Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Lo más discutido en Davos -por cierto, un foro que se muestra “promercado” cuando está infestado de burócratas reguladores- es la posibilidad de que se produzca un “cisne verde”. El Banco Internacional de Pagos afirma, en un documento titulado “El cisne verde”, que los eventos relacionados con el clima podrían causar la próxima crisis financiera.

“Cisne verde” viene del “cisne negro” que se popularizó en la crisis financiera del 2008 y se refiere a un evento inesperado y sorprendente con un efecto importante, popularizado por el matemático Nassim Taleb con su libro el “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable”.

“La transición inmediata de todo el sistema, que se requiere contra el cambio climático, podría tener efectos que afectarían a cada actor de la economía y al precio de cada activo”, dice el Deutsche Bank, y agrega que “entraremos en una etapa en la que se producirá una comprensión de las inmensas concesiones económicas y personales que tendremos que hacer”. Me pregunto ¿qué pasará cuando los que hacen campaña contra las petroleras, por caso, vean muy incrementado el costo del transporte a causa de las regulaciones y prohibiciones que promueven?

O sea, que muchos inversionistas y empresas están pensando en términos de “las nuevas realidades”, dado el calentamiento global. Pero y ¿si ocurre el “cisne negro”, es decir, si el cambio climático no se da? No es mi intención discutir la teoría del calentamiento, pero ¿qué pasaría con estas tendencias inversoras y cambios en las regulaciones y empresas si el cambio no se da?

Si nos basamos en probabilidades matemáticas, la posibilidad de que no ocurra una catástrofe es muy grande. El anuncio de calamidades es un clásico de la humanidad que tiene su tendencia depresiva y miedosa, desde el Apocalipsis y antes también.

Solo por nombrar unos pocos casos, en 1803 Malthus decía que sobrevendría una hambruna global porque la población crecía más rápido que los alimentos. En 1966, aseguraban que el petróleo duraría solo 40 años y en 1970 que el mundo acabaría sus recursos naturales para el 2000. En 1974, los satélites “mostraban” que una era de hielo se acercaba y el consenso científico Planet Cooling, anunció hambrunas inminentes. En 2008, Al Gore “predijo” que, por el cambio climático, el Ártico se quedaría sin hielo en 2013.

Todo resultó al revés. Así, el “cisne verde”, matemáticamente, bien podría no ocurrir y, por tanto, en mi opinión los inversores serios deberían apostar al “negro”: que las catástrofes climáticas no ocurrirán. De modo que podría ser cierta la teoría de que el calentamiento global existe -con anterioridad a la Era de los Glaciares- y es un fenómeno natural en el que el hombre no influye. Teoría creíble o, mejor dicho, es poco creíble que el diminuto ser humano pueda torcer el desarrollo de la infinita madre naturaleza. Solo los políticos, que se creen dioses, tienen tanta soberbia.

Y la soberbia termina en violencia. Como dije, no voy a discutir la teoría del cambio climático -más allá de plantear lo que me parece creíble- pero es importante dejar claro que no hay derecho a ser violentos. Quienes creen que el cambio climático es culpa del hombre saben que la ciencia -si es que la están siguiendo- siempre yerra, en menor o mayor grado. Ergo, no tienen derecho a imponer violentamente -con la fuerza policial del Estado- sus ideas -sus regulaciones- que podrían provocar mucho daño.

 

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio

@alextagliavini

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