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Alejandro A. Tagliavini

El columnista basado en Argentina más publicado en el mundo

No llores por mí, Jerusalén

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Estas idas y vueltas de Trump, fiel a su estilo de showman, me hacen pensar que, al fin de cuentas, la clave la tiene Lucifer. Dice San Lucas, que el diablo quiso tentar a Jesucristo y, entonces, le mostró los reinos del mundo mientras le decía: “te daré la autoridad y grandeza de todos ellos. Me las han dado a mí, y se las puedo dar a quien yo quiera… Si… me adoras”. A lo que Jesús respondió “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”.

Desde que Trump amenazó con reconocer a Jerusalén como capital de Israel y ordenar el traslado de la embajada, el revuelo fue fenomenal. Aun cuando el presidente aclaró que reconocerá “que las fronteras específicas de la soberanía israelí en Jerusalén estarán sujetas a negociaciones de estatus final” con los palestinos, y que seguirá apoyando el “statu quo en el Monte del Templo” o Explanada de las Mezquitas, en la parte palestina de la ciudad.

En rigor, una ley de 1995 insta a Washington a trasladar su representación a Jerusalén, pero nunca se concretó porque los presidentes desde Bill Clinton lo han postergado. Ahora se convertiría en el único país que reconoce como capital de Israel a esta ciudad. Sucede que, tras la anexión israelí de la parte oriental de la urbe -donde los palestinos quieren instalar su gobierno- la ONU llamó a la comunidad internacional a retirar sus legaciones de la Ciudad Santa.

El 15 de mayo de 1948 estalló la primera guerra árabe-israelí y las batallas más violentas, que se sucedieron hasta julio de 1949, se desarrollaron en los alrededores y el interior de la ciudad terminando con la división de Jerusalén, el Oeste en manos de Israel y el Este en poder de Jordania hasta 1967 cuando, tras la Guerra de los Seis Días, el control pasó a manos de Israel.

En cualquier caso, el traslado demandaría no menos de tres años ya que hay alrededor de 1.000 personas en la embajada y llevará tiempo encontrar un lugar y construir una nueva sede. Con lo que, al menos hasta las próximas elecciones presidenciales, no se concretará físicamente… y luego veremos. Aunque el embajador podría ser enviado y utilizar una parcela que EE.UU. arrienda allí desde 1989 o convertir el consulado que tiene en esta ciudad en embajada.

Jerusalén, una de las ciudades más antiguas del mundo, considerada “santa” por cristianos, judíos y musulmanes, es el principal foco de conflicto entre Israel y los árabes. De modo que, los países musulmanes, y grupos terroristas como Hamas y la Yihad Islámica, respaldados por Irán, han amenazado con represalias.

El Papa expresó su preocupación y pidió que se respete el estatus actual. “Mi pensamiento va a Jerusalén”, expresó y agregó que “es una ciudad única, sagrada para los hebreos, cristianos y musulmanes… y tiene una vocación especial para la paz”… hasta que llegaron los políticos.

Llama la atención que esa embajada tenga 1000 empleados, son muchos sueldos que pagan los contribuyentes, y qué poco sentido tiene sobre todo hoy cuando, vía internet, es posible hasta tener reuniones virtuales. ¿Qué sentido tienen entonces las embajadas? Pues irritar a todos.

Luego, esto de los Estados -los reinos que menciona el diablo- las fronteras, claramente son fuente de permanente conflicto, no diré que pueden eliminarse, pero pareciera que Lucifer por una vez ha dicho la verdad: “la autoridad y grandeza de todos los reinos me ha sido dada a mi y las puedo dar a quién quiera”.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

La política pervierte a cualquiera

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Antes de comenzar, quiero destacar que, con solo traer este tema a las primeras planas, el Papa ha hecho mucho por los verdaderos derechos humanos y las libertades personales, contra lo que dicen muchos de sus detractores en todo el mundo.

Francisco dijo en Birmania, durante una misa en Rangún a la que asistieron unas 150.000 personas, sin citar por su nombre a la atribulada comunidad Rohingya, la minoría islámica, que “Se que muchos… tienen que soportar las heridas de la violencia… La venganza no es el camino de Jesús”, y pidió “que acabe el conflicto en los estados Kachin, Shan y Rakhine”.

Myanmar es budista, con una minoría musulmana de un millón de Rohingya. Desde agosto, como respuesta a los ataques de un grupo terrorista auto denominado “Ejército de Salvación Rohingya”, los militares iniciaron una campaña que incluyó violaciones, torturas y quema de aldeas. Más de 600.000 huyeron a Bangladés.

Francisco “es bueno y amigable, no como los budistas”, aseguró un peregrino que participó de esta misa que se caracterizó por ser más “espiritual”, sin un solo grito de euforia, marcando una diferencia del catolicismo en muchos países de Asia, el segundo continente donde más crece luego de África.

El Papa se reunió con los integrantes de la cúpula budista, la Shanga, que en contra de la fama de pacifistas que tienen los budistas, algunos apoyan al ideario más extremista y la represión del ejército contra la minoría musulmana. Después, Francisco se trasladó a la vecina Bangladesh donde se reunió con una pequeña delegación de Rohingya.

Antes, sin mencionarlos explícitamente, habló muy claramente de las minorías reprimidas ante la consejera de Estado y Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi. En la película Lord of War, el traficante de armas -Nicolas Cage- sostiene que, en África, los líderes de la independencia se transformaron en los peores dictadores. Por caso, Mugabe.

Aung San Suu Kyi pasó quince años de arresto domiciliario bajo la dictadura militar de Birmania, ahora Myanmar. El arresto terminó en 2010, después de que, en 1991, recibiera el Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos humanos. En 2011, comenzó un proceso de apertura en el país y en 2015 Suu Kyi ganó las elecciones. Ella no preside -por razones burocráticas- pero tiene el poder.

Según distintas ONGs, se trata de una “limpieza étnica”. Suu Kyi se defendió y clamó a los cielos que nadie mejor que ella sabe “lo que significa la privación de los derechos humanos” y, sin mencionar a los Rohingya, los llamó “terroristas”. ¿Hay que quitarle el Nobel de la Paz?, pregunta que ha sonado en casos como los de Kissinger, Obama o Arafat. No importa que miles de personas hayan enviado una petición al comité noruego, los estatutos no permiten dar marcha atrás.

“¡Qué vergüenza Aung San Suu Kyi!… (ahora) justificas la carnicería de tu propia gente?” ha dicho Ken Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch. Es que una cosa son los políticos siendo civiles -y quizás tengan buenas intenciones- otra cuando hacen campaña y prometen el paraíso terrenal para ganar votos y otra muy distinta cuando ejercen el “poder” que es el de las FFAA y policiales del Estado, con las que hacen “cumplir la ley” y, como toda violencia es necesariamente inmoral, se ven obligados a dejar la moral y si, encima, quieren conservar su “poder”, deben usar esa violencia contra cualquiera que pueda inducir una mengua.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Inflar no es crecer

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

A pesar de los anuncios del gobierno, Argentina no esta creciendo, genuinamente. Hay dos condiciones necesarias y suficientes para un avance real en la economía. En primer lugar, como cuando una pileta empieza a llenarse por lo más bajo, un crecimiento genuino, necesariamente, empieza por abajo, por los sectores más débiles porque son los que están dispuestos y expuestos a un mayor esfuerzo y necesidad. Y aquí, la pobreza no cae sustancialmente -si acaso cae- y los jubilados van camino de empeorar.

La segunda condición es que el crecimiento debe ser estable y general, más allá de los naturales reacomodamientos del mercado. Pero el “crecimiento” oficial es desequilibrado e inestable. Así, estas dos cuestiones bastarían para asegurar que no existe un crecimiento real sino, en todo caso, un aumento en la entrada de dinero en algunos sectores.

Recordemos -como señalan Martín Krause, Nicolás Cachanosky y Adrián Ravier- que el PIB considera la etapa final de consumo, relegando la inversión y la producción. Cuando el crecimiento genuino de una economía tiene que ver con la productividad, eficiencia y desarrollo tecnológico a partir de importantes flujos de inversión surgidos del mercado (privado).

Pero hagamos un análisis más “matemático”. El peso se revalúa a 17,6 por dólar -cuando los analistas dicen que debería rozar los 28- facilitando la cosmética al inflar el crecimiento del PIB medido en dólares y, así, mejoran los indicadores de solvencia, y el déficit fiscal primario terminaría el año por debajo, al igual que la deuda sobre PIB. Mientras el oficialismo asegura un crecimiento económico superior al 3% del PIB, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) mensual del BCRA muestra que la mediana de las expectativas está en el 2,9% anual y están cada vez más pesimistas.

Las inversiones siguen muy escasas, el déficit comercial superará los US$ 7000 M y la deuda se acercará a los US$ 320.000 M a fin de año. Las Lebacs con tasas de 29%, tampoco son sustentables, y ya superan los $ 1,2 billones, equivalentes al 120% de la base monetaria. Lo peor del caso, es que el 85% del nuevo endeudamiento del sector público, en lo que va de año, financió la compra de billetes para atesoramiento y turismo.

Obviamente, la política económica se inscribe en el neo keynesianismo que dice que el Estado debe “estimular” al mercado para que crezca. Pero resulta que la fuerza de estimulación sale del mismo mercado. Entonces, el gobierno retira recursos del sector privado, los pasa por una burocracia que se queda con buena parte y vuelve al mercado solo lo que queda y lo invierte de manera ineficiente.

En este plan keynesiano, entonces, lo que básicamente ha hecho el gobierno es inyectar dinero con una emisión desaforada -que llevó la inflación al 40,9% en 2016 y se acerca a 23% este año- y a través del crédito. Según Bloomberg, entre el 1 de enero de 2016 y el 18 de septiembre de 2017 los emisores emergentes colocaron deuda por unos US$ 596.400 M, siendo que Argentina ocupa el primer lugar con US$ 42.000 M, 7% del total. Sigue China, que no llega a US$ 40.000 M. Insólitamente, el puesto 22 del ranking es ocupado por la provincia de Buenos Aires con US$ 8.660 M (1,5% del total).

Ahora, el PIB argentino que en 2015 era de unos US$ 580.000 M, se habría contraído -2,2% quedando en 2016 en casi US$ 565.000 M. Y, según el gobierno, crecería alrededor de 3% este año finalizando en casi US$ 600.000 M. Con estas cifras, resulta que en un período (2016-2017) en el que se inyectó -con el fin de inflar a la economía de manera artificial- dinero externo por una cantidad que supera al equivalente a un 5% de su PIB, este crece solo 0,8%.

El principal motor del “crecimiento” artificialmente inducido por el gobierno parece ser la construcción, la pública -que es doblemente ineficiente, por ser decidida y ejecutada por el Estado- y la privada que está siendo inducida por créditos apalancados desde el gobierno. El resultado de estos créditos hipotecarios no puede ser más claro. Han provocado un aumento en el precio de los inmuebles que no puede sostenerse en el tiempo porque no responde a las reglas del mercado: la inversión no tiene un retorno competitivo.

Hoy, la ganancia bruta de un alquiler no llega al 5% y si, descontamos impuestos y demás gastos, queda en 2,5% anual del valor la propiedad. Cualquier otra inversión resulta más rentable.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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¡Que el Estado no nos “defienda”!

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Dos meses después de que el huracán María azotó a Puerto Rico, el 45% del territorio sigue sin luz. ¿Quién es el responsable? No es el mercado, ya que existe una agencia del gobierno, la Autoridad de Energía Eléctrica, que “regula” -interfiere coactivamente- el desarrollo social natural.

Pero los políticos no se dan por vencidos y, en lugar de dejar que el “egoísta” mercado se auto regule y abastezca rápida y plenamente, acicateado por el afán de lucro, piden más y dicen que la Administración Trump y el Congreso no están haciendo todo lo que podrían, ya que se han autorizado US$ 5.000 millones en concepto de préstamos cuando los daños, según el gobierno, superan los US$ 94.000 millones.

Aunque la cosa puede ser peor. Días atrás, en Sidi Bulaalam, un pueblo de 7.000 habitantes al sur de Rabat, en Marruecos, fallecieron 15 personas en una estampida durante un reparto benéfico de comida. Sucede que la cosecha está destrozada porque el país padece varias temporadas de sequía.

Y no faltan los políticos, periodistas y ONGs que viven de subsidios y recursos estatales, que hacen alusión al cambio climático, o al boicot de Donald Trump a los acuerdos de París sobre el cambio climático, en lugar de usar el sentido común y no dejarse llevar por sus, ahora sí, sus egocéntricos intereses propios.

Ejemplos de cómo el mercado -acicateado por su “egoísta” afán de lucro- puede abastecerse sobran. Solo por nombrar uno, Chile tuvo históricamente un severo problema de escasez de agua, pero hoy se jacta de una oferta casi universal en las ciudades y de más de 80% en las zonas rurales, quizás las tasas de cobertura más altas en América Latina. Esto a partir de una Ley de 1981 que desreguló al punto de permitir los derechos de propiedad sobre el agua, de tal manera que los propietarios -las personas, el mercado- puedan comercializar el fluido.

El gobierno chileno puso las 13 empresas de agua a la venta en 1998 y cinco se vendieron en tres años, sirviendo a más de 75% de los hogares mejorando rápidamente la eficiencia y los servicios, mientras que las empresas estatales empeoraron. Las tarifas de las privadas aumentaron más que las de las estatales, pero todavía eran en promedio 40% más bajas. Y siguieron bajando basadas en un sistema de precios que, aunque lejos de ser completamente libre, al menos intentaba reflejar al mercado con una componente fija y otra variable según distintas circunstancias.

Por cierto, las “regulaciones” del Estado pueden ir todavía más lejos. “Una prisión a cielo abierto”, titula Amnistía Internacional un informe sobre las restricciones que los rohingya —minoría musulmana que huye de a miles hacia Bangladés —padecen en el oeste de Myanmar. En plena apertura democrática tras seis décadas de Junta Militar, “La brutal campaña de limpieza étnica de las fuerzas de seguridad… (es) otra manifestación extrema de esta actitud abominable”, indica el informe.

En el fondo de todo eso, subyace la errónea -históricamente primitiva- idea de que la violencia -cuyo monopolio ejerce el Estado- puede ordenar cuando hasta en los casos de defensa propia y urgente resulta contraproducente. La Segunda Guerra Mundial, por caso, instaló una tiranía peor que la nazi: la soviética que luego cayó sin guerras. Recientemente, un alto ejecutivo de Televisa -destacado grupo televisivo de origen mexicano- murió durante un intento de asalto, pero por una bala de su custodia.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

Las Lebac son inflacionarias

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Meses atrás el presidente del BCRA dijo que “En 2015, la tasa de expansión monetaria había llegado al 50% y nosotros la bajamos a 20%…”. O sea, si bajó la expansión monetaria y se aplicó una política -de tasas altísimas y emisión de Lebac- “anti inflacionaria” el aumento del IPC debería haber sido menor y, sin embargo, creció desde el 27% en 2015 al 40,9% en 2016, año en que la base monetaria creció 31,7% pero la inflación la superó en 9 puntos llegando a 40,9%. Esa diferencia tiene su origen en gran parte en las Lebacs y los pases.

Ya les gustaría a los políticos que las letras fueran anti inflacionarias, para poder emitir todo lo que quisieran para “reactivar” la economía -el sueño keynesiano- total después lo “neutralizan” absorbiendo billetes con la venta de papeles. De paso, aclaremos que el actual “crecimiento” de la actividad económica no es genuino sino inflado con deuda estatal… y los globos inflados corren serio riesgo de pincharse.

Pretender parar el aumento del IPC absorbiendo dinero post emisión es como matar a balazos a una persona y luego quitarle las balas: podrán decir que el cadáver no tiene balas, pero revivir no va a revivir. Sucede que la inflación es el exceso de emisión por sobre la demanda del mercado, en tiempo real, de modo que una vez emitido el exceso la inflación ya se instaló y no hay modo de neutralizarla: como dice la sabiduría popular, “los precios nunca bajan”.

Es que, una vez emitido el exceso, el mercado produce una serie de efectos, en tiempo real, que no pueden retrotraerse. Por ejemplo, los consumidores cambian sus hábitos, los empresarios su política productiva, etc. O sea, provocada la inflación, podría ocurrir que baje la producción ante una merma del consumo, entonces la demanda de moneda bajará compensando la absorción monetaria de las Lebac.

Ya en 1978 el gran economista Henry Hazlitt, decía que la inflación provenía como consecuencia del aumento en la cantidad de dinero y crédito. Las Lebac, al contrario de lo que pretende el gobierno, son doblemente inflacionarias: porque provocan una contracción de la demanda monetaria -ya que los inversores se quedan en estas letras- aumentando el spread con la oferta, y porque terminan reduciendo la producción real al desviar fondos hacia la bicicleta financiera.

El BCRA subió el martes pasado la tasa de Lebac, en línea con la de política monetaria tomada la semana anterior, y la ajustó al alza en 225 puntos básicos -la tasa a un mes de las letras- hasta 28,75%, convergiendo hacia la de pases cuya suba fue de 100 básicos hasta el mismo nivel.

Así, coherente con lo que venía operando en el mercado secundario, la tasa llega al máximo valor en lo que va del año, subiendo 650 puntos básicos desde los mínimos de abril cuando la de corto plazo era fijada en 22,25%. Aunque, la real, descontada la inflación, queda en los mismos niveles si consideramos las expectativas de inflación (23%), medidas por el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA.

Por cierto, no son datos menores el hecho de que vencían unos $380.000 millones de Lebac y se recibieron ofertas por unos $335.000 millones quedando $45.0000, y que el stock haya quedado en máximos históricos acercándose a la friolera de 1,1 billones de pesos, unos US$ 55.000 millones.

La consecuencia inmediata de la decisión del BCRA fue una retracción de la inversión genuina en pos de la bicicleta financiera, y la Bolsa tuvo un martes negro con un bajón del 4,1%, su peor caída diaria en cinco meses, aunque también influyó el temor de que un aumento impositivo. La otra consecuencia fue una caída del dólar, ya demasiado deprimido, alentando las importaciones contra la producción local. Y, con todo esto, el riesgo país, medido por el JP.Morgan, subía levemente hasta el rango de los 381 puntos básicos.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

El mercado no son los ricos, son los pobres

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Los políticos, demagógicamente, dicen que promulgarán “leyes” que favorecerán a los pobres. Pero manejan al Estado -el monopolio de la violencia- y sus ayudas consisten en imponerse sobre el mercado natural.

Más allá de que la violencia siempre destruye, ergo, estas “leyes” son destructivas, los que les creen terminan pensando que el mercado es malo, cuando está conformado por todas las personas que integran una sociedad de modo que, cuando se imponen “leyes”, debe leerse que se imponen violentamente sobre las personas quedando más perjudicados los más débiles, los más pobres.

Los demagogos dicen que el mercado “egoísta” favorece a los ricos cuando es lo contrario: muchos ricos “compran” la política para imponer “leyes” a su favor. Por caso, que impidan la importación para no tener competencia. Veamos.

Al proyecto fiscal de Donald Trump se le oponen 400 millonarios que firmaron una carta pidiendo que no se recorten sus impuestos, promovida por la ONG Riqueza Responsable, próxima a los demócratas, y suscrita por George Soros y Steven Rockefeller entre otros.

Trump presentó “el mayor recorte fiscal de la historia”. Pero la rebaja impositiva -al no bajar el gasto- incrementaría la deuda en US$ 1,5 billones en 10 años sobre que ya se deben 20 billones. Según el oficialismo, bajando la presión fiscal sobre las empresas estas crecerían y así aumentaría la recaudación sin que sea necesario un mayor endeudamiento. La misa estupidez que piensa el presidente argentino.

A ver. Lo cierto es que, a mayor capacidad económica, una entidad -o persona- más traslada los impuestos hacia abajo. Por caso, una empresa los paga subiendo precios, bajando salarios, etc. Así, los más pobres resultan más perjudicados por la presión general. De modo que ese “no nos bajen impuestos” es hipócrita.

Los Paradise Papers, mencionan a más de 120.000 personas y empresas. Desde la reina Isabel II hasta empresas como Facebook, Apple, Disney, Microsoft, Uber y Nike que, según The Express Tribune, “han evitado pagar millones en impuestos utilizando empresas offshore”. Pero hete aquí que, también, aparece el firmante de la carta George Soros

Son casos como el de la cantante Shakira que vive en Barcelona pero tiene domicilio en Bahamas y tributa en Malta. O sea, gente que trabaja y solo quiere evitar los “infiernos”, el abuso coactivo de los Estados recaudadores -“los publicanos” tan condenados en los Evangelios- mostrando que el problema no son los paraísos, son los infiernos.

Ya en 2011 Bill Gates y Warren Buffet dijeron que “Mientras las clases… bajas… luchan por ganarse la vida, nosotros… continuamos teniendo exenciones fiscales”. Justamente Gates que ha hecho su fortuna sobre un verdadero monopolio garantizado por el Estado, tal el “copyright” de su sistema operativo.

Muchos millonarios adoran al Estado porque viven a base sus privilegios cuando no a corrupción, tan sistémica que hasta Hillary Clinton está siendo investigada por tomar decisiones influidas por donaciones siendo secretaria de Estado. A su vez, Clinton y el Partido Demócrata financiaron la investigación sobre Trump y Rusia que ya lleva varios presos y unos US$ 850 mil cobrados por su yerno.

Dicen que los impuestos van a asistencialismo para los pobres, pero un simple cálculo muestra que lo que el Estado les quita por vía de coacción fiscal supera a lo que les devuelve.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Trump, premio Nobel de la paz

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

“Trump es ‘maquiavélico’, pero Obama también lo era” escribió Marc Bassets en El País de Madrid y cuenta que “hay Maquiavelos y Maquiavelos”… Unos son astutos y maquinadores y otros son “los que, consciente o inconscientemente, aplican… los consejos que de verdad Nicolás Maquiavelo dejó escritos en El Príncipe”.

Según el florentino a veces hay que desviarse de las normas morales, o sea, ser inmoral. Cuando en El Príncipe explica qué debe hacer un gobernante para ser estimado, elogia a Fernando de Aragón porque “siempre mantuvo los espíritus de sus súbditos en la espera, la admiración y la ansiedad de su éxito” bélico.

Trump, a golpe de Twitter, mantiene al mundo en estado de ansiosa expectación. Obama, por su parte, nunca fue tan maquiavélico como en su discurso de aceptación del Nobel de la Paz, en 2009, al repudiar la violencia y la guerra y, al mismo tiempo, saber que la permanencia de su Estado se fundamenta en la violencia y la guerra. Porque un príncipe, escribe Maquiavelo, “con frecuencia se ve obligado a actuar contra su palabra, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión”.

Obama citó a Gandhi y Martin Luther King, apóstoles de la no violencia. Pero añadió: “… no puedo guiarme sólo por sus ejemplos… el mal existe en el mundo (…). Decir que la fuerza puede ser necesaria… es un reconocimiento… de los límites de la razón”. Los límites de su pobre razón, por cierto, ya que contradice a la metafísica clásica, la de Aristóteles, Santo Tomás y tantos sabios, que afirma que el mal no tiene existencia propia, sino que es ausencia de bien.

Según El Príncipe un “buen” gobernante “no debe tener otro objeto ni otro pensamiento que la guerra y las instituciones y la ciencia de la guerra”. Donald Trump, en su gira por Asia instó a Japón a que “compre una cantidad masiva de equipos militares” norteamericanos, contra una población que ha demostrado en las encuestas su adhesión a la política pacifista desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (SGM). Y la misma estupidez hizo en Corea del Sur.

Sin inmutarse, demostrando un canibalismo inaudito, aseguró que “Se trata de un montón de puestos de trabajo para nosotros”, mientras que en Corea del Sur aseguró que “nos va a pedir millones en equipos (militares) y con ello se reducirá nuestro déficit comercial”. A Trump, no se le puede negar su manera de decir la verdad frontalmente sin disimulos ni escondidas: para los políticos, la guerra, el asesinato masivo de personas, es una cuestión comercial.

Trump, tiene mérito como para que le otorguen el Nobel de la Paz. Solo faltaría que agreguen a Putin que no festejó el centenario de la revolución bolchevique de 1917 (que se inició el 7 de noviembre, que era 25 de octubre en el calendario juliano vigente entonces), porque tiene sus dudas… Mandó instalar el primer busto del tirano Stalin -que asesinó a más de treinta millones de personas dentro de la URSS-  desde que murió en 1953. Y, después, inauguró el monumento a las víctimas de la represión en la URSS.

Por cierto, Stalin todavía tiene admiradores que aseguran que convirtió a la URSS en una potencia después de ganar la SGM. ¡Y qué razón tienen! Sin esta guerra, sin guerras, la tiranía stalinista jamás se habría consolidado y, probablemente, hubiera luchado con el nazismo hasta desaparecer ambos. Y luego se dio la lógica, el peor imperio de la historia, el soviético, cayó sin guerras.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Las Lebac o cómo ahuyentar inversores

 

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Como cada quincena, esta semana el BCRA fijará la tasa de referencia para el costo de los préstamos, pero en un contexto en el que la tendencia al alza de la inflación y el proyecto al gravamen a las inversiones le embarran la cancha. La última vez, la incrementó en 150 puntos básicos hasta el actual 27,75% anual, luego de seis meses congelada.

La inflación anual esperada para todo el 2017 por los analistas en el relevamiento (REM) de octubre es de 23%, un incremento de un punto porcentual respecto al informe del mes pasado (22%).

Además, por el proyecto que debe aprobar el Congreso para gravar a la renta financiera se debería ofrecer mayor rentabilidad a los inversores como compensación. Como si esto fuera poco, luego de subir la tasa de referencia de la economía al 27,75%, el efecto se trasladó a la plaza secundaria de las Lebac y pases que incrementaron su rentabilidad en casi un punto porcentual.

Así, las Letras a más corto plazo (menos de un mes) pasaron de ofrecer 26,5% en la previa del alza del BCRA al actual 27,25% anual. En tanto que las Lebac a 257 días llegaron hasta el 28,60% anual.

Según los analistas de Puente, si se formaliza el impuesto a la renta financiera, a los precios de mercado actuales, el retorno luego del impuesto del 5% para una Lebac a 35 días caería a 26,1% y, por tanto, obligaría al BCRA a aumentar la tasa para mantenerla contractiva.

El REM de octubre, indica que de noviembre a enero la tasa de referencia se sostendrá en 27,75%, un incremento que llega a superar los dos puntos porcentuales respecto al informe del mes pasado. En consecuencia, se espera que este martes las tasas seguirán en el mismo nivel (27,75%) o, incluso, que suban más.

Por otro lado, dado que los plazos fijos serán alcanzados por una retención del 5%, la referencia Badlar actual para préstamos interbancarios se volvería negativa en términos reales ya que (para depósitos de más de $ 1 millón) está en 22,625%, con lo cual terminaría siendo de 17,625% y quedaría debajo de la inflación de 24,2% anual reportada por el INDEC.

El proyecto intenta gravar con el 15% sobre los rendimientos netos, descontados variación del tipo de cambio y suba de precios de la economía, de activos denominados en dólares, tales como bonos ajustados por inflación y los títulos dólar linked.

Por cierto, desde Puente se concluye que “aún luego de impuestos, el retorno de los activos argentinos continuará resultando muy atractivo respecto a los activos del resto del mundo”.

De donde, la única inversión extrajera esperable es la bicicleta y, por cierto, para atraer estos inversores no hace falta viajar a EE.UU., mientras que las genuinas no vendrán por muchos viajes que el presidente haga que, por el contrario, desalientan las inversiones ya que aumentan los gastos estatales, el costo argentino, que las desalienta.

Para Puente, si el BCRA decidiera subir para “mantener una tasa real implícita en la curva de Lebacs en torno al 10%”, eso favorecería “a los bonos Badlar, especialmente en un contexto donde probablemente los inversores no residentes no vean cambios en su tratamiento fiscal”. Y además, se “reduciría el retorno de los activos argentinos para los residentes locales en comparación a los del resto del mundo”.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Reforma tributaria: Gatopardismo de alto vuelo

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Si algo hace bien el gobierno es confundir a la opinión pública, aprovechando la abrumadora capacidad oficial de propaganda, para salirse con la suya. Como crear la Secretaría de Simplificación Productiva para “desburocratizar”, ¿crear burocracia para disminuirla? No sé cómo terminará (ya que dicen cuánto, supuestamente, se ahorrará, y no dicen cuánto costará implementarlo) pero claramente no resiste análisis lógico.

Si hasta ahora el gobierno fue “gradualista” -conservador en rigor- para no asustar al votante y no perder las recientes elecciones, por qué perdería el poder ahora que lo tiene todo. Así, la reforma tributaria está destinada a aplacar las críticas -hasta del mismo gobierno- por la altísima presión fiscal, al mismo tiempo que conservarla, no bajarla e, incluso, aumentarla. Como dice Miguel Boggiano “la reforma promete ser más una reorganización confusa de los actuales impuestos”.

El plan del gobierno de bajar la presión impositiva en 1,5% del PIB en cinco años, es ya teóricamente muy pobre. Pero, además, de la teoría al hecho…. Porque está basada en supuestos de crecimiento e inflación poco creíbles con lo cual el peso real podría llegar a aumentar. Y esto sin contar con que la “presión fiscal total” no termina en los impuestos, ya que el Estado también quita dinero al mercado por vía inflacionaria y al endeudarse dado que provoca un aumento en las tasas de interés que paga el sector privado.

Hay dos principios -científicamente harto demostrados- que deberían orientar y que el gobierno no quiere reconocer porque no le conviene.

El primero es que la presión fiscal es el principal -el principal, subrayo- factor en la creación de pobreza junto con las leyes laborales y demás regulaciones que provocan desocupación. Sucede que, si bien los impuestos son pagados por todos, a mayor capacidad económica, mayor es la capacidad para derivarlos hacia abajo. Por ejemplo, los empresarios para pagar cargas fiscales suben precios o bajan salarios. De modo, que la presión fiscal impacta de lleno y con más fuerza sobre los más pobres.

Dicen los defensores de los impuestos que estos son recursos que el Estado utiliza para obra pública y asistencialismo, para paliar la pobreza. Pero la obra pública puede ser realizada por el sector privado con mayor eficiencia. Y empobrecer a los pobres para luego devolverles lo poco que queda, tras pasar por una burocracia infernal, es demagógico.

O sea, que los recursos que el Estado retira –“presión fiscal total”- del mercado, en parte se pierde en la burocracia (cuando no en corrupción) y lo que vuelve es mal asignado porque el Estado es, necesariamente, inevitablemente, ineficiente, y este es el segundo principio rector.

Desde que el mercado -las personas- es el que define la eficiencia en tiempo real, dado que esta es la maximización de la utilidad de un recurso, maximización que varía permanentemente a través del tiempo, los segundos, porque las condiciones cambian, y con cada persona visto que cada una tiene capacidades diferentes.

 

Según el FMI, el gasto público es altísimo, 41,7% del PIB -en mi opinión es todavía mayor-  y sólo inferior a 21 de 114 países listados. Entonces, o se baja esto radicalmente o se solventa con la venta de la incalculable cantidad de propiedades estatales, o seguimos con gatopardismo con tal de conservar el poder, empobreciendo a todos y marginando a muchos de los cuales algunos optan por delinquir.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

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