Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Es falso que la economía tuvo que caer para poder, luego, levantarse. Nada en el cosmos decrece para luego crecer. El PIB chino llegó a expandirse al 13.5% anual -y pudo ser más- apenas iniciadas las reformas pro mercado, y Chile lo hizo hasta al 7.8%. Argentina cayó en 2016 solo debido a la continuidad de pésimas políticas que no se están reencauzando hacia reformas pro mercado

A ver, “pro mercado”, significa evitar la injerencia coactiva -en base al poder de policía, al monopolio estatal de la violencia- necesariamente destructiva como toda violencia, según dice la ciencia. Particularmente dañina es la recaudación fiscal -y no el déficit cuya caída el gobierno festeja- ya que desvía fondos del mercado para ser malgastados, y que, en el primer trimestre, aumentó 41% superando a la inflación.

Todos bajan las previsiones, como la Cepal que ahora dice que el país crecerá 2% en 2017. Descontado el aumento poblacional (entre 1.3 y 1.8%), la subida del PIB per cápita es casi nula. Y seguramente seguirán bajando hasta tornarse negativas. Los sectores privados que crecen son el campo, que no alcanza para levantar a toda la economía, y la construcción privada pero apalancada en créditos estatales que crean una demanda artificial que terminará en una burbuja.

A pesar de pronósticos optimistas, como el de Ferreres que dice que la economía creció en marzo 1.2%, si por alguna alquimia el PIB muestra algún avance, será debido al aumento en la obra y el empleo público que, lejos de favorecer, perjudican porque son fondos del mercado, pasados por una burocracia voraz, cuyo resto se invierte en obras dudosas. Por cierto, como señala Martín Krause entre otros, la fórmula del PIB no muestra los motores de la producción sino los de consumo.

Veamos la keynesiana “metas de inflación”. Según estudios anticipados, en abril el aumento del IPC superará el 2% y las mayores subas se dan en alimentos. Así, el BCRA probablemente aumente su “tasa de política monetaria”, que quedó en 26.25% anual, y las Lebacs en 24.65%. Huyendo cada vez más de la producción ya que los capitales prefieren “la bicicleta financiera”.

Entretanto, la emisión sube a un ritmo del 40% anual. El gobierno no entiende que la inflación es el exceso de oferta monetaria, por sobre la demanda del mercado, en tiempo real. Es decir, emitido el exceso, la inflación se produce y ya no se puede revertir. Por tanto, el intento de absorber moneda, para “contrarrestar la inflación”, que realiza el BCRA, es contraproducente.

Insólitamente, más allá de que la base de esta expansión -más de $80.000 millones en abril- está en el gasto, una parte se debió a que el BCRA ha vuelto a comprar dólares, más de US$ 1.000 millones. O sea, que baja el precio del billete verde al ofrecer tasas excesivas para absorber pesos, y luego emite pesos para levantar el precio del dólar (¡?). Con este nivel de irracionalidad será difícil salir adelante.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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