Por Alejandro A. Tagliavini*

 

“Lo trágico es que, en su arrogancia, la gente intenta someter a la naturaleza a su voluntad” decía Masanobu Fukuoka… Así, el gobierno cree que puede someter al mercado natural, que puede coactivamente modificarlo o inducirlo y, por cierto, le volverá como un boomerang.

Obviamente la economía cayó en 2016 debido a la continuidad de pésimas políticas y no por un “necesario ajuste”. Particularmente dañina es la presión fiscal coactiva que crece -y no el déficit cuyo “descenso” el gobierno festeja- ya que desvía fondos del mercado para ser malgastados por la paradigmática ineficiencia burocrática.

Los sectores que vienen aumentando son el empleo público -que engrosa la burocracia-, la obra pública que, como toda empresa estatal, resulta ineficiente desde que no compite como el sector privado y, fuera del sector estatal, crece un poco el campo -precisamente debido a que le bajaron mínimamente la presión fiscal- que no alcanza para arrastrar a toda la economía, y la construcción privada pero apalancada en créditos estatales alentando una demanda artificial que va creando una burbuja.

Según el Indec, la construcción viene creciendo a un ritmo que supera el 10% interanual. Y las hipotecas bancarias, aumentaron 130% interanual y solo en julio van camino de terminar siendo $5000 millones los comprometidos cuando en junio habían sido $3700 millones, del cual el 61% correspondió al estatal Procrear.

Así el gobierno está forzando la demanda de construcción por encima de lo que sucedería naturalmente. Según un estudio de la UTDT, con US$ 1000 en 2004 se compraban 0,85 m2, y ahora sólo 0,3 m2. Hoy la rentabilidad neta de un alquiler ronda el 4%, la mitad de lo que se obtenía hace de 10 años y un tercio de lo que se daba en las mejores épocas. La baja rentabilidad, en definitiva, se explica porque los precios de las propiedades -el capital invertido- están exageradas.

Por cierto, las expensas e impuestos ya representan un 50% de lo que se paga de alquiler, cuando históricamente era entre 20 y 30%. Entonces, dada la recesión que no permite aumentar los ingresos familiares, la rentabilidad de la construcción irá quedando cada vez más atrasada, y no es de extrañar que, lenta o rápidamente, los precios de las propiedades se corrijan a la baja.

De hecho, con la abrupta suba del dólar de estos días -pasó de 16,20 a 17,80 pesos- los créditos ya otorgados por bancos como el Nación quedaron cortos dado que las propiedades cotizan en dólares. Algunos están tratando de buscar una casa más barata, mientras el banco estudia alguna solución. En cualquier caso, claramente la demanda ya empezó a resentirse.

Para terminar, hablando de burbujas, digamos que hasta hace pocos días, el Merval desde junio 2013 aumentó más del 120% mientras que el S&P tuvo un retorno del 53%. Dice Diego Martínez Burzaco, de MB Inversiones, de que en “el mercado… muchas de las grandes subas… han estado enmarcadas más por expectativas que realidades… Hay valuaciones… con múltiplos de Precio/Valor Libro por encima de 10 veces o ratios Precio/Ganancias por encima de 40 veces”. En fin, si algo ha hecho bien este gobierno -léase Duran Barba- es el marketing vendiendo humo que, a medida que se va disipando, deja al descubierto el tendal de personas perjudicadas.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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