Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Del Congreso Internacional de la Lengua Española, en particular de la charla sobre inteligencia artificial de José María Álvarez-Pallete, surge que los cambios culturales serán radicales en las próximas décadas y, quizás, ya nadie se interese por los presidentes de gobiernos. Pero, si acaso recordarán a Macri, no extrañaría que fuera por lograr la pobreza récord, de niños pobres.

Veamos el mercado financiero. El nuevo S&P Merval, que solo considera empresas locales, pasa a ser un índice claro de lo que sucede en Argentina. Mientras que en el primer trimestre del año el S&P 500 ganó 13% y el Nasdaq 16,5%, como anticipé el año pasado -y lo sostuve contra la opinión de muchos operadores cuando la Bolsa en enero subía 20% en dólares- el S&P Merval ya está debajo de los valores del 2018 en términos reales: en 2019 sube 10,5% contra 14% el dólar y 12% la inflación.

Y va para peor, de hecho, marzo fue el peor mes y el S&P Merval cayó 2,93% cuando el dólar ganó casi 12%. Los bonos en dólares bajaron 3% en promedio, y en el tramo pesos cayeron casi 3% en promedio para los ajustables por CER, y leves alzas para el resto. Los ADRs en Wall Street, terminaron con mayoría de bajas. Por su parte, la tasa de interés de los plazos fijos apenas superó el 3%, perdiendo contra la inflación -3,5%- y el dólar. Hasta el carry trade resultó negativo; por caso, los retornos en pesos alcanzaron 3,3% para las Lecap.

Así, la mejor inversión es comprar dólares y tenerlos sin producir. O sea, que Argentina se desinvertirá porque la rentabilidad de la economía del peso -dados los impuestos, la inflación y las altas tasas- es negativa. En otras palabras, el PBI caerá -contra todos los pronósticos que dicen que en el 2020 crecerá- con el modelo que Macri viene implementando desde hace 14 años -ya en la CABA- de aumento del peso estatal sobre los ciudadanos -el mercado- que producen.

Los políticos llegan al absurdo de malversar la ciencia de la lógica. Por caso, el dolor -físico o psicológico- es una advertencia -del cuerpo o la mente- de que estamos errando y debemos corregirnos. Al acercamos al fuego, sentiremos una molestia, una advertencia del cuerpo para no acercarnos más son pena de dañarnos. La función del dolor es precisamente advertir un daño potencial mayor.

Yendo entonces a la política, cuando nos proponen un “ajuste doloroso” -que, supuestamente, nos llevaría al bien – debemos rechazarlo y denunciar la violación de las leyes de la lógica. “Tienen que aguantar, yo estoy convencido de lo que hago”, dijo Macri. Deberían explicarle que, precisamente, en un mercado libre lo que importa es, para cada persona, su propia opinión y no la de un líder mesiánico.

¿Por qué crece la pobreza? Porque crece el modo coactivo en que el Estado retira recursos del mercado. Impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas. Y toda coacción perjudica más a los más vulnerables. La inflación -el exceso de emisión para solventar gastos estatales- resulta peor para los más modestos, por caso, los precios de los alimentos y servicios básicos subieron en febrero 5,1%, frente al 3,8% general.

Mientras que las tasas de interés hacen inaccesible el crédito a los más humildes, según LCG, la pobreza cero se conseguiría con una transferencia extra, de recursos en manos del Estado, por $244.000 M anuales a los 2,1 M de hogares pobres, o sea, aumentar el gasto social en 1,7% del PBI cuando el FMI autoriza solo 0,3%.

Ahora, estos recursos son coactivamente retirados del mercado, particularmente de los más pobres -los empresarios, pagan los impuestos subiendo precios, bajando salarios, etc.- luego filtrados por una burocracia que se queda con buena parte, devolviéndose en asistencialismo bastante menos.

Cuenta Matías Di Santi que, según OJF, la población pobre pasó del 8% en 1980 al 16% en 1985. En 1989 eran 39,8% y, en 1990, 41,3%. De acuerdo con los primeros datos del Indec, para el Gran Buenos Aires (GBA), a fines de 1989 la pobreza llegaba al 47,3%, y para mayo de 1995 baja al 22,2%. En octubre de 1999, sube al 26,7% y dos años más tarde alcanza el 35,4%, para llegar en mayo de 2002 al 49,7% y un año más adelante toca el récord de 51,7% en el GBA, según el Indec que en ese 2003 comenzó a medir en 31 centros urbanos encontrando una tasa del 47,8%.

Antes de su intervención, el Indec mide 26,9% para el segundo semestre de 2006. Según Cedlas, bajó de 37% a fines de 2007 a 30% a principios de 2015. Luego, a mediados de 2016, la pobreza subió al 31,4%. Con el Indec normalizado, en el segundo trimestre de 2016 alcanzaba al 32,2%. En 2018, llegó a 32%, 6pp más respecto del segundo semestre de 2017 (25,7%) y la cantidad de niños pobres -de 0 a 14 años- aumentó de 39,7% en 2017 a 46,5% en 2018.

Macri ha dicho que seguirá el mismo modelo -de aumento de la exacción coactiva al mercado- pero más rápido, es decir, crear pobreza a un ritmo más rápido que los 6pp anuales. Así, dos años antes de que acabe su hipotético segundo mandato romperá el récord de 50%.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

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