Por Alejandro A. Tagliavini*

 

No sé quién fue el pervertidor, pero realizó un buen trabajo: convencer a parte de la opinión pública de que el mercado -las personas cooperando pacíficamente- es malo y que, por tanto, el Estado -el monopolio de la violencia liderado por ambiciosos y a veces corruptos políticos- debe controlarlo. El mundo del revés.

Aunque no se le dio suficiente publicidad -porque los políticos tienen gran influencia sobre los medios- lo cierto es que el principal culpable de los 1800 muertos que dejó Katrina, en Nueva Orleans, fue el Estado que encargó al ejército la construcción de los diques de contención que resultaron endebles. Las compañías aseguradoras y reaseguradoras privadas bien podrían haber construido la infraestructura necesaria.

Por cierto, los fondos que manejan estas compañías son suficientes para realizar con eficiencia las obras pertinentes. Para tener una vaga idea de los recursos que manejan, digamos que solo en Bermudas existen empresas que suman más de US$ 150.000 millones y estamos hablando exclusivamente del 30% únicamente de las aseguradoras “cautivas”, del mundo.

Las inundaciones sin precedentes provocadas por Harvey, seguramente hubieran provocado un daño menor y el rescate y reconstrucción hubiera sido mejor si los políticos, el Estado, no impusiera una serie de regulaciones directas e indirectas que inhiben y hasta prohíben el desarrollo de las compañías aseguradoras y re aseguradoras.

El alcalde local dijo que no evacuó la ciudad de 2,3 millones de habitantes porque si “pones a toda la gente en la autopista, estás llamando a una calamidad mayor”. Es decir, la infraestructura vial estatal hubiera colapsado. Tropas de la Guardia Nacional fueron desplegadas además de 20 helicópteros, y botes, pero resultaron poco a pesar de la ayuda de una organización privada como es la Cruz Roja. El Servicio de Emergencia de Houston recibió más de 75.000 llamadas y se saturó, y tampoco daban abasto los bomberos estatales, otra actividad que bien podrían desarrollar las aseguradoras privadas.

La zona afectada concentra casi un tercio de la refinación de petróleo de EE.UU. y el Golfo de México representa 20% de la producción del país. Analistas estimaron un impacto material de entre US$ 30.000 y 100.000 millones, según Bloomberg. La mayoría de los daños no estarán cubiertos por seguros. Es decir, que sobran incentivos económicos para que las aseguradoras realicen un buen negocio de prevención, rescate y reconstrucción rápida y eficiente.

Para sumar más incentivos económicos, los futuros de la gasolina subieron el lunes casi 4% después de haber subido 7% en las operaciones previas a la apertura del mercado. Mark Zandi, economista en jefe en Moody’s, pronosticó que el PIB de la región bajará cerca del 1%, entre US$ 7.000 y 8.000 millones.

Pero las aseguradoras pueden ser de inestimable ayuda no solo en catástrofes naturales. La bolsa de Tokio cerró a la baja por la caída del yen frente al dólar, a raíz del lanzamiento del misil norcoreano que sobrevoló Japón. Obviamente, aquí también las pérdidas pueden justificar el trabajo de aseguradoras que no solo pueden instalar sistemas de alerta temprana más eficientes que el estatal “Alerta-J”, sino que firmas como Oribe Seiki Seisakusho ya han vendido decenas de purificadores y están construyendo refugios para empresas y familias. Y, por qué no, hasta podrían instalar con mayor eficacia sistemas antimisiles.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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