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Alejandro A. Tagliavini

"Hay quienes piensan distinto a mí, incluso yo, al cabo del tiempo, pienso distinto a mí", J.L. Borges

Debunking myths: The World Economic Forum and the IMF

Las relaciones de pareja que nos esperan en la «nueva normalidad»

By Alejandro A. Tagliavini *

                  The “pandemic” killed 255 million jobs, according to the ILO, and would kill another 90 million in 2021, reports Bloomberg lying since, although the virus can end up killing, job losses are due to the prohibitions imposed by governments. Thus, according to an Edelman survey, only 53% of respondents in 22 countries trust traditional media.

                  Oxfam is also lying when it says that “since the outbreak of the virus, the rich are richer and the poor poorer”. It was not the virus but the literal prohibition of the States to circulate and work, and it is outrageous that they are exonerated because, immediately afterwards, more state intervention is required, which will exacerbate the tragedy.

                  Now, as the blame would be on the “pandemic” and not on the governments that, on the contrary, would have avoided worse consequences, the “Great Reset” would be necessary to “adapt” -force, violate- the humanity to the “new reality” of “pandemics”.

                  It is unusual that an organization -although private- whose main source of funding is governments, or associated multinational companies, and which always summons the first line of politicians such as it is the World Economic Forum (WEF), can believe itself to be a “pro market”.

                  Michael Rectenwald says that the man of the “Great Reboot” is Klaus Schwab, the founder of the WEF, who (“Now is the time for a ‘great reset’”) explains that “Each country – read government – must participate … we need a ‘Great reboot’ of capitalism”. And he suggests that changes should be made, to bring about a “new normal”, in terms of the convergence of economic, monetary, technological, medical, genomic, environmental, and military systems, until “questioning what it means to be human.”

                  Always with the supra direction of the State: a digital currency, included in a consolidated centralization of banking, real-time taxes, negative interest rates, the “Fourth Industrial Revolution” or transhumanism, which includes the expansion of genomics, nanotechnology and robotics and its penetration into the human body and brain.

                  Obviously, “the Great Reset” is propaganda that will never materialize simply because it goes against, precisely, normality, human nature, personal freedom. And, regardless of whether the Covid is so serious or not, while the State destroys jobs, private initiative has shown that it can solve any epidemic effectively.

                   Ideologues have always misled into believing that the market is supra organizations, instead of what it really is: ordinary people, such as the neighborhood shoemaker or mechanic, working in peace -with the absence of state coercion or whoever comes from- and in freedom.

                    It is unusual, on the other hand, that a (multi) state bank, an appendage of the State, such as the IMF, is considered a “pro-market” when it usually promotes, for example, the reduction of fiscal deficits, but, to a large extent, to the cost of raising taxes, that is, that the common citizen – the market – finances them.

                    Far from being a “pro-market”, the WEF proposes that the States force a change of the normal citizen, while the IMF finances failed governments that, precisely, because they are unviable, do not get private financing, allowing them to continue instead of reconverting.

* Senior Advisor at The Cedar Portfolio  and Member of the Advisory Council of the Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

Demoliendo mitos: el Foro Económico Mundial y el FMI

Las relaciones de pareja que nos esperan en la «nueva normalidad»

Por Alejandro A. Tagliavini*

                  La “pandemia” acabó con 255 millones de puestos de trabajo, según la OIT, y acabaría con otros 90 millones en 2021, reporta Bloomberg mintiendo ya que, si bien el virus puede terminar matando, las pérdidas de trabajo se deben a las prohibiciones impuestas por los gobiernos. Así, según una encuesta de Edelman, solo el 53% de los encuestados en 22 países confía en los medios tradicionales.

                  Miente también Oxfam cuando dice que, “desde la irrupción del virus, los ricos son más ricos y las pobres más pobres”. No fue el virus sino la literal prohibición de los Estados a circular y trabajar, y es ultrajante que se los exculpe porque, acto seguido, se exige más intervención estatal, lo que agravará la tragedia.

                  Ahora, como la culpa sería de la “pandemia” y no de los Gobiernos que, por el contrario, habrían evitado peores consecuencias, sería necesario el “Gran Reinicio” (The Great Reset) para “adecuar” -forzar, violentar- a la humanidad a la “nueva realidad” de las “pandemias”.

                  Es insólito que una organización -aunque privada- cuya principal fuente de financiación son los gobiernos, o las multinacionales asociadas, y que siempre convoca a la primera línea de los políticos como es el Foro Económico Mundial (FEM), puede creerse “promercado”. 

                  Cuenta Michael Rectenwald, que el hombre del “Gran Reinicio” es Klaus Schwab, el fundador del FEM, que (“Now is the time for a ‘great reset’”) explica que “Cada país -léase gobierno- debe participar… necesitamos un ‘Gran reinicio’ del capitalismo”. Y sugiere que los cambios deberían realizarse, para provocar una “nueva normalidad”, en términos de la convergencia de los sistemas económicos, monetarios, tecnológicos, médicos, genómicos, ambientales y militares, hasta “cuestionar qué significa ser humano”.

                  Siempre con la supra dirección del Estado: una moneda digital, incluida en una centralización consolidada de la banca, impuestos en tiempo real, tasas de interés negativas, la “Cuarta Revolución Industrial” o transhumanismo, que incluye la expansión de la genómica, la nanotecnología y la robótica y su penetración en el cuerpo y cerebro humanos.  

                  Obviamente, “el Gran Reinicio” es propaganda que nunca se materializará sencillamente porque va contra, precisamente, la normalidad, la naturaleza humana, su libertad personal. E, independientemente de si el Covid es tan grave o no, mientras el Estado destruye puestos de trabajo, la iniciativa privada, ha demostrado que puede resolver cualquier epidemia con eficacia.

                   Los ideólogos siempre han engañado haciendo creer que el mercado son supra organizaciones, en lugar de lo que realmente es: las personas comunes, como el zapatero o el mecánico del barrio trabajando en paz -con ausencia de coacción estatal o de quién venga- y en libertad.

                    Es insólito, por otro caso, que un banco (multi) estatal, apéndice del Estado, como es el FMI, sea considerado “promercado” cuando suele promover, por ejemplo, la reducción de los déficits fiscales, pero, en gran parte, a costa de subir impuestos, esto es, que el ciudadano común -el mercado- los financie.

                    Lejos de ser “promercado”, el FEM propone que los Estados fuercen un cambio del ciudadano normal, mientras que el FMI financia a gobiernos fracasados que, precisamente, por ser inviables no consiguen financiación privada, permitiéndoles continuar en lugar reconvertirse.  

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Derribando mitos: el Foro Económico Mundial y el FMI

Por Alejandro A. Tagliavini*

                  La “pandemia Covid-19” acabó con el equivalente a 255 M de puestos de trabajo, según la Organización Internacional del Trabajo, y promete acabar con otros 90 M en 2021, reporta Bloomberg con muy poca precisión ya que, si bien el virus puede infectar a muchos e incluso terminar matándolos, no tiene nada que ver con estas pérdidas de trabajo, sino que son la consecuencia directa de las cuarentenas, de las prohibiciones a circular y trabajar impuestas por los gobiernos.

                  No es casual, según cuenta Michael Every de Rabobank, que la última encuesta global de Edelman muestra que solo el 53% de los encuestados en 22 países confían en los medios tradicionales que cada vez tienen menos ingresos, en buena parte debido a la competencia de Internet. Mientras que Jeff Bezos compró The Washington Post, al que financia y le impone su criterio editorial, The Guardian, que sobrevive gracias a un fideicomiso, reporta que los “líderes de opinión” tienen la oportunidad de escribir el sitio web de Rolling Stone si pagan USD 2.000.

                  Como ejemplo de manipulación de noticias, según Every, véase como, mientras todo el mundo habla de la deuda de EE.UU. y de pasarse de dólares a yuanes, nadie dice que el déficit fiscal chino consolidado fue del 18,2% del PBI en 2020, y la deuda pública aumentada se estima en 92% del PBI y no para de crecer.

                  “El daño causado por la ‘pandemia’ en 2020 no tiene precedentes históricos y es aproximadamente cuatro veces mayor que durante la crisis financiera de 2009, dijo la OIT” continúa el reporte de Bloomberg. Claro que este echarle la culpa a la “pandemia”, dejando de lado la directa responsabilidad de los Estados que, literalmente, prohibieron trabajar, no es casual: la culpa no sería de los gobiernos, sino que, por el contrario, sin estos las cosas habrían sido mucho peores de modo que es hora del “Gran Reinicio” (The Great Reset).

                  Siempre me llamó la atención cómo, un organismo -aunque sea privado- cuya principal fuente de financiación son los gobiernos, o multinacionales asociadas con Estados, y que siempre convoca a la primera línea de los políticos y burócratas como es el caso del Foro Económico Mundial (FEM), podía decirse “promercado”. Y, sin dudas, en todas sus reuniones anuales prevalecieron los llamados a una mayor intervención de los Estados, como siempre, a costa del ciudadano común. 

                   Cuenta Michael Rectenwald, del Instituto Mises, que el hombre del “Gran Reinicio” se llama Klaus Schwab, el fundador del FEM en cuyo sitio web puede encontrarse un artículo de su autoría (“Now is the time for a ‘great reset’”)  donde explica que “Cada país -léase gobierno- desde EE.UU. a China debe participar en la transformación… necesitamos un “Gran reinicio” del capitalismo… Aún más, los gobiernos deberían implementar reformas de largo plazo para promover el igualitarismo”.

                   Aunque Schwab ha estado promoviendo el Gran Reinicio durante años, la crisis del Covid le ha proporcionado un pretexto para relanzarlo con fuerza y sugiere que los cambios se realizarán, o deberían realizarse, de modo de producir una nueva normalidad: en términos de la convergencia de los sistemas económicos, monetarios, tecnológicos, médicos, genómicos, ambientales, militares y de gobierno, grandes transformaciones en cada uno de estos dominios, cambios que, no solo alterarían el mundo, sino que también nos llevarían a “cuestionar qué significa ser humano”.

               Siempre claro, con la supra dirección del Estado: una moneda digital, incluida en una centralización consolidada de la banca y las cuentas bancarias, impuestos inmediatos en tiempo real, tasas de interés negativas y vigilancia y control centralizados sobre el gasto y la deuda, la “Cuarta Revolución Industrial” o transhumanismo, que incluye la expansión de la genómica, la nanotecnología y la robótica y su penetración en el cuerpo y el cerebro humanos.  

               Obviamente, “el Gran Reinicio” no es más que una campaña de propaganda envuelta en un manto de inevitabilidad que, por supuesto, nunca se logrará sencillamente porque va contra, precisamente, la normalidad, la naturaleza humana, para empezar, su libertad personal. Que, independientemente de si el Covid es tan grave o no, mientras el Estado destruye puestos de trabajo, la iniciativa privada, ha demostrado que puede resolver cualquier epidemia con mayor eficacia.

                Los grandes ideólogos siempre han engañado al público debido a sus propios intereses y le han hecho creer que el mercado son supra organizaciones en lugar de lo que realmente es: las personas comunes, como el zapatero o el mecánico del barrio trabajando en paz -con ausencia de coacción estatal o de quién venga- y libertad.

                Es insólito, por otro ejemplo, que un banco (multi) estatal y que, por ende, necesita del Estado grande para financiarse, y nacido de ideólogos keynesianos como es el FMI sea para muchos un organismo “promercado” cuando suele promover, entre otras cosas, la reducción de los déficits fiscales pero, en buena parte, a costa de subir impuestos, esto es, que el ciudadano común -el verdadero mercado- financie las aventuras de los Estados.

                 Y además lo hace de manera demagógica. Su actual jefe, la economista búlgara, siempre insiste en que su intención es que, luego de un tiempo de aplicadas las recetas del FMI bajo su gestión, un país debería reducir los índices de pobreza y no aumentarlos. Algo que no se logró en casi toda la historia del FMI. Pero no importa, lo que importa no es que no se logre, sino que la opinión pública lo crea.

                 Lejos de ser “promercado”, esto es, jugar a favor de la gente común -normal, natural- el FEM propone cambiar al ciudadano común, utilizando la fuerza de los Estados, mientras que el FMI financia a gobiernos fracasados que, precisamente, por ser inviables no consiguen financiación privada, como cuando Lagarde financió al de Macri por nombrar al último, permitiéndoles continuar en lugar de enfrentarse a la realidad y reconvertirse para ser menos ineficientes.  

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

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With Biden, Buffet wins, or only the market levels people

The Best From Ferrari In 2020 | Autowise

Alejandro A. Tagliavini *

                   In Venezuela, which has lost 90% of its GDP in recent years and where the average monthly salary, according to MendozaOnline, is about USD 40, the reopening in Caracas of a dealership of the awfully expensive Ferrari’s cars has caused much outrage since it is obviously aimed at the new rich “revolutionaries” close to the government.

                   But not only in socialist countries are exaggerated fortunes and such great unevenness produced, also in “capitalist” societies there are those who take advantage of the action of the State for their own benefit at the cost of impoverishing the rest.

                   A typical case is that of Warren Buffet, whose image of a good capitalist grandfather hides a “businessman” who has made a large part of his fortune based on government privileges, at the expense of citizens in general. And, to top it all, in a report in the Financial Times, he assured that the gap between rich and poor is a “consequence of the market” so that “the government… has to… modify the market system”.

                   His style of doing business became clear when, for example, years ago he invested millions in a campaign for a referendum, which he won, for the government to uphold the electricity monopoly of his company, NV Energy, against the liberalization that would lower tariffs for the common citizen given the competition.

                   According to TransCanada, the Keystone XL pipeline, which would transfer oil from the Canadian province of Alberta to Nebraska in the US, would be built with the utmost care for the environment. But Joe Biden, as one of his first acts of government, plans to cancel the permit for the $ 9 billion project, which is already under advanced construction. Many claim that Buffet is receiving a repayment for his generous lobbying expenses within Biden’s party, since the oil would continue to be transported quasi-monopolistically by his trains.

                    Right and left, politicians and ideologues in general, sell the idea that socialism levels and capitalism uneven people. Personally, I am not very fond of the word “capitalism”, because it is not very precise. I prefer to refer to the natural market, a “free” market in the sense that its nature is not distorted by artificial, coercive -violent- government police interference.

                    It is the other way around; socialism is more uneven the more coercive – more violent – it is while the natural market tends to level people. The theory is simple, the more a business that some advanced guy has discovered -almost always by chance- yields, if it is not violently impeded, the more people will dedicate themselves to it, tending to level up, to earn more money and increasing competition as possible. That will cause better goods and services to be offered, benefiting the whole of society.

                   On the contrary, the more the government interferes in a coercive, violent way, the more this process is interrupted and then the more unevenness occurs. Thus, socialism – the government’s exaggerated intervention in the market – elevates politicians who take advantage of the state at the expense of citizens. And while wealth is a healthy incentive within the market, exaggerated fortunes – such as Bill Gates’s made based on a monopoly granted by state copyright laws – are not usually a natural product but the result of state privilege.

* Senior Advisor at The Cedar Portfolio  and Member of the Advisory Council of the Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Con Biden gana Buffet, o solo el mercado nivela

The Best From Ferrari In 2020 | Autowise

Por Alejandro A. Tagliavini*

                   En Venezuela, que ha perdido el 90% de su PBI en los últimos años y donde el salario mensual promedio, según MendozaOnline, es de unos 40 dólares, la reapertura en Caracas de un concesionario de los carísimos Ferrari acaba de provocar mucha indignación ya que, obviamente, tiene como destinatarios a  los “revolucionarios” nuevos ricos cercanos al gobierno.

                   Pero no solo en países socialistas se producen exageradas fortunas y desniveles tan grandes, también en sociedades “capitalistas” hay quienes se aprovechan de la acción del Estado para beneficio propio a costa de empobrecer al resto.

                   Un típico caso es el de Warren Buffet, cuya imagen de buen abuelo capitalista esconde un “empresario” que ha hecho gran parte de su fortuna en base a privilegios del gobierno, a costa de la ciudadanía en general. Y, para colmo, en un reportaje del Financial Times, aseguró que la brecha entre ricos y pobres es una “consecuencia del mercado” por lo que “El gobierno… tiene que… modificar el sistema de mercado”.

                   Su estilo de hacer negocios quedó claro cuando, por ejemplo, años atrás invirtió millones en una campaña para un referéndum, que ganó, para que el Gobierno sostenga el monopolio eléctrico de su empresa, NV Energy, contra la liberalización que abarataría las tarifas para el ciudadano común dada la competencia.

                   Según TransCanada, el oleoducto Keystone XL, que trasladaría petróleo de la provincia canadiense de Alberta hasta Nebraska en EE.UU., se construiría cuidando al máximo el medio ambiente. Pero Joe Biden, como uno de sus primeros actos de gobierno, planea cancelar el permiso para el proyecto de USD 9.000 millones, que ya está en avanzada construcción. Muchos aseguran que Buffet está recibiendo un repago por sus generosos gastos en lobby dentro del partido de Biden, ya que el petróleo seguiría siendo cuasi monopólicamente transportado por sus trenes.

                    Derecha e izquierda, políticos e ideólogos en general, venden la idea de que el socialismo nivela y el capitalismo desnivela. Personalmente no soy muy amigo de la palabra “capitalismo”, porque no es muy precisa. Prefiero referirme al mercado natural, mercado “libre” en el sentido de que su naturaleza no es desvirtuada por artificiales, coactivas -violentas- interferencias policiales de los gobiernos.

                    Es al revés, el socialismo más desnivela cuanto más coactivo -más violento- es en tanto que el mercado natural tiende a nivelar. La teoría es simple, cuanto más rinda un negocio que algún adelantado ha descubierto -casi siempre por casualidad- en tanto no se lo impida violentamente más gente se dedicará al mismo, tendiendo a nivelarse hacia arriba, para ganar más dinero y aumentando la competencia lo que provocará que se ofrezcan mejores bienes y servicios beneficiando a toda la sociedad.

                   Por el contrario, cuanto más interfiere el gobierno de manera coactiva, violenta, más se interrumpe este proceso y entonces más desniveles se producen. Así, el socialismo -la intervención exagerada el gobierno en el mercado- encumbra a los políticos que se aprovechan del Estado a costa de los ciudadanos. Y, si bien la riqueza es un sano incentivo dentro del mercado, las exageradas fortunas -como las de Bill Gates hecha en base al monopolio que le otorgan las estatales leyes de “copyright”- no suelen ser un producto natural sino resultado de privilegios estatales.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Cuando la inflación está de moda

Por Alejandro A. Tagliavini*

                     Aunque muchos lo saben, todavía hay quienes se preguntan por qué los mercados, sobre todo las bolsas y en particular Wall Street, han subido tanto en estos últimos meses a pesar de que las economías caen y, con ello, el poder adquisitivo de las personas. Pues la respuesta está en este gráfico, en donde vemos que la emisión global de moneda aumenta cada vez más y las bolsas y los bonos de alto rendimiento crecen casi al mismo ritmo salvo por un notorio quiebre en el 2020, cuando los gobiernos imponen fuertes represiones a los mercados (cuarentenas, confinamientos, etc.) impidiéndoles crecer:

                  Aquí surgen dos preguntas interesantes. Primero, por qué después de ese quiebre de 2020 los mercados financieros suben más rápido que la emisión monetaria. Y la respuesta es que la inflación -que es lo que están sufriendo los mercados- es el exceso de emisión en tiempo real respecto de la demanda de moneda, y la demanda viene cayendo sostenidamente dada la caída de la economía, con lo cual la curva de inflación -que es precisamente la curva de subida de los mercados- crece más rápido que la de emisión.

                   La otra pregunta interesante es por qué, si los principales analistas esperan un aumento del IPC (“inflación”) algo superior al 2% en EE.UU., los mercados se disparan mucho más. Sucede que el aumento del IPC no es la inflación, es solo un relevamiento arbitrario -según quién lo calcule y según qué método- del aumento de precios, y todavía menos representativo es en estos momentos en que, como ya vimos en notas anteriores que advierten muchos analistas, dados los confinamientos, los hábitos de consumo han cambiado sustancialmente (por caso, se usa menos transporte público y mucho más internet) con lo cual los actuales IPC no se corresponden ni siquiera con la realidad, mucho menos con la inflación.

                    En el caso argentino a esto hay que sumarle que hay muchos precios encorsetados por el gobierno. En cambio, un índice más acertado de la inflación -que es la devaluación del peso por sobre oferta- es el precio del blue que es el dólar más libre, menos atado a la política y más a la realidad. Por cierto, no es el tipo de cambio el que trasmite la inflación sino la inversa: la suba del dólar -la depreciación del peso, en rigor- se debe precisamente a la inflación. O sea, es mucho más acertado el índice de inflación interanual que mide el Prof. Steve Hanke (en base al blue y PPA):

              Como se ve, la inflación es más alta que la “oficial” pero, al mismo tiempo, viene cayendo -como consecuencia indirecta de que están financiando un gasto que ha sido altamente licuado- cuando la “oficial” crece. Según el INDEC, en diciembre el IPC tuvo la suba más elevada de toda la serie anual al reflejar un incremento del 4% frente a noviembre, con lo que en todo 2020 subió 36,1%.

              Por cierto, desde el inicio de diciembre hasta ahora el BCRA ha logrado recomprar casi USD 1.000 M, tras dejar 5.400 M en 2020. Esto llevó a que el ratio de reservas netas sobre el total de pasivos remunerados encuentre una leve mejora sobre el margen, que lo asemeja a una situación similar a la salida del cepo en 2016, aseguran desde Invecq. Sin embargo, esto no es relevante para la inflación.

             Con el gasto licuándose fuertemente, la emisión monetaria que habrá en 2021, según Invecq, alcanzaría $ 1,7 B para financiar parte del déficit primario que se ubicaría en torno al 3,5%, debajo del 4,5% presupuestado, lo que llevará a que sigan creciendo los pasivos remunerados, actualmente 78% más elevados que hace un año representando 110% de la base monetaria (cerca de los niveles de fines de 2017), pero corregido según la inflación anualizada calculada por el Porf. Hanke implica que en términos reales han caído. Y en 2021 el avance de los pasivos remunerados se estima en aproximadamente 0,5% del PBI, pero eso es solo un 10% de la base monetaria actual. De modo que si bien esto es inflacionario no es tan grave como suponen muchos analistas.

                   El principal problema es que, irónicamente, porque su fin es “secar al mercado” lo que logra es absorber demanda de moneda que debería ir al consumo y/o la producción y que la gente vuelca en estos bonos aumentando el gap con la emisión, a lo que hay que sumarle la baja en la demanda por la caída de la economía, dada la fuerte represión a los mercados vía presión impositiva y regulaciones asfixiantes. Con todo, la inflación real -medida por el dólar blue- no es tan preocupante, sí el IPC.

                Como señalaba en una nota anterior (“Perspectivas para los mercados en el nuevo año que comienza”) tarde o temprano -y de adivinar estos tiempos dependen las ganancias futuras- IPC, dólar oficial y blue tendrán que equilibrase. Entonces, los precios tienen un recorrido potencial del 70% entre el IPC y la inflación real del dólar blue, lo que se nota en que hoy comprar un teléfono móvil en Argentina es más barato que en su país de origen.

                Probablemente al gobierno le costará más trabajo controlar al IPC, de modo que se dispararía más rápido que el dólar oficial. En tanto que el blue, básicamente, está ligado a la inflación real, esto es, al aumento del exceso de emisión en tiempo real, que probablemente sea el factor más controlado, de momento. El IPC en 2021 probablemente se dispare más de lo estima el gobierno (29%) y probablemente se acerque más a lo que esperan los analistas (más del 50%). Por cierto, el dólar mayorista viene a un ritmo de devaluación del 55% anual.

                Por cierto, así las cosas, con un blue que promete seguir calmo, un plazo fijo minorista tradicional que otorga una renta de 37% anual, por debajo de las expectativas de suba del IPC, no parece buena idea, pero los plazos fijos UVA, que son los que ajustan por el índice de incremento de precios CER, puede resultar un buen negocio.

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

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The gates of hell are getting wider

7 canciones que hablan sobre el infierno y no nos habíamos dado cuenta - VIX

Alejandro A. Tagliavini *

                 In a previous column (“They opened the gates of hell“), I wrote that after George Floyd’s death, there were even worse protests than after the assassination of Martin Luther King in 1968. Crisis that broke out in full frustration given forced – by the state monopoly of violence – quarantines with the excuse of stopping Covid 19 as if nature, in freedom, did not have its own resources.

                 May be one day we will learn that violence only destroys, as science has conclusively established, and that problems of freedom are solved through more freedom or vice versa, problems of violence are aggravated with more violence. Thus, they opened the gates of hell: these quarantines achieved unemployment that then reached 40 million people, many of them alienated and marginalized, a breeding ground for crime.

             Now some Trump supporters have entered the Capitol, four people have died and there have been arrests. Meanwhile, according to some media, the assault was planned on social networks as concern grows that the far-right forums would be planning actions that would culminate in the “March of the Million Militia” on January 20, the day of Biden’s inauguration. The FBI, the Pentagon and Twitter would be warning it.

              Some say it was not Trump supporters who were responsible for the violence, but outside provocateurs. But what matters is not who was, but rather that a social tension has been created – from state violence – that encourages these revolts.

             One of those who entered the Capitol said that “they all betrayed us, representatives, senators, governors, what are we supposed to do? no politician listens to us ”. Another argued that Trump is not the cause but a consequence, since politicians “have abused state agencies that are totally corrupt and now they have invented that you cannot vote in person, although you can go to the supermarket.” Even if they are wrong, frustration is obvious, especially among those who have lost their jobs and have no future.

              Julio Shiling wrote that democracy is “a political arrangement of popular self-government … Power is divided, decentralized and made to compete cordially to protect freedom.” But, with the excuse of the “pandemic”, politicians, and bureaucrats for whom citizens are a paper -or digital- record, erected an authoritarian system -as if free citizens, who risk their own lives, were not responsible- ignoring the will of the people, imposing strong restrictions on freedom, ruining the lives of millions.

                Furthermore, says Schilling, many “media abandoned one of their primary responsibilities as advocates of the truth in a free society: objective investigative journalism. What we are witnessing are ideologically driven operatives that serve interests. “

               And social networks have excessive power, but precisely because the State coercively guarantees them, among other things, a quasi-monopoly based on “intellectual property” laws. So it is not solved by imposing more state regulations – more police power, which would be inconsistent – to brake the Big Techs, but on the contrary, the state must stop guaranteeing these monopolies so that people can express themselves freely.

* Senior Advisor at The Cedar Portfolio  and Member of the Advisory Council of the Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Las puertas del infierno son cada vez más anchas

7 canciones que hablan sobre el infierno y no nos habíamos dado cuenta - VIX

Por Alejandro A. Tagliavini*

                 En una columna anterior (“Abrieron las puertas del infierno”), decía que, tras la muerte de George Floyd, se produjeron unas protestas incluso más extensas e intensas que tras el asesinato de Martin Luther King, en 1968. Crisis que se desató en plena frustración dadas las cuarentenas forzadas -por el monopolio estatal de la violencia- con la excusa de frenar al Covid 19.

             Alguna vez aprenderemos que la violencia solo destruye, como lo ha establecido la ciencia de manera concluyente, y que los problemas de la libertad se solucionan con más libertad o la inversa, los problemas de violencia se agravan con más violencia. Así, abrieron las puertas del infierno: estas cuarentenas lograron un desempleo que entonces ya alcanzaba a 40 millones de personas, muchos de ellos alienados y marginados, excelente caldo de cultivo para el delito.

             Ahora, unos simpatizantes de Trump ingresaron al Capitolio, cuatro personas murieron y más de 50 fueron detenidas. Entretanto, según algunos medios, se multiplica la evidencia de que el asalto se planeó en las redes sociales, mientras crece la preocupación porque los foros de ultraderecha estarían planeando acciones que culminarían en la “Marcha del Millón de Milicias” el 20 de enero, día de la investidura de Biden. El FBI, el Pentágono y Twitter lo estarían advirtiendo.

              Algunos dicen que no fueron partidarios de Trump los responsables de la violencia, sino provocadores externos. Pero lo que importa no es quién fue, sino que se ha creado una tensión social -a partir de la violencia estatal- que alienta estas revueltas.

             Uno de los que entraron al Capitolio decía que “todos nos traicionaron, representantes, senadores, gobernadores ¿que se supone que debemos hacer? ningún político nos escucha”. Otro argumentaba que Trump no es la causa sino una consecuencia ya que los políticos “han abusado de los organismos del Estado que están totalmente corruptos y ahora inventaron que no se podía votar en persona, aunque sí ir al supermercado”. Aun sin razón, es obvia la frustración sobre todo quienes se han quedado sin empleo y sin futuro.

             Escribió Julio Shiling que la democracia es “un arreglo político de autogobierno popular… El poder se divide, se descentraliza y se hace competir cordialmente para proteger la libertad”. Pero, con la excusa de la “pandemia”, políticos y burócratas para quienes los ciudadanos son un expediente de papel, o digital, han establecido un sistema autoritario -como si los ciudadanos libres, que se juegan su propia vida, no fueran responsables- desconociendo la voluntad de las personas, imponiendo fuertes restricciones a la libertad, arruinando la vida de millones.  

              Además, dice Schilling, muchos “medios de comunicación han abandonado una de sus principales responsabilidades como defensores de la verdad en una sociedad libre: el periodismo de investigación objetivo. Lo que presenciamos son operativos impulsados ​​ideológicamente que sirven a intereses”.

             Y las redes sociales tienen un poder excesivo, pero, precisamente, porque el Estado coactivamente les garantiza, entre otras cosas, un cuasi monopolio a partir de las leyes de “propiedad intelectual”. De modo que el tema no se soluciona imponiendo más regulaciones estatales -más poder de policía, lo que resultaría incoherente- sino todo lo contrario, retirando al Estado de modo que deje de garantizar estos monopolios y la gente pueda expresarse en libertad.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Ni la soja nos salva

Por Alejandro A. Tagliavini*

             Desde que el 21 de octubre escribí sobre el grano estrella de Argentina (“Apostando entre la soja y el -ciber- oro”) su valor subió un 28% superando hoy los USD 500/tn. Y acumula un aumento, desde los mínimos en el peor momento de la cuarentena cuando cayó casi hasta los USD 300/tn, del 70%. Entretanto, el maíz subió de USD 130/tn a 195 (50% de aumento) y el trigo registra un alza desde los USD 180/tn hasta los 230 (casi 30% arriba).

                  Y todo gracias al crecimiento de China -el principal consumidor global- y al “dinero helicóptero” y la consiguiente la emisión récord de dólares. En este gráfico de Aardvark -con el dólar ajustado por su valuación internacional- puede verse como el crecimiento del M2 se ha descontrolado:

                  Y semejante emisión ha ayudado a una devaluación del dólar -inflación- o sea, una suba de los precios internacionales y, una vez más, la estrella del mercado de Chicago es la soja. Este gráfico muestra claramente que los precios de los commodities se mueven inversamente al índice dólar DXY.

                 Subida promete seguir habida cuenta del crecimiento de China y la descontrolada emisión en los EE.UU. Biden anunciará este jueves, 14 de enero, su plan de estímulo que incluiría hasta el aumento de los pagos directos, desde USD 600 hasta 2.000, a ciudadanos con ingresos anuales inferiores a USD 100.000. Es decir, literalmente, regalar dinero. Creo que ni Keynes aprobaría semejantes “estímulos”.

                   Aunque para muchos analistas, finalmente, la aprobación de este paquete sobre todo en el Senado, va a resultar difícil y, a la inversa, a falta de “estímulos” los mercados podrían caer, aunque no tanto los granos en particular ya que están más ligados al consumo que a los vaivenes del dólar.

                    Así las cosas, con los mercados flojos, la soja parece una alternativa interesante para lo que hay cuántas variantes. Para decirlo rápidamente, desde fondos de inversión que tienen la ventaja de ser muy líquidos, futuros de granos a través de una cuenta Rofex y, también, se puede invertir en fondos específicosde estos commodities como ETFs que cotizan en EE.UU. O, indirectamente, a través de Cedears de una empresa con relevancia en el sector o de compañías locales como Morixe o Cresud. Y, finalmente, invertir en empresas proveedoras de insumos para el campo como maquinarias agrícolas.

                    En fin, sea como sea, el gobierno argentino comete dos errores garrafales -y elementales- que van a provocar el efecto contrario al deseado. En primer lugar, la arcaica mentalidad mercantilista le hace creer que un país es rico en la medida en que exporte, en volumen, más bienes tangibles de los que importa. Si esto fuera cierto Japón debería ser pobrísimo. Lo que enriquece a un país es el valor agregado en términos de creatividad, tecnología, ciencia, etc. Así, los nipones son ricos porque importan enormes cantidades de materia prima e, incluso, tecnología a precios muy competitivos, les agregan muchísimo valor creativo y los venden masivamente gracias a lo competitivo de su relación calidad precio.

                     En Argentina, en cambio, hasta a las materias primas se les complica la exportación. En primer lugar, con el actual esquema cambiario, con una brecha que oscila entre el 90% y el 100% entre la cotización oficial al que se liquidan las exportaciones y el precio al que puede conseguirse la divisa libremente, desincentiva a cualquier productor y se agrava para el caso de los productores agrícolas, y especialmente de soja, ya que con retenciones del 33% el precio en dólares en el mercado argentino se reduce por debajo de los USD 350 que se liquidan a precio oficial. Es decir, que la brecha cambiaria general de la economía argentina se incrementa hasta el orden del 180% para el caso del negocio sojero, que “cobra” a un dólar de 56 pesos neto de retenciones.

                    Y, para colmo de desincentivos, se implementan medidas inamistosas como la suspensión de exportaciones de maíz. Lo que provocará una mayor cantidad de hectáreas destinadas al cultivo de soja en detrimento del área destinada al cultivo del maíz. Entre 2014 y 2019, por caso, debido al “castigo” a los sojeros, las hectáreas sembradas con soja cayeron desde 20 M a poco más de 17 M.

                    Claramente se ataca a la actividad exportadora, pero, en lugar de dejar de reprimir al mercado de modo que pueda expandirse, el gobierno opta por reprimir aún más. Es el síndrome del suicida. Como era de esperarse, el impuesto interno del 17% que se impuso antes de fin de año para los productos finales importados solo empeoró las cosas. Y ahora agravan la situación ya que directamente se optó por prohibirlos. Ya no se podrán importar lavavajillas, ni heladeras, freezer, hornos eléctricos, microondas o celulares y computadoras de alta gama.

                    En lugar de terminar con el cepo cambiario y liberar el precio del dólar de modo de incentivar la exportación y desincentivar la importación, el gobierno, ante el obvio fracaso no atina sino a empeorarlo, a cerrar la economía todavía más. Con lo que, irónicamente, está logrando que las reservas del BCRA caigan más rápido porque cada vez menos exportan y más tratan de importar.

                        El cierre de la economía va acompañado, además, con la intención de controlar cada vez más a los precios. El objetivo para 2021 es alinear salarios, jubilados e inflación en torno al 30% para hacer creíble al Presupuesto con la fuerza policial. 

                        El segundo grave error es confundir inflación con aumento del IPC y, entonces, creen que pisando los pecios controlan la depreciación del peso o, a la inversa, creen que pisando el precio del dólar controlan la inflación. Pero pisando los precios consiguen menor producción, ergo, menor demanda de pesos, o sea más inflación que es el exceso entre emisión y demanda. Y pisando al dólar lo que logran es disminuir, otra vez, la producción nacional que se traduce directamente en la caída de la recaudación impositiva. Así a la caída en la demanda de pesos, se suma un potencial aumento en la emisión dada la caída en la recaudación para solventar gastos.

                        Y así se va formando un gobierno, más allá de las intenciones, de hecho, cada vez más autoritario, con más controles y prohibiciones.

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

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