Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Contra todos los pronósticos, incluido el del FMI, desde que este gobierno asumió la política de crear un “Estado fuerte” y “ordenar” a la sociedad, el país no se recuperará. A lo sumo el PIB, por la forma en que se mide -reflejando la entrada de efectivo, lo que no implica desarrollo en productividad-  puede subir levemente sin alcanzar el crecimiento demográfico con lo que el producto per cápita seguramente caerá.

El principio es simple, el mercado resulta destruido por la represión estatal medida en términos de presión fiscal total (carga impositiva, inflación, endeudamiento, etc.), que ha aumentado, y por las regulaciones que pareciera que también crecieron porque, si bien se eliminaron algunas como el “cepo”, se instrumentaron otras como “precios transparentes”, aumento de la presión de la Afip, intento de bancarizar la economía, manejo keynesiano de la moneda por parte de BCRA -que pretende “neutralizarla” retirándola del mercado una vez emitida y, por tanto, provocada la inflación- aumentos de tarifas no como resultado del mercado sino digitados desde el Estado, etc.

Según el Indec, la construcción cayó 12,7% durante 2016, con una fuerte caída en diciembre -7,8%- mientras que la producción industrial retrocedió 2,3% interanual en el mismo mes acumulando una merma del 4,6% en 2016. En tanto que la venta de insumos para la construcción bajó 6,9% en enero en la comparación interanual, según el índice Construya. La recaudación de enero -que subió 30%- pareciera corroborar que el país sigue en recesión porque es baja si descontamos la inflación y el blanqueo.

La Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria (UCII) alcanzó el 64,5% en 2016 pero se profundizó en diciembre quedando en 63,6%, según el Indec. Muy baja según la UIA que dice que no se ven “brotes verdes”. El único “brote verde” importante es el de la industria automotriz que creció cerca de 50% en enero comparado con igual mes de 2016, pero se compara con un mes muy bajo y el aumento se debe en gran parte a la venta de pickups al campo.

Para peor parece que el Indec no deja sus manías oficialistas. Jorge Sorabilla, presidente de Pro Tejer, asegura que el UCII de “productos textiles cerró al 58%, no como dice el Indec al 68%… cuando se trabaja a menos del 75%, se pierde rentabilidad y son mayores los costos fijos”, a lo que hay que sumarle el aumento de la presión impositiva lo que conforma un cocktail explosivo.

Los “optimistas” se basan en datos coyunturales que, suponen, se van a dar y, suponen, influirán positivamente. Demasiadas suposiciones y poco rigor científico. La supuesta recuperación se daría primero en el interior, gracias al agro que hasta ahora ha dejado mucho que desear considerando que es de los sectores más beneficiados por Macri. Según La Rural, se daría una cosecha récord de 120 millones de toneladas -10% más que el año pasado- y récord también en la producción de carne con 5,9 millones de toneladas.

Así, basan el supuesto crecimiento en el campo, el repunte del consumo y la obra pública. Lo del campo es poco para empujar a toda la economía y lo del aumento del consumo suena ridículo ya que no repuntó en enero y la tendencia es negativa. Los aumentos de tarifas en 2017 mermarán los recursos de los consumidores que el año pasado perdieron 6%.

Para la consultora Scentia, el salario real no mejorará y, por ende, tampoco el consumo y el PIB crecería entre 1% y -1%, menos que el crecimiento demográfico estimado en 1,3%. Según los supermercados, en enero no se percibió recuperación del consumo, y se mantuvo la tendencia declinante. Los números muestran mermas de entre 8% y 11% en volumen. El 2016 cerró con una contracción del 4,5%, con un diciembre que registró una caída de 5,1% interanual.

Finalmente, en cuanto a la obra pública hay que decir que, por el contrario, es recesiva. El Estado no crea riqueza, la retira del mercado coactivamente con impuestos. De modo que retira dinero de la actividad privada, lo tamiza por una enorme burocracia y lo que queda para inversión es mal asignado.

Para remate, Trump tiene confundido al mundo. Además de que podría complicar el comercio internacional, la Fed aumentaría la tasa lo que podría provocar un importante aumento en el precio del dólar. Ojalá se equivoquen expertos -en mi opinión algo exagerados- como Anatole Kaletsky, de Gavekal Dragonomics, o Ben Emons columnista de Bloomberg, que mirando el alto endeudamiento han señalado que la fortaleza del billete verde podría causar, en 2017, una crisis de deuda en los emergentes peor que la de los 80 y 90.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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