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Alejandro A. Tagliavini

El columnista basado en Argentina más publicado en el mundo

La competencia es vida

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Días calurosos y soleados, en un bellísimo mar azul, dieron lugar a la Copa de Rey, una de las más importantes competencias de veleros en el calendario mundial, organizada por el Real Club Náutico de Palma de Mallorca. Regata que resultó uno de los eventos, deportivos y sociales, más destacados de este verano europeo ya que compitieron 138 embarcaciones, entre las que estaba el Aifos comandado por el Rey Felipe VI.

Fue con gran placer que pude observar esas gallardas velas intentando volar más rápido que las gaviotas, con el esfuerzo de cada tripulante por ganar la competencia. Esa competencia de caballeros -no de soberbios que quieren forzar su criterio sobre el de los demás- que sirve para acicatear el mejoramiento propio y el de los de alrededor, esa competencia que hace que el hombre sea hombre: que progrese, que se supere en todos los sentidos incluso en caballerosidad, en nobleza y en servicio.

Pero por este mismo mar Mediterráneo se cuecen cosas diferentes. Barcos armados -guardianes del Estado que no permite competencia, sino que se impone por la fuerza, con violencia- patrullan para impedir la entrada de aquellas personas que arbitrariamente el gobierno decide que no son “legales”. Como si el solo evitar la competencia no fuera suficiente daño, para sostener este monopolio -como los sindicatos avalados desde el Estado no quieren la competencia de los inmigrantes- el gobierno malgasta el dinero de los ciudadanos.

Para frenar las llegadas de migrantes, Europa dilapidó € 17.000 millones entre 2014 y 2016, según un informe del Overseas Development Institute, que asegura que el principal cambio en la estrategia migratoria del Viejo Continente ante la crisis de 2015, cuando un millón de personas entró “irregularmente” a Europa, se dio en el aspecto económico. Dinero que se usó en la vigilancia de los mares, fronteras terrestres y en paquetes de ayuda a los países de origen. El presupuesto de la Agencia Europea de Fronteras (Frontex) pasó de € 6 millones en 2005 a 254 en 2017.

Según Theodore Baird, de la Universidad de Ámsterdam, el control de las fronteras europeas se volvió más restrictivo, militarizado y “mortífero” desde los noventa y, según sus cálculos, el mercado global de la seguridad fronteriza rebasará los € 50.000 millones en 2022. Además, asegura que esta cifra es engañosa porque no existe estimación exclusiva referida al control de las migraciones ni está definido de manera clara qué actividades se incluyen. Y, por cierto, hay muy poca transparencia, por no decir mucha corrupción.

Pero no siempre falta la “competencia” entre Estados, que podrían definirse como los monopolios de la violencia con la que imponen “orden” dentro de sus territorios. Por caso, luego de recibir una amenaza de un ataque norcoreano a la base militar de Guam, el mandatario estadounidense, Donald Trump, no quiso ser menos. “Mi primera orden como presidente fue renovar y modernizar nuestro arsenal nuclear. Es ahora mucho más fuerte y más poderoso que nunca antes”, escribió en su cuenta de Twitter. Y luego, añadió: “Ojalá nunca tengamos que usar ese poder, ¡pero nunca habrá un momento en el que no seamos la nación más poderosa del mundo!”. O sea, que está dispuesto a “competir” violentamente con tal de cumplir su lema “America first”.

En fin, el mundo necesita más competencia entre personas, precisamente, para evitar la “competencia” entre monopolios, entre Estados.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Solo crece una burbuja que estallará

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

“Lo trágico es que, en su arrogancia, la gente intenta someter a la naturaleza a su voluntad” decía Masanobu Fukuoka… Así, el gobierno cree que puede someter al mercado natural, que puede coactivamente modificarlo o inducirlo y, por cierto, le volverá como un boomerang.

Obviamente la economía cayó en 2016 debido a la continuidad de pésimas políticas y no por un “necesario ajuste”. Particularmente dañina es la presión fiscal coactiva que crece -y no el déficit cuyo “descenso” el gobierno festeja- ya que desvía fondos del mercado para ser malgastados por la paradigmática ineficiencia burocrática.

Los sectores que vienen aumentando son el empleo público -que engrosa la burocracia-, la obra pública que, como toda empresa estatal, resulta ineficiente desde que no compite como el sector privado y, fuera del sector estatal, crece un poco el campo -precisamente debido a que le bajaron mínimamente la presión fiscal- que no alcanza para arrastrar a toda la economía, y la construcción privada pero apalancada en créditos estatales alentando una demanda artificial que va creando una burbuja.

Según el Indec, la construcción viene creciendo a un ritmo que supera el 10% interanual. Y las hipotecas bancarias, aumentaron 130% interanual y solo en julio van camino de terminar siendo $5000 millones los comprometidos cuando en junio habían sido $3700 millones, del cual el 61% correspondió al estatal Procrear.

Así el gobierno está forzando la demanda de construcción por encima de lo que sucedería naturalmente. Según un estudio de la UTDT, con US$ 1000 en 2004 se compraban 0,85 m2, y ahora sólo 0,3 m2. Hoy la rentabilidad neta de un alquiler ronda el 4%, la mitad de lo que se obtenía hace de 10 años y un tercio de lo que se daba en las mejores épocas. La baja rentabilidad, en definitiva, se explica porque los precios de las propiedades -el capital invertido- están exageradas.

Por cierto, las expensas e impuestos ya representan un 50% de lo que se paga de alquiler, cuando históricamente era entre 20 y 30%. Entonces, dada la recesión que no permite aumentar los ingresos familiares, la rentabilidad de la construcción irá quedando cada vez más atrasada, y no es de extrañar que, lenta o rápidamente, los precios de las propiedades se corrijan a la baja.

De hecho, con la abrupta suba del dólar de estos días -pasó de 16,20 a 17,80 pesos- los créditos ya otorgados por bancos como el Nación quedaron cortos dado que las propiedades cotizan en dólares. Algunos están tratando de buscar una casa más barata, mientras el banco estudia alguna solución. En cualquier caso, claramente la demanda ya empezó a resentirse.

Para terminar, hablando de burbujas, digamos que hasta hace pocos días, el Merval desde junio 2013 aumentó más del 120% mientras que el S&P tuvo un retorno del 53%. Dice Diego Martínez Burzaco, de MB Inversiones, de que en “el mercado… muchas de las grandes subas… han estado enmarcadas más por expectativas que realidades… Hay valuaciones… con múltiplos de Precio/Valor Libro por encima de 10 veces o ratios Precio/Ganancias por encima de 40 veces”. En fin, si algo ha hecho bien este gobierno -léase Duran Barba- es el marketing vendiendo humo que, a medida que se va disipando, deja al descubierto el tendal de personas perjudicadas.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

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Que todo cambie para que nada cambie

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Objetivamente el rumbo de la economía, más allá de discursos y matices, es el mismo que, desde hace décadas, sigue Argentina. Veamos algunos tips.

Hasta hoy, “Cambiemos” tomó créditos por casi US$ 100.000 millones. Un nivel de endeudamiento similar al del gobierno anterior. Dicen en la Rosada que el 70% fue para cancelar compromisos preexistentes. Pero ¿por qué no ahorraron bajando el gasto? Y responden que hubiera significado “un ajuste brutal”: el mismo discurso que el gobierno anterior.

En cuanto al consumo, el oficialismo se defiende argumentando que cambiaron los hábitos, antes se hacía mucho “shopping” y ahora se toman créditos hipotecarios y autos premium. Pero este cambio se debe a créditos, también, apalancados desde el Estado.

En los últimos 15 años, creció casi 80% el empleo público y hoy suman 3,6 millones de personas, según el Ministerio de Trabajo. Si bien entre 2003 y 2015, el empleo del sector público nacional (excluye provincias y municipios) creció más de 60%, a un ritmo anual promedio del 4%, en 2016 creció 1% lo que no es poco dada la crisis.

Entretanto la población aumentó 17,5% en ese período, mostrando que el crecimiento estatal es superior tanto que hoy el costo del empleo público, según FIEL, es de $1.452.000 millones anuales, es decir, 58,5% de la recaudación tributaria neta de Nación y provincias.

Con todo esto, resulta que, según los analistas, el déficit 2017 terminaría siendo el tercero más elevado de la historia, después de Rodrigazo y del “pico” de Alfonsín. Y, la meta anual del presupuesto nacional de déficit primario (4,2%) será incumplida en al menos el 1% del PIB; y el déficit financiero (que incluye intereses por 2,7% del PIB) terminaría superando el 8% del PIB en 2017.

Aunque ya no hay dólar oficial, la política monetaria del BCRA está fijando un cambio artificialmente barato. El viernes la rentabilidad de las Letras del BCRA a más corto plazo, 33 días, cerró a 26,5%, superando el 26,25% actual de la tasa de Política Monetaria, fijada de forma quincenal por la autoridad.

Lo que pasa es que este martes vencen Lebac por casi $ 530.000 millones, equivalente a mas del 60% de la base monetaria. Recordemos que, en la anterior licitación de estos papeles, el 19 de junio, caducó una cifra que marcó el récord histórico de $547.042 millones, y el BCRA pudo renovar solo $ 424.000 millones.

Por esto, no puede bajar las tasas y el mes pasado para el más corto plazo fue de 25,5%, unos 100 puntos básicos menos de lo que se operó el viernes en la plaza secundaria. En otras palabras, está obligado a mantener las tasas altas con lo que logra que la gente se desprenda de dólares, abaratándolo, para invertir en estos papeles. Por lo que en el mercado se barajaba con mucha fuerza que el BCRA convalidará esta semana estas nuevas referencias que rondarán el 27% anual para incentivar a los ahorristas y poder incrementar las colocaciones de Lebac.

 

 

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

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¿Es la guerra solo un crimen “legal”?

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Los bandos que han luchado nueve meses en Mosul -el ISIS, contra las tropas iraquíes y la coalición liderada por EE.UU. que hoy controlan la ciudad- “han violado gravemente el derecho internacional humanitario”, según Amnistía Internacional. Los yihadistas han utilizado civiles como escudos humanos, mientras que del otro lado ejercieron la fuerza en exceso provocando la muerte de civiles. O sea, se los acusa de no realizar “guerras humanitarias”. Guerras ¿humanitarias?, suena muy feo.

La película “Máquina de Guerra”, protagonizada por Brad Pitt, se enmarca en la contienda más longeva de EE.UU. hasta ahora -16 años- mostrando que las estrategias de la Casa Blanca, no han dado fruto alguno. Irak, Siria, Yemen, Libia, Somalia y Afganistán se encuentran en situación de colapso.

La película, de Netflix, está basada en el ex comandante de la OTAN, el General estadounidense Stanley McChrystal y el guion en un artículo de la revista Rolling Stone del fallecido Michael Hastings. El comandante no consigue que los granjeros afganos dejen de cultivar amapola porque, según sus oficiales, cultivos alternativos como el algodón competirían con los de los granjeros estadounidenses. Mientras que otros oficiales le señalan que “No puedes construir una nación a punta de pistola… ni ganarte la confianza de un país invadiéndolo”.

Un atormentado marine se pregunta por qué, aunque está entrenado para matar, le dicen que debe mostrar una “valiente contención”. Y continúa, “No puedo diferenciar al pueblo del enemigo… me parecen iguales. No podemos ayudarlos y matarlos al mismo tiempo”. La actriz Tilda Swinton, que interpreta a una política alemana, le dice al General que “están… librando mil batallas contra gente local que no los quiere en sus pueblos, y ésa es una guerra que nunca ganarán”.

“El crimen de la guerra” (1870) es uno de los principales libros del prolífico Juan Bautista Alberdi, el ideólogo de la Constitución argentina calcada de la de EE.UU. Y comienza diciendo que “el derecho de la guerra” es el derecho de cometer los actos más aberrantes que cabe imaginar: el homicidio, el robo, el incendio, la devastación a gran escala. De la guerra es nacido el gobierno de la fuerza sustituyendo a la justicia y al derecho como principio de autoridad. “El crimen de la guerra es el de la justicia ejercida de un modo criminal… ejercido por la parte interesada”.

Como De Tocqueville y Laboulaye, a quienes admiraba, se inspiró en los principios de la democracia cristiana y moderna. “La moral cristiana es la moral de la civilización actual… El cristianismo como la ley fundamental de la sociedad moderna, es la abolición de la guerra, o mejor dicho, su condenación como un crimen… Negar la posibilidad de su abolición definitiva y absoluta, es poner en duda la practicabilidad de la ley cristiana”, dice el constitucionalista.

En fin, sin dudas la ciencia demuestra que Alberdi tiene razón: los métodos eficientes de defensa propia son los pacíficos. Países progresistas, como Canadá, Australia y Nueva Zelanda se independizaron sin las típicas “guerras de la independencia” americanas. La segunda Guerra Mundial, con el fin de terminar con una atroz tiranía -que pretendía eliminar a los judíos, unos 10 millones en todo el mundo en aquel momento- termino matando a sesenta millones de personas para fortalecer un régimen más cruel, el stalinista, que asesinó más de 30 millones de seres humanos.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

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Gradualismo… al socialismo

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Así como alentó el rumor de que se ascendería a emergente, faltando mucho, el gobierno enarbola un crecimiento, al menos, dudoso. Más allá de las palmaditas políticas, el mundo no nos ve bien: las inversiones genuinas no llegan, el MSCI no ascendió al país y el riesgo país (EMBI +) está en 445 pb y sube, en tanto, Evo Morales consiguió 189 y baja.

Bloomberg acaba de publicar un duro informe. “Argentina pierde brillo por endeudamiento y riesgo electoral”, titula la columna en donde asegura que “Los bonos… del país se cuentan entre los de peor desempeño en los emergentes… el peso sigue bajando a niveles récord y esa volatilidad… fracasó… (en) recuperar la categoría de mercado emergente… (quedando) en el nivel de frontera junto con Mauricio, Sri Lanka y Kazajistán”.

Y termina con una dura cita de Edwin Gutierrez, de Aberdeen Asset Management Plc, que, tras asegurar que su fondo no participó en la venta de bonos a 100 años luego de que los rendimientos se apartaran del objetivo inicial de 8,25%, dijo que “Cuando dicen que han terminado por el año, no hay que creerles”.

Pero hablando de endeudamiento, no es poco lo que dice Ferreres: “las Lebacs son el 120% de la circulación monetaria… No sabemos qué línea va a tomar el BCRA para absorberlos, no ha dicho cómo”. No lo ha dicho porque no tiene ninguna idea racional al respecto, es una bola de nieve descontrolada.

La palabra de moda es “gradualismo” -es la principal crítica al gobierno- cuando el problema es que va a contramano. Gradualista -fiel a su cultura milenaria- es China, cuyo PIB per cápita llegó a crecer más de 14% anual. Prácticamente todos los analistas hablan de un supuesto crecimiento del PIB argentino, que ahora vienen bajando y de 3,5% ya están 2,7%. Pero ninguno de estos pronósticos tiene asidero racional.

El Indec dice que terminó la recesión al haberse sumado tres trimestres consecutivos con una suba respecto del anterior: 0,1%; 0,7% y 1,1%. Descontado el aumento poblacional, 0,4% trimestral, la progresión del PIB per cápita sería -0,3%; 0,3% y 0,7%. Y veremos cómo sigue. El EMAE desaceleró su crecimiento en abril (0,6% contra 1,5% en marzo) y, por múltiples razones, creo que seguirá cayendo hasta tornarse negativo. De hecho, si observamos la curva del EMAE -indicador fuertemente relacionado con el PIB- la tendencia de la curva media es claramente hacia la baja.

El argumento más “sólido” entre quienes dicen que el país crecerá, es tomar a la construcción -artificialmente apalancada desde el Estado- y aplicar el modelo auto regresivo. Pero esto supondría un crecimiento del Estado -y las empresas amigas- en detrimento del mercado cada vez más acosado y exprimido: así, el de Macri, es el camino “capitalista” al socialismo. De hecho, el empleo privado viene cayendo mientras que el estatal crece. En cualquier caso, por la ley de marginalidad, es imposible el crecimiento genuino si crece la pobreza, el desempleo y el delito.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

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Coherencia y paz (no a los políticos)

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

En su afán de poder, los políticos llegan al punto de que confunden la realidad con su ego y, para justificar esto, lanzan todo tipo de argumentos incoherentes. El famoso “diario de Irigoyen” -las buenas noticias diarias que se creía un presidente argentino mientras el país caía- es un clásico entre los mandatarios de todo el globo. Tomemos, por caso, al presidente Macri que ha convencido a muchos con su discurso “pro mercado” -aunque no a los capitales, que no invierten- mientras fortalece sin tregua al Estado a costa del cada vez más pequeño sector privado.

En un reciente discurso dirigido a personal policial mostró el típico nivel de incoherencia y egocentrismo. Dijo que “hemos decidido en esta etapa de la Argentina enfrentar a la violencia y al narcotráfico”. Insólito. Me pregunto ¿cómo hará para reprimir a los narcos si, al mismo tiempo, quiere terminar con la violencia? ¿los reprimirá con flores? Sucede que estos funcionarios creen que su violencia no es violencia sino “defensa del Estado”. Insólito. “Cada muerte… es un llamado a la paz” finalizó Macri mientras manda a matar a cualquiera que, en su opinión, se “resista a la ley”.

Ya desde Aristóteles, la ciencia metafísica -la que estudia cómo y por qué se mueve el mundo físico- dice que violencia es todo aquello que desvía el curso natural de la vida. Entonces, cuando el Estado decide reprimir a las personas, con la fuerza policial, por el uso de cualquier cosa, está iniciando una violencia que, como dice la metafísica, siempre destruye. Así el egocentrismo de los políticos ha iniciado una “guerra contra las drogas” extremadamente cruel, y dejando un tráfico de drogas muy peligroso en manos de verdaderos capo mafia controlados por policías, jueces y políticos altamente corruptos.

Veamos como destruye la violencia egocéntricamente decidida por el Estado. Según el World Economic Forum el consumo de drogas ilícitas aumentó de 208 millones de personas en 2006 a 246 millones en 2013, en todo el mundo. El cultivo de opio y coca subió 170% entre 2005 y 2013. Demostrando el definitivo fracaso de la atroz “guerra contra las drogas” salvo para políticos, jueces y policías corruptos que se enriquecen notoriamente.

En cambio, en Portugal, desde que fue legalizada en 2001, bajó el consumo y, sobre todo, las muertes relacionadas con las drogas cayeron 80%. En Holanda, donde no se reprimen todas las drogas, “la tasa de criminalidad se reduce cada vez más y, además, tenemos otras técnicas y castigos alternativos que se centran en la reinserción”, explica el gobierno holandés, lo que ha provocado que sus cárceles estén vacías y que las alquilen a otros países.

Llegaron a tener más guardias que presos y eso suponía un gran gasto, mientras en EE.UU. -líder en la criminalización de sus ciudadanos, donde la mitad de los presos están relacionados con drogas- existen cinco presos por cada guardia. Por cierto, las cárceles holandesas tienen canchas de tenis, de baloncesto, baño privado, tv, huerto y heladera.

Noruega es uno de los países que utiliza las cárceles holandesas para evitar el hacinamiento inhumano en sus prisiones, y donde muchos condenados deben esperar a que los llamen para empezar a cumplir sus condenas. Uno de los sistemas es el monitoreo electrónico que se aplica a los presos por delitos menores: pueden permanecer activos, pero localizados, y contribuyendo al crecimiento del país.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

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La mentira del “costo social”

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Cuando un gobierno quiere hacer creer que es “market friendly” con el fin de atraer votos y, eventualmente, algún inversor despistado, utiliza la típica muletilla: “quisiera hacer ajustes, pero, dado el elevado costo social, es mejor postergarlas”. Postergación que, obviamente, nunca llega porque el gobierno está mintiendo.

Porque mantener al Estado grande le permite poner a los amigos a manejar empresas al estilo de YPF, dar empleo a millones de votantes, enormes ganancias a los empresarios amigos y, por cierto, seguir disfrutando de aviones privados, costosísimos viajes y demás. Porque lo cierto es que no existe tal “costo social”. Por el contrario, si las reformas no se realizan es inmediato el empobrecimiento y frustración de la gente.

La primera falacia es la de la desocupación. Naturalmente existe muchísimo trabajo para hacer, solamente el déficit habitacional llega a 12,2 millones de viviendas, y hay que sumar hospitales, escuelas, rutas, etc. No son los capitales -como se cree vulgarmente, como creen los economistas en este país de formación tan pobre- los que producen trabajo: el trabajo está allí, el capital solo aumenta la demanda de mano de obra -no el trabajo- provocando una suba en los salarios siendo el único modo de aumentarlos realmente, nunca por ley.

Las leyes que pretenden aumentar el salario provocan la desocupación porque, por ejemplo, prohíben que trabaje el que ganaría menos que el salario mínimo. O sea que, si el mercado no estuviera interferido por el poder de policía estatal (en base a su monopolio de la violencia, la violencia), el empleo sería naturalmente pleno y podrían despedirse todos los empleados estatales ya que serían inmediatamente absorbidos por el mercado.

La segunda de las grandes falacias es que no podría anularse el “asistencialismo” que realiza el Estado so pena de dejar desamparados a millones. Lo cierto es que este asistencialismo es pagado por el gobierno que recauda por vía impositiva, inflacionaria y endeudándose. En cualquier caso, esta carga fiscal -por la ley de marginalidad- necesariamente es derivada hacia los extremos más pobres: o sea, el gobierno empobrece a los pobres para luego devolverles lo poco que queda tras pasar por una burocracia voraz.

Del 17% de presión tributaria que Argentina tenía hace 30 años, hoy llegaría a 32,6% del PIB. Según el World Economic Forum, los impuestos representan el 137,4% de las ganancias obtenidas por las empresas, o sea que el Estado gana 37,4% más que la misma empresa. Pero a esto hay que sumarle la inflación (lo que emite el Estado para sus gastos) y el endeudamiento que provoca un aumento en la tasa de interés que es pagado por el sector privado. Por caso, al menos el 38% del precio del pan son impuestos directos, a lo que hay que sumarle que la mano de obra y los insumos ya vienen inflados con impuestos. Así, no de otro modo, se llega a que en Argentina existan 5,6 millones de chicos pobres, según Unicef.

Para ver lo ridículo de las intervenciones coactivas -toda violencia destruye- del Estado miremos lo que ocurre con la vivienda. Gracias a los créditos hipotecarios apalancados desde el gobierno, aunque ya estaban caras, en un año las viviendas usadas aumentaron 7% en dólares y 12% las nuevas. Y se ha producido una burbuja: hoy conviene vender la casa propia, poner el dinero a plazo fijo y, con la renta, alquilar una propiedad más cara. Así, para “facilitar” el acceso a la vivienda, por vía impositiva -para financiar este sistema hipotecario- empobrecen a los más pobres y, encima, provocan un aumento artificial en el precio de las propiedades.

Por cierto, corresponde a la astucia política el ver cómo realizar estos ajustes. Por ejemplo, si bien hay que desregular completamente el mercado laboral antes de despedir empleados estatales, es muy probable que los gremios se opongan. Habrá que empezar, entonces, por liberar la actividad sindical, como hizo Reagan en EE.UU. provocando que el poder sindical se diluya en la competencia.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Gradualismo… al socialismo

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Así como alentó el rumor de que se ascendería a emergente, faltando mucho, el gobierno enarbola un crecimiento dudoso. Así nos ve el mundo: las inversiones no llegan -salvo para bicicletear-, allí está la clasificación del MSCI y el riesgo país (EMBI +) está en 434 pb, y sube en tanto, Evo Morales, consiguió 189 y baja. La palabra de moda es “gradualismo” -la principal crítica al gobierno- cuando el problema es que va a contramano. Gradualista -fiel a su cultura milenaria- es China, cuyo PIB per cápita llegó a crecer más de 14% anual.

Veamos el crecimiento según el Indec. El PIB del primer trimestre 2017 habría subido 0,3% interanual. El aumento demográfico anual esta entre 1,3 y 1,8%, de donde el PIB per cápita -el mejoramiento personal- habría caído más de 1%. Dice que terminó la recesión al haberse sumado tres trimestres consecutivos con crecimiento respecto del anterior: 0,1%; 0,7% y 1,1%. Descontado el aumento poblacional, 0,4% trimestral, la progresión del PIB per cápita sería -0,3%; 0,3% y 0,7%.

Y veremos cómo sigue. El Indec, acaba de informar que el EMAE desaceleró su crecimiento en abril (0,6% contra 1,5% en marzo) y, por múltiples razones, contra todos los pronósticos, creo que seguirá cayendo hasta tornarse negativo.

De paso, mientras para el Indec la industria creció 2,7% interanual en mayo después de 15 meses, Ferreres -que esperaba una caída del PIB del 0,3% en el primer trimestre- dice que “en mayo, la industria creció 3,9%… tercer mes consecutivo positivo”. Mientras que para FIEL la industria creció 4,3% en mayo luego de tres caídas consecutivas. ¿Quién acierta?

El mejor argumento entre quienes dicen que el país crecerá, es tomar a la construcción -artificialmente apalancada desde el Estado- y aplicar el modelo auto regresivo. Pero esto supondría un crecimiento del Estado -y las empresas amigas- en detrimento del mercado: así, el de Macri, es el camino “capitalista” al socialismo. De hecho, según el gobierno, en abril el empleo creció solo 0,1%, gracias a 13.000 puestos nuevos en el Estado mientras caen en el sector privado.

En cualquier caso, por la ley de marginalidad, es imposible el crecimiento genuino si crece la pobreza, el desempleo y el delito. Dice la Real Academia que pueblo (Del lat. popŭlus.) es un “Conjunto de personas de un lugar…”, y eso es el mercado: personas normales trabajando y cooperando voluntariamente y atendiendo, primero, las necesidades primarias.

Por el contrario, según el profesor Peter Klein, las grandes firmas avasallantes surgen en mercados interferidos por los gobiernos, porque tienen gran capacidad de lobby y logran leyes que las benefician. Terminemos recordando que destacados profesores de Moral y Teología en la Salamanca del siglo XVI, desarrollaron la teoría del mercado y era un estudio del comportamiento moral (natural) del hombre común y sus relaciones pacíficas y voluntarias en pos del desarrollo social.

 

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Trump, el heredero de Nixon

Por Alejandro A. Tagliavini

 

Cuenta Jan Martínez Ahrens, periodista, que la reedición en español del libro de Carl Bernstein y Bob Woodward (“Todos los hombres del presidente”) sobre el ‘escándalo Watergate’ es un canto al periodismo que sugiere paralelismos, aunque también diferencias, entre el actual presidente y Nixon.

La historia transita por los mismos lugares, aunque Richard Nixon (1913-1994) y Donald Trump comienzan en lugares distintos. Richard, el abogado cuáquero, vivió desde joven en las entrañas de la política. Comenzó como congresista, luego senador, vicepresidente durante ocho años con Dwight Eisenhower, y perdió una contienda presidencial contra John F. Kennedy para luego ganarle otras dos a Hubert Humphrey y George McGovern. La última, ya iniciado el escándalo Watergate.

Trump procede de otro planeta, al punto que algunos lo consideran lunático. Es un adorador de la fama, el dinero y el poder, que jamás había enfrentado unas elecciones. Con Nixon, quedó expuesta toda podredumbre del aparato, que los políticos supieron tapar con el “impeachment” al punto que todavía subsiste, y enoja y por ello Trump -que representa el antisistema- triunfa. La guerra fría acabó, aunque la tremebunda “guerra contra las drogas” iniciada por Nixon es ahora reflotada por Donald, en tanto que el mundo frenéticamente digital de hoy resulta incomprensible en 1972.

Pero Richard y Donald están unidos por un halo, un aurea que difícilmente pase desapercibida. Dice Oliver Stone que “Trump y Nixon se parecen en el odio que le tienen a la prensa”. Pero más que en eso, se parecen en el olor a “impeachment” que sobrevuela Washington, en caso de que el actual presidente enerve excesivamente al establishment.

El aroma nixoniano está presente y Trump tiene una especial capacidad de autodestrucción. En solo cinco meses de mandato, ha conseguido ser uno de los presidentes más impopulares y un rechazo récord en el exterior. Solo el 49% de los extranjeros encuestados por el Centro Pew, tiene una opinión positiva del país cuando en 2015, con Obama, eran el 64%. Y la opinión negativa ha aumentado del 26% al 39%.

En algunos países es fuerte la caída de la opinión positiva: en Alemania del 86% al 11%, en Francia del 84% al 14%, en Reino Unido del 79% al 22% y en España del 75% al 7%. Los encuestados definieron a Trump como: arrogante (75%), intolerante (65%) y peligroso (62%). Pero la mala imagen del presidente no ha teñido la imagen favorable que poseen los extranjeros de los estadounidenses: el 58% tiene una opinión positiva. Turquía, Jordania y Líbano son los únicos países encuestados donde la mayoría de sus ciudadanos expresa una opinión desfavorable.

Ni el vecino Canadá, está contento. Es la primera vez desde que el Pew Research Center le pregunta, a los canadienses, sobre su opinión positiva de EE.UU., que la valoración cae por debajo del 50%. Solo el 43% de los encuestados tiene una percepción favorable.

Entretanto, la economía pareciera desmejorar. El FMI considera que la primera economía del mundo crecerá 2,1% en 2017 y 2018, frente a un estimado del 2,3% y 2,5% presentado a principios de año, y lejos del objetivo del 3% del gobierno. Aunque este organismo estatal internacional no es muy confiable, quizás tenga razón al retractar su informe de principios de año debido a las “significativas incertidumbres” con respecto a acuerdos comerciales, inversiones e inmigrantes.

 

 

 

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