Por Alejandro A. Tagliavini*

                 Cuenta el español Daniel Lacalle, considerado el 8vo economista más influyente del mundo, que la deuda global se elevaría a un récord de USD 277 B para fin de año, según el Instituto de Finanzas Internacionales. La de los mercados desarrollados sumados gobierno, empresas y hogares saltó al 432% del PBI y la relación deuda/PIB de los emergentes alcanzó casi el 250%, en el tercer trimestre, con China alcanzando el 335%, y para el año se espera que la relación alcance alrededor del 365% del PBI global. La mayor parte de este aumento masivo proviene de la respuesta de gobiernos y empresas a las cuarentenas. Sin embargo, la cifra de deuda total ya había alcanzado máximos históricos en 2019.

                 Ahora, la mayor parte de esta deuda es improductiva ya que los gobiernos la están utilizando para aumentar el gasto corriente, por lo que el resultado probable será que continúe subiendo y que el nivel de crecimiento y productividad alcanzado no sea suficiente para el repago de la carga financiera.

                Por cierto, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) que se presenta como “promercado” cuando claramente vive del favor de políticos, burócratas y empresarios con gran poder de lobby sobre gobiernos, ha presentado “El gran reinicio”. Un plan para “una recuperación económica y la dirección futura de las relaciones, economías y prioridades globales… dirigiendo el mercado hacia resultados más justos… la aceleración de inversiones ecológicamente amigables, y comenzar una cuarta revolución industrial, creando economías digitales e infraestructura pública”.

                 Obviamente, señala Lacalle, todos compartimos estos objetivos que el sector privado ya está implementando, ya que vemos que la tecnología, las inversiones renovables y los planes de sostenibilidad prosperan en el mundo. Somos testigos en tiempo real de la prueba de que las empresas se adaptan rápidamente y brindan mejores bienes y servicios a precios asequibles para todos, logrando un nivel de avance en los objetivos ambientales y de bienestar que sería impensable si los gobiernos estuvieran a cargo. Y la actual crisis muestra que el mundo ha escapado del riesgo de escasez e hiperinflación gracias a un sector privado que ha superado todas las expectativas en una crisis aparentemente insuperable.

                 En definitiva, recordemos que la inflación es la sobre oferta de dinero por sobre lo que el mercado demanda en tiempo real, es decir, es una devaluación de la moneda por exceso de oferta. Así, si esta no se dispara en los mercados desarrollados a pesar del crecimiento exponencial de la deuda -que se traduce en exceso de emisión monetaria- se debe a que el sector privado sigue aumentando su productividad y, por ende, la demanda de dinero y porque, ante la debacle global, muchos han preferido mantenerse líquidos en dólares u otras monedas fuertes, es decir, ha aumentado la demanda de efectivo.

                 Ahora bajemos a la Argentina. Se confunde aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) con inflación. A ver, para empezar el cálculo del IPC es totalmente arbitrario, depende de quién lo calcule y con qué métodos, para remate las cuarentenas han traído cambios en los hábitos de consumo de modo que las antiguas fórmulas ya no son válidas. Luego, lo que estas fórmulas miden es el aumento de una canasta testigo de productos, pero eventualmente esos productos pueden subir por razones ajenas a la inflación, por ejemplo, si por cualquier motivo se arruina la cosecha de trigo este escaseará y su precio aumentará, pero en esto nada tiene que ver la inflación y no debería incidir en el presupuesto familiar ya que, ante el aumento del trigo, simplemente se lo reemplaza por otro producto quedando el presupuesto inamovible.

                 Sí es cierto que existe una relación entre el IPC y la inflación porque, como dijimos que la inflación implica una depreciación de la moneda, los productos tienden a cotizar a mayor cantidad de la moneda que vale menos.

                 Ahora, si recordamos que los precios locales están fuertemente interferidos por el gobierno con “precios cuidados”, subsidios y retrasados por la recesión, queda claro que el aumento del IPC no es buen reflejo de la inflación, de la depreciación del peso, siendo mucho mejor índice de la inflación el dólar blue que -aunque irónicamente está inflado por el gobierno al prohibir la compra del oficial- es el reflejo más puro de la depreciación del peso.

                 Entonces, es acertado el cálculo que hace el destacado profesor Steve Hanke donde estima que la inflación anual argentina es del 137,20%, tomando la Paridad de Poder Adquisitivo (PPP, por sus siglas en inglés) y el dólar blue:

                 Ahora, todos están asombrados de por qué no se dispara el blue si la “inflación” (la suba del IPC, en rigor) fue del 3,8% en octubre y va en aumento.

                 Insisto, aumento del IPC no es inflación. Entonces, el IPC se dispara porque está atrasado -por las interferencias del gobierno que mencionamos- y se va naturalmente acomodando a la inflación. Por ejemplo, hoy se da la ironía de que es más barato comprar un móvil importado en Argentina -al cambio oficial- que comprarlo en EE.UU. y pagarlo en dólares reales (blue): se gana comprándolo aquí y vendiéndolo en su país de origen. Y esto tiene patas cortas, más tarde o mas temprano esto se tiene que sincerar.

                 En cambio, el blue no se dispara, no por las manos amigas que, si existen, tienen patas muy acotadas, sino porque tiene que ver directamente con la inflación -la depreciación del peso- y lo cierto es que la inflación se desacelera. Es decir, la emisión monetaria viene cayendo a partir de que el gobierno viene cortando el gasto en términos reales, sino que le pregunten a los jubilados.

                Los críticos se asustan por la cantidad que se imprime, pero se imprimen muchos billetes, al punto que se tiene que importar, porque el de mayor denominación no llega a USD 6,5. Por caso, se importan unos 570 M de billetes de $ 1000, pero eso equivale apenas a USD 3700 M o sea el 1% del PBI. Otro crítico se quejaba de que el ministerio de economía no recibiría más financiamiento del BCRA, con emisión monetaria, por la cuenta Adelantos Transitorios, pero sí por transferencia de utilidades en noviembre el BCRA emitió $ 30.000 M, pero eso equivale a USD 190 M o sea el 0,05% del PBI

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

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