Por Alejandro A. Tagliavini*

             Las incertidumbres vuelven a arreciar en los mercados financieros porque, como era previsible, los políticos no están dispuestos a desarmar el poder que ganaron -los controles y restricciones estatales- con excusa de la “pandemia” y, por tanto, la recuperación económica global afloja.

             Al mismo tiempo, se vislumbra una retirada de estímulos en EE.UU. (el “tapering” de la Fed, reducción de las compras de deuda, que se anunciaría en la reunión de septiembre) con lo que, ante menos emisión, el mercado sabe que el dólar se fortalecerá.

            Por si algún despistado todavía no se dio cuenta de que la inflación es la desvalorización de la moneda como consecuencia de un exceso de oferta sobre la demanda, en el siguiente gráfico se ve como, a medida que los bancos centrales aumentaron la emisión (excediendo la demanda), las monedas se desvalorizaron respecto del oro:

              Desvalorización que, como se ve, resultó inversa a la emisión (exagerada, sobre la oferta):

                  Además, el dólar se ha beneficiado de la ampliación de los diferenciales de las tasas de interés entre los rendimientos de los bonos estadounidenses y los extranjeros. Y allí fluyen los capitales, por cierto, perjudicando a los emergentes que se ven con menos inversiones y con los precios de las materias primas bajando, en dólares, como el petróleo y el cobre que han caído fuertemente en las últimas semanas, y ambos se han desplomado más de un 15%.

                  Así las cosas, el euro se deprecia un 5% desde el máximo de USD 1,23 del 6 de enero, y ya está cerca de la zona de mínimos del último año, concretamente en niveles de noviembre de 2020, por debajo de los 1,17. Mientras que los expertos de BofA Global Research estiman que rondará los USD 1,15 para fines de año.

                  Personalmente creo poco en gráficos como el siguiente y en las matemáticas aplicadas a la economía -econometría- desde que el ser humano y, por tanto, el mercado no puede ser matematizado. Estudiando análisis matemático en la facultad de ingeniería, entendí que las matemáticas no son estrictamente una ciencia sino un lenguaje científico y, como decía el excelente economista Juan Carlos Cachanosky, el lenguaje en prosa es mucho más adecuado, flexible y rico para expresar el comportamiento humano que el matemático que se aplica a cuerpos inertes y, por tanto, de suyo físicamente inmóviles.

                 Hecha la aclaración, el índice del dólar, aunque empezó la semana bajando hasta alrededor de 93, lleva semanas subiendo y, según Michael Kramer, estaría ahora mismo en proceso de superar un nivel crítico de resistencia, y una vez que se haya completado esa ruptura, debería tener mucho espacio para subir y a crear una formación técnica alcista conocida como “doble fondo”, patrón que se creó cuando el índice del dólar tocó fondo en enero y de nuevo en mayo, de 2021. El índice del dólar necesitaría superar la resistencia en torno a 93.50 para confirmar el doble fondo y romper con este patrón. Es probable que se impulse un repunte hasta alrededor de 94.60 en el índice, pero una ruptura podría llevarlo hasta 98 con el tiempo, según Kramer:

             Por cierto, teniendo en cuenta el importante avance del S&P 500, podría no ser inmune a sus efectos a largo plazo. De hecho, el indicador Buffett está muy “burbujeante”. Dada la alta inflación -en términos históricos de EE.UU.- los mercados de valores se han desvinculado -subiendo por encima- de la economía real. La capitalización del mercado mundial ahora equivale al 139% del PBI global, muy por encima del umbral de burbuja del 100% de Buffett:

                   Aunque, por otro lado, sin recorte del gasto y sin venta de propiedades estatales, el gobierno de EE.UU. tampoco puede bajar mucho la emisión ya que no tiene tanto margen para seguir subiendo impuestos sin perjudicar severamente a la economía, es decir, sin hacer caer el PBI lo que, en un círculo vicioso, provocaría la caída en la demanda de moneda y, por tanto, una suba de la inflación aun con menos emisión. El número de estadounidenses ricos que renuncia su ciudadanía en busca de menos impuestos y mayor libertad viene en dramático aumento: 6.705 en 2020, o 260% por sobre 2019 cuando renunciaron 2.577.

              En fin, en cuanto a la Argentina, como señala Roberto Cachanosky, en lo que va del año el tipo de cambio oficial aumentó el 11% y el IPC el 29,1%. Aunque el gobierno lo niega “Con suerte el terremoto es después de las elecciones” dice Cachanosky:

               Lo cierto es que en el reciente descenso de la “inflación” oficial (variación del IPC calculado por el Indec, en rigor) se basa, en parte, en la agudización del congelamiento tarifario. Para ponerlo en números, en el IPC de julio, que dio 3% de aumento, la “inflación” núcleo fue del 3,1% mientras la de precios regulados registró una variación de 1,4%. Para el período de los últimos 12 meses, contra una “inflación” general de 51,8%, la “núcleo” marcó 55,4% mientras que los precios regulados subieron un 37,1%. En tanto que el REM del BCRA estima una “inflación” -aumento del IPC- del 2,8% para agosto, 2,7% para septiembre y octubre un 2,7% pero ya para noviembre se espera un quiebre de la tendencia con impulso ascendente.

              Ahora, precisamente como consecuencia de las tarifas reguladas, como señalan desde Invecq, el rubro de mayor velocidad de crecimiento en el gasto público es el de subsidios energéticos, que tuvo una variación anual de 59,3%. En contraste -y en abierta contradicción con el discurso oficial- el principal ahorro fue la caída en el gasto por jubilaciones, que están un 5,5% debajo del 2020. Esto implica que los subsidios ya representan un 19% del gasto público. En definitiva, todo apunta a que la brecha entre los precios libres y los regulados no sólo se mantendrá, sino que tiene altas chances de ensancharse.

             Entretanto, el dólar blue -que, sin ser perfecto, es el mejor indicador de la inflación real desde que es el que con más libertad expresa la devaluación del peso- se mantiene relativamente estable debido a que la emisión todavía no es tan excesiva respecto de una demanda que aumenta debido al rebote económico e, irónicamente, debido a la inflación que hace que se demande más moneda para comprar el mismo bien. En julio el BCRA transfirió $180.000 M o sea el 6% de la base monetaria que, si le descontamos la suba del IPC y del PBI, queda cercano a cero.

            Según el Indec, existiría una fuerte recuperación de la industria así la utilización de la capacidad instalada en junio fue de 64,9%, lo que significa un aumento de 11,6 puntos respecto al pasado año. Si lo comparamos con mayo, la utilización presenta un aumento en 3,4 puntos porcentuales. Mientras el Gobierno aspira a terminar el 2021 con un crecimiento por rebote que supere el 7% del PBI. Rebote que viene a demostrar que, precisamente, en la medida en que se libera la economía- respecto de las restricciones por las cuarentenas en este caso- esta crece.

            Por cierto, otro modo indirecto de medir la inflación o, mejor dicho, los resultados de la inflación son los salarios que se deprecian a medida que cae la economía -ergo, la productividad- como consecuencia del exceso de emisión que significan recursos quitados al mercado -al depreciar la moneda- para gastarlos ineficientemente el Estado.

               El índice de salarios creció 2,3% en junio respecto a mayo, lo más bajo en lo que va del año. Nuevamente, el índice de salarios total de junio quedó por debajo de la “inflación” -suba del IPC, en rigor- de ese mes, la cual fue del 3,2% o sea, una caída en el índice de salario real de casi 1% respecto al mes anterior. En tanto que, respecto a junio del pasado año los salarios nominales totales han aumentado 43%, lo que implica una caída real -en términos de poder de compra local- del 5% pero una suba respecto del blue que aumentó solo el 32%. O sea, a nivel global -en un mundo sin aduanas- el trabajador argentino habría visto crecer su poder de compra.

               Esto muestra que la suba del IPC, en rigor, no está mostrando la inflación real, sino la actualización de los precios retrasados (desde la fuerte emisión del año pasado, inflación) precisamente por el tipo de cambio oficial anclado y los precios regulados. O sea, el tipo de cambio anclado y los precios regulados están provocando un desfasaje y una baja en el consumo a raíz de la caída del salario respecto del IPC que es, irónicamente, inflacionaria desde que supone una caída del PBI, ergo, de la demanda de dinero.

              Como puede verse en el siguiente gráfico -medido en pesos, en dólares blue sería distinto-, el único modo de aumentar los salarios reales es aumentando la productividad, nunca se aumentan por decreto, de hecho, el aumento por decreto o por “estímulos” fiscales suelen terminar en inflación, ergo, en desvalorización de los salarios:

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

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