Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Claramente el estallido de la burbuja [según describí en una columna anterior, “Pareciera que finalmente empezó el estallido”, publicada por Ámbito Financiero el viernes 29 de junio de 2018] -que armó el gobierno inflando la economía con préstamos siderales- se va confirmando. Desde la “crisis cambiaria” -que no fue tal sino un punto de inflexión- el Merval cae un 20% en pesos y 50% en dólares, a pesar del “salvataje” récord del FMI y después del ascenso a “emergente”. Entretanto, aumentó casi 25% la tasa de riesgo-país hasta rondar los 700 puntos.

Así las cosas, pareciera que la próxima en estallar es la burbuja de la construcción, entre otras. Con la obra pública seriamente comprometida, los créditos Uva no hubieran sido tan mal negocio de no ser porque el precio real de los inmuebles va camino de caer fuerte en dólares ya que no son sostenibles los valores cuando el poder adquisitivo se desploma y la moneda fuerte sube ya un 100% en un año.

Durante julio se vendieron un 17,1% menos de propiedades que en el mismo mes de 2017, el cuarto mes de caída. En particular, la cantidad de escrituras con hipoteca totalizaron 46,3% menos que las registradas un año antes. En tanto que las ventas de materiales para la construcción caen por primera vez en quince meses.

Desesperado, el gobierno salió a rezarle al FMI para un “ultra salvataje” que es contraproducente porque lo que logra es darle más droga al adicto en lugar de un serio programa de recuperación. Con este “as”, Macri dio un discurso tratando de llevar “confianza” al mercado: “habló con el corazón” y el mercado, obviamente, “le respondió con el bolsillo” y el dólar se desbocó.

Así como en su momento se equivocaron quienes atribuían la subida del dólar a la caída de real brasilero [como señalé en la nota “Échale la culpa a Río: el PBI caerá en 2019” publicada por ámbito Financiero el viernes 24 de agosto de 2018] yerran quienes dicen que el problema es la pérdida de confianza, es este un argumento infantil para esconder el problema de fondo. A ver, el núcleo del mercado no se maneja con expectativas -solo hay especulaciones transitorias en mercados marginales como las bolsas de valores- sino con mucha frialdad sobre datos reales y contundentes.

El problema de fondo es que el Estado ha aumentado su parasitismo sobre el sector privado -succionando vía impuestos, inflación, endeudamiento/tasas altas- dejando cada vez más raquítico al sector productivo. En este contexto de retracción de la demanda, la base monetaria se está expandiendo a un ritmo de alrededor del 38% y esta -y no otra cosa- es la inflación. Inflación que se acelera al punto que Elypsis la estima en 4% para agosto. Así el 32% de máxima acordada con el FMI no se cumplirá. Desde Ferreres creen que la inflación de 2018 cerrará entre 35% y 36% y, en mi opinión, podría ser más alta.

En su discurso Macri no especificó los montos. Los rumores más “optimistas” dicen que el FMI podría adelantar los desembolsos del préstamo pactado por US$ 50.000 M a tres años. Así, los fondos previstos para 2020 y para 2021 estarían disponibles en 2019, y sumarían US$ 29.000 M que sumados a los US$ 21.000 M que ingresarán en 2018, llegarían el total de los 50.000 M. Y con esto se cerrarían las necesidades financieras de 2019 aún en el supuesto absurdo de renovación nula de Letes, dicen en Hacienda.

La idea original de Dujovne y Caputo era que el adelantamiento de los desembolsos ocurriera recién en 2019. Aunque según el acuerdo original firmado con el FMI, para el año que viene se esperaban fondos por US$ 12.000 M, que se sumarían a los 15.000 M desembolsados en junio y a los 3.000 M que llegarían en lo que resta de 2018.

Los analistas coinciden en que las necesidades de dólares de la economía superan los US$ 7.500 M que dice necesitar el Gobierno. Además del tema de la renovación de Letes, un informe del CESO asegura que a los US$ 7.500 M de acá a 2020, hay que sumarle los vencimientos de intereses y amortizaciones no renovadas de las empresas privadas que rondan los US$ 20.000 M, el déficit comercial, de turismo y las utilidades de las multinacionales que sumarían otros US$ 10.000 M y la fuga de capitales -que sólo en el primer semestre fue de US$ 16.000 M- que aun suponiendo que se reduzca a la mitad se llevaría otros US$ 24.000 M. Esa cuenta da más de US$ 61.000 M.

Desde Moody’s aseguran que la devaluación aumenta la carga de la deuda en moneda extranjera del soberano, elevando el peso total a más del 70% del PIB en 2019 de alrededor del 50% en 2017. Y, hablando de Moody’s, aseguran también que la disminución de las inversiones y la producción en el sector de la construcción sería del 5% del PIB de 2017. Por su parte, el IBIM que elabora Orlando Ferreres & Asociados, mostró, en julio, una caída general y sostenida de la inversión de 6,1% interanual.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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