Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Como anticipamos varias veces que sucedería, todos están recalculando la evolución del PBI a la baja, y lo seguirán haciendo, a no dudarlo. Ahora en el Ministerio de Economía calculan que caerá 0,8% en 2019, contrastando con el 0,5% del Presupuesto, pero todavía son optimistas, sobre todo al afirmar que la economía crecerá en 2020.

Veámoslo por el lado de la balanza comercial. En abril de 2019 el superávit fue de US$ 1.131 M, así el primer cuatrimestre tuvo un resultado de US$ 3.147 M -Ecolatina estima US$ 10.000 M para todo 2019- contrastando con el déficit de US$ 3.260 M en 2018. Y para el gobierno esto es alentador. En realidad, tiene una doble lectura negativa.

En primer lugar, en abril las exportaciones crecieron, en cantidades 10,3%, pero solo 1,7% i.a. en efectivo debido a la baja de los precios de casi 8%. En el acumulado del primer cuatrimestre caen 1,2%. Considerando la fuerte devaluación del peso superior al 50%, mejorando la competitividad argentina, claramente las exportaciones se desarrollan mal a consecuencia de la caída en la productividad.

Por su lado, el desplome de las importaciones es consecuencia del PBI que cae con un futuro deprimente. Las compras al mundo se derrumbaron 31,6%, acumulando una caída en lo que va del año 28,9%. No solo muestra que sigue bajando el consumo sino también las inversiones futuras ya que la importación de bienes de capital se contrajo 42%, la de piezas y accesorios para bienes de capital 28%, las de bienes intermedios -necesarios para procesos industriales- 17% y la de combustible y energía 7%.

Por cierto, a esas flojas exportaciones aportaron sobre todo las de productos primarios que subieron 18,8%, aunque 29,5% en cantidades dado que desde mediados de 2018 el precio FOB de la soja en Argentina cayó 12% en promedio. A este panorama desalentador hay que sumarle la fuerte caída de las cotizaciones internacionales y el dólar artificialmente planchado por el gobierno.

La “guerra” entre Trump y China, los mayores stocks de cereales dada la mayor producción en EE.UU. y la posibilidad de que áreas dedicadas al maíz pasen a producir soja, la fiebre porcina en China -los cerdos consumen harina de soja- parecen haber tenido un impacto en la cotización de la soja. Aunque otros opinan lo contrario: la guerra arancelaria podría favorecer a las exportaciones de Brasil y Argentina –segundo y tercer productor global, respectivamente- al mercado chino y no sería la fiebre porcina un factor bajista ya que el mayor consumo es el de las personas no de los cerdos.

En cualquier caso, el ambiente internacional se tensa. Si EE.UU. cierra sus fronteras, China podría acelerar su capacidad para fabricar aviones comerciales, la inteligencia artificial que ya tiene un desarrollo importante tanto que los bancos han incorporado tecnología para escanear el más mínimo movimiento facial y detectar posibles indicios de fraude y tantas otras industrias.

A esta competencia y a la falta de acceso a uno de los mercados más grandes del mundo, la sentirán los accionistas en EE.UU. Al frenazo del comercio global, cuya expansión será inferior a 2,6%, según la OMC, contrastando con el 3% de 2018, podrían agregársele otras cosas como que Pekín rife los bonos del Tesoro de EE.UU. que tiene en cartera, unos US$ 1.100.000 M, o que devalúe la moneda para compensar los aranceles de Trump que, por otro lado, dice que puede derivar parte -unos US$ 15.000 M- de lo que recaude con el aumento de los aranceles a los exportadores agrícolas (soja, maíz, trigo y arroz) deprimiendo más los precios internacionales.

Precios bajos, retenciones y dólar planchado, reprimido, afectarán el nuevo ciclo productivo, advierten productores. La renta fija que ajusta por CER -Boncer 2020 (TC20)- tiene una TIR de 33,05% mientras que el Bonar 20 AO20 (AO20D)- bono en dólares que también vence en 2020- rinde 18,59%.

Semejantes tasas, evidencian un enorme caos en el mercado monetario y de deuda fogoneado desde el Gobierno. El problema es que, como toda represión, en algún momento va a estallar, de un modo o de otro. Es infantil la idea de que se puede mantener algo comprimido mientras se busca la solución para que no se desborde, le estallará en la cara.

Es imposible desenmarañar esto sin liberar y sincerar al mercado. El dólar planchado destruirá la producción -sobre todo si se hace en base a mantener las tasas altas-, ergo, la recaudación impositiva. Pero cuando lo liberen -o cuando estalle, las tasas parecieran indicar un desfasaje de base del orden del 15%- la deuda en dólares -y con el FMI- se complicará mucho dado el modelo macrista de sostener un Estado más que elefantiásico.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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