Por Alejandro A. Tagliavini*

 

“Nada es tan permanente como un programa temporal de emergencia del gobierno”, decía el premio Nobel de Economía 1976, Milton Friedman, entre muchos otros. Y cuánta razón tiene, basta con ver la historia, en particular la Argentina.

Así, cuando Macri -no exento de mesianismo ya que considera a su gobierno “fundacional”- en su visita a Expoagro, dijo que las retenciones implementadas el año pasado son “una emergencia, un mal impuesto”, envió el mensaje subliminal de que llegaron para quedarse. Por cierto, también dijo que cree “en todo lo que hemos hecho”. Y los números corroboran que así será.

A ver. La recaudación tributaria en 2018 subió 31,2% respecto de 2017, debajo de la inflación que fue del 47,6%. Ahora, los rubros de exportación fueron los de mayor crecimiento, dada la devaluación y las retenciones, 52% de aumento en el acumulado anual respecto del año anterior. La recaudación específicamente generada por derechos de exportación aumentó 72,7% ia.

Según la SRA, del 2002 al 2017, el sector agropecuario aportó en retenciones US$ 93.863 M (US$ 6.257 M promedio anual). En tanto que el presupuesto 2019 prevé que suban hasta U$S 8.500/9.000 M. Hay que agregar el impuesto inmobiliario, ingresos brutos, IVA no reintegrado, aportes patronales, impuesto al combustible de los fletes, aporte al fondo de caminos rurales, etc.

Así, es imposible que el “modelo macrista” disminuya las retenciones e incluso va camino de aumentarlas. Aclaremos que las retenciones previstas para 2019 equivalen a un promedio mensual de $ 30.000 M. El primer bimestre del 2019 cerró con un superávit fiscal primario de $23.384 M, dado el resultado positivo de $6.726 M en febrero. Calcule cuánto quedaría sin las retenciones a lo largo del año a este ritmo.

Los ingresos totales de febrero aumentaron 48% ia, otra vez debajo de la inflación ia que fue de 51,3%, y los gastos crecieron 29%. Si bien en el acumulado anual se registra un superávit fiscal primario de 0,1% del PBI -mientras que en el primer bimestre de 2018 se registraba un déficit de 0,1% del PBI- y el gobierno hace hincapié en la reducción de gastos, lo que vale el resultado financiero -que incluye el pago de los intereses de la deuda pública- que, para el acumulado anual, tuvo un déficit de 0,3% del PBI, mientras que en igual período de 2018 el déficit había sido de 0,4% del PBI.

Es decir, la recaudación impositiva cae en términos reales, la reducción de “gastos totales” no es tal porque importa incluir los gastos por la deuda pública que vuelve a crecer, de modo que el modelo macrista solo podría prescindir de las retenciones si ocurriera una muy fuerte suba del PBI lo cual es absolutamente impensable con este nivel de presión “fiscal total” (impuestos, inflación y altas tasas). Por el contrario, el PBI seguirá cayendo y el gobierno desesperado es probable que suba las retenciones.

La caída de la recaudación en términos reales del 1° bimestre y la demora de los productores para vender la soja -a la espera de un dólar más alto- amenazan el camino del déficit cero comprometido con el FMI. Irónicamente, el gobierno está encaprichado en mantener el dólar artificialmente pisado -creyendo que provoca inflación cuando es al revés- y dada la aceleración de la inflación el BCRA anunció un contraproducente “endurecimiento del programa monetario”.

Además de que el gobierno venderá US$ 9600 M hasta diciembre a un promedio de 60 M diarios -un auténtico regalo para los que se preparan a fugar capitales en lugar de producir- podría aumentar la emisión de Leliq subiendo aún más la ya estrafalaria tasa -en una bola de nieva ya que esto implica un mayor crecimiento del stock- perjudicando severamente la producción incluida, por cierto, la agropecuaria.

Las Leliq ya suman $ 1 B o US$ 24.000 M o 5% del PBI, el 80% de la base monetaria, que llega a $ 1,26 B. Estos neo keynesianos creen que la inflación tiene que ver con el exceso de moneda en el mercado cuando, precisamente, la inflación es la bajada del precio de la moneda, que produce el mercado, para equilibrar el exceso de emisión respecto de la demanda. Es decir, una vez producida la inflación, el mercado queda equilibrado. Con lo cual absorber pesos con Leliq, irónicamente, provoca inflación porque, al absorber demanda de pesos, en un mercado ya equilibrado, queda exagerada la oferta existente -en tiempo real- provocando caída en el precio del dinero.

Por cierto, la tasa de las Leliq, ya rebotó casi 20 puntos porcentuales (pp) desde mediados de febrero. Sin embargo, las tasas de los plazos fijos minoristas suben solo 2,2 pp desde su mínimo. Lo que se debe a una simple dilación burocrática en el traslado, a la nueva forma de computar encajes que achica el traspase, pero, sobre todo, al exceso de liquidez ya que los depósitos crecen 33,7% ia, mientras que los créditos al sector privado suben solo 8,7%. Con el crédito parado, el destino para nuevos fondos es la Leliq, la bicicleta financiera. Olvídense de la producción, del aumento del PBI, hasta Sica lo reconoce.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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