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Alejandro A. Tagliavini

"Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones. ", J.L. Borges

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"cerebro lavado"

Violentos y con el cerebro lavado

Por Alejandro A. Tagliavini*

             Por nombrar una de mis publicaciones, en un twitt en el que me oponía a las cuarentenas forzadas, se produjeron hasta ahora 7000 interacciones y 300 mensajes con fuertes insultos (y 210 “likes”). Mi reacción fue doble, por un lado, la sensación de estar en lo cierto ya que, cuando insultan tanto, es que a falta de argumentos no les queda alternativa que agredir y, como no pueden por la razón, imponen sus ideas por la fuerza.

              Por otro lado, me entró un escalofrío, me recordó al Tercer Reich y al fanatismo imperante y donde terminó todo eso. Jamás se me ocurriría imponer mis ideas por la fuerza, aun si la ciencia me diera toda la razón lo que no es posible, porque no es posible llegar a la verdad absoluta ni a una verdad irrefutable, de otro modo no existiría ciencia que, precisamente, es la incesante búsqueda de la verdad a la que nunca se llega del todo.

            El fanatismo ha llegado a tal punto que para gran parte de los medios y la opinión pública todo es culpa de la “pandemia”. Si cae la bolsa, titulan “Bajó la bolsa por el coronavirus”. No razonan, no relacionan causa y efecto. Porque el virus provoca fiebre y otros síntomas, pero no que bajen las acciones.

            Una nota en un diario importante de Buenos Aires titulaba “Por el coronavirus peligra el nivel de desarrollo humano”. Mama mía, cómo no va a ser que la gente le tenga terror al virus si hasta “provoca pobreza”. Debería haber dicho la verdad, o sea, que la pobreza es el resultado de las cuarentenas forzadas, por la violencia de los gobiernos, y la violencia siempre destruye.

            “El nivel de desarrollo humano -que mide la educación, la salud y las condiciones de vida- corre el peligro de sufrir un retroceso… evaluó el PNUD” dice la nota que continúa afirmando que “10 millones de niños más en todo el mundo podrían enfrentarse este año a desnutrición aguda como resultado de la pandemia (sic), lo que los dejaría a un paso de morir de hambre”. O sea que “la pandemia” provoca desnutrición cosa que deberían informar a los médicos que todavía no se han dado cuenta de ese síntoma.

             Solomon Asch, psicólogo polaco radicado en EE.UU., estudió el proceso de “conformidad”. Formó grupos y los sometió a un experimento falso. El resultado fue que el 75% respondía lo mismo que los demás, sumándose a la respuesta errónea. Pero en privado confesaron distinguir la verdad pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo.

              La conclusión es que la presión que ejerce el grupo sobre el individuo es aplastante y uno de los mayores temores del ser humano es no ser aceptado. El experimento de Asch demuestra hasta qué punto importa evitar el juicio social negativo, y que cuestionar las bases del relato que sostiene todo el andamiaje social provoca pánico. Por eso las personas son capaces de negar la realidad y los hechos irrefutables. Y hoy el relato oficialista es abrumador a partir de los Estados que tienen una capacidad casi infinita de propaganda.

          El otro 25%, que no se dejaron llevar por la mayoría, despertó envidia y un resentimiento porque se animaban a dar libremente su opinión. De aquí la tendencia de los resentidos al insulto, su irracionalidad y la prepotencia de imponerse por la vía violenta, forzada, como las cuarentenas obligatorias.

          Y así, con este lavado de cerebro, es que han impuesto algo tan incoherente como decir que “para el bien de las personas” les quitan un derecho humano, básico, como es el de la libertad.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

Cuando el lavado de cerebro no es tan sutil

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

En los últimos años el gobierno chino ha detenido a más de un millón de miembros de minorías étnicas como los kazajos y, especialmente, uigures que son una minoría de origen túrquico y mayoritariamente musulmana compuesta por más de 10 millones de personas, la más grande del país, que tienen su propia lengua y mantienen una cultura distinta a la china.

Estos detenidos son enviados a centros de “entrenamiento vocacional voluntario” que, en realidad, son “campos de concentración, más aterradores que las prisiones”, que promueven “arrepentimiento y confesión”, donde las violaciones, el lavado de cerebro y la tortura son recurrentes, y los sedantes usuales.

Esto se desprende de unos documentos clasificados entregados a un grupo de medios de comunicación -el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), una red con base en Washington- cuyos contenidos coinciden con lo que testigos que pasaron por allí ya habían relatado y con las imágenes satelitales obtenidas.

Los uigures y miembros de otras minorías encarcelados están regidos por reglas estrictas que regulan, por ejemplo, el tiempo para bañarse y reciben un puntaje que determinará sus posibilidades de ser liberados según que tan bien han aprendido el chino mandarín, entre otras “enseñanzas”.

China implementó estrictas medidas de seguridad, y el control religioso, con la excusa de contener un auge del terrorismo. Cientos de uigures y chinos han muerto en ataques terroristas y represalias del gobierno. Las cámaras de seguridad diseminadas por toda China y una serie de datos como rezar y la solicitud de pasaportes extranjeros, son analizados por unas computadoras capaces, como en ningún otro lugar del mundo, de enviar a prisión al sospechoso.

Por su parte, Nicolás Maduro ordenó difundir las “ideas bolivarianas” en escuelas y universidades de Venezuela. “No seremos nada si no mantenemos vivo a Bolívar en la comunidad, en las calles, en las comunas… Se acabaría todo el sueño y vendría nuevamente el tiempo de la desesperanza, de la traición y de la derrota”, dijo.

Ahora, es tiempo de sincerarse porque lo cierto es que Maduro solo pretende enseñar la historia oficial como hacen todos los Estados. Por poner un caso, durante el gobierno de Perón en Argentina se introdujo en las escuelas un texto para niños que aseguraba que: “Perón es un buen gobernante, manda y ordena con firmeza. El líder nos ama a todos. ¡Viva el líder!”

Aunque a los “peronistas” esto les parece muy acertado, para el resto no lo es. Sin embargo, prácticamente todos están de acuerdo en que se enseñe de manera obligatoria que San Martín -el general que lideró la guerra de la Independencia argentina- es el “Santo de la Espada” como si la verdadera santidad y la espada no fueran incompatibles. O se lo llama el “Padre de la Patria” y parece exagerado, aunque sea solo en lenguaje coloquial ya que, de otro modo, sería idolatría desde que el Padre de la patria es exclusivamente Dios para la teología tradicional.

En cualquier caso, no se entiende por qué esta “educación” tiene que ser obligatoria, por qué todos tienen que creer que San Martín era un “santo” y “padre de la patria”. ¿Qué utilidad puede esto tener en el desarrollo de la vida personal y laboral de los niños? Y, aunque fuera importante, a qué viene esta violación del derecho humano de la libertad de enseñar -o no- o decir o pensar lo contrario.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Por Afganistán, quítate el niqab

Por Alejandro A. Tagliavini*

                Imagínate que estás en el cine, las luces apagadas, estas sumergido en una peli de ciencia ficción, “1984” de George Orwell se queda corta y la “invasión de los marcianos” difundida falsamente por Orson Wells es un juego de niños. El lavado de cerebro es fenomenal, no hay argumento racional ni evidencia empírica que los haga reflexionar a pesar de que se violan todas las leyes de la naturaleza, pierden el sentido común.

               Les dices que con el niqab puesto solo consiguen empeorar la situación, que dejando de trabajar se van a empobrecer, que el amor -y, por tanto, la supervivencia humana- significa acercamiento y no distanciamiento, que la ley de la Shaira -no poder ir al teatro, ni a los gimnasios ni andar en transporte público “sin estar vacunado”- es inmoral y te contestan que son “medidas excepcionales”. ¿Dos años -y van por más- de medidas excepcionales?

               Los zombis, con su cara escondida tras el niqab, te hablan de un virus que podría diezmar a la humanidad, el apocalipsis… a esta altura no descarto el apocalipsis, pero lo que sí sabemos es que, en todo caso, ocurrirá por culpa de los humanos, como Sodoma y Gomorra, nunca por acción de la infinita y sabia naturaleza creada por Dios para el desarrollo esplendoroso de la vida.

               Este virus, el covid, lleva muertos, según estadísticas oficiales, unos cinco millones de personas en todo el mundo. Todos sabemos que las cifras oficiales están exageradas, en primer lugar, porque anotan como fallecidos por el virus a personas que tenían dolencias previas muy graves y, en segundo lugar, porque esconden mala praxis, como ha quedado demostrado, al no permitir en muchos casos las autopsias.

               Pero, aun suponiendo que esta cifra fuera cierta, significa que este covid no ha matado en dos años ni al 0.07% de la humanidad. Es decir, como decían desde el principio los especialistas más serios, incluyendo mi médico personal, no existe ninguna pandemia ya que los fallecidos no llegan ni al 3% de todos los muertos, en cambio, deberían ocuparse del otro 97%. Dicen que el problema es que es muy contagioso, pero resulta que lo normal en toda temporada de gripe es que se contagie el 60% de la población y la enorme mayoría ni siquiera se entera.

               Son cifras oficiales, no las pueden refutar, pero como los zombis no razonan responden -y repiten y repiten- con slogans que han escuchado en la TV. Dicen que las cifras son bajas precisamente por las medidas -antinaturales- que han tomado los gobiernos, cuando lo cierto es que estas medidas, por el contrario, han empeorado y mucho la situación. Por ejemplo, muchos ancianos han muerto, literalmente, de angustia al verse internados en un frío hospital “cerca de morir por un virus tremendo” y sin poder despedirse de su familia. El sistema estatal de salud los ha asesinado, literalmente.

             Empecemos por el principio. Ya sabían los griegos, y lo escribió brillantemente Aristóteles, que la violencia es, precisamente, aquello que pretende desviar coactivamente el desarrollo natural, espontáneo, de la infinitamente sabia naturaleza. Y lo copiaron muchos como Tomás de Aquino al punto que Etienne Gislon asegura que, para el Aquinate, lo violento y lo natural se excluyen recíprocamente.

               Es decir, la violencia solo puede destruir al punto que hasta en los casos de defensa propia y urgente, los métodos eficientes son los pacíficos: prevención, disuasión… dicho en clave metafísica, la ciencia que estudia el porqué del movimiento físico y síquico, como el mal no tiene existencia propia, sino que es, precisamente, ausencia de bien se lo combate creando bien allí donde no lo hay, donde está el mal.

                Por cierto, esto implica un corolario de enorme importancia: o se cree en la libertad o se cree en la pandemia. Quien pregona “la pandemia”, pregona el totalitarismo. Es que, si bien desde el punto de vista puramente fáctico puede decirse que se puede creer en la libertad y, a la vez, en la pandemia en tanto se deje el combate en las manos de cada individuo y no en el Estado, lo cierto es que la creencia de que la pandemia existe -un virus capaz de poner en jaque el crecimiento de la naturaleza, por ende, del ser humano- es creer que no existe un orden espontáneo -como en el mercado natural- capaz de llevar de suyo al hombre hacia el bien.

             Y, por tanto, al no existir tal orden espontáneo, los gobiernos «deben imponerse frente al caos», deben cuidar a la sociedad que no va de suyo hacia el bien si no es “conducida” -coaccionada- por el Estado.

             Por lo que vimos, es incoherente pretender combatir el mal con más mal, combatir la violencia con más violencia. Como caso sintomático tenemos la Segunda Guerra Mundial que asesinó al menos a sesenta millones de personas.

             Si los aliados no hubieran intervenido -si no hubieran aplicado la violencia- nazis y soviéticos se habrían destruido mutuamente y no hubiéramos tenido que soportar la “guerra fría”, los Castro, los Chávez… pero en Occidente -que en el fondo, recelaba, envidiaba el poder de Hitler- subyacía un tufillo autoritario que fue el que indujo la intervención armada que sirvió para fortalecer al imperio soviético y mantener el halo hitleriano que hoy aflora con las cuarentenas, protocolos y demás fuertes restricciones a las libertades personales que han provocado -la violencia solo destruye- un incremento en la pobreza y marginación resultando en diez veces más muertos que por el covid. 

Por cierto, los aliados jamás se preocuparon por el holocausto y cometieron graves crímenes de guerra como ha quedado demostrado.

            Cuenta el historiador David Rieff, especialista en terrorismo, que en Europa los “jóvenes [inmigrantes y descendientes de inmigrantes] están muy enfadados y algunos son susceptibles de caer en las redes del Estado Islámico… Se sienten impotentes porque no tienen poder económico ni cultural. Su única arma es la brutalidad”. Europol señala que el extremismo islámico muchas veces recluta entre jóvenes no musulmanes, marginados.

           En definitiva, los Estados occidentales crean el caldo de cultivo necesario para el terrorismo. Cuando el trabajo naturalmente sobre adunda -tantas viviendas, escuelas, etc., por hacer- crean desocupación imponiendo –vía el monopolio de la violencia- leyes laborales, como el salario mínimo que deja fuera del mercado “legal” a los que ganarían menos, y crean miseria con impuestos que son derivados hacía abajo por los empresarios, por ejemplo, aumentando precios.

           El proceso de formación de terroristas diseñado por Occidente incluye, además, no solo el no difundir la libertad -la erradicación de la coacción en los países autoritarios- sino que, por el contrario, el respaldo a gobiernos árabes que son los principales sostenedores ideológicos y materiales del extremismo. En el fanático régimen de Arabia Saudita, guardián de los lugares santos de La Meca y Medina y, por ello, paradigma para los 1.300 millones de musulmanes, las mujeres son auténticas esclavas.

           Para peor, los gobiernos occidentales han aterrorizado “advirtiendo” sobre supuestos ataques terroristas futuros para justificar la “guerra contra el terrorismo” que, además de coartar las libertades de los ciudadanos occidentales dados los controles y espionaje, ha aumentado el gasto estatal –ergo, los impuestos- alimentando la marginalidad y el odio.

           Y así fue que la guerra de Afganistán no sirvió para nada como lo anticipó el congresista Ron Paul… o mejor dicho, sirvió para traficar armas: el Pentágono se vio forzado a admitir que los talibanes se han quedado con miles de millones de dólares en armas de EE.UU.

            En lugar de la guerra contra el terrorismo deberían promover la libertad. Si realmente se pretende ayudar a las mujeres afganas, empiecen por tirar a la basura los niqab que hasta muchos hombres usan en occidente, dejen de inyectarse sustancias artificiales que, en el mejor de los casos, no sirven para nada si hasta el Finacial Times -que es muy “pro vacuna”- reconoce que “el país más vacunado del mundo, Israel, espera una muy preocupante cuarta ola”.

            Y, en el peor de los casos, las vacunas provocan severos efectos secundarios incluida la muerte. Y, sobre todo, opónganse a la Shaira en occidente que prohíbe ir a bares, cines, y demás «sin estar vacunados».

            Y todo por una inexistente pandemia sostenida a partir del pánico que es el arma que utilizan los totalitarios para imponerse, de otro modo, no podrían existir porque de nada sirve el ejército más poderoso del mundo si nadie le teme, nunca podrían controlar a cientos de millones de personas. Por un solo ejemplo, al mismo tiempo que el presidente de Argentina imponía un confinamiento brutal, festejaba el cumpleaños de su esposa con muchos amigos, sin niqab, sin estar vacunados y todos abrazados mostrando claramente que no cree en la pandemia, de otro modo no correría semejante riesgo.

               En fin, disfruten de la vida, de sus familias y amigos, vivan en paz con sus vecinos y promuevan las libertades, que no hay peligro inminente de ninguna especie.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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NOTA: relato de la Sra. Fabiana Babare, refiriéndose a su madre:

«Siento mucho asco, bronca y dolor. Meses sin una visita donde estaba internada, con traqueotomía, es decir sin poder emitir una palabra, sola y sintiéndose abandonada por su familia. Sin saber en qué forma la atendían ya que yo solo podía llevar y traer ropa para lavar hasta la puerta de la clínica. Así murió ella. Sola como un perro. No vi su cadáver. No vi la bolsa donde estaba metida porque ni la puerta de la ambulancia me permitieron abrir. Agradezco al sacerdote que desinteresadamente se ofreció en la calle a dar una bendición quien sabe a qué… porque ni vimos lo que había dentro del utilitario. Me da mucha angustia y dudo poder superarla.

Profesan de manera ejemplar el “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago “. hipócritas, cínicos y desamorados. Cuanta tristeza siento. No puedo lidiar con ella. Creo que jamás dejare de sentirla. Y al ver como se nos burlaban me da más impotencia… mi solidaridad con todos aquellos que vivieron situaciones similares a las que mis hijos y yo tuvimos que padecer. Son morbosos. No encuentro otro calificativo. Me duele el alma y me dolerá hasta mi último respiro».

Qué pasa con los medios y la opinión pública

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Por Alejandro A. Tagliavini*

              Entre el círculo de personas que conozco personalmente, que son muchas debido a mis actividades, pocos han sido hospitalizados por el Covid-19 y ninguno ha muerto. Pero, tristemente, sí conozco a cuatro que fallecieron por cáncer en ese tiempo. Con lo que aconsejo a todos -cuando viene al caso, no en todo momento creando pánico inútilmente- de manera realista, objetiva y seria que se cuiden del cáncer.

               Luego veo en los medios una impresionante ansiedad por el Covid 19 y en las calles cantidad de personas con tapabocas lo que demuestra que la opinión pública también está muy inquieta. ¿Me estaré perdiendo alguna información? Entonces, para ser imparcial busco los datos de un organismo ajeno a mi pensamiento -al que le creo muy poco- como es la OMS y encuentro que, efectivamente, por cáncer mueren 7 veces más que por este coronavirus que, hasta ahora, ha matado a 4 personas por cada 100 que mató la gripe española.

               Como sigo sin respuesta, me contra argumentan que lo que importa es la proyección que, de no haberse tomado las medidas implementadas, los muertos serían incluso más que los de la gripe española: hoy, proporcionalmente, superarían los 160 millones (el 2,4% de la población global), lo que luce exagerado considerando que hasta ahora solo murieron 1,6 millones (suponiendo que esta cifra no esté exagerada).

               En cambió sí es creíble que, por las cuarentenas, confinamientos, restricciones de todo tipo y demás represiones de los gobiernos a las sociedades, la economía global cae al punto de que, solo en 2020, habrá 120 millones de personas más en situación de hambruna crítica. A lo que hay que sumarle una cantidad similar en 2021 y vaya a saber hasta cuando según se extiendan estas represiones estatales.

               Desde el Programa Mundial de Alimentos de la ONU advirtieron que el 2021 será «el peor año de crisis humanitarias desde» finalizada la Segunda Guerra Mundial. Claro que el director general de la OMS, de origen guerrillero marxista, solicitó una «inyección inmediata» de 4.300 millones de dólares alegando que «no podemos aceptar un mundo en el que los pobres y marginados sean pisoteados por los ricos». Considerando la historia de ineficacia, cuando no de corrupción de la OMS, darle ese dinero es poco serio.

               Pero son todos los políticos y burócratas los que exigen más dinero de los contribuyentes. Según la ONU, otro organismo ineficaz por decir lo menos, los niveles de pobreza extrema «han aumentado por primera vez en 22 años» y anunció que necesita 35.000 millones de dólares para «llevar ayuda vital». Mientras que, en América Latina, «se está transformando en una pandemia de hambre, ya que uno de cada tres habitantes… no tiene acceso a alimentos… suficientes»

               Ahora, cómo la opinión pública llega a semejante pánico. En primer lugar, porque todavía muchos creen en “las autoridades”, a lo que se suma el síndrome de Estocolmo y lo que en los mercados bursátiles se denomina FOMO por sus siglas en inglés, el miedo a quedarse afuera de la opinión mayoritaria y, finalmente, y sobre todo, por la enorme cantidad de medios que difunden el pánico. Por caso, un medio digital (Infobae) tituló “La ONU alertó que cerca de 10.000 niños mueren de hambre por mes debido a la pandemia de coronavirus”, afirmación que da vergüenza ajena por lo contradictoria -lo que denota el lavado de cerebro implícito- ya que si mueren de hambre no es debido a la pandemia, idiota, sino al hambre.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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De los confinamientos, a las masacres y las guerras

Europa calla: solo Macron condena los ataques en Gaza

Por Alejandro A. Tagliavini*

                Cansados han de estar mis lectores -y les agradezco tanta paciencia- de leer en innumerables columnas mías la descripción de cómo la violencia, en cualquier caso y bajo cualquier circunstancia, sirve únicamente para destruir y alentar más agresividad. No caben dudas de que la generalizada creencia de que la violencia por momentos puede ser útil -en casos de “defensa propia” ya que, absolutamente todos, los violentos dicen estar defendiéndose-  es un impulso primitivo, irracional, es una reacción primaria de los humanos que todavía somos mucho más animales que racionales. Aun así, el tema es tan importante, que jamás dejaré de repetirlo y, así, aquí van más pruebas de las que ya di.    

                Cuenta Juan Carlos Sanz que la crisis económica en Gaza eleva la tensión entre Israel y Hamás. Con una tasa de desocupación que llega al 45% en la Franja de Gaza como consecuencia directa de la acción policial -violenta- contra empresas y ciudadanos que quieren trabajar o circular, léase “confinamiento obligatorio”, la miseria que no era poca se ha acrecentado.

                  En este clima de desesperación, la espiral de violencia, que comenzó con la suelta de globos incendiarios y explosivos en dirección a poblaciones y kibutz fronterizos, se ha incrementado con el lanzamiento de cohetes y disturbios con cócteles molotov protagonizados por civiles en la frontera, después de más de cuatro meses casi sin incidentes. Es decir, la violencia irracional de los confinamientos azuzó la violencia igualmente irracional de los palestinos.

                   Estos incidentes, que fueron inmediatamente respondidos con bombardeos de la aviación israelí, intentan forzar el cumplimiento de compromisos olvidados por los confinamientos como el establecimiento de zonas industriales en la periferia del enclave y la concesión de permisos de trabajo en Israel, así como la entrada de los materiales de doble uso militar y civil para el sector de la construcción.

                   Otra prueba. Cuenta Catalina Oquendo que una segunda matanza de jóvenes en una semana enluta a Colombia. Ocho jóvenes fueron asesinados en Samaniego, en el sur del país, la noche del sábado. Esta segunda matanza en días, después de que cinco adolescentes fueran degollados en Cali, habría ocurrido en una casa donde una treintena de jóvenes compartían un asado cuando llegó un grupo de encapuchados y dispararon con fusiles de manera indiscriminada. En los últimos dos meses se habrían registrado más de 20 homicidios en Samaniego.

                   Resulta que el culto a la violencia, establecido a partir de los confinamientos policialmente impuestos, induce a grupos de ciudadanos a creerse con derecho a “ajusticiar” a aquellos que no cumplen con este confinamiento. Se han conocido panfletos amenazantes y castigos brutales por parte de grupos armados contra aquellos que no permanezca en sus casas. Hasta personalmente, aunque de mucha menor gravedad, he sido víctima de agresiones por el solo hecho de oponerme a la violencia, a las cuarentenas policiales.  

                   En fin, aunque todavía lejos, lo cierto es que, si esta bola de nieve no cesa en algún momento hasta podría terminar en la tercera guerra mundial, muy probablemente nuclear, a partir de las mutuas agresiones y acusaciones entre EE.UU. y China. De hecho, crece cada vez más la presencia militar en Asia y ahora Corea del Sur y EE.UU. comenzaron sus maniobras militares conjuntas anuales hasta el 28 de agosto.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Violent and brainwashed

By Alejandro A. Tagliavini *

             To name one of my publications, in a tweet in which I opposed forced quarantines, 7000 interactions and 300 messages with strong insults (and 210 “likes”) have occurred so far. My reaction was twofold, on the one hand, the feeling of being right since, when they insult that much, they show their lack of arguments and so they have no alternative but to attack and, as they cannot through reason, they impose their ideas by force.

              On the other hand, I got a chill, it reminded me of the Third Reich and the prevailing fanaticism and where all that ended. It would never occur to me to impose my ideas by force, even if science were to agree with me completely which is not possible, because it is not possible to arrive at absolute truth or irrefutable truth, otherwise there would be no science that, precisely , is the incessant search for the truth that is never fully achieved.

            Fanaticism has reached such a point that for a large part of the media and public opinion everything is the fault of the “pandemic”. If the markets fall, they will title «Stocks went down because of the coronavirus.» They do not reason, they do not relate cause and effect. Because the virus causes fever and other symptoms, but not the markets to fall.

            The headline of an article in an important newspaper in Buenos Aires was «The level of human development is endangered by the coronavirus.» My God! how can it not be that people are terrified of the virus if it even «causes poverty». They should have told the truth, that is, that poverty is the result of forced quarantines, by the violence of governments, and violence always destroys.

            «The level of human development -which measures education, health and living conditions- is in danger of suffering a setback … UNDP evaluated» says the note that continues affirming that «10 million more children worldwide could face acute malnutrition this year as a result of the pandemic (sic), which would leave them one step away from starvation. ” In other words, «the pandemic» causes malnutrition, something that should be reported to doctors who have not yet noticed this symptom.

             Solomon Asch, a Polish psychologist based in the US, studied the «compliance» process. He formed groups and subjected them to a false experiment. The result was that 75% answered the same as the others, adding to the wrong answer. But privately they confessed to distinguishing the truth but they had not said it out loud because of fear.

              The conclusion is that the pressure exerted by the group on the individual is overwhelming and one of the greatest fears of the human being is not being accepted. Asch’s experiment demonstrates how important it is to avoid negative social judgment, and that questioning the foundations of the paradigm that supports all social scaffolding causes panic. That is why people are willing to deny reality and irrefutable facts. And today the official story is overwhelming with the States that have an almost infinite capacity for propaganda.

          The other 25%, who did not get carried away by the majority, aroused envy and resentment because they were capable to freely give their opinion. Hence the tendency of the resentful to insult, their irrationality and the arrogance of imposing themselves by violent, forced means, such as compulsory quarantines.

          And so, with this brainwashing, they have imposed something as incoherent as saying that «for the good of the people» they take away a basic human right, such as freedom.

* Senior Advisor at The Cedar Portfolio  and Member of the Advisory Council of the Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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Ecología sí, fanatismo y violencia no

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Noah Rothman escribió una columna titulada “La huelga climática tiene que ver con el adoctrinamiento, no con la ciencia”. Preocupa que se trate de un principio de “histeria colectiva”, también llamada “psicosis en grupo” y de lavado de cerebro: demandan que la «educación integral sobre el cambio climático», se dirija a niños de 5 a 14 años porque «la capacidad de impresión es alta durante esa etapa de desarrollo».

Para participar en esta huelga callejera, miles de niños faltaron a la escuela coincidiendo con el discurso de una niña -omito su nombre por discreción, siendo una menor vulnerable- en la sede de la ONU. «Estamos en huelga porque la ciencia dice que tenemos solo unos pocos años para transformar nuestro sistema energético… y prevenir los peores efectos del cambio climático», dice el manifiesto de Youth Climate Strike (YSC).

Y pretenden que los gobiernos, haciendo uso de su monopolio de la violencia, impongan cosas como la creación de bancos estatales, viviendas a precios razonables, cierre de todas las plantas generadoras de combustibles fósiles que deberían eliminarse completamente para 2030. Ahora, por qué es necesaria una estrategia a largo plazo si solo tenemos «11 años” para evitar el desastre. ¿Será que detrás de esto hay solo intereses económicos?

Susan Allan Block, que ha estudiado permacultura y pertenece a una antigua familia de agricultores, hacer notar que la tierra se ha calentado desde el principio, se derritieron los glaciares, desaparecieron los dinosaurios. Esto del cambio climático no es nuevo y me parece muy soberbio pretender que el diminuto ser humano es capaz de poner en jaque a la inmensa, eterna y sabia naturaleza

Por cierto, las decisiones tomadas por los gobiernos, dice YCS, «deberían estar vinculadas a la investigación científica, incluido el informe de 2018 del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, en inglés) que es una entidad “científica” – ¿o propagandística? – creada por la ONU.

El IPCC en 2001 dijo que las temperaturas invernales más suaves disminuirían la severidad de las tormentas de nieve cosa que no ha sucedido, y en 2007, advirtió que el «aumento del estrés hídrico» reduciría el rendimiento de los cultivos, pero resulta que hoy estos rendimientos crecen exponencialmente.

Y los “científicos” a los que tenemos que seguir son a los de la ONU, acusada por muchos de corrupción y de estar manejada por políticos con intereses creados. La ineficiencia de la ONU es paradigmática. No ha detenido ningún conflicto y hasta se diría que los ha fogoneado, como actualmente en Yemen y Siria.

A Saddam Hussein se le dio el manejo del multimillonario programa Petróleo por Alimentos. El brazo derecho del secretario general de la ONU, es uno de los principales implicados en el fraude. La ONU, y la Unicef, ignoraron las acusaciones sobre abusos sexuales a niños cometidos por sus “fuerzas de paz” en la República Centroafricana. En 2015 un diplomático de Antigua y Barbuda y expresidente de la Asamblea General de la ONU, fue detenido en Nueva York por aceptar sobornos de empresarios chinos.

En fin, todos queremos un mundo natural y sano -y optimista- y quizás algo de razón tenga el IPCC, aunque muchos científicos los contradicen; pero no tienen derecho a imponer ideas por la fuerza policial del Estado. Aunque sean ‘dueños de la verdad’, la coacción, la violencia no es el camino.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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Corea del Norte somos todos

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

A pesar de tener 1.300 años de historia común y la misma etnia, Corea del Sur, que cobija a más de 50 millones de habitantes y un PIB per cápita de US$ 33.000 anuales, es la tercera economía de Asia mientras que la del Norte es la última, con un PIB per cápita de US$ 1.800 al año. Durante los 90, en el Norte, una hambruna mató a dos millones de personas en tanto que, según Amnistía Internacional, murieron más de 400.000 en sus prisiones durante los últimos 30 años y, así, quedaron unos 24 millones de habitantes.

Para imponer esta tiranía, comandada por Kim Jong-un, el «Brillante Camarada», Corea del Norte tiene el cuarto Ejército más numeroso del mundo -más de un millón de soldados- que consume el 33% del PIB. El lavado de cerebro es fenomenal. «No es una dictadura. Nadie nos impone amar al gran líder… es nuestro padre», afirma Kang Jong Sim, y no puedo evitar recordar a los “padres” de la patria de más de un gobierno occidental. Sin internet, ni prensa libre, los norcoreanos viven adoctrinados desde los dos años y ajenos a la realidad.

Pero ¿solo Kim Jong-un es el culpable? Si no lo rodearan personas “leales” que han armado una red de poder, si nadie lo obedeciera, no existiría. Pero las “complicidades”, de un modo u otro, se extienden a todo el mundo. Es que los seres humanos estamos interrelacionados de modo que todos, en alguna medida y de algún modo, somos responsables de todo. Para empezar, recordemos que la península fue dividida en 1945 por el paralelo 38, entre los gobiernos de EE.UU. y la URSS. Luego, la guerra y las constantes amenazas desde Washington fueron la excusa para que la tiranía se armara.

Pasada la hambruna de los 90, el Norte encaró algunas liberalizaciones, pero vino Bush e impuso sanciones impidiendo que algunas reformas fueran efectivas. «Nosotros… tenemos los brazos abiertos a la inversión extranjera… pero EE.UU. la impide», afirma un funcionario. La reforma constitucional de 1998 introdujo el concepto de economía privada y, muy lentamente, las cosas mejoran. Según Lee Jung-chul, del Instituto Samsung, Seúl y Beijing prefieren que la tiranía se abra paulatinamente porque temen una avalancha de refugiados.

Se ha liberalizado un poco la agricultura permitiendo cooperativas en las cuales hasta la tierra es privada. Cuenta Javier Espinosa, enviado del diario El Mundo, que yendo por carretera hasta Hamhung -la segunda urbe de Corea del Norte- se ve una sucesión interminable de plantíos, incluso las laderas muy escarpadas, en los espacios más mínimos de tierra ubicados junto a las viviendas, mostrando lo tenaz que puede ser la iniciativa privada -acicateada por el lucro- para servir a las personas y, en este caso, paliar el hambre.

En Hamhung, que se abrió al turismo en 2010, rige un nuevo sistema de salarios que permite a los directivos de las empresas dictar la remuneración de los trabajadores y algunos pagan, según cualificación y rendimiento, entre 70 y 120 dólares mensuales. La medida -junto al permiso de comercializar excedentes tanto en las empresas estatales como en las cooperativas agrícolas- ha alentado enormemente la productividad.

En fin, una guerra no solo sería costosísima para todo el mundo, sino que podría tener consecuencias inimaginables. Por el contrario, es necesario terminar con toda coacción, con todas las sanciones de modo de lograr que Corea de Norte se integre al mundo, aunque sea lentamente siempre será menos dañino.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

¡A sujetarse, el mundo se da vuelta!

Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Es que lo que nos han enseñado durante años y que, incluso, produjo guerras y destrucción, se da vuelta completamente.

El presidente de la China “comunista”, le da lecciones de libertad a la “república” -la división de poderes-, a la “democracia”, al “capitalismo”, a los EE.UU. de Trump. Xi Jinping comparó el proteccionismo con “encerrarse en un cuarto oscuro” sin luz ni aire. “Cortar el flujo de capitales, bienes y personas… no es posible”, dijo y aseguró que “las puertas de China permanecerán abiertas” en tanto que mostró su preocupación por la desigualdad.

Todo durante el Foro de Davos que, por cierto, esconde un estatismo agazapado desde que sus principales protagonistas son, precisamente, funcionarios estatales. Antes del Foro, la ONG Oxfam, aseguró que la desigualdad entre ricos y pobres aumenta. Cuando en 2010 se necesitaba la riqueza de 43 personas para igualar la del 50% más pobre del planeta, hoy 3.600 millones de personas poseen los mismo que las ocho más ricas del mundo.

Son Michael Bloomberg que tiene una fortuna de US$ 40 mil millones; Larry Ellison 43,6 mil millones; Mark Zuckerberg 44,6 mil millones; Jeff Bezos 45,2 mil millones; Carlos Slim 50 mil millones; Warren Buffet 60,8 mil millones, Amancio Ortega 67 mil millones y Bill Gates que posee 75 mil millones.

Ahora, Oxfam propone un aumento de los impuestos a los ricos, pero debería saber que estos terminarán siendo pagados por los pobres porque serán derivados hacia abajo vía aumento de precios o baja de salarios. Por el contrario, lo cierto es que estas grandes fortunas no suelen ser consecuencia del mercado natural sino de su violación, de privilegios forzados desde el Estado como los monopolios que enriquecieron a Slim y los “copy rights” -verdaderos monopolios intelectuales- otorgados a Microsoft, y que perjudican al público.

Pero, hablando de enseñanzas, es notable que, de estos ocho ricos, solo la mitad terminó la universidad y alguno ni siquiera la escuela. Parece que nos han venido enseñando con poco acierto.

“El objetivo no deben ser las notas de los exámenes, sino la felicidad”, asegura el prestigioso educador Roger Schank. Mientras que en Finlandia -que, según el informe PISA, tiene un excelente nivel de educación- los niños comienzan el colegio a los 7 años, y las jornadas son cortas y apenas hay deberes, el trabajo no se hace fuera de clase. Insólitamente, en Argentina, por caso, el gobierno propone obligar, forzar, a los niños a “educarse” desde los tres años.

Schank afirma que “Nos pasamos memorizando cosas que olvidamos” y, más allá de Google que “recuerda” todo, “la escuela (actual) es lo opuesto a la educación… (que) llega a través de la experiencia”. Roger no se calla y asegura que “¡La historia es inútil!… lees sobre George Washington y descubres que tenía 100 esclavos, que se casó por dinero… de héroe, nada”.

Para Schank la “educación” actual -digitada por el Estado- sería un lavado de cerebro, “es la forma que tiene el gobierno de decirte… que… (son) los buenos de la película… La transmisión de la cultura es una de las cosas que el gobierno utiliza como control… (por eso) las 3000 universidades (de EE.UU.) están enseñando lo mismo”.

La educación debería ser “la felicidad… de una vida emocionante… de habilidades laborales… de razonamiento… Tenemos que enseñar lo que importa hoy y no cosas que no sirven en el mundo real”.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

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