Por Alejandro A. Tagliavini

 

Cuenta Jan Martínez Ahrens, periodista, que la reedición en español del libro de Carl Bernstein y Bob Woodward (“Todos los hombres del presidente”) sobre el ‘escándalo Watergate’ es un canto al periodismo que sugiere paralelismos, aunque también diferencias, entre el actual presidente y Nixon.

La historia transita por los mismos lugares, aunque Richard Nixon (1913-1994) y Donald Trump comienzan en lugares distintos. Richard, el abogado cuáquero, vivió desde joven en las entrañas de la política. Comenzó como congresista, luego senador, vicepresidente durante ocho años con Dwight Eisenhower, y perdió una contienda presidencial contra John F. Kennedy para luego ganarle otras dos a Hubert Humphrey y George McGovern. La última, ya iniciado el escándalo Watergate.

Trump procede de otro planeta, al punto que algunos lo consideran lunático. Es un adorador de la fama, el dinero y el poder, que jamás había enfrentado unas elecciones. Con Nixon, quedó expuesta toda podredumbre del aparato, que los políticos supieron tapar con el “impeachment” al punto que todavía subsiste, y enoja y por ello Trump -que representa el antisistema- triunfa. La guerra fría acabó, aunque la tremebunda “guerra contra las drogas” iniciada por Nixon es ahora reflotada por Donald, en tanto que el mundo frenéticamente digital de hoy resulta incomprensible en 1972.

Pero Richard y Donald están unidos por un halo, un aurea que difícilmente pase desapercibida. Dice Oliver Stone que “Trump y Nixon se parecen en el odio que le tienen a la prensa”. Pero más que en eso, se parecen en el olor a “impeachment” que sobrevuela Washington, en caso de que el actual presidente enerve excesivamente al establishment.

El aroma nixoniano está presente y Trump tiene una especial capacidad de autodestrucción. En solo cinco meses de mandato, ha conseguido ser uno de los presidentes más impopulares y un rechazo récord en el exterior. Solo el 49% de los extranjeros encuestados por el Centro Pew, tiene una opinión positiva del país cuando en 2015, con Obama, eran el 64%. Y la opinión negativa ha aumentado del 26% al 39%.

En algunos países es fuerte la caída de la opinión positiva: en Alemania del 86% al 11%, en Francia del 84% al 14%, en Reino Unido del 79% al 22% y en España del 75% al 7%. Los encuestados definieron a Trump como: arrogante (75%), intolerante (65%) y peligroso (62%). Pero la mala imagen del presidente no ha teñido la imagen favorable que poseen los extranjeros de los estadounidenses: el 58% tiene una opinión positiva. Turquía, Jordania y Líbano son los únicos países encuestados donde la mayoría de sus ciudadanos expresa una opinión desfavorable.

Ni el vecino Canadá, está contento. Es la primera vez desde que el Pew Research Center le pregunta, a los canadienses, sobre su opinión positiva de EE.UU., que la valoración cae por debajo del 50%. Solo el 43% de los encuestados tiene una percepción favorable.

Entretanto, la economía pareciera desmejorar. El FMI considera que la primera economía del mundo crecerá 2,1% en 2017 y 2018, frente a un estimado del 2,3% y 2,5% presentado a principios de año, y lejos del objetivo del 3% del gobierno. Aunque este organismo estatal internacional no es muy confiable, quizás tenga razón al retractar su informe de principios de año debido a las “significativas incertidumbres” con respecto a acuerdos comerciales, inversiones e inmigrantes.

 

 

 

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