Por Alejandro A. Tagliavini*

 

La encuesta de D’Alessio para Idea mostró el fuerte contraste entre el alto optimismo de los ejecutivos a fines del 2017 y lo que realmente ocurrió: para el 84% fue negativo el semestre pasado. Se dieron por sorprendidos. Mal asesorados por parte de analistas y autoridades lo que, sin dudas, influyó para que disminuyera la presencia en el 54º Coloquio, según las crónicas. Y, siguen mal informados: el 56% cree -insólitamente- que lo peor ya pasó. Pues no (y no se sorprendan).

Una medida de valoración en los mercados bursátiles es el PER (Price Earnings Ratio), la relación entre el precio de una acción y los ingresos -por acción- de esa empresa. En EE.UU. ahora está ligeramente arriba de la media histórica: en el S&P 500 -que el 22 de agosto tocó récord histórico de 2.850 puntos- el PER está en 20. En Europa, con 16, está muy barata, y en la segunda bolsa más castigada después de Italia, la española, está en 11,2.

Si el PER se mantiene a niveles del 2016 cuando el mercado de EE.UU. subió 35% desde entonces, se debe a que aumentaron los ingresos de las empresas, dado a que la economía viene creciendo -o inflándose, según cómo se vea- al 4% anual.

El PER de las argentinas está desordenado, podría decirse que está bajo. Ahora, realmente está barato o es lo que corresponde. Al contrario de lo que se cree -más allá de situaciones coyunturales- el mercado no se maneja con expectativas sino fríamente con realidades objetivas en tiempo real.

Dicho rápidamente, un PER de 20 en EE.UU. significa que la ganancia por acción es de 5% anual (1/0,05=20), retorno razonable cuando los bonos del Tesoro rinden un 3%. Pero qué pasaría si el gobierno ofreciera tasas del 72% a bancos o 57% a privados, ¡estaríamos en Argentina! Donde la bolsa baja en dólares -5% en pesos- durante 2018 y el riesgo país sube un 80%.

Y entonces el PER debe ser bajo (menor a 1,75= 1/0,57) para superar esas tasas. Visto así, el PER de algunas argentinas es alto, rondan 7 y más. Con lo que no llama la atención que el dinero siga dejando -la producción- la bolsa para ir a la bicicleta, como deja la construcción ya que un alquiler en Buenos Aires en septiembre rindió 2,73% anual en dólares cuando en Madrid, por caso, rinde 10,9% en euros.

El IPC se disparó 6,5% en septiembre, así el acumulado en los últimos 12 meses llega a 40,5%. Si se confirman expectativas de 5% para octubre y 3% para noviembre-diciembre, el año cerraría en 47,3%… O podría ser peor.

Inflación no es “exceso de moneda” en el mercado sino exceso de emisión en tiempo real, es decir, una vez emitido el exceso reflejamente el mercado provoca inflación para equilibrar la oferta y demanda. Solo la semana pasada por desarme de Lebac el gobierno paga 57% y aun así inyectó $ 120.797 M, en el orden del 10% de la base monetaria.

Luego Hacienda colocó Lecap por $75.000 M contrayendo la demanda en exceso -el negativo de la sobreoferta e igualmente inflacionario- que equivale a un 5% de la base monetaria, además cayó el PIB y hubo absorción también artificial por parte de bancos que pagan 50% por plazo fijo dado que “invierten” en Leliq al 72% -letras que superarían los $ 900.000 M hacia fines de año- y así entre emisión y absorción artificial la inflación no aflojaría.

El dinero de la bicicleta financiera es retirado de la producción, ergo, el consumo. Con estas tasas, a una empresa para financiarse con descuento de cheques o adelanto de cuenta corriente le cuesta el 100% anual, el doble que en enero.

La cadena de pagos se complica -para el acumulado enero a agosto, el monto de cheques no cobrados creció 68%- y las empresas se financian vendiendo ahorros, vendiendo dólares lo que sumado al carry trade está dando como resultado un dólar barato que, como todo lo artificial, es insano.

Los que auguraban crecimiento ahora reculan. Por casos, la Cepal dice ahora que el PIB caerá 2,8% en 2018 y 1,9% en 2019 y Moody’s 2,5% en 2018 y 1,5% en 2019. Optimistas y seguramente en poco tiempo volverán -otra vez- a recalcular hacia la baja.

El PIB cayó 4,2% interanual en el segundo trimestre y no existe razón objetiva -solo endebles argumentos mercantilistas, como que crecerían las exportaciones- que justifique un cambio de tendencia. El PER muestra que la bicicleta financiera hace destrozos en la producción y la suba desaforada de impuestos es el tiro de gracia. Este lunes Dujovne dará el resultado fiscal de septiembre y quizás veamos cómo la mayor presión fiscal es un boomerang: menos recaudación.

En contraposición a la exigencia del FMI, gracias al recorte de impuestos de Trump los flujos globales de inversión extranjera directa (IED) cayeron 41% interanual en el primer semestre de 2018 -de US$ 794.000 M a 470.000 M- sobre todo en Europa donde retrocedieron 69%, y 6% menos hacia los emergentes, debido a repatriaciones de empresas de EE.UU., según la UNCTAD. Un cambio histórico, los flujos ya no van hacia Asía/Pacífico y China sino a EE.UU.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

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