Por Alejandro A. Tagliavini*

                 Para decirlo rápidamente, hoy se dan tres corrientes económicas. El keysianismo, que lo conocemos de sobra por ser gran armador de burbujas, emiten y emiten creyendo que con eso mueven la economía y lo que logran es un boom artificial que, para cuando se pincha, la onda expansiva empora las cosas. La teoría económica neoclásica -la preferida de los operadores de mercados que desconfían de la emisión exagerada- cuya característica consiste en creer en el equilibrio -de la curva de oferta y demanda- del mercado, lo que implica el conocimiento perfecto y, por tanto, que éste es estático y rígido: la empresa es solo una función productiva, un medio para transformar insumos en productos.

                 Y finalmente la teoría que podríamos llamar del mercado natural (“libre”), iniciada por los escolásticos españoles de la Escuela de Salamanca de los siglos XV y XVI, y retomada, en alguna medida, por la Escuela Austríaca de Economía que sabe que no existe el equilibrio -porque no hay conocimiento perfecto, estático- sino un entorno puntual en permanente movimiento, que tiende al equilibrio en la medida en que se encuentra nuevo conocimiento que siempre es perfectible. Y, por ello, el mercado es imprevisible e imposible de planificar de antemano. Y una empresa es, precisamente, una función creativa, en búsqueda del conocimiento perfecto al que nunca se llega, y por tanto, imprevisible y espontánea.

                   Escribió John Authers que la noticia de la vacuna de Moderna debería, al menos, ser tan importante como la de Pfizer, pero no lo fue para los mercados que llegaron a máximos históricos con la de Pfizer pero luego se enfriaron y no parecen haber reaccionado mucho con la segunda vacuna, más bien parecen desilusionados, y es que el mercado empieza a vislumbrar que los políticos se han enamorado de las cuarentenas y no las dejarán tan fácilmente.

                   Como era esperable, subieron las acciones castigadas por los confinamientos y demás represiones de los Estados y bajaron las de la plataforma de Internet FANG, Facebook (F), Amazon (AMZN), Netflix (NFLX), and Alphabet (GOOG) que siguen teniendo un rendimiento inferior al promedio de las acciones del S&P 500.

                   Moderna subió 400% en lo que va del año: 

                 Sin embargo, dice el neoclásico John Authers demostrando que no entiende al mercado, que aun cuando no ha sucedido nada que cambie la historia de “fundamentales” flojos de Tesla (TSLA) sus acciones ganan 604% en lo que va de 2020 y casi 700% desde que comencé a recomendar su compra después de la crisis de marzo:

                 Y desde que S&P Dow Jones Indexes anunció oficialmente que Tesla se unirá a su índice insignia S&P 500 el próximo mes, convirtiéndose en la empresa más grande jamás admitida en términos de capitalización de mercado, aunque no tendrá ningún efecto sobre los “fundamentales” -sus ingresos, ventas, rentabilidad o cualquier otra cosa que determine el valor actual descontado de sus flujos de efectivo futuros- el precio de sus acciones subió más que las de Moderna:

                     La capitalización de mercado de Tesla aumentó unos USD 50.000 M al conocerse la noticia, mientras que la capitalización de mercado de Moderna, después de toda la emoción, es de USD 38.700 M. Es decir, el comité de selección del S&P 500 ha logrado crear más valor de mercado al agregar Tesla a un índice que el equipo de científicos de Moderna al inventar una vacuna.

                      Tiene sentido que las personas compren Tesla ahora, porque saben que los fondos indexados y los fondos cotizados, que gerencian unos USD 11 B, estarán obligados a comprarla ahora que está incluida en el S&P 500. 

                     “Moderna puede o no tener un buen precio de USD 38.7000 M, pero su historia en 2020 es un ejemplo del capitalismo…Tesla puede o no tener un buen precio a casi exactamente 10 veces más (su capitalización de mercado ronda los USD 400.000 M), pero su historia en 2020 es un ejemplo de que el capitalismo va muy mal” se queja John Authers.

                       Como todos los neoclásicos que desde hace meses vienen augurando equivocadamente el desplome de Tesla no entiende que el mercado es imprevisible, que no se mueve al antojo de los operadores o planificadores estatales sino a su propio aire. Y, por sobre todo, no se mueve por costos, es decir, el público nunca decide cuánto quiere pagar por un producto según cuánto le cuesta al fabricante, decide comprar si considera que el precio le conviene. Así, el mercado no compra las acciones en base a los fundamentales de las empresas sino cuando intuye que esa acción tiene potencial para subir, por distintas razones.

                       A muchos les gusta hablar de “expectativas”, pero se parece más a “esperanza” porque las expectativas hacen referencia a la previsión de que esos fundamentales se superarán en el futuro, mientras que la esperanza hace referencia a que unas ideas claras, progresistas, con avances importantes y un liderazgo firme pueden obtener logros hoy impensables, y Elon Musk es uno de esos líderes que, entre otros tantos logros, desafió la cuarentena y ganó, “privatiza” la actividad espacial -y su infinito potencial- haciéndola mucho más eficiente. 

                        En fin, otro caso muy notable es el del Bitcoin cuyos “fundamentales” también asustan a los neoclásicos. Por cierto, las monedas privadas y digitales, que son muy anteriores a que se hiciera famoso el Bitcoin, han sido muy estudiadas por Lawrence White que twitteó este facsímil de 1869 donde ya se hacía referencia a “dinero cibernético” trasmitido de manera telegráfica: 

Fuente: Journal of the Telegraph (1 October 1869).

                     Escribió Joanna Ossinger que el Bitcoin (BTC) está siendo utilizado – a pesar de su histórica volatilidad- como cobertura contra riesgos, como una mayor debilidad del dólar o un repunte de la inflación. Sube casi 150% en 2020 y se ubica en relación con el oro en el nivel más alto en casi tres años. Y así empujó al índice de criptografía Bloomberg Galaxy, que rastrea a Bitcoin y las monedas rivales más grandes.

                 La base de inversores de BTC se amplía a medida que ingresan más instituciones como Square Inc., Paul Tudor Jones y Stan Druckenmiller, y más empresas incentivan su uso como la decisión de PayPal Holdings Inc. de permitir que sus clientes gasten cripto en su red de 26 M de comerciantes, o el operador español de vehículos blindados Prosegur SA que ha creado un sistema de almacenamiento en frío para proteger los activos digitales del cliente que nunca se conecta a Internet.

                Por cierto, el oro todavía tiene un historial más sólido y ha demostrado durante décadas ser un activo de refugio seguro. Pero se pueden combinar ambas cosas y comprar “ciber oro”.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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