Por Alejandro A. Tagliavini*

 

El miedo es un arma letal que suele destruir al que lo padece, por eso la valentía es una virtud, porque suele llevarnos por los mejores caminos de la vida.

Chuky Trump, que defiende a la tortura, dice que terminará el faraónico e inútil muro -que inició Bill Clinton- que podría costar unos 15 mil millones de dólares a lo que hay que sumarle la manutención y los eventuales agentes y controles en semejante distancia. Por cierto, es bueno recordar que hoy son más los mexicanos que se marchan de EE.UU. que los que ingresan.

Al otro “muro”, el veto migratorio contra refugiados e inmigrantes de siete países de mayoría musulmana, dice que lo hizo para combatir al terrorismo, pero al mismo tiempo cierra filas con Arabia Saudita donde están las ciudades prohibidas de La Meca y Medina, donde poseer una Biblia puede penarse con la muerte, entre otras cosas, demostrando que es la principal fuente del fanatismo islámico.

En la otra punta del continente, está Argentina, tierra de inmigrantes al punto que el presidente Macri es hijo de un italiano que llegó a buscarse la vida y construyó, sorprendentemente, un imperio a partir de la obra pública. Todavía hoy es uno de los países más abiertos del mundo, y el que más extranjeros tiene en Sudamérica.

Así, con seis homicidios por cada 100.000 habitantes está lejos aún de los 84 de Honduras, 53 de Venezuela o 31 de Colombia, pero va camino de aumentar, dentro de un continente donde 135.000 personas fueron asesinadas en 2015, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero también Argentina está cambiando, atemorizada por políticos populistas que así consolidan su poder. Del mismo modo en que la izquierda encontraba en el extranjero la culpa de todo -en las “multinacionales go home”- la derecha exagerada de Macri frente a una sociedad atemorizada por la inseguridad, ha encontrado un culpable: los extranjeros.

Y ha iniciado controles más fuertes en las fronteras para evitar que entren “personas con antecedentes penales” y expulsiones más rápidas para los “delincuentes”. Argentina tiene un 4,5% de inmigrantes y en sus cárceles los extranjeros son el 6% del total. Pero el gobierno salió a “informar” que “en los delitos vinculados a la narcocriminalidad, un 33%… son extranjeros”. Y en una inocultable actitud xenofóbica, “vienen ciudadanos peruanos y paraguayos y se terminan matando por… la droga”, aseguró la ministra de Seguridad.

El nivel delictivo es muy alto precisamente por culpa del Estado. Es el principal creador de delincuentes, más allá de que el principio es incoherente (no puede detenerse la violencia con más violencia, represiva) a partir de prohibir algunas drogas dañinas, da lugar a los narcos y todos los delitos relacionados. De modo que aumentar los controles y el personal policial, lejos de evitar el delito, lo ahondará.

Y no porque la policía sea corrupta al punto de que muchos crímenes sean cometidos por sus agentes, sino porque esto aumenta el gasto estatal, por tanto, los impuestos empobreciendo a la sociedad creciendo la marginalidad. Otra populista, Cristina Kirchner, también anunció la expulsión de extranjeros y aumentó considerablemente la presencia de fuerzas de seguridad, y el delito creció.

En fin, Trump y Macri, desde los extremos geográficos van por el camino del miedo inaugurando una era de oscurantismo, y de más delitos salvajes como los del narco.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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