Por Alejandro A. Tagliavini*

 

En parte la economía argentina no avanza debido a una confusión semántica que trastoca las ideas y, consecuentemente, lleva a acciones erradas. Una de las confusiones más grandes es creer que el aumento de tarifas proviene del mercado o lo favorece. Esto es incorrecto, el mercado no tiene absolutamente nada que ver con unas subas digitadas desde el Gobierno -con la intención de recortar sus propios gastos- dentro de un sistema altamente regulado por el Estado.

Para que cualquier precio refleje a la economía real, el mercado debería estar completamente desregulado y los actores privados deberían tener absoluta libertad para decidirlos. Y, aunque cueste creer, quizás, dada la competencia entre distintos oferentes, las tarifas podrían ser más bajas.

Por caso, el subte costará en junio $12,50, o sea US$ 0,66 cuando en Nueva York cuesta US$ 3. Pero, mientras que el salario anual promedio en Manhattan es de unos US$ 180.000, el de Buenos Aires es de US$ 15.000. Es decir, mientras que la tarifa es solo 4,5 veces superior en Nueva York, los salarios son 12 veces más altos. Así, un neoyorkino puede viajar casi tres veces más que un porteño. Además, esta diferencia salarial no justificaría este alto nivel de tarifas locales, ya que los salarios son parte importante de los costos -directos e indirectos- y en Argentina son mucho más bajos.

Por otra parte, se confunde inflación con el Índice General de Precios (IPC) cuando son cosas relacionadas solo indirectamente. La inflación es la depreciación del signo monetario como consecuencia del exceso de oferta -emisión- monetaria sobre la demanda del mercado, en tiempo real. Es importante lo de “tiempo real” porque eso significa que, una vez emitido el exceso, se produce en el mercado una catarata de millones acciones imposibles de detener.

De modo que cualquier acción posterior de la autoridad monetaria no puede mejorar la situación, y hasta puede perjudicarla como las Lebac que, por el contrario, aumentan el gap entre la oferta de dinero y la demanda que baja por las personas que invierten en estas tasas tan altas, cuya baja anunciada por el gobierno es, entonces, una noticia en el sentido correcto.

Entonces, que suban tarifas nada tiene que ver con que se deprecie el dinero, nada tiene que ver con la inflación. En un mercado libre, las subas – ¡y bajas, porque también bajan exigidas por la competencia! – se producen por factores de todo tipo, y hacen a la eficiencia en la utilización de los recursos. En cualquier caso, subas y bajas, aun las más exageradas, lo que provocan es un reacomodamiento en los hábitos de consumo: se compra menos de lo que aumenta y más de lo que baja, pero el gasto final es el mismo, no hay inflación.

Si se deprecia la moneda -se produce inflación- entonces eso se refleja como un “aumento generalizado de precios”, del IPC. Ahora, este aumento del IPC, insisto, no es la inflación directamente y dará resultados diferentes según quién y cómo se calcule. De hecho, el Indec dice que deberán concretar un cambio metodológico para que la forma de cálculo compute el descuento por segundo o tercer viaje que se ofrecerá con la red multimodal, mientras los privados relevarán el impacto en la suba tarifaria plena.

Según las estimaciones oficiales, más de tres millones de personas gozarán de los descuentos de la tarifa multimodal y, muchos, terminarían pagando menos que antes, al punto que el gobierno cree que finalmente los subsidios aumentarán entre $ 4.000 y 5.000 millones por más viajes.

Sí es cierto que, de modo indirecto y voluntario, este aumento de tarifas puede afectar la inflación, pero ¡no para aumentarla sino, por el contrario, para bajarla! Es que, según la previsión en la ley de Presupuesto, tras los ajustes el Estado podrá ahorrar 0,1% del PIB, en concepto de subsidios al transporte. Así bajaría el gasto y, por tanto, podría bajar la exagerada emisión monetaria que hoy ronda el 30% anual.

El oficialismo proyecta que las subvenciones estatales crecerían 12% este año; un incremento menor al aumento del IPC esperado. Cosa de la que tengo mis dudas porque es evidente que este Gobierno no tiene vocación real de cortar gastos. Y las metas de inflación para el 2018 que subieron del 10% al 15%, +/- 2%, difícilmente las cumplan. De hecho, según Elypsis, solo en los primeros dos meses del año la “inflación” ya acumularía un alza del 4%.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini