Por Alejandro A. Tagliavini*

 

En junio del 2018, al confirmarse el acuerdo stand by con el FMI, twittié “que Dios nos ayude, US$ 50.000 M -que vamos a pagar con creces los ciudadanos comunes, sobre todo los pobres- para financiar este gobierno adicto al estatismo y a cercenar libertades”, no erré, lamentablemente. Por cierto, en el pasado, Argentina llegó a más de treinta acuerdos y todos fracasaron, así estamos hoy.

Quienes sostienen que el FMI es promercado -siguiendo la propaganda oficialista- son incoherentes: por el principio de supervivencia, este organismo multilateral necesariamente será promotor de quién le da vida, del Estado, a costa del sector privado -el mercado, los 50 millones de argentinos- que lo financia por vía de impuestos, coactivos como son las imposiciones estatales al contrario del mercado donde las transacciones resultan de acuerdos voluntarios entre partes.

Por cierto, los impuestos, aun los dirigidos a los ricos, recaen con más fuerza sobre los más pobres ya que cuánto más riqueza se tiene más se derivan, necesariamente, hacia abajo: subiendo precios, bajando salarios, dejando de invertir demandando menos mano de obra, etc.

En cambio, el FMI sí es pro “establishment” -sobre todo, pro “patria financiera”- que usa y abusa de la coacción estatal para obtener privilegios -contra el mercado- como las Leliq: dada una tasa cercana al 70%, el BCRA paga unos $ 1.700 M por intereses mensuales, y para comprarlos los bancos obtienen fondos de los plazos fijos por los que ofrecen un 43%, una diferencia de más de 25 pp.

El FMI financia estatismos fracasados, para que sigan adelante, cobrando intereses más bajos. Mientras que la reciente caída de los bonos del gobierno argentino implica que su renta llega casi al 16% anual en dólares, con el riesgo país superando los 850, Argentina tendría que pagar 8,5% más sobre la tasa de los EE.UU. lo que en la práctica significa que no podría seguir adelante con el “modelo” económico y debería cambiar radicalmente su programa hacia uno de crecimiento real del PBI.

Estos analistas – en general, socios del “establishment” y de algún político- que apuestan al FMI, como consecuencia de sus incoherencias, se equivocan fiero en sus análisis y proyecciones: basta ver como todos los meses el REM se corrige para peor. Y ahora, dicen que la inflación bajará y el PBI crecerá, imposible.

El PBI no crecerá porque se agranda el peso (impuestos, inflación, endeudamiento/tasas altas) del Estado ineficiente sobre el sector privado. Por caso, según la SRA, la suba de la leche se debe “a la caída en la producción”, desde 2015 se perdieron unos 2.000 tambos básicamente “por falta de rentabilidad”. Hoy, el crédito al sector privado ronda el 15% del PBI -cuando en Chile supera el 110% y en EE.UU. el 62%- mientras que el financiamiento en el mercado de capitales durante marzo cayó 21% ia y 47% respecto de febrero, según la CNV. El resto se lo lleva el Estado.

En cuanto a la inflación- el exceso de emisión por sobre la demanda, en tiempo real- el gobierno reconoce su grave fracaso -y agrava- con el fortalecimiento de los “Precios Cuidados” cuyo listado se triplicó desde 2015 (560 productos hoy, contra 184).

La banda cambiaria -entre $39,75 y $51,45- con una variación posible de 29,4% profundizará la deprecación del peso. Cuando se acerque al piso, el BCRA comprará dólares inyectando pesos y, ante la posibilidad de que el dólar no suba, caerá la demanda de pesos que podrían volcarse, por ejemplo, a bonos públicos ajustados por el CER, o algo más de corto plazo, un plazo fijo UVA que da un rendimiento promedio del 6% ia, más el impacto de la inflación.

La caída en la demanda de dinero se evidencia cuando la inflación sigue alta a pesar de que no hay pesos en los bolsillos. Según el MULC, la dolarización de portafolios cayó 34% ia en el primer bimestre 2019: hubo menos pesos para dolarizar y a un precio alto, y una alta tasa de interés. La capacidad de compra de dólares cayó tanto que, según la UADE, como la remuneración promedio en billetes verdes cayó 39% i.a. y la caída en el precio de los departamentos nuevos 2% i.a., el poder de compra de inmuebles sufrió una importante baja.

En fin, en El Mundo de Madrid, Sebastián Fest, escribió que Macri “dio un golpe de timón en su política económica socioliberal al lanzar un programa que incluye controles de precios, congelamiento de tarifas y una amplia serie de subsidios”. Y continúa, “Los críticos del gobierno plantearon…: ¿por qué se esperó tanto para intervenir con más fuerza desde el Estado ante la inflación…?” para luego recordar que el FMI, “interviene decisivamente en la política económica”.

Una mayoría se pregunta por qué el Estado no intervino antes, demostrando cuán eficaz es la propaganda oficialista que busca darse más poder, al Estado. A lo que habría que contestarle: “no llores por mí, por el mercado -por los 50 millones de argentinos- que no tenemos culpa sino por el Estado, el FMI y, en todo caso, por sus socios del “establishment”.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

 

Anuncios