Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El establishment conservador -que todo cambia para que siga igual- insiste en que es imprescindible recortar el gasto estatal para que la economía crezca. En rigor, buscan que el Estado pueda seguir con su característica ineficiencia, que lo lleva a ser deficitario, y lo resuelven de modo fácil: recortar gastos, sobre todo sueldos, en lugar de convertirlo en menos ineficiente.

Para el crecimiento del mercado el recorte del gasto estatal no es condición suficiente. De hecho, el primario real cae hace casi 20 meses y, como porcentaje del PBI, va camino de ser el más bajo en diez años. Pero esta caída queda ensombrecida por el aumento de los pagos por la deuda. Y la economía no para de caer.

En el primer semestre de 2019, el resultado primario fue superavitario en 0,15% del PBI. Ingresaron $ 30.221 M más que los gastados. Pero el pago de intereses creció 118,4% i.a., pasó de 1 a 1,5% del PBI. Así, el resultado primario más financiero fue deficitario en 1,3% del PBI.

Recortar el gasto puede ser contraproducente, caería el consumo y provocaría manifestaciones en contra sobre todo si se basa en la reducción de personal estatal y/o sueldos. En cambio, los gastos podrían solventarse con la venta de las innumerables propiedades estatales como que el superávit primario de junio se debe, en buena parte, a la venta de dos Centrales Térmicas y una concesión por un total de $ 44.596 M.

Tampoco es condición necesaria. Lo que debe hacerse es desregular –“desencorsetar”- la economía para que se expanda y vender los innecesarios bienes estatales. Al crecer la economía y disminuir la plantilla estatal por los empleados “privatizados”, se licuará sin traumas el gasto. En particular, deben desregularse las leyes laborales de modo que el mercado absorba los desempleados por Estado.

El principio filosófico es que la violencia destruye, entonces, lo malo del Estado no que gaste o “invierta” sino que utilice su monopolio de la violencia -su poder de policía- para recaudar como cuando cobra impuestos que nadie pagaría voluntariamente. Así, cuando el gobierno dice que los ingresos crecen por encima de los gastos habrá que ver si son voluntarios -como cuando un privado paga por propiedades estatales que desea- o son coaccionados como los impuestos, la inflación -el exceso de moneda de curso forzoso- o las tasas impuestas por el BCRA.

Aun suponiendo que la presión impositiva disminuye, hay que ver si lo hace respecto al PBI privado, que cae, y hay que sumar la inflación y la tasa de interés, que no bajan y, por tanto, no es creíble una reactivación de la economía por mucho gasto que recorten.

En el año, la economía acumula una baja de 4,6% pero, según O. Ferreres, en junio empezó a dar la vuelta y habría crecido entre 2% y 3% i.a. Para los próximos meses se esperan también números positivos, y el año cerraría con una caída del PBI de “solo” 1,4%.

Aun cuando la cosecha de la campaña 2018/19 alcanzará el récord de 147 M de toneladas, según Agroindustria, y junto a la energía motorizan las exportaciones -crecieron 16% en junio— no compensan la retracción del mercado interno. La industria cae 9,8% i.a. en los primeros cinco meses y no reacciona, desde 2016 hasta fines de 2019 los salarios reales habrán caído 14,3%, el desempleo alcanza el 10,1%, y sube, la pobreza, según la UCA, roza el 35% y va por más.

Con las tasas que fuerza el BCRA, y el dólar artificialmente planchado, la inversión no existe, los ahorros son para la “bicicleta” y el mercado de capitales languidece. Según el IAMC, en el primer trimestre de 2019, el financiamiento a empresas en el mercado de capitales alcanzó US$ 820 M, una caída de 72% i.a. Según datos del BM, en 2017, la ratio capitalización bursátil/PBI en Argentina era de 17%, Brasil 46,3%, Chile 106,4%, Francia 106% y EE.UU. 165%.

Tampoco es creíble que la inflación comienza a bajar sustancialmente, a pesar del 2,7% medido en junio y que para julio los analistas calculan entre el 2% y el 2,5%. Y el BCRA anunció que la tasa no bajará de 58% hasta tanto se conozca el próximo dato de inflación, el 15 de agosto y, aunque lo disimule, da señales de que la cosa no va bien. Decidió que la evaluación del cumplimiento de la meta de base monetaria se realizara bimestralmente -en julio/agosto- porque preveía que no se cumpliría en julio, aunque asegura que el promedio se mantendrá en $ 1.343 M.

Para el BCRA “los bancos están integrando encajes durante el mes de julio por un monto mayor al requerido para el bimestre, esperándose una integración menor en agosto”. Con más demanda de dinero este mes, que lograba que las licitaciones de Leliq resultaran expansivas, y emisión de pesos para cambiar dólares del Tesoro, el promedio de base monetaria se alejaba de la meta en julio. EL BCRA decidió, además, elevar en 3 puntos porcentuales la fracción de los encajes, por los depósitos a plazo fijo, que las entidades están habilitadas a integrar con Leliq (remuneradas).

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

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