Por Alejandro A. Tagliavini*

 

En EE.UU. orquestaron estímulos fiscales por unos US$ 3 B, más del 14% del PBI de 2019 y todavía se espera otro billón para el mes que viene. Esto acarrearía una fuerte sobreoferta -inflación- sino fuera por la gran demanda global de dólares, a la vez que las otras monedas se depreciarán quizás más: se estimaba que los países del G-20, para capear la crisis por las cuarentenas, lanzarían estímulos por US$ 8 B, pero esta cantidad ya supera los 10 B. De hecho, Dollar Index Spot ahora sube hasta los 100.23.

Entre las muchas incoherencias que estamos viendo, se argumenta que la intervención estatal no es una toma de control sino una forma de preservar el libre mercado. Pero subirle impuestos al mercado será la contrapartida inevitable, advierten economistas como Jay H. Bryson, de Wells Fargo, quien estima que la deuda del gobierno llegará al 110% del PBI en el 2030 desde el 80% en 2019.

Para sumar expectativas inflacionarias, los futuros sobre fondos de la Fed llegaron a superar el 100% y cotizar a 100.025% -luego bajaron hasta 99.945- lo que implica expectativas de tasas por debajo de cero, y de darse marcaría un hito histórico. En tanto Wall Street continúa su tímida subida a la espera de nuevas aperturas en la economía, destacando la firmeza de Amazon (NASDAQ: AMZN) que ha llevado la fortuna de Jeff Bezos a los US$ 140.000 M, 40.000 más que su seguidor inmediato.

De paso, un consejo interesante de Albert Salvany: se puede identificar, no un Cisne Negro, pero sí la cercanía de una situación peligrosa observando tres índices: el oro (XAU/USD), el de volatilidad VIX y el Dollar Index Spot. En principio, si suben los tres, la tormenta perfecta ya está encima, luego hay que analizar el movimiento de cada uno.

cisne negro

En Argentina, la actividad industrial se contrajo 17% en marzo, y abril será peor ya que tuvo cuarentena los 30 días. Para darnos una idea, la industria automotriz cayó 34% i.a. en marzo y 100% en abril. Y mayo, aunque se abren algunas industrias, podría ser peor dado el empobrecimiento general, empresas quebradas y casos como Acindar que, autorizada a trabajar solo al 30%, podría importar desde Brasil. Dadas las suspensiones, reducciones de salarios y caída de ingresos la pobreza pronto alcanzaría el 50%, incluyendo al 30% de los ocupados.

Por esta recesión, el IPC se retrasa no así la inflación que será replicada por el blue, o sea, en la devaluación del peso. Mientras sigue la saga de la discusión con los bonistas con títulos ley Nueva York, ahora con mejor clima y eso descomprime algo la presión sobre el dólar, además del desarme de los papeles dolarizados de los FCI, el MEP y CCL se dirigían a la baja dado un control casi total, así como contrapartida el blue promete escalar.

Y el BCRA emite a gran velocidad, con giros récord al Tesoro, y pérdida de reservas que, en cuatro meses, ya superan los US$ 2.000 M. En momentos en que debería estar acumulando reservas, pierde y, al 4 de mayo, le quedaban US$ 43.575 M. En la última quincena perdió US$ 311 M, pero este es el resultado neto, ya que se vendieron más de US$ 600 M, lo que implica una pérdida de casi el 70% de lo que había comprado en lo que va del 2020.

Son dólares destinados a pagos de deudas y financiamiento comercial, junto con importaciones. Por cierto, la semana pasada del BCRA salieron US$ 324 M para el pago de intereses de la deuda con el FMI que, irónicamente, resulta ser privilegiado aun cuando fue corresponsable de los errores de la administración Macri, al tiempo que recomienda un fuerte recorte a los acreedores privados. O sea, quién siga insistiendo en que el (multi) estatal FMI es “promercado” niega la realidad.

Así las cosas, la presión escalará sobre el blue o sus alternativas más abiertas como el bitcoin que, a la espera del “halving” que ocurrirá en cualquier momento sino se produjo ya, llegó a superar los US$ 10000 (+113% respecto del 16 de marzo) aunque probablemente por aquello de “compra con el rumor y vende con la noticia” en las últimas horas bajaba hasta los US$ 8450. Pero tras el “halving” de 2012 la cotización subió un 7652% en menos de un año, y luego del de 2016 se superó la barrera de los US$ 20.000 a fines de 2017.

Otra alternativa es el “dólar digital” -o stablecoins, divisas virtuales atadas a un activo real- como el DAI, un “blue legal”, que se puede comprar en la web por hasta $200.000 por operación, lo máximo autorizado por la UIF.

Los exchanges –casas de cambio virtuales– se han multiplicado. El DAI tiene la “ventaja” de una paridad fija 1 a 1 con el billete verde y cuya cotización, al ser un mercado -todavía- libre subió al ritmo de las variantes del dólar libre y hoy supera los $120 en promedio. En los exchanges los fondos se pueden convertir con un click entre monedas digitales y pesos y los saldos pueden enviarse a cuentas bancarias o de Fintech.

La emisión de la DAI está dirigida por un contrato inteligente -sobre la blockchain de Ethereum- sin un “banco central” y sus regulaciones represivas, así las posibilidades son infinitas. Por caso, las DEFI -Finanzas Descentralizadas, en castellano-, como el Savings Rate (DSR), una caja de ahorros remunerada, y hasta podría suceder que los mismos usuarios ofrezcan préstamos a tasas pre acordadas. Y, por cierto, pronto las digitales podrían utilizarse como medios de pago en comercios a través de códigos QR, con una app al estilo de la de Mercado Pago.

 

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com