Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Cada vez se ve mejor que no se darán ni el crecimiento -ni siquiera un “rebote”-, ni las inversiones prometidas, ni las metas de inflación, contra todos los pronosticadores como el FMI, la Cepal y casi todas las consultoras. Ojalá la opinión pública recuerde estos pronósticos para evitar un vicio argentino: seguir escuchando a los que se equivocan “serialmente”.

Ahora la inflación está literalmente descontrolada y llegó, según el gobierno, al 2.6% en abril, en tanto que los analistas esperan más de 1.7% para mayo lo que podría resultar conservador. Y, en un círculo vicioso creado por el gobierno, va a provocar no solo de crecimiento por sí misma sino potenciado por la keynesiana política del BCRA.

En 2016, la base monetaria creció 31.7% pero la inflación la superó en 9 puntos llegando a 40.9%, según el gobierno. Esa diferencia tiene su origen en gran parte en las Lebacs y los pases, que son el instrumento preferido del BCRA para “combatir la inflación”. Hoy la emisión de moneda supera al 30% anual, y aumentan las colocaciones de deuda del BCRA, con lo que podría repetirse una inflación al estilo 2016.

Ya les gustaría a los políticos que las Lebacs fueran anti inflacionarias, para poder emitir todo lo que quisieran -el sueño keynesiano- total después lo “neutralizan” absorbiendo billetes con la venta de papeles. Pero la inflación es el exceso de emisión por sobre la demanda del mercado, en tiempo real, de modo que una vez emitido el exceso la inflación ya se instaló y no hay modo de neutralizarla: como dice la sabiduría popular, “los precios nunca bajan”.

Las Lebacs por el contrario, son doblemente inflacionarias: porque provocan una contracción de la demanda monetaria aumentando el spread con la oferta, y porque terminan reduciendo la producción al desviar fondos hacia la bicicleta financiera. Y se rumorea, en el mercado, que el presidente del BCRA podría llegar a llevar hasta el 30% a la tasa de referencia, lo que provocaría una desinversión productiva mortal.

Para ver al país crecer -y no solo a la bicicleta financiera que se lleva el 80% de los capitales que ingresan al país-  el gobierno tiene que levantar su coacción sobre el mercado, desregulando para que las actividades puedan expandirse pero, por sobre todo, disminuyendo drásticamente la “presión fiscal total” (impuestos, inflación y endeudamiento) que son recursos retirados del mercado para ser malgastados, precisamente por eso son coactivamente retirados, porque el mercado no lo haría voluntariamente.

Para rematar, recordemos que todos los impuestos crean pobreza porque son derivados vía aumento de precios o baja de salarios. Ya en el 2007, la FAO decía que el mundo produce 10% más de alimentos que los necesarios para la humanidad y, sin embargo, 850 millones de personas pasaban hambre, precisamente por la pobreza que provocan los gobiernos, amén de las regulaciones que complican la logística de distribución.

 

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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