Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El panorama internacional luce realmente complicado, aún más desde la aparición de Trump y su extravagante idea de la economía local y global. Ahora, de estas turbulencias, algunos vientos deberían empujar dólares hacia afuera de la Argentina y otros hacia adentro.

Los mayores índices bursátiles mundiales están en pérdidas desde hace meses. La principal preocupación reside en la desaceleración de la economía global, incluyendo la de EEUU. Para Bank of America Merrill Lynch el crecimiento mundial se desacelerará en 2019, con un avance del 3,6% frente al 3,8% de 2018, en tanto que el aumento de los beneficios empresariales globales pasará de más del 15% de media en 2018 a debajo del 5% en 2019.

Para la OCDE, en 2019 la economía global crecerá un 3,7% -dos décimas menos que en la anterior previsión-, en tanto que el FMI espera un incremento del PBI global del 2,9% para el próximo ejercicio, y Deutsche Bank pronostica un avance del 2,4% de la economía estadounidense para 2019. Todas cifras en caída, pero lejos de la recesión.

El desplome de la cotización del crudo desde los máximos anuales de primeros de octubre -casi 30% en el caso del Brent- dejó en evidencia el cambio de expectativas económicas ya que el precio del petróleo suele ser un indicador adelantado de la economía.

La curva de tasas estadounidenses, que normalmente dibuja una pendiente positiva ya que los rendimientos de la deuda a largo plazo son mayores que a corto, enervó al mercado al invertirse el pasado martes, por primera vez en más de una década tras la crisis financiera desatada con la caída de Lehman.

El aplanamiento de la curva, que paga más por su bono a 2 años que por el de 5, suele anticipar contracciones en la economía, aunque la mayoría de los expertos descarta que EE.UU. entre en recesión antes de 2020. El problema es que durante el período que la curva americana está invertida, los inversores salen de los países emergentes y se colocan en bonos americanos.

Cuando la renta fija a corto plazo se paga más cara que a largo plazo, entra en juego la posibilidad de que en un futuro más o menos cercano, un determinado país vaya a tener dificultades económicas. Históricamente, una inversión de la curva ha servido de presagio de una crisis económica posterior. Sin embargo, el indicador más importante es la inversión de la curva en el tramo de 3 meses a 10 años, y no tanto lo que sucedió el martes cuando el bono a 2 años pasó a rendir 2,80%, más que el 2,79% que rendía un bono a 5 años.

Mientras que la guerra comercial entre EE.UU. y China se ha dado una poco fiable tregua de noventa días, en la zona euro tenemos el desafío presupuestario del Gobierno italiano a Bruselas, el encadenamiento de crisis políticas en otros países de la UE como España y, sobre todo, el Brexit. La propuesta de acuerdo de salida de la UE debía votarse este martes en el Parlamento británico, pero la votación fue pospuesta por la primer ministro -que ahora pretende renegociar con la UE un nuevo acuerdo- ante la evidencia de que no sería aprobada, provocando una fuerte sensación de desprolijidad en los mercados que cayeron al conocer la noticia.

Por otro lado, el mercado da por seguro que la Fed subirá las tasas un cuarto de punto en la reunión del 18 y 19 de diciembre, hasta situarlas en el rango de 2,25%-2,5%. Pero después de los últimos mensajes del presidente, sugiriendo una desaceleración, ya casi nadie espera tres alzas en 2019.

Lo que mejora un poco el panorama de los mercados emergentes, a los que perjudica la revalorización del dólar asociada a las tasas de interés más altas, a la vez que encarece el crédito. Aunque también se puede leer como la confirmación de que el crecimiento de EE.UU. -la locomotora global- está perdiendo tracción lo que representa un desafío adicional para los bonos y la economía argentina.

La Fed busca preservar el valor de la moneda -con una inflación en torno a 2% anual- y mantener un bajo nivel de desempleo -alrededor de 4%- mientras que el PIB crece al 3,5% anual. Esto sugiere que la economía estaría sobrecalentada, pero ahora se observa una desaceleración con lo que la suba de tasas -que desalienta la inversión productiva y el consumo- no sería tan agresiva en 2019.

Por cierto, la tasa de interés real de EE.UU. se encuentra en 0,4% anual, aún lejos del rango que se considera contractivo, entre 1% y 2%. Entretanto, insólitamente, el mercado le exige tasas más altas al BCRA para renovar sus Leliq. El jueves pasado, la tasa promedio de las letras de liquidez a 7 días cortó al 59,01% lo que da una tasa real muy por encima de la recesiva y, aun así, el Central produjo una expansión monetaria de poco más de $12.600 M, en tanto que el viernes cortó al 59,16%, y la autoridad monetaria expandió otros casi $30.000 M.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

 

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