Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Años ha, Chile se anexionó el acceso boliviano al Pacífico durante la guerra por el derecho a los beneficios de la sal y el cobre, y Bolivia quedó rodeada de tierra reclamando durante años un “acceso soberano al Pacífico”, perdiendo la última batalla hace pocos días cuando la Corte Internacional de Justicia (CIJ), de La Haya, desestimó los argumentos bolivianos que pedían se obligue a Chile a negociar. La CIJ sentenció que “Chile no tiene obligación de negociar”.

Un amigo, con mucha ironía twitteo: “Terrible! Suiza, Austria, Liechtenstein, Luxemburgo, desolados porque con este fallo ven frustrada su posibilidad de salir de la miseria”. Pues, que me perdonen mis amigos bolivianos, pero lo cierto es que poco -o nada- importa si Bolivia tiene acceso al mar o no, no va en ello ni la riqueza, ni la potencia, ni la felicidad de sus ciudadanos. La riqueza no se mide por los recursos materiales sino por la creatividad -la tecnología… la sabiduría- por eso es que Japón es tanto más rico que Argentina que todo material tiene.

Ni siquiera es cuestión de ideología, sino de hechos concretos en el sentido de dejar que el mercado -las personas- sean capaces de maximizar su creatividad sin regulaciones estatales -coactivamente impuestas- que les pongan límites. Y aquellos países que más rápido avancen en la libertad de sus ciudadanos -y su correlato la paz- más ricos y potentes serán.

Abiy Ahmed Ali es el primer ministro de Etiopía desde el 2 de abril de 2018, en representación del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE), coalición nacida de una organización guerrillera marxista-leninista. En medio año de gobierno, ha firmado la paz con Eritrea luego de 20 años de conflicto y 80.000 muertos, ha legalizado partidos de la oposición, ha permitido el regreso de exiliados, liberado a blogueros encarcelados y ha dado lugar a la “nueva era del milagro etíope” con una economía que crece a un promedio del 10% anual.

En materia económica, hace ya varios años que Etiopía es considerada el nuevo ‘león africano’ y hoy tan solo el 30% de su población es pobre, el mismo porcentaje que Argentina que está debajo de Etiopía en el índice de libertad económica de la Heritage Foundation. La nueva serie de reformas lleva a un menor control de la economía por parte del Estado.

Pocos meses atrás, la oficialista “Prensa Latina” de Cuba daba cuenta de que “Etiopía ve en la privatización un alivio para la escasez de divisas”, mientras que la derecha en Argentina vive de prestado -del FMI- y ni habla de vender las incalculables propiedades que tiene. “En opinión del gobierno, las empresas privatizadas generarían una gran cantidad de beneficios”, prosigue Prensa Latina. Lo cierto es que el Comité Ejecutivo del gobernante FDRPE optó por extender la propiedad mixta o la privatización total de unas cuantas entidades.

En fin, no solo la izquierda marxista -irónicamente- cree en el mercado desregulando y privatizando al estilo de China, sino que la derecha pronunciada también. Jair Bolsonaro, que en Brasil tiene el 31% de la intención de voto para las elecciones del domingo, según las últimas encuestas, superando a Fernando Haddad, sucesor de Lula, que tiene 21%, planea la privatización de algunas de las 147 empresas estatales y la reducción de la burocracia estatal con el eslogan “Más Brasil y menos Brasilia”, o sea, más mercado -las personas- y menos gobierno, menos Estado.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

www.alejandrotagliavini.com

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