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Alejandro A. Tagliavini

El columnista basado en Argentina más publicado en el mundo

No es gradualismo, es sentido contrario

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Así como alentó el rumor de que se ascendería a emergente, cuando falta mucho, el gobierno enarbola un crecimiento que, al menos, es dudoso. Así nos ve el mundo: las inversiones no llegan -salvo para la bicicleta financiera-, allí está la clasificación del MSCI y el riesgo país (EMBI +) está en 427 pb, y sube, mientras que Evo Morales consiguió 189 y baja.

La palabra de moda es “gradualismo”, y expresa la principal crítica al gobierno, cuando el problema es que va en sentido contrario. Gradualista -fiel a su filosofía milenaria- es China, cuyo PIB per cápita llegó a crecer más de 14% anual. Pero, obviando que el PIB mide, básicamente, el consumo y no los recursos de producción, veamos el “crecimiento” que, al estilo Durán Barba, anunció el Indec.

El PIB del primer trimestre 2017 habría subido 0,3% interanual. El aumento demográfico anual esta entre 1,3 y 1,8%, de donde el PIB per cápita -que es el real porque expresa el crecimiento personal- habría caído más de 1%. Dice que terminó la recesión porque se habrían sumado tres trimestres consecutivos con crecimiento respecto del anterior: 0,1% (casi cero); 0,7% y 1,1%. Descontado el crecimiento poblacional, 0,4% trimestral, la progresión del PIB per cápita sería -0,3%; 0,3% y 0,7%.

Por cierto, mientras para el Indec la industria no despega, Ferreres -sorprendido porque esperaba una caída del PIB del 0,3%- asegura que “en mayo, la industria creció 3,9% interanual… tercer mes consecutivo en terreno positivo”. ¿Quién acierta?

Y veremos cómo sigue el año, por múltiples razones, creo que será negativo. Quizás el mejor argumento entre quienes creen que el PIB crecerá en 2017, sea el de considerar a la construcción -artificialmente apalancada desde el Estado- y aplicar el modelo auto regresivo. Pero esto supondría un crecimiento del Estado -y sus empresas “amigas”- en detrimento del mercado tanto que podría decirse que, el de Macri, es el camino “capitalista” al socialismo.

En cualquier caso, por la ley de marginalidad, no es posible el crecimiento genuino -sin dibujos ni propaganda- si crece la pobreza y el desempleo (y el delito). Dice la Real Academia que pueblo (Del lat. popŭlus.), entre otras acepciones, se refiere a un “Conjunto de personas de un lugar…”, pues eso es el mercado: personas comunes trabajando y cooperando voluntariamente y atendiendo, primero, las necesidades primarias.

Por el contrario, el profesor Peter Klein asegura que las grandes firmas avasallantes surgen solo cuando el mercado está interferido por el gobierno, porque tienen gran capacidad de lobby y logran la promulgación de leyes que las benefician. Para terminar, recordemos que destacados eclesiásticos, profesores de Moral y Teología en Salamanca durante el siglo XVI, desarrollaron la teoría del mercado: era un estudio del comportamiento moral (natural) del hombre común y sus relaciones pacíficas y voluntarias en pos del desarrollo social.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Argentina, ¿“mercado emergente”?

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Finalmente sabremos este martes 20 de junio si el MSCI (Morgan Stanley Capital Int.) re categoriza a la Argentina como “mercado emergente” aunque la entrada efectiva, de las acciones que clasifiquen como parte del índice, será en 2018. Los requisitos que se tendrán en cuenta para el ascenso son el desarrollo económico, el tamaño del mercado y su liquidez, y el grado de accesibilidad. Así, en mi opinión, no se justifica un cambio ya que lo único que ha mejorado es la accesibilidad.

Lo cierto es que, a pesar de la gran muñeca del gobierno para crear expectativas, la economía no reacciona y pinta un 2017 y un futuro deprimente en tanto Macri no vire su ideología 180 grados hacia una economía de mercado. Según los últimos datos, el consumo sigue en baja (-3.6% en el día del padre), la producción industrial también (-2.1% en el primer cuatrimestre) y la producción petrolera (-15% en abril) que no es poco, dadas las expectativas por Vaca Muerta.

Solo crece el campo, pero poco y no alcanza, y la construcción artificialmente apalancada por el gobierno y, todo lo artificial, contra la naturaleza del mercado, tiene patas cortas. Mientras que el endeudamiento superaría, hacia fin de año, los U$S 200.000 millones, duplicando lo heredado. Así, el riesgo país (EMBI+) de Argentina llega a 407 pb., y sube, (Perú 134, Colombia 199, México 195) mientras que el de Bolivia ronda los 189 y baja. Se diría que, irónicamente, resultó más populista el “capitalismo” de Estado de Macri que el Estado “plurinacional” de Evo.

Claramente la economía no ha venido cayendo por un “ajuste necesario” ni por herencia sino por la continuidad de malas políticas. Básicamente, por la excesiva regulación -coacción sobre el mercado- y la “presión fiscal total” (impuestos, emisión monetaria y endeudamiento) que son recursos, del mercado eficiente, coactivamente desviados por la burocracia estatal.

El gobierno se dice empeñado en bajar el gasto. Suponiendo que sea cierto -hasta ahora ha hecho lo contrario- el problema es que la reducción lenta llega tarde. Efectivamente, lo que importa no es realmente el gasto -que eventualmente podría financiarse con privatizaciones- sino la exacción al mercado en relación al PIB, pero si el PIB disminuye como ahora, el descenso de la exacción debe ser mayor para resultar positivo.

Hay que desenmascarar, por cierto, el supuesto “efecto redistributivo” de la presión fiscal, porque esa carga termina siendo pagada por los más pobres ya que, desde arriba, necesariamente se traslada hacia abajo, por ejemplo, subiendo precios. Así, lo que recauda el Estado coactivamente resulta ser la principal causa de pobreza.

En cualquier caso, ¿vale la pena el ascenso a emergente? Según JP Morgan serían US$ 1.370 millones los que se volcarían a acciones argentinas, principalmente por la vía de los ADR. Poco comparado con lo que, según Dujovne, debería crecer la inversión: US$ 8.000, cada año.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Muy buena conferencia de uno de los mejores economistas del mundo (NO a la violencia!)

Jesús Huerta de Soto – Anarquía, Dios y el Papa Francisco

Plaza “Héroes de la patineta”

Por Alejandro A. Tagliavini

 

La doble victoria de Macron, frente al xenófobo Frente Nacional (FN), es un rechazo a las extremas derechas, particularmente a su desprecio por las personas. En Gran Bretaña, el eurófobo UKIP casi desaparece cuando la primera ministra Theresa May llamó a elecciones que ganó, quedando debilitada al punto que el ascenso de la izquierda la obligará prestar más atención a las expectativas de la gente.

Entretanto, ¿es el fin del dominio angloparlante?, se pregunta Nick Bryant en una columna de la BBC. Es que, en mi opinión, desde que el “orden anglosajón” ha ido alejándose de su tradicional “economía de mercado” -de las personas- su potencial se ha ido debilitando. “…siempre ha existido la presunción de que el liderazgo global se expresa y ejerce mejor en inglés… La OTAN, el FMI, el Banco Mundial… surgieron de la Carta del Atlántico, firmada por Roosevelt y Churchill en 1941” escribe en la BBC.

Pero este “orden anglosajón” se ve cada vez más tambaleante. Entre el Brexit, el tuit de Donald Trump contra el alcalde de Londres, y Angela Merkel asegurando que Europa “ya no puede confiar tanto” en EE.UU. y Reino Unido, a “Estas naciones angloparlantes… el resto del mundo ya no les presta tanta atención… Un nuevo orden mundial parece estar emergiendo, y se está articulando en otros idiomas”, asegura Bryant.

Entretanto, el español Ignacio Echeverría fue asesinado al intentar frenar con su patineta a los terroristas de Borough Market. “Nunca usaba la palabra héroe… ahora la usaré cada vez que me refiera a él”, dijo un amigo. Y es que los héroes de verdad, de los que andan desarmados luchando por la vida, suelen ser desconocidos. Ojalá que, como dicen, lleve su nombre alguna plaza, donde haya brotes verdes y jueguen niños, y si hay patinetas mejor. Plaza “Héroe de la patineta”, qué bonito ¿verdad? Para que, a los niños, entre risa y risa, al enterarse de su historia se les caiga también una lágrima.

Pero de estos héroes “comunes” hay muchos, ahora mismo recuerdo a Vicki Soto que murió protegiendo a sus alumnos de la Sandy Hook Elementary School de una balacera protagonizada por un desequilibrado. Aunque no deberíamos esperar muertes dramáticas para reconocer que es muy dura la vida diaria para muchos y, sin embargo, pelean pacíficamente, heroicamente, todos los días para sacar adelante a sus familias y amigos.

Estas personas están en el pueblo, en el mercado. Dice la Real Academia española que pueblo (Del lat. popŭlus.), entre otras acepciones, se refiere a un “Conjunto de personas de un lugar, región o país”, pues eso es el mercado: personas comunes trabajando y cooperando voluntariamente. Son los políticos, y otros dirigentes, los que han ensuciado a la palabra mercado, para justificar su imposición sobre el pueblo, y han hecho creer que son empresas gigantes que dominan la economía.

El profesor Peter Klein asegura que las grandes firmas avasallantes surgen en los mercados solo cuando están interferidos por los gobiernos, porque tienen gran capacidad de cabildeo y logran la promulgación de leyes que las benefician. Mientras que, destacados jesuitas y dominicos, profesores de Moral y Teología en Salamanca durante el siglo XVI, desarrollaron la teoría del mercado, según asegura el premio Nobel Frederick Hayek, entre muchos. Y era un estudio del comportamiento moral (natural) del hombre común y sus relaciones pacíficas y voluntarias en pos de la cooperación para el desarrollo social.

 

 

 

 

 

@alextagliavini

 

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La bicicleta se quedó sin frenos

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

A pesar del gobierno, el mercado sigue apostando a la “bicicleta”, que organiza el BCRA -a expensas de los ciudadanos que lo pagan por vía inflacionaria- y que los extranjeros no quieren desaprovechar: desde mayo de 2016 hasta abril de este año, ingresaron fondos del exterior para inversiones de cartera en pesos por más de US$ 22.000 millones.

Siendo estas las mayores “inversiones” extranjeras: traen dólares, los cambian a pesos y compran Lebac -que rinde tasas altísimas- que luego venden y cambian llevándose -sin producir nada- más dólares. Increíble, pero real, que se regale al exterior dinero de esa manera.

Y esto a pesar de que, en mayo, esta bicicleta produjo pérdidas ya que el dólar se disparó, entre que los inversores vendieron y compraron. La escalada, desde los $15,25 hasta los máximos históricos, supuso más de 6% de aumento en días. Pero por el momento -hacia fin de año otra será la historia- la zona de $16 parece funcionar como nivel de equilibrio para el dólar, en buena parte, irónicamente, por la entada de divisas para comprar Lebac en un círculo altamente vicioso.

Las acciones no parecen una buena alternativa porque, en lo que va del año, el Merval acumula una ganancia de 32% en pesos y 31% en dólares. De continuar con este ritmo, el índice cerraría el año con una suba en torno al 90% lo que me parece impensable. Desde la crisis del 2008, el Merval superó dos veces el 80% anual de rendimiento, en el 2009 (+115%) con el rebote post-crisis, y en el 2013 (+81%) por que se perfilaba el fin de la era K, pero ahora no se ven tan buenas noticias en el futuro.

La suba de las acciones, este año, en buena parte se debe a que el 20 de junio Argentina podría ser re categorizada como Mercado Emergente por el MSCI gracias a lo que mejor sabe hacer el gobierno: crear expectativas de normalización del país y crecimiento. Pero aun suponiendo que esta re categorización se dé, muy probablemente luego venga -como ocurrió en otros mercados- un ajuste a la realidad y los índices bursátiles se corrijan hacia la baja.

Entonces, la bicicleta seguirá siendo una buena “inversión” ya que, visto la ganancia que produjo en 2016 que superó el 33% en moneda dura, el dólar por ahora esta aquietado y la tasa de Lebac difícilmente baje del 25% a pesar de la presión política del oficialismo y las intenciones del BCRA.

Sucede que el total de Lebac y pases ya supera los $900.000 millones, y se calcula que terminará el año cerca de los $1,4 billones. Para colmo de males el 85% de esa bola de nieve tiene un horizonte de solo sesenta días de plazo. Así, el BCRA o aumenta la emisión – ¡aún más! – o tiene que hacer un roll-over, o sea, ir “pedaleando” las cancelaciones para lo que, ante semejante nivel de oferta, difícilmente pueda bajar la tasa -aun cuando la inflación descienda- porque se le complicaría conseguir la suficiente cantidad de compradores para esa masa de títulos.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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La peor y la mejor de Trump

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Será esta una columna políticamente muy incorrecta, ya verá. Primero, quizás lo peor de Trump ha sido su apoyo a Arabia Saudita. La crisis con Qatar destapó algo que ya se conocía: que Washington es socio de los ideólogos y financistas de los terroristas islámicos y que, tanto los yihadistas como la tiranía saudí, usan armas occidentales. Entretanto, va quedando claro que jóvenes muy frustrados y marginados por las políticas económicas -el “estado de bienestar”- se convierten al islamismo como excusa para suicidarse acompañados.

Pero una buena ha hecho Trump: retirar a EE.UU. del acuerdo de París. Hay tres teorías sobre el tema. Una, que el cambio climático no existe. Otra -la que parece más sensata- que existe, pero que es más bien una evolución lenta y natural del cosmos. Y la plasmada en los acuerdos de París, que asegura que el cambio climático es dramático y culpa del hombre. No tengo certeza de cuál teoría y hasta qué punto es real, pero me parece muy soberbio creer que el hombre -tan insignificante en el cosmos, casi una hormiguita- pueda estar ocasionando tanto daño.

Me recuerda a la soberbia de tantos científicos que ya han pronosticado grandes catástrofes, que la naturaleza ha desmentido. Como los que hace cuarenta años dijeron que ya no tendríamos más petróleo. En 1850, el 65% de la población de EE.UU. era agricultora. Avanzaba la industrialización y muchos decían que, si continuaba el éxodo de los obreros del campo hacia la ciudad, caería la producción de alimentos a la vez que aumentaría la población produciéndose una hambruna, como la “profetizada” por Malthus.

Hoy, solo el 3% de su población trabaja la tierra, pero gracias al desarrollo tecnológico, la cantidad de alimentos aumento al punto de convertir a EE.UU. en uno de los mayores exportadores mundiales. Me parece que, del mismo modo, los malos augurios sobre el cambio climático fallarán, porque la naturaleza es infinitamente más sabia, y más fuerte, que el hombre. De hecho, gracias al desarrollo tecnológico generado naturalmente en el mercado por el sector privado -y no a las falsas imposiciones de los gobiernos- viene cayendo la contaminación ambiental.

Lo primero que surge es que, aun cuando se tuviera certeza absoluta de una teoría -lo que solo se da en soberbios- no es moralmente lícito imponer coactivamente nada a nadie aun cuando esta coacción se hiciera en favor de un supuesto bien superior porque, como señalaba Juan Pablo II en su Encíclica Veritatis Splendor, ” las teorías ‘teleológicas’, ‘consecuencialistas’ y ‘proporcionalistas’ que niegan la existencia de normas morales… válidas sin excepción” son inaceptables.

Pero lo peor es que estas cumbres les sirven solo a los burócratas estatales que cobran jugosos sueldos y a los eternos recibidores de subsidios para encarar costosísimos “programas” y “estudios”, todo a costa del empobrecido contribuyente. Porque, en casi todos los 147 países que ratificaron el acuerdo de París, más del 90% de las organizaciones contaminadoras son estatales, como las empresas petroleras, carboneras, etc. De modo que, si realmente estos gobiernos estuvieran preocupados por el medio ambiente, les bastaría con cerrar sus empresas. Para colmo de ironías, como asegura el especialista Jorge E. Amador, las organizaciones que más contaminan son las fuerzas armadas en general, precisamente, las que se supone usaran los gobiernos para forzar “leyes contra el cambio climático”.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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¿Argentina, “mercado emergente”?

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Pareciera que el MSCI (Morgan Stanley Capital Int.) podría re categorizar a la Argentina el próximo 20 junio a “mercado emergente” aunque la entrada efectiva, de las acciones que clasifiquen como parte del índice, será en 2018. Si se da, será inmerecido y daría lugar a lo que ocurrió en Qatar y Emiratos Árabes, por casos, que ingresaron a este índice en 2014, y sus mercados bursátiles se elevaron casi 70% y 100%, respectivamente, pero luego la realidad se impuso y cayeron más de 35%.

Por otro lado, ¿vale la pena el ascenso? Según JP Morgan serían US$ 1.370 millones los que se volcarían a acciones argentinas. Muy poco comparado con la mayor moratoria de la historia mundial -U$S 100.000 millones- decretada por el gobierno argentino en 2001, mientras que, desde que gobierna Macri, el endeudamiento subió en U$S 77.000 millones y se espera que al fin del 2017 la suba supere a la deuda defaulteada, lo que se sumará a los U$S 101.870 millones heredados de los K.

Según Morgan Stanley, los requisitos básicos para ascender son el desarrollo económico, el tamaño del mercado y su liquidez, y el grado de accesibilidad. Así, en mi opinión, no se justifica el ascenso. S&P, por su lado, llevó la calificación de Argentina desde un “B-” a un “B” quedando todavía a cinco escalones del “Investment Grade”.

La economía no reacciona y a esta altura está muy claro que no ha venido cayendo por un “ajuste necesario” sino por la continuidad de malas políticas. Básicamente, por la excesiva regulación -el exceso de coacción sobre el mercado- y la presión fiscal que significa recursos del mercado eficiente coactivamente desviados por la burocracia estatal.

Según el gobierno, la presión tributaria sería del 32% del PIB. No me cierra que sea menor que el 34,4% de los países de la OCDE, pero supongamos que es cierto. El gobierno absorbe, además, recursos por vía inflacionaria y endeudamiento, lo que da una exacción al mercado muy superior.

El oficialismo pone de ejemplo el IVA que es del 21% y recauda el 7,2% del PIB cuando en Nueva Zelanda es del 15% y recauda 10% del PIB. Queriendo decir que es buena idea aumentar la base imponible -evitando la evasión- porque así puede bajarse la alícuota sin bajar la “presión fiscal total” (impuestos, inflación y endeudamiento) sobre el PIB que es lo que realmente destruye. O sea que no tiene intenciones de corregir el rumbo negativo.

La curva de Laffer introdujo una discusión importante: más baja es la presión fiscal, más crece el PIB y, así, más recauda el gobierno aun cuando las alícuotas sean más bajas lo que, en un círculo virtuoso, provoca que disminuya la evasión. Hay que desenmascarar, además, el supuesto “efecto redistributivo” de la “presión fiscal” porque toda esa carga termina siendo pagada por los más pobres ya que, desde arriba, necesariamente se traslada hacia abajo, por ejemplo, subiendo precios. Así, la carga fiscal es la principal causa de pobreza.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Excelente documento contra el “yihadismo”

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Un video de la multinacional kuwaití de telefonía móvil Zain Telecom hace furor en Ramadán. Es el mejor documento que he visto -antiyihadista- rechazando el terrorismo y promoviendo la tolerancia, superando los tres millones de visitas desde que se difundiera en las redes sociales. Es sintomático el que haya sido realizado por una empresa privada musulmana. Deja claro que la violencia no es una cuestión de religiones como la mahometana, ni de culturas como la árabe, sino sociológica. Y no es casual que surja del ámbito privado.

A ver. El Estado moderno es el monopolio de la violencia con el que impone leyes y “ordena” a la sociedad, de otro modo no podría subsistir desde que no recaudaría impuestos. El Estado siempre -aunque sea subrepticia o inconscientemente- justificará a la violencia porque gracias a ella subsiste, de hecho, es quién crea las guerras, no los pueblos que las sufren.

Por el contrario, más allá de excepciones, el principio de la actividad privada -el mercado- es la cooperación pacífica: nadie impone impuestos por cosas que poco o nada interesan a los que pagan, sino que las personas acuerdan voluntariamente transferir bienes y servicios a cambio de dinero. En consecuencia, el mercado necesita de un ámbito de paz para desarrollarse.

En las imágenes se ve a un hombre fabricando un cinturón explosivo y una voz infantil le dice que le contará a Dios que los terroristas han llenado los cementerios de niños. El potencial suicida sube a un autobús y se encuentra con víctimas de atentados terroristas que le plantan cara. Entre los pasajeros aparece Omran, alcanzado por el terrorismo de El Asad, cuya imagen cubierto de polvo tras un atentado lo convirtió en símbolo de los niños víctimas de la guerra.

Poco a poco, entre imágenes de atentados en Bagdad, Kuwait, o Ammán, fieles que salen de una mezquita se unen al grupo que va creciendo a medida que avanza por la calle. El “Alá-u-akbar” (Dios es el más grande) con el que desafían al terrorista toma un ritmo pop cuando el cantante Hussain al Jassmi se pone a la cabeza. “Alaba a Dios con amor no con terror”, corea la multitud. “Haz frente a tu enemigo con paz, no con guerra”, prosiguen hasta que el terrorista cae al suelo avergonzado.

¿Es muy idealista? La ciencia dice que los métodos eficientes de defensa son los pacíficos. La idea de que la violencia -defensiva- puede detener a la violencia es arcaica, propia de nuestra naturaleza animal sin tamizarla por ningún racionamiento. Más allá de lo que prueba la historia -por caso, desde que comenzó la “guerra contra el terrorismo” aumentaron atentados y crueldad-  sabemos que resulta contradictorio que la violencia pueda “poner orden”, como ya lo señalaron los griegos.

Tomás de Aquino, copiando a Aristóteles, señala que la violencia se opone al ordenamiento -natural- del cosmos ya que procede de un principio extrínseco que pretende, precisamente, desviar el desarrollo natural, espontáneo, de las cosas. Otro principio, que ya conocían los griegos, es que el mal “no existe” sino que es ausencia de bien. Como la oscuridad es ausencia de luz y se corrige iluminando, el mal se corrige introduciendo bien. Así, el terrorismo solo podrá corregirse pacíficamente, empezando por subsanar el problema sociológico de fondo como la extrema marginación y pobreza que, precisamente, no es natural sino creada por la violencia de los Estados.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Gracias al Estado, el bitcoin vuela

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

En 2011, cuando se discutía globalmente cambiar el patrón dólar por una canasta de monedas, varios medios me publicaron una columna –“Crisis global, América Latina y bitcoins”- en donde sugería audazmente tener en cuenta al bitcoin. Luego, en 2013, en otra columna –“¿Invertir en bitcoins?”- decía que me había perdido una inversión cuyo rendimiento había sido de 4.000 % ya que, cuando escribí la primera, la moneda digital cotizaba a US$ 30 por unidad, pero no compré ninguna y, al publicarse la segunda, llegaba a 1.200. Hoy, supera los US$ 2300 de modo que todo el universo bitcoin, unas 17 millones de unidades, suponen más de US$ 40 mil millones.

¿Adiviné? No, no adivine, era lógico que sucedería, lo dice la ciencia. El racionalismo despreció a la metafísica que brillantemente habían expuesto ya los griegos, en particular Aristóteles. Esta ciencia es el estudio de por qué el cosmos -la física- se mueve del modo en que lo hace, es decir, de los principios que generan los movimientos físicos. Así, observando estos principios podemos adelantar el desarrollo de la física: por caso, si vemos una acción cualquiera, podremos esperar una reacción inversa semejante, es el principio de equilibrio del cosmos.

Uno de estos principios dice que la violencia siempre destruye y la define, precisamente, como aquella fuerza extrínseca -extraña al desarrollo natural del cosmos- que pretende desviar, degenerar, el desarrollo normal. Por eso es que cuando el Estado -en tanto monopolio de la violencia- interfiere en la sociedad, destruye, provoca caos. Así, es fácil saber si un país crecerá o no, según aumenten o disminuyan las acciones coactivas -violentas- sobre el mercado.

Por esto, las monedas “privadas” tienen futuro mientras que los monopolios estatales como el dólar, euro, etc. –coactivamente impuestos, de “curso forzoso”- van cayendo. Así, al contrario de lo que dicen sus detractores, el bitcoin es exitoso, vuela, porque no depende de ningún gobierno, de ninguna “autoridad” monetaria, y permite escapar de la coacción estatal: que el mercado se desarrolle naturalmente. Precisamente, hasta hace poco, el 90% de las transacciones con bitcoins se realizaban en China, pero desde que el gobierno aumentó las regulaciones, empezaron a irse a Japón y Corea del Sur.

Como señala Miguel Boggiano, las criptomonedas escapan a los acuerdos de intercambio de información fiscal, como el de la OCDE o los enmarcados en el FATCA (acuerdos IGA) que tiene EE.UU. Las transacciones con bitcoins pueden estructurarse de modo que su rastreo sea imposible, a través de “mixing services”. La OECD estima que para 2020, el 66% del trabajo será informal (hoy 50%), lo que implica un submundo potencial para el bitcoin estimado en US$ 13 billones, detrás de EE.UU. cuyo PIB suma US$ 19 billones.

Pero no todo es rosa. Históricamente la cotización del bitcoin ha sido inestable porque si bien sirve de escape a los gobiernos, aún no está lo suficientemente establecida como moneda que, como señala el profesor Lawrence White, es “otro servicio bancario” que permite, básicamente, el cálculo basado en una unidad conocida y la agilidad en las transacciones. Agilidad tiene muchísima, pero de momento transacciones pocas, el cálculo no es fácil dada su volatilidad, su origen y su emisión limitada a 21 millones no despejan todas las dudas y, además, en el futuro afrontará la competencia de otras monedas privadas “electrónicas” o no.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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