Por Alejandro A. Tagliavini*

                     Hemos llegado a un momento insólito en el que, si se consume en moneda extranjera con tarjeta de crédito, conviene pagarla con dólares billete -y mejor si son blue- que en pesos al cambio del dólar solidario, como muestra este gráfico de Daniel Osinaga:

                 La gran pregunta es cómo seguirá. El solidario dependerá de la devaluación oficial y el blue, sobre todo, de la inflación real, esto es, la devaluación del peso por exceso de emisión con relación a la demanda. De momento, deliberadamente la emisión ha sido bastante controlada, aunque según el último informe del BCRA al 5 de marzo se transfirieron unos $ 70.000 M al Tesoro, habrá que ver qué pasa por el lado de la demanda.

                 Según Invecq, las presiones cambiarias de este año podrían aminorarse respecto de las del año previo tanto por el lado de la oferta como la demanda de dólares. En caso de concluirse una cosecha aceptable -aunque más baja que la temporada 2019/20, 44 contra 50,7 M de toneladas de soja- por el simple hecho de tener precios de commodities muy superiores y estables, podrían ingresar al país cerca de USD 7.000 M más que en el 2020.

                Visto al revés, mejor dicho, al derecho, la oferta de dólares de los exportadores es demanda de pesos (aunque, lamentablemente, ésta sea forzada por el gobierno, pero este es otro tema). Y esta demanda de pesos pareciera que aumentará a partir del gran avance de los precios internacionales de los commodities.

                 A su vez, agrega Inveqc, la compresión del dólar ahorro efectuada en octubre, que generará menor demanda que la del 2020 sumado a un moderado crecimiento del turismo y al cierre de las importaciones y la reestructuración de deuda del sector privado dispuesta por el BCRA, amortiguarán la presión sobre la demanda del dólar oficial, o sea, sostendrá la demanda de pesos.

                 En línea con lo anterior, el BCRA comenzó a aminorar el ritmo de devaluación, con la idea de frenar la suba de los precios, pero, como era de esperarse, la suba del IPC (“inflación” en la jerga oficialista) no descendió, por el contrario, “la núcleo” se aceleró hasta 4,1% mensual. Y, a partir de marzo se observa todavía mayor intensidad en la contracción del ritmo de devaluación lo que solo servirá para aumentar la brecha.

                     Así las cosas, se antoja decisivo el comportamiento tanto de los commodities como del dólar a nivel global y los principales analistas estiman que seguirán subiendo mientras el dólar se debilita. Según James Luke, gestor de fondos de Schroders (LON:SDR), las valoraciones de las materias primas son baratas, no sólo en relación con otros activos, como la renta variable, sino también en términos históricos.

                     Entre otras cosas, se produjo una importante reducción de la inversión en el suministro de materias primas con el capex (las inversiones en bienes de capital) en las empresas de petróleo y gas y minería cayendo alrededor del 40% desde 2011 (52% entre 2013 y 2020). La reducción de la inversión siempre precede al siguiente ciclo de las materias primas. Las inversiones de capital en la industria del cobre, por su parte, se redujeron un 44% entre 2012 y 2020. Si se produce incluso la mitad de la demanda prevista, la oferta resultará insuficiente, lo que hará subir los precios y estimulará la inversión.

                     Al mismo tiempo, hoy podemos estar a punto de entrar en un período sin precedentes de inversión de capital global para facilitar la transición energética. El cambio a fuentes de energía limpia y vehículos eléctricos puede provocar una aceleración de la demanda de materias primas como los metales ya que, a medida que el mundo inicie el cambio hacia los vehículos eléctricos y más fuentes de energía renovable, aumentará la demanda en particular del cobre para su uso en las baterías de los vehículos eléctricos y las infraestructuras para su carga.

                      Y, según los analistas, otras materias primas que también experimentarán un rápido crecimiento en los próximos años son los productos agrícolas, tal el maíz y la soja, y la carne de cerdo, impulsada en gran medida por China cuya demanda en aumento se debe a un tema estructural y, por tanto, de difícil solución, esto es, la falta de tierras cultivables.

                      En cuanto a las monedas globales, lo cierto es que en los últimos 12 meses los principales bancos centrales han respondido a la caída en las economías, como consecuencia de las cuarentenas y demás represiones estatales al mercado, con una combinación de políticas monetarias y fiscales no convencionales.

                      La velocidad y el tamaño de los paquetes de “estímulo” no tienen precedentes con una expansión fiscal de varios billones de dólares, incluyendo “dinero helicóptero” directo a los hogares y las empresas. Algunos países están registrando déficits fiscales que superan el 15% del PIB y, si se le suma el endeudamiento ya existente, la inflación está en camino, o sea, la suba en el precio internacional de los commodities.

                    En cuanto al dólar en particular, la preocupación por el doble déficit de EE.UU. (el financiero y el de cuenta corriente) también ha contribuido a la caída del valor del dólar y se espera que esto continúe en los próximos años.

                    Por otro lado, aunque no se espera que la Fed tome medidas sobre las tasas de interés durante su reunión de este martes y miércoles, los inversores estarán pendientes de cualquier comentario sobre la impresionante venta en los mercados de bonos del Tesoro que ha provocado que su rendimiento se situará por encima del 1,60%, máximos de un año.

                 La Fed también dará a conocer sus nuevas previsiones de crecimiento económico y tasas de interés, lo que se conoce como el “gráfico de puntos”. El objetivo de la Fed parce ser el de mantener inalteradas las tasas de interés hasta finales de 2023.

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

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