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Alejandro A. Tagliavini

El columnista basado en Argentina más publicado en el mundo

Sin la SGM el mundo sería más libre y rico

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Mientras Trump se distiende frente al tirano de Corea del Norte y se tensa por el gas en Siria, vale dejar claro que la guerra no es una alternativa desde que la ciencia ha demostrado -de modo definitivo y concluyente- que la violencia destruye siempre: es contraproducente incluso en los casos de defensa propia y urgente. En tan corto espacio, es imposible completar el desarrollo lógico, pero veamos los enunciados.

Para empezar, es una incoherencia lógica -y la lógica es una ciencia- que la violencia se resuelva con más violencia, por el contrario, se suma, aumenta. Más, es más. Los griegos -e.g. Aristóteles- ya sabían que el universo está regido por un orden: el sol sale cada día a la misma hora, los animales necesitan alimentarse para vivir, etc.

Luego, dice la ciencia, la violencia es una fuerza extrínseca que desvía el desarrollo espontáneo de este orden natural: por caso, al asesinar una persona se coarta el que siga evolucionando -con su potencial intrínseco- como ser humano. Así las cosas, desde que la violencia es extrínseca y contraria al orden vigente, es imposible de toda imposibilidad que, en ningún caso, ayude -o “defienda”- al desarrollo del universo, de la vida, de la naturaleza.

Como evidencia empírica de que la violencia solo suma más violencia, tomemos por caso la emblemática Segunda Guerra Mundial (SGM). La propaganda oficialista ha sido tan fuerte -incluido Hollywood- que hoy, por caso, es difícil encontrar quién haga un análisis serio y objetivo. Por cierto, quizás tenga razón Marcos Rougès al decirme que la Primera Guerra Mundial (PGM) fue peor ya que indujo la Revolución Rusa, el ascenso del nazismo, la caída de las monarquías progresistas, la Gran Crisis y la SGM.

Claramente la SGM logró el efecto contrario, sumó violencia. Si miramos el mapa del totalitarismo antes y después vemos que el rojo stalinista supera al negro nazi. Esta guerra fue ganada por Stalin, y por eso es aún hoy héroe nacional en Rusia. Se diría que los gobiernos de Inglaterra y EE.UU. salieron a defender a la URSS que se expandió extraordinariamente, en lugar de debilitarse hasta desaparecer enfrentada con los nazis. Gracias a esta expansión soviética, hoy tenemos Cuba y el chavismo.

Por cierto, los campos de concentración nazis, que fueron atroces, fueron fogoneados por la SGM que distrajo a la opinión pública. Dicen que los británicos entraron primeros en esta guerra para defender a los judíos, pero Geoffrey Wheatcroft asegura que el gobierno inglés no pretendía terminar el Holocausto, sino “proteger” a Polonia, meta que Churchill abandonó en Yalta en manos de un tirano peor. Wheatcroft, también aclara que los crímenes de los soldados aliados no fueron menores.

Y va otra incoherencia: no se “defiende la libertad” coartando libertades. La SGM, uno de los acontecimientos más destructivos -más de 60 millones de muertos y una incalculable destrucción material- y liberticidas de la historia desde que agrandó el mapa totalitario, se realizó coartando libertades: obligando a los ciudadanos a alistarse, aumentando impuestos para financiar la guerra, etc.

Luego, el imperio soviético cayó pacíficamente demostrando que los grandes males se derriban con métodos libres y pacíficos, los métodos eficientes. La libertad y su sinónimo la paz -y la felicidad y la riqueza-, dicen la ciencia y la sabiduría, solo se consiguen con paz y libertad.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Los tres hipócritas mosqueteros

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Fuente de guerras y de todo tipo de conflictos, de aduanas, de represión a inmigrantes y salvajadas de toda clase son las fronteras, esos límites impuestos por los Estados que utilizan su monopolio de la violencia -sus fuerzas armadas y policiales- para imponerse dentro de territorios caprichosamente establecidos. Y más salvajes son los conflictos cuanto más autoritarios son los “gobernantes”, como los mosqueteros que hoy tenemos: Trump, Putin y Xi Jinping.

Los mismos tres que ahora se enfrentan -y lo pagan los ciudadanos comunes- por los supuestos ataques químicos en la ciudad siria de Duma, otra más de sus hipocresías. Sin dudas es espantoso ver civiles muriendo debido a gases tóxicos, pero acaso ¿las muertes por misiles son válidas? No vale morir intoxicado, ¿pero sí destrozado por un misil?

La revista Foreign Policy – ¿estará financiada por fabricantes de armas?- ‘sugirió’ una acción militar a gran escala contra Damasco. En una nota, recuerdan que el ataque anterior —el lanzamiento de 59 misiles Tomahawk contra la base aérea de Shairat en abril de 2017 después del supuesto uso de gas sarín en Jan Sheijun— “ha sido ineficaz” ya que la base fue reutilizada al día siguiente y “no previno otros casos de uso de sustancias tóxicas”.

O sea, estos mismos torpes que promueven la violencia reconocen que no ha tenido éxito, pero, insólitamente, dicen que no ha sido exitosa por ser demasiado débil. “EE.UU. debería atacar una lista más amplia de blancos…”, dicen. Por cierto, Washington procede sin que le importe la opinión del Consejo de Seguridad de la ONU, otro organismo (multi) estatal, ineficaz y burocrático que en nada ha contribuido a la paz sino más bien, al contrario.

Por otro lado, el artículo hace una referencia a un conflicto mayor con Rusia, ya que Putin es aliado de Siria. Lo cierto es que Trump contaría con el apoyo de Francia y el Reino Unido mientras que podría empujar al Kremlin a una relación más estrecha con Beijing reeditando la “guerra fría” que sirvió para repartirse el mundo entre dos bloques.

Además, Washington planea nuevas sanciones económicas contra Rusia que se suman a las que ya adoptó contra 38 individuos y entidades rusas por la presunta intromisión de Moscú en Ucrania y en varias elecciones occidentales y su apoyo al Gobierno sirio. Entre las empresas sancionadas están la exportadora rusa de material bélico Rosoboronexport, el gigante del aluminio Rusal, los conglomerados Russian Machines, Basic Element, la empresa automotriz GAZ y otras.

Los activos de estas personas y empresas bajo jurisdicción estadounidense quedan embargados y las transacciones financieras con ellas, prohibidas. Pero estas sanciones, además de despertar represalias de Putin, serán claramente negativas para el mismo mercado americano.

En fin, pretender que el Estado, el monopolio de la violencia -cuando la ciencia ha demostrado de manera concluyente que la violencia solo destruye- puede solucionar un problema es quizás la mayor hipocresía que hoy vivimos. Y, por cierto, el sofisma más grande en el que está basada esta sociedad decadente es forzar el cobro de impuestos -encarcelando a los “evasores”- porque el Estado necesitaría de esos fondos -el trabajo de las personas- para malgastarlos, por caso, en una de las corrupciones más notorias: el asistencialismo, enseñarles a las personas que pueden vivir gratis sin crear nada a cambio.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

El impacto colateral de la guerra EE.UU. con China

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Los políticos suelen ser voluntaristas. Así, Macri dijo que espera que la visita de Rajoy “ayude a convencer a los españoles… de que… no van a encontrar… un país que los reciba con tanto afecto”. ¿Afecto? Los capitales no se mueven por afecto, sino por eficiencia, gracias a Dios, de otro modo se perderían, se perdería el trabajo de todas las personas que intervinieron para juntar esos fondos. Los afectos son para cosas más importantes que el dinero.

El año pasado Macri fue recibido en España, precisamente, con mucho afecto… pero los capitales nunca llegaron, por suerte, ya que hubieran sido malgastados dado que, más allá de algunos sectores apalancados por el gobierno como la construcción -a un costo exorbitante que en su momento habrá que pagar-, el resto no es atractivo debido al “costo argentino” empezando por la carga fiscal.

Por caso, según la fundación Pro Tejer, una remera por la que el consumidor paga $ 100, tiene un costo de fábrica de solo $ 8.50, un 50.3% son impuestos, 9% se va en logística y comercialización, 12.2% se lo llevan los bancos, 12.7% se destina a alquileres, 4.8% es la rentabilidad de la marca y el 2.5% se va en publicidad y diseño. Este costo fiscal exorbitante explica que, en los shoppings, el 70% de la ropa sea importada. Claramente no conviene producir localmente y, por tanto, tampoco invertir.

El gobierno dice que la presión fiscal baja. Pero eso no se condice con la recaudación que, por ejemplo, en marzo aumentó 37% -exceptuado el efecto del blanqueo de 2017- respecto del mismo mes del año anterior, superando a la inflación -en torno al 25%- sumada al crecimiento del 4% anualizado, en el primer trimestre, según desliza el oficialismo.

Al mismo tiempo, confundiendo a la opinión pública, el oficialismo argumenta que este aumento de la recaudación se debe a la reactivación. A ver, el aumento está justificado sobre todo por el IVA Impositivo que creció 57.3%, contra marzo del año pasado, gracias a los dibujos ya que, parte de la percepción de “combustibles” y otras alícuotas, se computaron como IVA con lo que se agregaron unos 7 puntos.

Por cierto, aumentar las barreras aduaneras para que entren menos productos importados sería contraproducente y, entre otras cosas, presionaría hacia un aumento de la “inflación”, el IPC, al sustituir importados por productos nacionales más caros. Y la cosa no está para bromas. La “inflación” núcleo se disparó en marzo y podría llegar al 2.8% en CABA por encima del nivel general del 2.35%, según FIEL.

Y en esto podría impactar la guerra comercial entre China y EE.UU., bajando los precios en Argentina a costa de aumentar las importaciones. Trump está asustado porque el déficit comercial con China creció el año pasado 8%, hasta los US$ 375.200 M. Aunque Beijing tiene otra versión: el superávit con EE.UU. es de US$ 275.810 M, un récord pero menor (en US$ 100.000 M) a lo calculado por Washington. El comercio con la primera potencia mundial generó el 65% del superávit comercial chino global.

 

Así, Trump ha empezado su guerra comercial contra China, pero sin toda la artillería. Según Standard & Poor´s, los aranceles que aplicaría EE.UU. afectarían al 12% de los productos chinos, con lo que suena más a una estrategia negociadora cuyo objetivo es reducir el déficit en US$ 100.000 M. Beijing contraataca donde puede hacer más daño. La agricultura generó más de 19.000 M en exportaciones hacia China en 2017. La segunda mayor partida son aviones comerciales, con 16.260 M, seguida por los automóviles, con 10.500 M. Estas tres categorías serían aranceladas por China en caso de que Trump acabe por oficializar esta nueva ronda de aranceles contra productos de alta tecnología chinos.

Así las cosas, el riesgo real de una guerra comercial es bajo y con poco impacto en Argentina, pero podría derivar hacia otro lado. Según Bloomberg, el gigante asiático no descartaría una futura devaluación del yuan lo que impulsaría la exportación, aunque también conllevaría otros riesgos. Entre ellos, estarían los relacionados con el pago de la deuda de las empresas locales y sus efectos devastadores en los mercados, como sucedió en el verano de 2015 y, además, alimentaría una respuesta más dura por parte de las autoridades estadounidenses.

Beijing, que había devaluado el yuan en varias ocasiones durante 2015 y 2016, se comprometió a no utilizar la guerra cambiaria. Pero desde la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU., el yuan acumula una subida del 9% contra el dólar.

En fin, si resulta cierto, como informa Bloomberg, que las autoridades chinas estarían analizando el efecto del uso de la divisa como herramienta de negociación con EE.UU. y las implicaciones futuras de la devaluación de la moneda ante cualquier impacto comercial, lo cierto es que una devaluación del yuan contra un peso -ya sobrevaluado- provocaría una mayor inyección de productos chinos en Argentina.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Google no puede ser Dios

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

No recuerdo quién dijo que “pedirle al Estado que resuelva un problema es pedirle al zorro que cuide a las gallinas”, pero es verdad, absolutamente verdad, aunque no lo crea. Desde muy pequeños –por la televisión y en los colegios- los gobernantes nos han saturado con propaganda y “explicaciones” sobre las buenas cosas que harán y lo bien que nos gobernarán… pero, en realidad, hacen lo contrario.

Parece que la Comisión Europea ha renunciado a sugerir leyes para “proteger de injerencias los procesos electorales”, confiando en la autorregulación en las redes sociales en lo que a “Fake news” -noticias falsas- se refiere. Pero hete aquí que fueron precisamente los políticos quienes iniciaron estas falsedades. Así que resultaría irónico que pretendieran cuidarnos de ellas.

La Comisión se sintió forzada a tratar el tema debido a la diseminación de noticias falsas en el referéndum del Brexit; las elecciones en Francia y Alemania, y las campañas de desinformación rusas hacia las repúblicas bálticas. Quizás el mejor chiste lo dijo un eurodiputado centro derechista español: “Las noticias falsas son un instrumento que usan los enemigos de la democracia”, afirmó cuando estas noticias fueron iniciadas por sus colegas políticos elegidos, precisamente, en un proceso democrático.

Ahora, quizás lo más preocupante es que esta campaña contra las “fake” ha sido amplificada por muchos medios de prensa cuando las medidas que podrían tomar los gobiernos implican cercenar la libertad de expresión. Se diría que algunos medios no quieren la competencia de las redes sociales. Tanto la han amplificado que de una encuesta resultó que el 83% de los encuestados dice que las noticias falsas son un peligro para la democracia.

Por suerte, buena parte de la opinión pública se mantiene clara y ha presionado contra estas medidas al punto que en la Comisión han dicho que “No queremos que se nos acuse de querer ser un ministerio de la verdad… que diga: vamos a decir que es cierto y que falso”. Pero dada tanta presión, sumada a la de algunos tribunales, Google se ha sentido forzada a tomar algunas medidas.

El “reconocimiento jurídico” del derecho al olvido en Europa tiene su origen en 2011, cuando Google defendió ante la Audiencia Nacional española su negativa a cancelar datos de personas que consideraban que las referencias que el buscador arrojaba lesionaban su dignidad. La multinacional sostenía que eliminar o alterar los contenidos supondría la pérdida de “objetividad” y “censura”.

Desde 2014, Google ha recibido en los países de la Unión Europea más de 650 mil solicitudes para retirar más de 2,4 millones de direcciones de Internet, de las que ha cancelado alrededor de un millón, es decir, que atendió alrededor del 40% de los casos. Pero esto es pedirle Google que juegue a Dios decidiendo que es verdad y qué no.

Los rumores falsos, y los malentendidos, son parte de la vida humana. Todos los hemos sufrido, aunque solo sea a nivel social dentro de nuestra comunidad y, sin embargo, seguimos viviendo. Los que tienen la conciencia tranquila sabiendo que actúan con honestidad, sinceridad e intentando el bien común, duermen despreocupados. Cada uno es responsable de sus actos, y sabe con qué personas se junta y qué datos entrega. Pedirle al zorro que cuide el gallinero, es muy peligroso, es pedirles a los políticos que solo podamos conocer aquellas noticias -y del modo- que ellos quieren.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

El “Gran Hermano” no acepta competencia

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El Hermano Mayor o Gran Hermano es un personaje de la novela de George Orwell “1984”, y es el ente que gobierna a Oceanía, a través del partido único, el Ingsoc. Nadie lo conoce, pero es omnipresente a través de tele pantallas con fuerte propaganda y controlando todo. Estos días, mientras Facebook es sospechada de “espionaje”, EE.UU., Canadá, España y otros 14 países y la OTAN expulsan a diplomáticos rusos por el intento de asesinato de Skripal.

Cuando Trump ganó las elecciones, el Parlamento ruso recibió la noticia con aplausos. Pero ahora, las cosas se han enfriado. Los rusos saben de “guerra fría”, además de su propia KGB, recuerdan a los espías de EE.UU., como la CIA que colaboró derrocando a líderes electos en Irán y Guatemala en la década de los cincuenta y respaldó golpes de Estado apoyando gobiernos anticomunistas en América Latina, África y Asia.

Ahora resulta que Zuckerberg es criticado, entre otras cosas, porque no quería comparecer ante el Parlamento británico. En una carta remitida al presidente del Comité Parlamentario pertinente, la responsable de relaciones públicas de la red social indicó que sería uno de los adjuntos de Zuckerberg quien daría respuesta a los diputados.

Resulta irónico que los Estados, los Gran Hermano que todo nos controlan desde la emisión de documentos de identidad con todos nuestros datos personales y hasta las agencias de espías pasando por los entes recaudadores de impuestos que conocen todas nuestras finanzas, pretendan que nos van a cuidar de quienes quieren robarnos datos personales. Mas bien parece que no quieren competencia o, peor, querrán imponer “reguladores” que tengan injerencia y autoridad sobre nuestros datos guardados en las redes sociales.

De hecho, a Facebook se le acusa de la filtración de datos de más de 50 millones de usuarios para ayudar… a la campaña del presidente de EE.UU., el jefe del Estado. La empresa británica Cambridge Analytica, contratada tanto para la campaña de Trump como para la iniciativa a favor del Brexit, recopiló información de millones de votantes a través de Facebook.

En 2010, durante la conferencia All Things Digital organizada por The Wall Street Journal, Steve Jobs se refirió a la cuestión de la privacidad enviándole una indirecta a Mark Zuckerberg que estaba presente, en el momento en que Facebook enfrentaba críticas por la actualización de los controles que forzaban a los usuarios a compartir sus datos. “Privacidad significa que la gente entienda en qué se registra, en palabras claras y repetidamente”, dijo Jobs.

Es decir, la privacidad es, precisamente, una cuestión privada. Es decir, que las personas deben saber qué datos confían y a quién. Cada uno debe elegir y ser responsable de sus actos como con cualquier transacción sin que ningún burócrata pretenda entrometerse en algo tan sensible.

Por cierto, se ha dicho que el mercado ha reflejado este escándalo provocando la fuerte baja en el precio de las acciones de Facebook pero, en mi opinión, esta baja al menos en parte responde a que esta red se utiliza cada vez menos en favor de Instagram y WhatsApp. Riesgo, me parece, que lo corren todas las empresas, pero sufrirán más aquellas más “infladas”: por ejemplo, hoy Facebook y Netflix cotizan a una valuación equivalente a 11 años de ventas; Amazon a 4 años y Google a 7 años cuando el índice S&P500 cotiza a una valuación de 2.2 años de ventas.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

No parece tanto crecimiento (y Facebook no ayudará)

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Según los datos oficiales difundidos con bombos y platillos, la economía creció 2.9% en 2017 siendo el crecimiento interanual del cuarto trimestre del 3.9%. En Hacienda dicen, además, que el déficit fiscal, aunque es muy elevado, está bajando y que descendió la presión tributaria en 2 puntos del PIB, lo que no se condice con el hecho de que la recaudación -corregida por el aumento del IPC- aumenta por encima del crecimiento del PIB.

Entre los índices “alentadores” que mostraría el gobierno, falta el índice de pobreza, que difundirá estos días el Indec, correspondiente al segundo semestre de 2017, que el macrismo festejará si baja de 28.6%, lejos de la “pobreza cero” prometida durante la campaña.

Más optimista aun parece el Índice General de Actividad (IGA) de OJ Ferreres, que asegura que, en febrero de 2018, la actividad económica se expandió 5.9% en relación al mismo mes del año previo. Más allá de la módica baja de 0.5% mensual versus enero, en el primer bimestre de 2018 la economía habría crecido 5.1% interanualmente.

Ahora, suponiendo que esta cifra sea correcta y que la baja respecto de enero sea circunstancial, el mayor impulso del crecimiento parte de la construcción y la producción automotriz. A ver, la producción automotriz viene de niveles bajos y de hecho puede considerarse como solo una parcial recuperación de capacidad ociosa.

En cuanto a la construcción existe un crecimiento artificial de obra pública y créditos hipotecarios apalancados desde el Estado. Pero los créditos artificiales -no surgidos plenamente del juego autónomo del mercado- están logrando un aumento en el precio de las propiedades que no se condice con el retorno de la inversión y, además, ahora empieza a notarse -y a cundir el pánico- de que estos créditos terminarán siendo negativos.

Dada la inflación descontrolada que produce el gobierno, desde abril los deudores hipotecarios que accedieron en marzo de 2016 a un crédito UVA pagarían una cuota similar a la de quienes tomaron -en la misma fecha- un crédito tradicional, con el agravante de que los que tomaron uno tradicional redujeron levemente su deuda, en tanto que, los expuestos a la indexación, la incrementaron en 50% debido a que el capital prestado también se ajusta progresivamente por el índice UVA, según un estudio de Cristhian Buteler.

Por otro lado, si observamos los pocos sectores que habrían tenido una caída según el Indec, nos encontramos con la sorpresa de que los peores han sido los “aliados” del gobierno: cayó la actividad del sector financiero y, algo menos, el segmento agrícola por la sequía.

Este crecimiento artificial y, por ende, insostenible en el tiempo -a menos que se encare una política pro mercado con una baja sustancial en la presión fiscal- se basa en algo simple: crecer de prestado. Hasta septiembre de 2017, la deuda pública -interna y externa, en pesos y moneda extranjera- creció en US$ 30.262 M, de US$ 275.446 M a U$S 305.708 M, según Finanzas. Así las cosas, ya 1.1 de cada $ 10 que el Gobierno cobra de impuestos se destina al pago de intereses y la cosa crece.

Durante 2016 y hasta septiembre de 2017, la deuda pública aumentó en US$ 65.043 M, 27% en dólares. Así, en dos años va camino de igualar los US$ 86.395 M que se pidieron prestados durante los últimos 10 años de la gestión kirchnerista. En proporción al PIB, la deuda pública total pasó del 38.9% en 2011 hasta el 52.6% en 2015, al 53.3% en 2016 y en septiembre de 2017 al 53.4%. Si sumamos lo que se adeuda del cupón PIB, la deuda pública total llega a U$S 319.422 M -55.8% del PIB- y no incluye ni la deuda de las provincias y ni la del BCRA en LEBAC en pesos y divisas.

En tanto que los intereses a fines de 2015 equivalían al 2% del PIB, en 2016 al 2.3% y a septiembre de 2017 al 2.6%. Y crecen los pagos por intereses como porcentaje de los recursos tributarios: del 7.9% a fines de 2015, subieron al 8.9% en 2016 y al 10.4% en septiembre de 2017.

Para colmo, no ayuda la confusa situación externa como la guerra comercial entre China y EE.UU. Aunque el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años -que fija el costo de la deuda para el resto de los países- bajó a 2.82% anual, siendo que había subido en febrero, y los analistas apostaban a que llegaría a 3% anual. Así es como los inversores venían saliendo de las acciones y posicionándose en activos como el oro, el yen y los bonos del Tesoro.

Finalmente, el “escándalo Facebook” presiona hacia la baja a todo el mundo. Aunque, en mi opinión, estas bajas esconden otra realidad más contundente y es que esta aplicación está siendo cada vez menos utilizada. Riesgo, me parece, que lo corren todas las empresas, pero sufrirán más aquellas más “burbujeadas”: por ejemplo, hoy Facebook y Netflix cotizan a una valuación equivalente a 11 años de ventas; Amazon a 4 años y Google a 7 años cuando el índice S&P500 cotiza a una valuación de 2.2 años de ventas.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Los monarcas plebeyos

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Crease o no, existe el poder “blando”, que influencia a las personas sin ser coactivo, en oposición al “duro”, como en los Estados modernos, que impone sus “leyes” policialmente. Ahora, según la ciencia, la violencia solo destruye, de modo que la autoridad forzada -no natural- está destinada a desaparecer. En su libro Bound to Lead, y el que publicó en 2004 (“Soft Power”) Joseph Nye definía el poder blando que incluía la “influencia cultural”. Son los Steve Jobs, Hollywood, el rock, las tecnologías, Facebook o Silicon Valley lo que da a EE.UU., por caso, poder real.

Los monarcas modernos -constitucionales, parlamentarios- son un típico caso de poder blando, no así los gobiernos que están bajo su reinado. Como el Papado, una de las monarquías -no hereditaria, hoy plebeya- que, al no ser parlamentaria, podría calificarse de absolutista pero no posee un poder de policía para imponerse. Solo puede guiar, influenciar, a los mil trescientos millones de fieles.

Así, el Papa Francisco es el quinto personaje más poderoso, según Frobes, detrás de Putin, Trump, Merkel y Xi Junping. Y comparte lo que dijo Nye, que “el poder con otros puede ser más efectivo que el poder sobre otros”. El 13 de marzo de 2013, 115 cardenales -príncipes- de la Iglesia elegían Papa al arzobispo de Buenos Aires que, desde entonces, tuvo gestos desmitificadores de la hierática figura papal, como la comunicación directa con la gente.

Y aunque la organización sigue siendo piramidal, el Papa no cesa en su afán, algo quijotesco, de reformar la Curia dando más participación a los fieles. Se le critican sus condenas al “mercado”, pero ha tenido grandes posturas en favor de la libertad como su condena a la xenófoba discriminación de los inmigrantes y ahora su apertura a China.

En 1951, Mao rompió relaciones con el Vaticano. Desde entonces los 12 millones de católicos se dividen entre quienes pertenecen a la Asociación Patriótica Católica, controlada por el Gobierno, y quienes reconocen la autoridad del Papa, la Iglesia clandestina. Para el experto Francesco Sisci, el acuerdo que se está negociando “marcará una época” porque por primera vez “China admite el papel de una entidad extranjera en el nombramiento de un poder”.

Pero hablando de China, mientras el Papa intenta liberalizar su monarquía absolutista surgen otras dos, además, coactivas. La reciente enmienda constitucional que le permite a Xi Jinping gobernar indefinidamente lo asemeja a Mao y es llamado “presidente de todo” por su capacidad para acumular cargos. En su “discurso inaugural” dijo que China está “lista para luchar sangrientas batallas”.

Por su parte, según Felipe Sahagún en un artículo titulado “La coronación de Putin IV”, desde la guerra con Georgia en 2008 hasta la intervención en Siria desde 2015, pasando por la anexión de Crimea en 2014 y cuatro años de guerra en Ucrania, con unos 10.000 muertos, Putin ha modulado el uso de la fuerza y la injerencia externa y la represión interna para consolidar su poder.

En fin, estos dos monarcas plebeyos están buscando una “revolución francesa”. En su Guía de París publicada en 1867 el autor de Los Miserables, Victor Hugo, ya distinguía entre un poder duro y otro suave y escribió que en “París, la monarquía pasó su tiempo construyendo murallas y la filosofía destruyéndolas… A través de la irradiación de las ideas… El resplandor es más fuerte que una muralla”.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

El fin del relato: no es la “herencia recibida”

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Corría el 2003 y Néstor Kirchner iniciaba su presidencia con un superávit fiscal del 6% del PIB, como recuerda Adrián Ravier, pero decidió enfrentar la crisis de 2002 al estilo keynesiano, aumentando el gasto provocando un “crecimiento” inflado del PIB. Cuando termina su mandato en 2007, el superávit había desaparecido, y Cristina continuó con la suba de las erogaciones y, como consecuencia, apareció el déficit fiscal no encontrando mejor solución, para obtener recursos, que estatizar las pensiones. Así, la Anses “recaudó” unos US$ 40.000 M sustraídos de los aportantes a las AFJP.

Con estos recursos, más lo obtenido por vía inflacionaria -la exagerada emisión monetaria- el país siguió “creciendo” hasta el 9,1% en 2010 y 8,6% en 2011, aunque sin llegar al 10,5% de 1991 cuando se implementa la “convertibilidad”. Hasta 2015 el gasto público se exacerbó y el déficit fiscal consolidado llegó al 8% del PIB. La economía subió 0,9% en 2012; 3,1% en 2013; 0,5% en 2014 y 2,6% en 2015.

La “herencia recibida” le permitió a Macri justificar una caída de -2,3% del PIB en 2016 y en 2017 un pobre “crecimiento” -inflado con alta inflación y endeudamiento récord- del 2,8%. Pero ahora, el relato de la “herencia recibida” terminó ya que, según #OpinaArgentina, el 63% tiene una opinión negativa de la política económica actual y el 47% culpa a Macri en tanto que solo el 44% la atribuye a Cristina.

Ahora este débil “crecimiento” del 2017 fue apuntalado, según el gobierno, por las inversiones que volverían a hacerlo en 2018, cuando el país crecería 3,5%, aunque Ecolatina estima solo 2% después de bajarlo desde el 2,5% debido al impacto de la sequía en el campo y, en mi opinión, será menos y crecimiento inflado, no genuino. Aunque el gobierno reconoce que las inversiones no llegan al equivalente del 16% del PIB, lejos del 20% que los especialistas consideran “aceptable”.

La inversión -el 59,39% es de origen argentino- en 2017 habría crecido 12% respecto del 2016, en tanto que las inversiones extranjeras habrían cerrado 2017 con más de US$ 10.000 M, menos del 2% del PIB cuando los países de la región -tampoco muy adelantados- están cerca del 3%. El oficialismo dice que “la inversión lleva tiempo”, lo que no es verdad y menos en tiempos de internet cuando el mundo está interconectado en tiempo real.

Según el EMI que elabora el Indec, la actividad industrial retrocedió 4,8% en 2016, y en 2017 rebotó 1,8%. La UIA estima que la actividad crecerá este año entre 2% y 3% pero los datos de diciembre de la entidad muestran una caída interanual del 1,5% y una baja mensual del 0,8%. Con ese resultado, la industria cerró 2017 con un crecimiento del 1%, tres puntos por debajo de 2015.

Y, según el Indec, siete de cada 10 compañías no prevén incrementar su dotación de personal en el primer cuatrimestre del año, y sólo 23% proyecta incrementar su stock. Y es que para invertir tiene que bajar el “costo argentino” empezando por la carga fiscal. Según Agustín Etchebarne, “la presión impositiva subió 37% vs. 24% de inflación en el último dato. La AFIP aprieta a los contribuyentes”. Este costo criollo se compone, además, de altos costos logísticos, rigideces laborales y altísimo costo financiero debido a las tasas de interés que establece el BCRA (27,25%) al punto que una pyme tiene que financiarse arriba del 30%. Por cierto, bajar este costo es el modo de competir y no cerrando las aduanas como pretenden muchos empresarios.

Ahora, según el Indec, en enero pasado el uso de la capacidad instalada fue del 61,6%, solo un punto porcentual encima de igual mes de 2017, cuando se estima en 80% lo necesario para que exista plena expansión. Y capacidad ociosa significa una inversión ineficaz y, obviamente, desestima la llegada nuevos capitales.

Y la cosa va para peor. En lugar de reconocer que su política de agrandar el peso del Estado a costa del sector privado está fracasando, el gobierno aumenta la apuesta y proyecta que la “obra pública pura” y el programa PPP representará entre 3,5 y 4,5% del PIB, y apunta a completar el resto con inversión “privada” -apalancada desde el Estado- para llegar al anhelado 20%. Quiere entrar ganador en un año pre electoral con un aumento del 30% de los recursos para obras públicas. En 2017, invirtió $ 208.000 M y este año destinará $235.000 M más otros $35.000 M por el PPP.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Los conservadores

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Dos principios están claros en cuanto a las sociedades. Uno, que los seres humanos son conservadores porque las personas temen a los cambios. El segundo es que los medios masivos, sobre todo la TV, tienen gran influencia sobre la opinión pública al punto que, a la gente en general, no le interesa la verdad sino lo que diga la TV: tiene “razón” quién más tiempo aparece en la pantalla.

Un círculo vicioso ya que la TV, precisamente, muestra más aquello que la gente prefiere ver, aquello que ya conoce. Así, por caso, para Van Gordon Sauter, ex jefe de noticias de la CBS, es cierta la “hipótesis de fijar la agenda” que sostiene que, sí la mayor parte de los reportajes insisten en lo mismo, entonces, los espectadores atribuyen importancia a lo que ven en proporción al tiempo que lo ven.

Total, que los “mejores dirigentes” son quienes más aparecen en TV y, como los oficialistas suelen tener más prensa, suelen ser los que más “razón” tienen. Viene a cuento porque la idea de libertad y de mercado natural está tergiversada, precisamente, porque quienes tienen más “razón” -los políticos- son quienes menos interés ponen en la libertad de las personas y el mercado natural.

“Buenos Aires, próxima sede mundial contra el bitcoin (Btc)” tituló un matutino local. Sucede que, a pedido de Francia y Alemania, se pedirá que los responsables globales cuestionen el uso del Btc. Será durante la cumbre de ministros de Finanzas y titulares del Banco Central del G 20 -que aglutina el 75% del PIB mundial y el 80% del comercio internacional- del 19 y 20 de marzo, con la participación de 50 delegaciones -29 ministros de Finanzas, 20 presidentes de bancos centrales y 10 titulares de organizaciones internacionales- que prepararán la Cumbre a realizarse, en noviembre, también en Buenos Aires.

Firmarían el documento final condenando las operaciones sin control oficial de las criptomonedas y, además, de ser posible, ratificarán que las únicas monedas e inversiones confiables son las “tradicionales” y las avaladas por los bancos centrales. Al ser un escrito fundacional podría bautizarse como el “Documento de Buenos Aires contra las criptomonedas”. Una deshonra para esta ciudad que, por cierto, como muchos de mis connacionales, repudiamos.

Es decir que, al contrario de lo que muchos creen, el G 20 no promueve la libertad, sino que pretende conservar el poder de los políticos y burócratas por sobre las personas. Previamente, ya el FMI había dicho que las criptomonedas, que “se crean de forma descentralizada y sin necesidad de un banco central” lo que le “da un elemento de anonimato”, debían regularse para evitar que sean “vehículo” de lavado y terrorismo. Una burla cuando es sabido que los principales corruptos son, precisamente, los políticos y burócratas que pretenden “regular” al ciudadano que trabaja honestamente.

La presidente del FMI -que existe para financiar, y conservar, gobiernos signados por la ineficiencia y corrupción- reconoció que “debemos dar un paso atrás y comprender el peligro que conlleva”… un paso atrás, de eso se trata, de abortar el progreso y conservar.

Es simple, los políticos y bancos centrales y los organismos que los apoyan como el FMI no quieren perder el monopolio de la moneda, que coactivamente imponen a sus ciudadanos, porque dar semejante libertad pondría en jaque el poder que tienen.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

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