Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Un video de la multinacional kuwaití de telefonía móvil Zain Telecom hace furor en Ramadán. Es el mejor documento que he visto -antiyihadista- rechazando el terrorismo y promoviendo la tolerancia, superando los tres millones de visitas desde que se difundiera en las redes sociales. Es sintomático el que haya sido realizado por una empresa privada musulmana. Deja claro que la violencia no es una cuestión de religiones como la mahometana, ni de culturas como la árabe, sino sociológica. Y no es casual que surja del ámbito privado.

A ver. El Estado moderno es el monopolio de la violencia con el que impone leyes y “ordena” a la sociedad, de otro modo no podría subsistir desde que no recaudaría impuestos. El Estado siempre -aunque sea subrepticia o inconscientemente- justificará a la violencia porque gracias a ella subsiste, de hecho, es quién crea las guerras, no los pueblos que las sufren.

Por el contrario, más allá de excepciones, el principio de la actividad privada -el mercado- es la cooperación pacífica: nadie impone impuestos por cosas que poco o nada interesan a los que pagan, sino que las personas acuerdan voluntariamente transferir bienes y servicios a cambio de dinero. En consecuencia, el mercado necesita de un ámbito de paz para desarrollarse.

En las imágenes se ve a un hombre fabricando un cinturón explosivo y una voz infantil le dice que le contará a Dios que los terroristas han llenado los cementerios de niños. El potencial suicida sube a un autobús y se encuentra con víctimas de atentados terroristas que le plantan cara. Entre los pasajeros aparece Omran, alcanzado por el terrorismo de El Asad, cuya imagen cubierto de polvo tras un atentado lo convirtió en símbolo de los niños víctimas de la guerra.

Poco a poco, entre imágenes de atentados en Bagdad, Kuwait, o Ammán, fieles que salen de una mezquita se unen al grupo que va creciendo a medida que avanza por la calle. El “Alá-u-akbar” (Dios es el más grande) con el que desafían al terrorista toma un ritmo pop cuando el cantante Hussain al Jassmi se pone a la cabeza. “Alaba a Dios con amor no con terror”, corea la multitud. “Haz frente a tu enemigo con paz, no con guerra”, prosiguen hasta que el terrorista cae al suelo avergonzado.

¿Es muy idealista? La ciencia dice que los métodos eficientes de defensa son los pacíficos. La idea de que la violencia -defensiva- puede detener a la violencia es arcaica, propia de nuestra naturaleza animal sin tamizarla por ningún racionamiento. Más allá de lo que prueba la historia -por caso, desde que comenzó la “guerra contra el terrorismo” aumentaron atentados y crueldad-  sabemos que resulta contradictorio que la violencia pueda “poner orden”, como ya lo señalaron los griegos.

Tomás de Aquino, copiando a Aristóteles, señala que la violencia se opone al ordenamiento -natural- del cosmos ya que procede de un principio extrínseco que pretende, precisamente, desviar el desarrollo natural, espontáneo, de las cosas. Otro principio, que ya conocían los griegos, es que el mal “no existe” sino que es ausencia de bien. Como la oscuridad es ausencia de luz y se corrige iluminando, el mal se corrige introduciendo bien. Así, el terrorismo solo podrá corregirse pacíficamente, empezando por subsanar el problema sociológico de fondo como la extrema marginación y pobreza que, precisamente, no es natural sino creada por la violencia de los Estados.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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