Por Alejandro A. Tagliavini*

             Si algo ha traído de bueno la “pandemia” es que, más allá de un totalitarismo de patas cortas que de momento fluye por el mundo, crece sostenidamente el cuestionamiento a políticos, “autoridades”, “gobiernos”, Estados y todo tipo de instituciones. Y, si se avizora una “nueva normalidad”, al contrario de lo que creen los fans de la “pandemia”, será una donde las personas sean cada vez más conscientes -e independientes- de que son ellos, y no una decadente y poco fiable “autoridad”, los hacedores y cuidadores de su futuro.

             Y no es haciendo política que se cambiará al mundo, lo que sería una gran ironía, por el contrario, esto implicaría hacerle el juego al establishment que ha anudado fuertemente sus intereses y prácticamente imposible entrar en política y, finalmente, no caer en sus redes.

             Más allá de las subidas y bajadas, que son parte de la vida que crece, se desarrolla y muere, sin dudas Elon Musk es uno de los hombres más influyentes del mundo sino el más influyente, y el bitcoin es el tema del momento compitiendo con las tóxicas noticias sobre el covid. Y si algo lo caracteriza es su total desapego de “las autoridades” y su evidente desinterés por los políticos, aunque por razones obvias no lo dice de manera directa, toda su carrera lo demuestra a diario.

             Como cuando desafió la cuarentena impuesta por los burócratas y ganó la pulseada y, sobre todo, con su carrera espacial que, al fin de cuentas, apunta a crear colonias humanas “privadas”, lejos de los tóxicos gobiernos globales. Su objetivo, dijo, es contribuir a la creación de una civilización humana multi planetaria y viajera del espacio. Para ello, y comenzando en 2026, aspira a enviar, hacia el 2050, un millón de humanos a Marte en 1.000 naves de SpaceX.

             Podría hacerle muchas críticas a Musk, pero hoy destaca por sus aportes a la humanidad. Es un soñador y, como tal, muchas de sus ideas quedarán abortadas por la frialdad de los gobiernos y el establishment, pero el progreso humano, al final, se hace con soñadores. Tan inocente es que, en un solo día perdió USD 15.000 millones por un tuit poco favorable al Bitcoin, renunciando a ser la persona más rica del mundo dejando ese puesto a alguien totalmente opuesto, Jeff Bezos, que ha hecho su fortuna con mucho cuidado de favorecer al establishment.

            Y perdió ese dinero, y luego siguió perdiendo más, porque el lunes 22 las acciones de su empresa insignia, Tesla Inc., cayeron 8,6% lastradas por el mismo Musk al comentar que los precios del Bitcoin y su rival más pequeño Ether “sí parecen altos” a través de Twitter, dos semanas después de que Tesla anunciara que había comprado USD 1.500 millones en bitcoins.

               Otro gran actor de esta “nueva normalidad”, es el Bitcoin que llegó a superar los USD 58.000 para luego caer fuertemente haciendo gala de su volatilidad. Este récord lo logró en medio de todo tipo de noticias alentadoras como que podría llegar a cotizar en un millón de dólares, a largo plazo, para convertirse en una moneda de reserva, según Anthony Pompliano, de Morgan Creek Digital Assets, mientras se desarrollaba una gran participación de inversores institucionales y minoristas. Entre muchas, se involucraron con la “criptomoneda” BlackRock, que agregó futuros de Bitcoins como una posible inversión para dos de sus fondos, Square, BNY Mellon, el banco más antiguo de EE.UU., lanzaría una unidad de activos digitales y Mastercard tiene la intención de admitir ciertas criptomonedas.

             Tanto vuelo ganó el Bitcoin que se empezó a hablar con fuerza sobre la posibilidad de restarle adeptos al oro, considerado tradicionalmente como activo refugio. Según Nikolaos Panigirtzoglou, estratega de mercados globales de JP Morgan, el valor del metal amarillo en poder del sector privado, únicamente con fines de inversión, ronda los USD 2,7 billones. Para que la capitalización de mercado de Bitcoin -que tiene cinco veces más volatilidad que el oro- alcance ese nivel, necesitaría alcanzar un precio de alrededor de USD 146.000.

             Alasdair Macleod, de Goldmoney, promotor del metal precioso, asegura que, si bien existe un consenso cada vez mayor de que los días de las monedas fiduciarias están llegando a su fin, no sería el Bitcoin su sucesor sino el oro. Aunque reconoce que esto llevará tiempo, resulta muy audaz eso de decir que las monedas fiduciarias están llegando a su fin, es que los Estados, del modo en que hoy los conocemos, no podrían continuar sin este vehículo que les permite emitir y hacerse de fondos hoy imprescindibles para su supervivencia. 

              Sin dudas el oro tiene una gran ventaja y es que, aun cuando los inversores dejaran de tener interés en el como moneda o resguardo de valor, seguiría teniendo valor industrial y de joyería. El Bitcoin en cambio, dicen sus detractores, no tendría ningún valor, sin embargo, y más allá de que tiene una emisión limitada a 21 millones de unidades, tiene una enorme ventaja sobre todo hoy cuando los Estados abusan de su injerencia en la vida de las personas, y esto es, que es imposible de controlar y rastrear, se pueden controlar a las personas que los utilizan, pero no al Bitcoin.

             Y los bancos centrales y los gobiernos, como ven amenazado su futuro, por un lado, con el cuento de que se usan para “actividades ilegales” ya que no se pueden rastrear, intentan controlarlo, pero ante la evidencia de que no podrán hacerlo no se les ha ocurrido mejor idea que establecer su “propia moneda digital”. Por ejemplo, los bancos centrales más grandes han iniciado el estudio de planes de emitir efectivo digital y defenderse de las amenazas del sector privado al dinero tradicional.

             Y establecieron, en octubre, un plan sobre cómo podría funcionar una “moneda digital”, el proyecto se llama CBDC y son el equivalente electrónico del efectivo. Pero el progreso ha sido lento, de hecho, el comunicado de la reciente reunión de ministros de finanzas del G7 no mencionó nada acerca de esta tecnología. Y la presidenta del Banco Central Europeo dijo que cualquier euro digital llevaría años, mientras que el Banco de Japón y la Reserva Federal se ven todavía más atrasados.

            Esto es cuando los muertos se creen vivos, porque sucede que, precisamente, la gran ventaja del Bitcoin es que no tiene emisor centralizado ni conocido ni rastreable, o sea, el principio filosófico de las “monedas digitales” es precisamente hacer implosionar a los bancos centrales.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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