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Alejandro A. Tagliavini

El columnista basado en Argentina más publicado en el mundo

¡Viva el Rey y Cataluña libre!

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Quizás a muchos de mis buenos amigos españoles no les guste esta columna, pero el nacionalismo de cualquier lado -de ambos lados- es malo, y hay que decirlo, porque pretende que “la Nación” está por encima de la persona.

Un buen termómetro es el mercado -las personas actuando libremente- que no se inclina por fanatismos ni politiquería, sino por la eficiencia, por “argumentos” que mejoran la calidad de vida, la vida. El panorama es dantesco según la patronal Foment del Treball. Hay “centenares de empresas” que abandonan o planeando abandonar su sede catalana, aunque en algunos casos solo sea un cambio de domicilio legal. Y, además, se están fugando capitales.

Los motivos son la inseguridad que provoca un proceso “independentista” desordenado y permanecer en la zona euro de la que quedaría fuera Cataluña “independiente”. Entre estas empresas están Abertis, CaixaBank, Sabadell, Planeta, Adeslas, Oryzon, Catalana Occidente, Cellnex, Lleida.net, GVC Gaesco, Torraspapel, Agbar, Ballenoil, Arquia Banca, Fenosa, Mediolanum, Eurona, Service Point…

Y sigue la interminable lista de compañías que suman el 50% de PIB catalán, que supera los € 210.000 millones, un 20% del de España. Solo las empresas con sede en Cataluña que cotizan en el Ibex valen en Bolsa más de € 90.000 millones. Cuando recrudeció esto de la independencia, por caso, las acciones de CaixaBank cayeron más de 2,2% pero al conocerse el traslado a Valencia recupero € 1.385 millones en la bolsa.

Claramente, para el mercado (las personas actuando sin ideologismos ni fanatismos) la “independencia” en estos términos es contraproducente. Un argumento de los “independentistas” es que se ha votado y debe respetarse la democracia. Suponiendo que fuera cierto, ¿qué pasa con quienes quieren ser españoles? Es esto la democracia, que la mayoría en unas elecciones supuestamente racionales y libres puede obligar -fuerza de por medio, violencia- a la minoría.

Esta “independencia” es la de los políticos catalanes respecto de los de Madrid, porque todo indica que el ciudadano no será más independiente, ni más libre y quizás lo sea menos. Y cuando decimos más libre no hablamos de ideologías o fanatismos sino de que primero están las personas y dejarlas libres -no violentarlas ni forzarlas contra su voluntad- significa no coartar el máximo desarrollo de su natural potencial.

Como he escrito en otras oportunidades, el paradigma de “gobierno” de las repúblicas modernas es falso ya que se basa en el monopolio de la violencia porque, supuestamente, sería imposible la autoridad sin capacidad de forzar las “leyes”. Pero según Aristóteles, “la violencia se opone a lo voluntario como a lo natural”. De donde, la “autoridad” basada en la violencia, al oponerse a la naturaleza de las cosas, solo destruye.

Ahora, como los reyes europeos “reinan, pero no gobiernan”, podrían ser mejores conductores. Es el “poder blando”, que describe Joseph Nye, en ‘Soft Power: The Means to Success in World Politics’ (2004). Las sociedades no existen gracias a un Estado con “poder” policiaco capaz hacer cumplir sus “leyes”, sino porque naturalmente el hombre tiene vocación social y es moral: si todos salieran a robar, no habría guardias para detenerlos.

Por tanto, que viva el Rey y una Cataluña en donde sus ciudadanos sean “independientes”, libres, tanto de los políticos de Madrid, como de los de Barcelona.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

El mercado, el peor “enemigo” de los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

“No queremos escuelas funcionales a las necesidades del mercado”, rezaba la pancarta de una estudiante izquierdista durante una manifestación en Buenos Aires. Pobre chica, la han engañado al punto de llevar ese cartel que, realmente, dice “no queremos escuelas funcionales a mí, a mi familia y a mis amigos”.

Los políticos le han hecho creer que el mercado son empresarios que manejan la economía pensando en sus ganancias, porque de este modo pueden justificar la necesidad de que los gobiernos (ellos) intervengan en la economía y hagan grandes negocios, corrupción de por medio. Irónicamente, muchos ricos suelen apoyar esta idea, porque necesitan de los políticos para armar negocios suculentos, como cuando piden controles aduaneros que impiden la competencia del exterior.

Así, estos empresarios hacen enormes ganancias empobreciendo a las personas comunes (el mercado real), lo que retroalimenta la idea de que “el mercado” es solo un abuso de los ricos, cuando es todo lo contrario: es la persona común que se relaciona pacíficamente con otras en pos del beneficio económico de ambos.

El corolario es que no existe, por un lado, la libertad económica y, por el otro, la libertad política o física. No existe distintas libertades, existe solo una indivisible salvo en la mente de los políticos que quieren justificar cuando coartan la libertad en su propio beneficio. Quizás, el caso más sintomático sea el de China, que libera al mercado -a las personas- parcialmente pero no termina de desembarazarse del comunismo y sigue coartando la libertad en buena medida, con lo que deja de crecer todo lo que podría.

Desde su llegada al poder en 2012, el presidente chino, Xi Jinping ha promovido la noción de “soberanía de Internet”, por la que Beijing puede dictar a sus ciudadanos lo que no pueden ver y publicar en la red. Está prohibida Instagram, Snapchat y Twitter porque el gobierno estaba nervioso por el papel que jugaron en la Primavera Árabe y la Revolución Verde de 2009 en Irán. Gmail -y Youtube- es uno de los muchos servicios de Google que está restringido por los reguladores chinos, salvo en Hong Kong que mantiene un mayor grado de libertad lo que redunda en un mayor desarrollo económico.

La censura china llega a la ridiculez de bloquear transferencias de dinero con números que coinciden con fechas sensibles, como la represión contra los manifestantes de la Plaza Tiananmen el 4 de junio de 1989. Lo que viene a demostrar que no existe realmente una línea divisoria entre libertad económica, política, física o de difusión de ideas. Críticas sobre derechos humanos, Tíbet o el Partido Comunista están prohibidas. Por cierto, y quizás esta sea la clave de todo, se prohíbe informar sobre la riqueza de los funcionarios chinos.

Periodistas extranjeros, diplomáticos o activistas locales encuentran en la aplicación Whatsapp uno de los pocos reductos en los que escapar de la férrea censura china. Sin embargo, desde hace pocos días, los usuarios han visto cómo incluso este servicio de mensajería se bloquea y tiene numerosos problemas. Es un momento muy sensible ya que el próximo 18 de octubre, Pekín acogerá el XIX Congreso del Partido Comunista, que se celebra cada cinco años y en el que se da por hecho que Xi Jinping renovará su cargo como presidente, aunque existe incertidumbre sobre quienes lo acompañarán en el Comité Permanente del Politburó, el órgano de mayor rango del partido.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

El recurso natural por excelencia (la basura no existe)

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

¿Qué país es rico en recursos naturales? Pues el “recurso natural” excelente es el ser humano, la mente humana y su capacidad creadora. Eso explica que Japón, tan pequeño, sea una potencia y que Holanda logre ser el segundo exportador global de productos agrícolas, teniendo solo el 2% del territorio de Argentina que posee, en las pampas, algunas de las tierras más fértiles del mundo. Es que allí el mejor recurso natural es mejor “explotado”, o sea, las personas tienen más libertad -menos “regulaciones” estatales- y pueden maximizar el desarrollo de sus capacidades.

Por caso, como resultado de la nueva ley alemana que permite que pequeños productores vendan energía, pueblos como Wildpoldsried, de solo 2600 habitantes, producen siete veces más energía de la que consumen a partir de molinos de vientos, placas solares y los excrementos fermentados de sus vacas, hierbas, manzanas podridas, patatas y biomasa en general. Así, la cooperativa local, en 2016, ganó seis millones de euros vendiendo energía sobrante.

Ahora, uno de los sectores donde mejor se ve lo destructiva que resulta la “regulación” estatal es en el manejo de los residuos. Lo común es que los gobiernos “regulen” la recolección, tratamiento y destino de la basura. El resultado -además del mayor daño ecológico- es que los ciudadanos pagan por la recolección cuando los hogares deberían recibir dinero por la venta de sus desechos.

México tiene la planta recicladora de PET (materia prima de los envases plásticos de bebidas) más grande del mundo, PetStar. Verdek, también mexicana, recicla 400 toneladas de Tetra Pak por mes, produciendo una tonelada de celulosa blanca y 350 kilos de poli aluminio cada dos horas. De los neumáticos desechados se obtiene small, material para obra civil, combustible para cementeras, acero, losetas, etc. El 40% de los residuos son orgánicos que pueden convertirse en abonos para agricultura o en biogás -metano- si fermenta. Scrapital –“La basura no existe”- es un portal para el reciclaje donde se puede comprar y vender desperdicios.

La ciudad de Monclova, México, cobra a las empresas privadas la recolección de basura. Mientras que, en muchos países, la cadena comienza con los llamados “cartoneros”, hurgadores de basura que venden lo que juntan a los “intermediarios” -acopiadores, galponeros- quienes la clasifican y la venden a las industrias que la compactan o directamente la reciclan.

Según el Banco Mundial, cada día el mundo produce 3,5 millones de toneladas de residuos sólidos hogareños. Y todo eso tiene un valor y deberían pagarnos por nuestra basura, si el mercado -recolección, disposición y tratamiento- de los desperdicios estuviera lo suficientemente desregulado y privatizado. Solamente en Europa, según la Comisión Europea, una gestión eficiente de los residuos supondría la creación de 2,4 millones de empleos y un negocio de US$ 200.000 millones anuales.

Cómo será de rentable la basura que en muchas ciudades existen robos al punto que el 75% de los 53 millones de toneladas de basura electrónica globales anuales -según la ONU- desaparece del circuito oficial, y una red de tráfico -empresas fantasmas incluidas- se encarga de mover un negocio extraordinario incluido el comercio internacional. En el libro ‘Junkyard Planet’, Adam Minter asegura que el reciclaje mueve US$ 500.000 millones anuales en el mundo y emplea a más gente que cualquier industria exceptuando la agricultura.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Si el mundo solo fuera más coherente

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Existe una ciencia que se llama Lógica y que a los seres humanos nos encanta desconocer, al punto que muchas veces es políticamente muy incorrecto el tenerla en cuenta. Por caso, muchos creen que un mal puede solucionarse con otro mal, la violencia con violencia. Pero agregar mal al mal, solo aumenta lo malo, dice la lógica.

El anunciado veto de Rusia y China en la ONU obligó a EEUU a dejar sus planes de guerra económica total contra Corea del Norte. El Consejo de Seguridad del organismo multi estatal aprobó unas sanciones que no incluyen las propuestas por Washington. Se limitarán a dos millones de toneladas el máximo de derivados del petróleo que Pyongyang puede importar, se prohíbe a cualquier país comprar productos textiles de ese país, y se autoriza a cualquier Gobierno a congelar activos de navieras cuyos barcos, en ruta a Corea del Norte, se nieguen a inspecciones.

Lejos del objetivo de Washington que era imponer un bloqueo económico casi total que podría provocar una hambruna como la de los años 90, cuando el colapso de la URSS dejó sin ayuda a Corea del Norte, y unos tres millones de personas murieron de inanición. EEUU pretendía, además, congelar los activos del tirano Kim fuera del país y prohibirle viajar al exterior -cosa que, llamativamente, la ONU no aprobó-, vedar la exportación de petróleo a ese país, y obligar a retornar a los 60.000 norcoreanos que trabajan en 50 países y que envían unos US$ 2.000 millones anuales en remesas.

Por cierto, habrá que ver cómo actúa en los hechos China, que mantiene al régimen de Kim Jong-un y que tiene 1.420 kilómetros de frontera con Corea del Norte, siendo su principal proveedor de energía, aunque Beijing no publica cifras sobre sus exportaciones de petróleo y derivados a su vecino desde 2013.

Pero ¿qué sentido tienen estas sanciones que coartan al mundo la libertad de relacionarse con los norcoreanos? Si se provocara una hambruna, sufriría la gente, no el tirano que, por el contrario, verá acrecentado su poder ya que el pueblo quedará aún más aislado del exterior y más inerme. Insólitamente nadie cree que vaya a lograrse con estas sanciones convencer a Pyongyang de que abandone su programa nuclear y de misiles. El ex asesor de Donald Trump y líder de la facción ultranacionalista del Partido Republicano, Steve Bannon, ha dicho que ésa es una idea irrealizable.

Lo que sí han conseguido es que aumente la retórica nacionalista, populista y amenazante: “Las próximas medidas de la RPDC (República Popular Democrática de Corea, el nombre oficial de Corea del Norte) infligirán a EEUU el mayor dolor que jamás hayan conocido en su historia” ha declarado el embajador norcoreano Tae Song Han.

Por el contrario, el mal se combate con bien, es lógico, es coherente. La vida se defiende apoyándola, sosteniéndola. Consuelo Córdoba fue atacada por su marido, perdió su rostro por culpa del ácido y entró en una depresión, con intentos de suicidio. “cuando mi hija tuvo una cirugía… no me buscó. Ella… me sacó de su vida. Entonces dije, ¿para qué vivir si no tengo a quien le interese? ” explicaba. Así, tenía prevista una eutanasia para el próximo 29 de septiembre. Pero el Papa Francisco, durante su reciente visita a Colombia, se citó con Consuelo que aseguró que: “El Papa me abrazó y le conté todo. Entonces dije, no más inyección… voy a vivir hasta que Dios me quite la vida… Papa, te amo tanto, gracias por salvar mi vida…”.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Salario mínimo o la incoherencia de los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Cuatro de cada diez personas en México viven debajo del umbral de la pobreza y ocho de cada 10 están en situación de extrema carestía. El 5% de los trabajadores cobra el “salario mínimo” impuesto por el gobierno y uno de cada tres no llega al doble. El problema es que este “salario mínimo” -entre los más bajos de Latinoamérica- es de 80 pesos diarios, o sea unos 115 dólares al mes.

Y, según el propio gobierno, este ingreso es insuficiente para que una familia de dos miembros pueda comprar lo más básico, de acuerdo con los cálculos del Coneval, el organismo que evalúa las políticas sociales. Ni hablar si el hogar está compuesto -como suele suceder- por cuatro o más personas.

De modo que la pregunta no es si hay que subirlo o no, todos coincidiremos en que debe aumentar lo más posible, el tema es cómo. La solución facilista -que solemos proponer antes de razonar y encontrar soluciones sabias- es la de que se obligue a los empleadores a pagar más, que el gobierno, utilizando su monopolio de la violencia, fuerce una ley que obligue a aumentar el salario. Así el Estado mexicano, patronales y sindicatos están debatiendo un aumento hasta los 94 pesos por día que sigue siendo muy poco.

En Argentina, el “salario mínimo” impuesto por el gobierno llega a 570 dólares mensuales y en los EE.UU. -que tiene un nivel de productividad muy superior- alcanza a unos 10 dólares por hora, unos 1800 mensuales. Pero en México, donde el “mínimo” es más bajo la desocupación también lo es y llega solo al 3,3%, mientras que en Argentina alcanza al 9,1% y en EE.UU. está en el 4,3% de la población económicamente activa. Y es preferible una persona ocupada, aun con sueldo bajo, antes que un desocupado marginado que no recibe nada.

Ahora, es casual que a mayor “salario mínimo” mayor sea la desocupación o existe una relación entre el nivel de ambos factores. Sucede que la violencia destruye, por tanto, las leyes estatales destruyen y conducen a que queden desocupados quienes deberían ganar más que el “mínimo” impuesto por el gobierno, porque nadie contratará a un obrero si tiene que pagarle más de lo que puede para sostener su rentabilidad.

Para aumentar el sueldo realmente lo que debe hacerse, primero, es bajar los impuestos porque estos necesariamente terminan siendo pagados por los más pobres ya que los empresarios, por caso, para abonarlos suben precios o bajan sueldos. Luego, hay que dejar que el mercado se capitalice y demande más mano de obra, provocando de este modo un aumento en los salarios.

En México, insólitamente, la mayor oposición al aumento del “salario mínimo” no proviene de los empresarios, sino del Estado y sus sindicatos afines porque temen un efecto “inflacionario” y tienen razón. Es que si un gobierno fuerza a las empresas a aumentar los salarios, estas no tienen otra solución que aumentar los precios aun a riesgo de perder clientes. En cambio, cuando el mercado se capitaliza y aumenta el desarrollo tecnológico, aumenta la productividad y, por tanto, el empresario puede subir los sueldos sin aumentar los precios.

Insólitamente, en la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC), EE.UU. y Canadá insisten en que México aumente los salarios, especialmente el “mínimo”, porque consideran que su vecino del sur compite deslealmente, dado que sus políticos mantienen bajos los costos de producción, al impedir el aumento de estos sueldos miserables.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Sir John Cowperthwaite, cuando la moral crea una potencia

Por Alejandro A. Tagliavini

 

Aunque no es perfecto, el nuevo libro de Neil Monnery, “Arquitecto de la prosperidad: el Señor John Cowperthwaite y la realización de Hong Kong” (Architect of Prosperity: Sir John Cowperthwaite and the Making of Hong Kong) debería ser leído por todos los dirigentes, no solo políticos sino empresarios, editores y todos aquellos que tengan que ver, directa o indirectamente, con el desarrollo macroeconómico de un país.

Es un relato fascinante -desprovisto de intencionalidad política- acerca del auge de Hong Kong como una de las principales potencias económicas a nivel global. Pero entremos en tema.

Lo cierto es que la economía probablemente nunca pretendió ser una ciencia -solo una profesión, como la ingeniería- y nunca debió intentar serlo. Adam Smith, lo mismo que los escolásticos españoles de la escuela de Salamanca, que describieron inicialmente con brillantez al mercado, eran solo moralistas. Siendo que la moral es el estudio de la naturaleza humana y, por ende, del comportamiento que el hombre debe tener para adecuarse eficientemente al ordenamiento natural del cosmos.

Por eso dice Adam Smith que “Poco más se requiere para llevar a un Estado al nivel más alto de opulencia… que la paz, impuestos sencillos, y una administración tolerable de la justicia; todo lo demás siendo el resultado del curso natural de las cosas. Todos los gobiernos que obstaculizan este curso natural, que obligan a las cosas hacia otro canal… son antinaturales, y para respaldarse a sí mismos se ven obligados a ser opresivos y tiránicos”.

Hong Kong, el territorio que el Visconde Palmerston, entonces Secretario de Relaciones Exteriores del Gran Bretaña, describió como “una isla infértil con difícilmente una casa en ella”, era muy pobre. Terminada la Segunda Guerra Mundial y la ocupación japonesa, su PIB per cápita llegaba a un tercio del de Inglaterra pero, para cuando se traspasó la soberanía a la China comunista, era 10% superior. Increíblemente, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha respetado el libre mercado existente en la isla y el resultado ha sido que, en 2015, su PIB per cápita fue 40% superior al de los británicos

Fue John Cowperthwaite, hombre de grandes convicciones morales -sin las ambiciones típicas de los políticos- y admirador de Adam Smith, el que sentó las bases de este “milagro”. Monnery, en su libro, asegura que Cowperthwaite no fue el primer defensor de un gobierno limitado que supervisó la economía y las finanzas de la colonia, pero sí fue el primero que lo hizo por razones intelectuales y no puramente pragmáticas, como las de los secretarios financieros Geoffrey Fellows (1945-1951) y Arthur Clarke (1951-1961), que establecieron un régimen de impuestos bajos y de flujos libres de productos y capitales.

A esos fundamentos, Cowperthwaite (1961-1971) agregó no solamente el vigor de sus convicciones, sino también un sucesor elegido a dedo, Philip Haddon-Cave (1971-1981). Y deliberadamente se negó a recoger estadísticas económicas para evitar la intromisión de los funcionarios en la economía, es decir, para evitar a quienes creían que la economía era una ciencia que el hombre podía manejar con su razón -en base a matrices econométricas- y no solo el desarrollo espontaneo del mercado.

Para cuando Haddon-Cave se fue, el éxito del experimento de Hong Kong era tan evidente que hasta el PCCh se comprometió con gusto a mantener su estatus a pesar de que contradecía completamente a su fundación ideológica.

Cowperthwaite, fue el hombre correcto en el momento preciso: en la década de 1960, cuando el socialismo estaba en su ascenso, fue capaz de articular las razones para mantenerse en el mismo camino. Ante los políticos que opinaban que debía planificar su futuro económico, expresó su “profunda aversión y desconfianza a cualquier cosa de este tipo en Hong Kong…  una multiplicidad de decisiones individuales por parte de empresarios… producirá un mejor y más sabio resultado que una sola decisión por parte de un gobierno, o de una junta, con su conocimiento inevitablemente limitado acerca del sinnúmero de factores involucrados, y con su inflexibilidad… “

Coincidiendo con lo expuesto en “El uso del conocimiento en la sociedad” (1945) de Friedrich Hayek, que asegura que la asignación de “los recursos limitados requiere del conocimiento disperso entre muchas personas, sin que individuo o grupo alguno de expertos sea capaz de adquirirlo todo” y a diferencia de muchos tomadores de decisiones alrededor del mundo, quienes sucumbieron ante la “planificación central” del socialismo. Y Sir John remató parafraseando la famosa “mano invisible” de Smith: “es mejor camino depender de la ‘mano escondida’ del siglo diecinueve que lanzarle los torpes dedos burócratas… En particular, no podemos dañar… la libertad de la empresa competitiva”.

 

@alextagliavini

Lo peor no es Harvey, sino la falta de mercado

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

No sé quién fue el pervertidor, pero realizó un buen trabajo: convencer a parte de la opinión pública de que el mercado -las personas cooperando pacíficamente- es malo y que, por tanto, el Estado -el monopolio de la violencia liderado por ambiciosos y a veces corruptos políticos- debe controlarlo. El mundo del revés.

Aunque no se le dio suficiente publicidad -porque los políticos tienen gran influencia sobre los medios- lo cierto es que el principal culpable de los 1800 muertos que dejó Katrina, en Nueva Orleans, fue el Estado que encargó al ejército la construcción de los diques de contención que resultaron endebles. Las compañías aseguradoras y reaseguradoras privadas bien podrían haber construido la infraestructura necesaria.

Por cierto, los fondos que manejan estas compañías son suficientes para realizar con eficiencia las obras pertinentes. Para tener una vaga idea de los recursos que manejan, digamos que solo en Bermudas existen empresas que suman más de US$ 150.000 millones y estamos hablando exclusivamente del 30% únicamente de las aseguradoras “cautivas”, del mundo.

Las inundaciones sin precedentes provocadas por Harvey, seguramente hubieran provocado un daño menor y el rescate y reconstrucción hubiera sido mejor si los políticos, el Estado, no impusiera una serie de regulaciones directas e indirectas que inhiben y hasta prohíben el desarrollo de las compañías aseguradoras y re aseguradoras.

El alcalde local dijo que no evacuó la ciudad de 2,3 millones de habitantes porque si “pones a toda la gente en la autopista, estás llamando a una calamidad mayor”. Es decir, la infraestructura vial estatal hubiera colapsado. Tropas de la Guardia Nacional fueron desplegadas además de 20 helicópteros, y botes, pero resultaron poco a pesar de la ayuda de una organización privada como es la Cruz Roja. El Servicio de Emergencia de Houston recibió más de 75.000 llamadas y se saturó, y tampoco daban abasto los bomberos estatales, otra actividad que bien podrían desarrollar las aseguradoras privadas.

La zona afectada concentra casi un tercio de la refinación de petróleo de EE.UU. y el Golfo de México representa 20% de la producción del país. Analistas estimaron un impacto material de entre US$ 30.000 y 100.000 millones, según Bloomberg. La mayoría de los daños no estarán cubiertos por seguros. Es decir, que sobran incentivos económicos para que las aseguradoras realicen un buen negocio de prevención, rescate y reconstrucción rápida y eficiente.

Para sumar más incentivos económicos, los futuros de la gasolina subieron el lunes casi 4% después de haber subido 7% en las operaciones previas a la apertura del mercado. Mark Zandi, economista en jefe en Moody’s, pronosticó que el PIB de la región bajará cerca del 1%, entre US$ 7.000 y 8.000 millones.

Pero las aseguradoras pueden ser de inestimable ayuda no solo en catástrofes naturales. La bolsa de Tokio cerró a la baja por la caída del yen frente al dólar, a raíz del lanzamiento del misil norcoreano que sobrevoló Japón. Obviamente, aquí también las pérdidas pueden justificar el trabajo de aseguradoras que no solo pueden instalar sistemas de alerta temprana más eficientes que el estatal “Alerta-J”, sino que firmas como Oribe Seiki Seisakusho ya han vendido decenas de purificadores y están construyendo refugios para empresas y familias. Y, por qué no, hasta podrían instalar con mayor eficacia sistemas antimisiles.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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La competencia es vida

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Días calurosos y soleados, en un bellísimo mar azul, dieron lugar a la Copa de Rey, una de las más importantes competencias de veleros en el calendario mundial, organizada por el Real Club Náutico de Palma de Mallorca. Regata que resultó uno de los eventos, deportivos y sociales, más destacados de este verano europeo ya que compitieron 138 embarcaciones, entre las que estaba el Aifos comandado por el Rey Felipe VI.

Fue con gran placer que pude observar esas gallardas velas intentando volar más rápido que las gaviotas, con el esfuerzo de cada tripulante por ganar la competencia. Esa competencia de caballeros -no de soberbios que quieren forzar su criterio sobre el de los demás- que sirve para acicatear el mejoramiento propio y el de los de alrededor, esa competencia que hace que el hombre sea hombre: que progrese, que se supere en todos los sentidos incluso en caballerosidad, en nobleza y en servicio.

Pero por este mismo mar Mediterráneo se cuecen cosas diferentes. Barcos armados -guardianes del Estado que no permite competencia, sino que se impone por la fuerza, con violencia- patrullan para impedir la entrada de aquellas personas que arbitrariamente el gobierno decide que no son “legales”. Como si el solo evitar la competencia no fuera suficiente daño, para sostener este monopolio -como los sindicatos avalados desde el Estado no quieren la competencia de los inmigrantes- el gobierno malgasta el dinero de los ciudadanos.

Para frenar las llegadas de migrantes, Europa dilapidó € 17.000 millones entre 2014 y 2016, según un informe del Overseas Development Institute, que asegura que el principal cambio en la estrategia migratoria del Viejo Continente ante la crisis de 2015, cuando un millón de personas entró “irregularmente” a Europa, se dio en el aspecto económico. Dinero que se usó en la vigilancia de los mares, fronteras terrestres y en paquetes de ayuda a los países de origen. El presupuesto de la Agencia Europea de Fronteras (Frontex) pasó de € 6 millones en 2005 a 254 en 2017.

Según Theodore Baird, de la Universidad de Ámsterdam, el control de las fronteras europeas se volvió más restrictivo, militarizado y “mortífero” desde los noventa y, según sus cálculos, el mercado global de la seguridad fronteriza rebasará los € 50.000 millones en 2022. Además, asegura que esta cifra es engañosa porque no existe estimación exclusiva referida al control de las migraciones ni está definido de manera clara qué actividades se incluyen. Y, por cierto, hay muy poca transparencia, por no decir mucha corrupción.

Pero no siempre falta la “competencia” entre Estados, que podrían definirse como los monopolios de la violencia con la que imponen “orden” dentro de sus territorios. Por caso, luego de recibir una amenaza de un ataque norcoreano a la base militar de Guam, el mandatario estadounidense, Donald Trump, no quiso ser menos. “Mi primera orden como presidente fue renovar y modernizar nuestro arsenal nuclear. Es ahora mucho más fuerte y más poderoso que nunca antes”, escribió en su cuenta de Twitter. Y luego, añadió: “Ojalá nunca tengamos que usar ese poder, ¡pero nunca habrá un momento en el que no seamos la nación más poderosa del mundo!”. O sea, que está dispuesto a “competir” violentamente con tal de cumplir su lema “America first”.

En fin, el mundo necesita más competencia entre personas, precisamente, para evitar la “competencia” entre monopolios, entre Estados.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Solo crece una burbuja que estallará

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

“Lo trágico es que, en su arrogancia, la gente intenta someter a la naturaleza a su voluntad” decía Masanobu Fukuoka… Así, el gobierno cree que puede someter al mercado natural, que puede coactivamente modificarlo o inducirlo y, por cierto, le volverá como un boomerang.

Obviamente la economía cayó en 2016 debido a la continuidad de pésimas políticas y no por un “necesario ajuste”. Particularmente dañina es la presión fiscal coactiva que crece -y no el déficit cuyo “descenso” el gobierno festeja- ya que desvía fondos del mercado para ser malgastados por la paradigmática ineficiencia burocrática.

Los sectores que vienen aumentando son el empleo público -que engrosa la burocracia-, la obra pública que, como toda empresa estatal, resulta ineficiente desde que no compite como el sector privado y, fuera del sector estatal, crece un poco el campo -precisamente debido a que le bajaron mínimamente la presión fiscal- que no alcanza para arrastrar a toda la economía, y la construcción privada pero apalancada en créditos estatales alentando una demanda artificial que va creando una burbuja.

Según el Indec, la construcción viene creciendo a un ritmo que supera el 10% interanual. Y las hipotecas bancarias, aumentaron 130% interanual y solo en julio van camino de terminar siendo $5000 millones los comprometidos cuando en junio habían sido $3700 millones, del cual el 61% correspondió al estatal Procrear.

Así el gobierno está forzando la demanda de construcción por encima de lo que sucedería naturalmente. Según un estudio de la UTDT, con US$ 1000 en 2004 se compraban 0,85 m2, y ahora sólo 0,3 m2. Hoy la rentabilidad neta de un alquiler ronda el 4%, la mitad de lo que se obtenía hace de 10 años y un tercio de lo que se daba en las mejores épocas. La baja rentabilidad, en definitiva, se explica porque los precios de las propiedades -el capital invertido- están exageradas.

Por cierto, las expensas e impuestos ya representan un 50% de lo que se paga de alquiler, cuando históricamente era entre 20 y 30%. Entonces, dada la recesión que no permite aumentar los ingresos familiares, la rentabilidad de la construcción irá quedando cada vez más atrasada, y no es de extrañar que, lenta o rápidamente, los precios de las propiedades se corrijan a la baja.

De hecho, con la abrupta suba del dólar de estos días -pasó de 16,20 a 17,80 pesos- los créditos ya otorgados por bancos como el Nación quedaron cortos dado que las propiedades cotizan en dólares. Algunos están tratando de buscar una casa más barata, mientras el banco estudia alguna solución. En cualquier caso, claramente la demanda ya empezó a resentirse.

Para terminar, hablando de burbujas, digamos que hasta hace pocos días, el Merval desde junio 2013 aumentó más del 120% mientras que el S&P tuvo un retorno del 53%. Dice Diego Martínez Burzaco, de MB Inversiones, de que en “el mercado… muchas de las grandes subas… han estado enmarcadas más por expectativas que realidades… Hay valuaciones… con múltiplos de Precio/Valor Libro por encima de 10 veces o ratios Precio/Ganancias por encima de 40 veces”. En fin, si algo ha hecho bien este gobierno -léase Duran Barba- es el marketing vendiendo humo que, a medida que se va disipando, deja al descubierto el tendal de personas perjudicadas.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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