Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Cuenta Jorge Zepeda Patterson que “El narco llegó a las urnas”. Según su relato, los narcos decidieron que los funcionarios no son de fiar, incluso comprados; y que resulta más seguro tener los propios. Así se explicaría el asesinato de 49 candidatos durante la reciente campaña electoral mexicana, que llegarían a 123 personas si se incluyen a funcionarios públicos.

En casi todos los casos se trata de aspirantes a un cargo político local: alcaldías de poblaciones pequeñas y medianas. Podrá decirse que 49 son pocos en un país en el que la cifra de asesinados superará las 25.000 este año. Pero suficientes para alterar los procesos electorales ya que hay centenares que prefieren renunciar o doblegarse y ceder a las presiones de los capos locales que suelen comenzar por exigir la comandancia de policía.

El fenómeno es regional, dice Zepeda, y no habría influido en la victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que resultó ser el presidente con más respaldo de la historia reciente del país, con el 53% del apoyo y cerca de 25 millones de votos, un cheque en blanco, si se tiene en cuenta el poder que acumulará en el Congreso, para cumplir con la “cuarta transformación” según prometió.

El país vivió algo similar en el año 2000, cuando Vicente Fox, un gobernador del conservador PAN, fue el primero en la historia en sacar al PRI de la presidencia y auguraba grandes cambios que, finalmente, no se dieron. Todo el mundo asume que México necesita una refundación, es el mensaje más claro que dejó la reciente votación, pero ¿será?

Probablemente tenga razón un amigo que asegura que ni unos ni otros deberían conmoverse, “AMLO los va a decepcionar a todos. No es un chavista perdido ni un soviético setentista. Es simplemente medio peronista. Autoritario y pragmático. Ni va a ser el mesías que las izquierdas esperan, ni tampoco el cuco que teme la derecha. Lo que va a estar bueno es la dinámica con el vecino Trump (lo de Peña Nieto ya rozaba la indignidad). Creo que se van a querer esos dos. Mucho. Y se van a usar. Mucho, también”.

El presidente electo de México se ha rodeado de empresarios, ex priistas y ex panistas. Hace seis meses presentó a su gabinete de gobierno cuyo jefe será el empresario Alfonso Romo, que hizo de puente con un sector antes cerrado, los empresarios, y se pasó en 2011 desde el respaldo a los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón. The Wall Street Journal cuestionó su integridad empresarial.

Entre los cercanos colaboradores estará también Yeidckol Polevnsky, el rostro más visible de la campaña y que anteriormente ocupó cargos directivos en instituciones financieras. Otro será Marcos Fastlicht, empresario de la construcción y el arte, suegro de Emilio Azcarraga Jean presidente de Grupo Televisa, y que fue vicepresidente del Instituto Cultural México-Israelí. También estará Tatiana Clouthier Carrillo, hija de Manuel Clouthier Maquío, un emblemático líder del PAN, que diseñó campañas como el hashtag #AMLOve. Finalmente nombremos al ex panista Manuel Espino, uno de los personajes más conservadores en la política en México

En fin, ya se ve que, como he escrito muchas veces, las revoluciones -los cambios abruptos- no existen, salvo que sean para destruir, porque en el cosmos todo evoluciona por lenta maduración, como los animales y las plantas que crecen algo más rápido o más lento, pero siempre paso a paso.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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