocupación o, más probablemente, obligarlos a desafiar la ley y permanecer como indocumentados.

Económicamente EE.UU. perdería unos US$ 164.000 millones durante la próxima década, según el Center for American Progress, y El Salvador por la caída de las remesas que equivalen el 17% de su PIB. Además, los controles migratorios empujan a los migrantes hacia los traficantes y las organizaciones criminales.

En fin… nunca lo dudes, y ten “Un solo sueño, seguir soñando”. Es imposible garantizar que no llegues, como el soñador Steve Jobs, a ser billonario, ni que te ridiculicen por idealista, pero por allí va el camino de la vida: la esperanza, el amor, la libertad.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Baja en las tasas: Un pasito en la dirección correcta

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Finalmente, vencieron Lebac por otros $ 398.436 M, casi el 34,3% del stock total de estos títulos y equivalente al 39% de la base monetaria. Como se esperaba, para quedar bien con el ejecutivo -y conservar su puesto- el presidente del BCRA bajó las tasas, pero poco porque le teme a la “inflación”, y las mantuvo al nivel del mercado secundario como ya lo había hecho anteriormente, unos 151 puntos básicos por debajo de la emisión primaria de diciembre en el plazo a 35 días para dejarla en 27,25%.

Aunque lo cierto es que no necesita esperar la jornada de licitación para acomodar la tasa de interés, ya que puede hacerlo cualquier momento a través de la compra y venta en el circuito secundario. De hecho, el viernes, la autoridad monetaria vendió unos $3.500 M en el mercado secundario de Lebac.

Así las cosas, se estimaba que el BCRA emitiría $ 45.633 M ya que solo logró renovar $ 352.804 M. Aunque, la inyección monetaria vía Lebac podría contrarrestarse con la absorción vía Leliq, una letra a 7 días recientemente creada por el BCRA que no paga impuestos y es colocada a diario a una tasa del 27,25% -la misma que la de los pases a 7 días- con la que ya absorbió $ 19.000 M, que sólo pueden operar los bancos y, a diferencia del pase, tiene mercado secundario. Pareciera que el gobierno ha decidido reemplazar en el mediano plazo a las Lebac.

Por cierto, el BCRA no se da por enterado de que su política neo keynesiana de pretender domar la inflación vía manejo de tasas ha fracasado y se asusta con la alta variación del IPC de diciembre (3,1%), que superó las expectativas de casi todas las consultoras. Para peor, la medición “núcleo” se elevó de 1,3% a 1,7% respecto al mes previo. Y, por cierto, la nueva meta anunciada por el “ala política” -15% de inflación para 2018- a este ritmo y con esta política es inalcanzable. Por caso, JP Morgan, elevó su estimación al 19,2% para 2018.

Como toda mala política, es un círculo vicioso, demasiado vicioso. EL BCRA no tiene demasiado margen para hacer descender las tasas, ya que corre el riesgo de que los inversores no le compren buena parte del monto que necesita renovar y luego, lo que no logra renovar, hasta ahora lo ha venido pagando emitiendo pesos que se vuelca al circuito y luego pretende “drenarlo”, mediante la emisión de más Lebac (ahora, en parte Leliq). Así las cosas, el stock actual de estos títulos -creados por Duhalde hace más de 15 años, ya ronda el billón de pesos y, junto con los pases, suman una friolera equivalente al 10% de PIB, y supera a la base monetaria.

Por cierto, un clásico ya de la Argentina es la bicicleta financiera, el carry-trade, siendo las Lebac el instrumento preferido. Aun cuando algunos ven en un rally alcista del dólar una amenaza para esta estrategia, todavía conserva cierto atractivo absorbiendo capitales que podrían ir a la inversión productiva. En 2017, y pese al aumento del tipo de cambio y algunos que auguraron su muerte, lo cierto es que la inversión en Lebac de corto plazo rindió más de 3,1% en términos reales. Y en general, los analistas estiman un dólar anclado con lo que el carry trade seguiría siendo atractivo si las tasas no bajan del 26%.

Es una pequeña noticia en el sentido correcto que, presionado por el ejecutivo, a mediano plazo vamos hacia un sendero de baja gradual de tasas -mejorando el crédito para las pyme, el desarme de Lebac, mejorando el déficit fiscal- en un nuevo esquema de política monetaria “anti inflacionaria más gradual” con un tipo de cambio real más competitivo: otro ángulo inflacionario de las tasas artificialmente altas, ya que mantienen bajo el dólar aumentando las importaciones y bajando la productividad, demandando menos pesos.

En tanto que para bajar la inflación verdaderamente no hay otro camino que cortar la emisión monetaria, pero también el endeudamiento en todos sus tramos. Lo que el gobierno -y los neo keynesianos y neo clásicos- no comprenden es que el endeudamiento estatal no solo retrasa inversiones productivas al aumentar la tasa, sino que suma inflación porque absorbe la demanda de pesos, baja la productividad y luego, se ha acostumbrado a pagar emitiendo más dinero.

Esto explicaría que la base monetaria aumentó “solo” un 60,5% entre diciembre de 2015 y diciembre de 2017 -la era Macri- cuando el aumento del IPC se acercó al 75%, en base a datos del Indec.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Viajando a Davos, no bajan los impuestos

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Finalmente, el BCRA bajó en 0,75% la tasa de referencia hasta dejarla en 28% anual, en una pulseada, con la Rosada que ya había forzado un aumento de las metas inflación de 10% a 15% para 2018. El gobierno esperaba un recorte mayor de la tasa, asustado por un inesperado estancamiento.

Según el IARAF, los últimos datos del Indec dan cuenta de que, medido el EMAE, desde el inicio de la “recuperación” en julio 2016, la economía acumuló un “crecimiento” de 4,53%, pero luego en diciembre ocurrió una corrección al alza de la mayoría de las cifras, aunque a la baja en julio, agosto y septiembre. La recalibración muestra un relativo estancamiento de la actividad económica a partir de agosto, y con el nuevo dato de octubre, una caída de 0,02% respecto del mes anterior desestacionalizado, se observa que en los últimos dos meses el crecimiento es nulo.

Por cierto, el dinero inyectado desde afuera (deuda externa) en lo que va del gobierno de Macri equivale al 20% del PIB, pero este creció solo 1,2% en el mejor de los casos – suponiendo una caída del 2,3% en 2016 y un aumento del 3,5% en 2017- con lo que pareciera que están inflando una burbuja y, para colmo, la están inflando muy mal.

La otra preocupación de la Rosada es el atraso cambiario que, con estas nuevas tasas, no repuntará perjudicando las cuentas externas y la rentabilidad de proyectos de inversión de envergadura, además de favorecer la “bicicleta financiera”. Aún, suponiendo un deterioro de las metas inflacionarias de 2% con el cambio (15%), la tasa de interés descontada la inflación se sitúa en 11%, cuadruplicando a la región.

Aunque lo real es que el aumento del IPC en diciembre se espera cercano al 3%, con un deterioro del componente “núcleo” (sin precios regulados ni estacionales) para los meses que le siguen por los llamados ‘efectos secundarios’ que provocan los aumentos de tarifas. Con lo que, la suba del dólar de las últimas semanas quedará casi equiparada por la inflación entre diciembre y febrero, y quedará estancado favoreciendo el carry trade.

Para colmo el dólar parece bajar en el mundo que, por cierto, va en sentido contrario a la política del BCRA. A lo largo de 2017, según estimación del FMI, el PIB global ha crecido 3,5%, con una inflación en países desarrollados del orden del 2%. Este “virtuoso ciclo de crecimiento global”, iniciado en el 2010, “fue impulsado -sobre todo-por políticas monetarias laxas o flexibles” (baja de tasa de interés y fuertes inyecciones monetarias mediante compras de bonos en los mercados secundarios) desarrolladas por los bancos centrales.

Aunque ahora, la Fed lidera el ciclo de endurecimiento. En 2014 dejó de inyectar dinero y en diciembre de 2015 inició la suba de la tasa de referencia, llevándola del 0,25% al 0,50%. Desde entonces, realizó cuatro nuevas subas quedando hoy en 1,50% y se estima que durante 2018 implementará tres nuevas alzas de la tasa hasta dejarla con un valor final de 2,25%.

Sin embargo, tanto optimismo podría encontrar algo de freno porque, según Boolmberg, China ha recomendado frenar las compras de deuda pública estadounidense. El gigante asiático es el principal acreedor de EE.UU., además de tener las mayores reservas de divisas del mundo. Los recelos de las autoridades chinas se deben a que la deuda de Washington ha perdido atractivo. De hecho, las ventas de los bonos elevaron la rentabilidad del Tesoro a diez años hasta el 2,6%, sus máximos desde marzo de 2017. Así las cosas, el dólar giró a la baja cotizando contra el euro en el entorno de 1,20 con lo que la moneda europea se acerca a sus niveles más elevados de los tres últimos años.

El BCRA no tiene razón, la política neo keynesiana de controlar la inflación por vía de las tasas es completamente improcedente desde que la depreciación monetaria se debe al exceso de emisión en tiempo real. Por tanto, solo puede bajarse emitiendo menos. Los tipos de interés tan elevados a nivel de país africano no han dado resultado -no se cumplieron las metas- pero el BCRA sigue encaprichado cual niño en tasas altísimas que desalientan la inversión productiva.

Pero tampoco la tiene razón la Rosada, porque el problema real y de fondo es la presión fiscal. Según la “Encuesta de Impuestos 2017-2018” realizada por KPGM, el 70% de los ejecutivos afirma que la presión impositiva ha frenado planes de inversión. Y, por cierto, no creo que viajando a Davos -gastando más- se bajen los impuestos…

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

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