Por Alejandro A. Tagliavini*

                En líneas generales, el año ha comenzado de manera favorable para las bolsas. Durante el primer trimestre, el Dax 30 sube 10.12%, el Ibex un 35 6.24%, el FTSE 100 gana 4.28%, el Euro Stoxx 50 un 11.07%, el Cac 40 sube 9.94%, el Nikkei un 7.09%, el Hang Seng gana 6.27%, el S&P 500 un 7.02%, el Dow Jones un 8.32% y el Nasdaq sube 4.59%.

                   El sentimiento semanal de los inversores (American Investors, AAII) evoluciona así: sentimiento alcista -expectativas de que las acciones subirán en los próximos seis meses- cayó 5.1 puntos hasta el 45.8% pero sigue arriba, durante 18 semanas de las últimas 20, de su media histórica del 38 %. Sentimiento bajista -expectativas de que las acciones caerán en los próximos seis meses- aumentó 2.6 puntos hasta el 23.2% y sigue por debajo de su media histórica del 30.5%.

                    Las acciones norteamericanas han subido un 75% desde los mínimos de marzo de 2020 en lo que es su mejor racha alcista de 12 meses desde hace 85 años. El sector financiero marcó su 11º mejor trimestre desde hace 31 años y el energético cerró un trimestre de récord.

                    Por cierto, los mercados bursátiles impactan en el mundo real y viceversa. Sin embargo, muchas veces las intervenciones de los Estados hacen que se desacoplen. Japón ofrece un ejemplo -inverso, si se quiere- de la distinción entre las bolsas y el mundo real. En febrero, el Nikkei 225 superó el nivel de 30.000 por primera vez desde 1990. Durante treinta años, las acciones japonesas no llegaron a ninguna parte, sin embargo, el país progresó notoriamente.

                    Así, apostar por un colapso bursátil porque la política o el gobierno están yendo por mal camino es una receta para perder dinero. Si bien el mercado real -el mundo real- y las bolsas y el sistema financiero deberían ir de la mano, lo cierto es que las desaforadas intervenciones – “estímulos”- de los Estados están haciendo que estos diverjan dramáticamente.

                     Así, quienes apostaron al caos y compraron paraguas cuando había sol, no obtuvieron grandes ganancias. En el siguiente gráfico puede verse como perdieron quienes apostaron por el oro -aunque, sigue siendo el valor refugio por excelencia en el largo plazo- quienes compraron “short” y quienes apostaron contra el dólar: 

                   En lo que llevamos de ejercicio hay que destacar que los pequeños valores se están imponiendo a los grandes. Por ejemplo, el Russell 2000 lleva un mejor ritmo que el S&P 500 o el Nasdaq. En el gráfico podemos ver su tremenda evolución desde los mínimos de marzo 2020 y en el recuadro azul su marcha en 2021:

Russell

                   Sin dudas esto en gran parte es “inflacionado”, es decir, se debe a la gran cantidad de dinero –“estímulos”- que, literalmente, está regalando el gobierno de EE.UU., con el Tesoro afirmando que no escatimarán esfuerzos y harán lo que sea necesario para impulsar la recuperación económica. Por otro lado, las expectativas de incremento del beneficio por acción de las compañías del S&P500 sube de USD 122.3 del pasado ejercicio a 172.4 este año. Y, por cierto, la fantasiosa idea de que las vacunas sean efectivas y eso provoque que los gobiernos devuelvan a los países a la normalidad. A propósito, Japón lleva solo el 1% ciudadanos vacunados y no le va tan mal.

                     Y estamos ya en abril, un mes destacado para las bolsas ya que las acciones han cerrado en verde este mes en 14 de los últimos 15 años. Más aun, desde hace 71 años es el segundo mejor mes del año después de noviembre, pero en los últimos 20 años abril es el mejor. Afinando más, dentro del propio mes son los 18 primeros días los que suelen tener un comportamiento más destacado.

                      Ahora, la economía mundial corre el riesgo de “divergir peligrosamente”, como señalan Rich Miller y Enda Curran de Bloomberg, ya que, aunque va camino de su “crecimiento” -rebote, en rigor, desde la caída por las restricciones estatales con excusa de la “pandemia”- más rápido en más de medio siglo, sin embargo, las diferencias y deficiencias podrían impedirle alcanzar sus alturas anteriores a estas restricciones, con la carga de empobrecimiento y desnutrición de cientos de millones de personas que esto conlleva.

                      EE.UU. lidera la “recuperación” -inflada- y reanuda su papel de guardián de la economía global. China también está haciendo su parte, aprovechando su “éxito” en la lucha contra el coronavirus que consiste en decir que ya no existe la “pandemia” y por tanto levanta todas las restricciones con el mismo autoritarismo con el que marcó el inicio de las “cuarentenas” globales. Mientras quedan rezagadas Francia, Alemania, Italia, y el Reino Unido que insisten en medievales restricciones a las libertades individuales y del mercado.

                     En el siguiente gráfico puede verse la recuperación del empleo en EE.UU.:

                        Para todo el año, Bloomberg Economics prevé un crecimiento global del 6,9%, el más rápido en registros que se remontan a la década de 1960. La OMC espera que el comercio se recupere un 8% en 2021 y un 4% en 2022. Sin embargo, muchas partes del mundo podrían tardar años en unirse a EE.UU. y China para recuperarse por completo, y para 2024 la producción mundial seguirá siendo un 3% más baja que la proyectada antes de las cuarentenas.

                      Obviamente, la burocracia espera que EE.UU. utilice las reuniones virtuales de esta semana del FMI y el Banco Mundial para argumentar que ahora no es el momento para que los países retrocedan en los “estímulos” a sus economías. Argumento dirigido principalmente a Europa y particularmente a Alemania, con su larga historia de rigor fiscal. El fondo de recuperación conjunto de la UE de € 750.000 M se ha retrasado hasta la segunda mitad del 2021.

                      Ahora, si bien la economía en auge de EE.UU. indudablemente actuará como un motor para el resto del mundo al absorber las importaciones y generar excedentes de capital, también podría provocar mayores costos de endeudamiento a partir del aumento de las tasas de interés a largo plazo.

                        En fin, entretanto en esta Argentina cada vez más aislada, mientras el dólar se fortalece en el mundo el blue -el verdaderamente libre- se mantiene estable.

                       El mercado descuenta que el verde oficial subirá por debajo de la inflación, pero sólo hasta las elecciones, según un estudio de Quantum en base a la observación del rendimiento de los títulos públicos. Después de octubre esta situación podría revertirse y el dólar subiría más que el IPC. Así lo explicitan los inversores, según se desprende de los rendimientos de los bonos ajustados por CER y dólar linked.

                        Hoy la inflación anual implícita a 5 y 12 meses en los bonos ajustables por CER es del 46% y 42% respectivamente, mientras que, la devaluación anual implícita del tipo de cambio oficial a 7 meses es del 30% y a 13 meses orilla el 40%, de lo que se desprende que la diferencia a favor de los precios de 16 puntos porcentuales en el corto plazo se reduce a 2 para los vencimientos en 2022. Y esto se debe a la política del gobierno de creer que planchando al dólar se plancha la “inflación” -la suba del IPC, en rigor- al menos hasta las elecciones.

                        Ahora, planchar al dólar tiene su costo, el tercer mes del año, el BCRA realizó compras netas por unos USD 1480 M, el mayor saldo positivo mensual de la era Pesce. Por cierto, el campo liquidó en marzo USD 2700 M, un récord para los últimos 18 años. Aun así, las reservas internacionales sólo se incrementaron en USD 945 M. En buena parte debido a las intervenciones en el mercado bursátil para estabilizar la brecha entre la cotización del dólar mayorista y los paralelos (MEP y CCL).

                        En los últimos meses la intervención del BCRA y de otros organismos en el mercado de bonos logró que la brecha entre ambas cotizaciones se mantuviera por debajo del 60%, menos de la mitad del récord que alcanzó en octubre pasado cuando había superado el 130%. Con tanto teje y maneje, la deuda del BCRA se triplicó desde que asumió Alberto Fernández y llegó a $3.2 B o el equivalente al 10% del PIB y el 87% de las reservas brutas. Por otro lado, por cada $5 emitidos para asistir al Tesoro, el BCRA debió pagar $2 de intereses.

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

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