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Por Alejandro A. Tagliavini*

               “Los humanos merecen lo que tienen: se llenan la boca hablando del respeto a la naturaleza (cambio climático, transgénicos, bla, bla, bla…) y después se la tapan con algo tan antinatural como es un barbijo. Greta Thunberg estaba de moda, muchos apostaban a que cambiaría el mundo y, unos meses después, ya no existe”, escribió alguien en Twitter. Pues, si el barbijo fuera útil, destaco esto porque lo que sí queda claro es la incoherencia que impera. O es el barbijo o es la naturaleza, ambas cosas a la vez no pueden ser.

               Las jornadas de la Asamblea General de la ONU desnudan un mundo totalmente polarizado. Los principales líderes en un encuentro virtual marcado por la tensión entre Trump y Xi. Un auténtico diálogo de sordos donde la estrategia multilateral no existe y que escenifica a unos mandatarios enfrentados entre sí, las crecientes tensiones entre Pekín y Washington -dos liderazgos cada vez más autoritarios- reavivando la Guerra Fría, con Rusia como factor desestabilizador de Occidente; el desafío turco en el Mediterráneo oriental; o el anuncio de Washington de imponer nuevas sanciones a Irán.

             Por primera vez en los 75 años de la ONU, los líderes no se verán las caras sino en una sucesión de discursos pregrabados. O sea, mas alejados, más distanciados, más desunidos que nunca. “La calamidad climática acecha. La biodiversidad está colapsando. La pobreza crece de nuevo. El odio se expande. Las tensiones geopolíticas escalan. Las armas nucleares siguen en una alerta de gatillo sensible… y debemos enfrentarlas juntos”, dijo el secretario general de la ONU durante el acto de inauguración en el que estaban todos separados.

            Pero, y entonces cómo hemos llegado a este punto, de qué ha servido la ONU. Los Estados son el monopolio de la violencia y la ONU su sumatoria. No discutiré la necesidad de que existan, pero, en todo caso, es incoherente pretender puedan solucionar los problemas cuando que está claro que la violencia es de suyo destructiva de lo natural, de hecho, Aristóteles -y muchos otros- la definía como aquello que contraría a la naturaleza.

            Ahora por qué los políticos apelan a la violencia, a la represión para “solucionar los problemas”, porque es su modus vivendi -del Estado- y en ello va su supervivencia a pesar de saber que cuanta más represión más destrucción. Es que como dice el doctor A.K. Pradeep, especialista en neuromarketing, el 95% de las decisiones que tomamos se gestan en el subconsciente. Y en el subconsciente a los políticos no les importa lo que al país le suceda, a solo su supervivencia. Por cierto, el miedo y la agresión van juntos.

            Tomemos por caso Argentina que cada vez se parece más a Venezuela sino a Cuba. Hoy tiene la cuarentena más larga del mundo sin ningún resultado positivo que mostrar y sí mucha destrucción. No hay vuelos, y permanece aislada del mundo, algo tan normal como comprar divisas extranjeras, como el dólar, es considerado un delito.

           Martín Tetaz escribió en Twitter que “Las clases no van a volver (al menos de momento) … No importa qué protocolo les presenten ni qué garantías les den. Gobierna el peronismo y la educación no se considera esencial”. La degradación ha llegado al punto en que no se gasta en educación, pero sí en subsidios para millones de desocupados como consecuencia de la cuarentena, y todo ello con una carga impositiva y una falta de libertad asfixiante que provoca que las empresas huyan del país.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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