Por Alejandro A. Tagliavini*

Las exportaciones de América Latina en 2016 rondaran los US$ 850.000 millones, 50.000 millones (6%) menos que en 2015 cuando la caída respecto al año anterior ya había sido del 15%. Principalmente debido a la baja en las exportaciones a EE.UU. (-5 %), a la propia región (-11 %), a China (-5 %), y al resto de Asia y la Unión Europea (-4 %). Para sumar viento en contra, la Fed subió las tasas hasta el rango de entre 0,50 y 0,75% y anticipó que en 2017 se realizarán otras tres subas.

Argentina se perjudicaría por el incremento del costo de fondeo externo, que es importante para este gobierno que sigue subiendo gastos y recaudará menos dada la destrucción del sector privado. Además, se producirá el efecto “flight-to-quality” ya que, siendo las tasas en EE.UU. más atractivas, los capitales fluirán desde los mercados inestables como el argentino. Se estima que con Trump la inflación Core PCE podría superar el 2,3% empujando la tasa de los bonos del Tesoro a 10 años por encima del 2,80%. Y podría fortalecerse el dólar, perjudicando el atraso cambiario del peso.

Pero, poco importaría si Argentina tuviera un sistema económico eficiente capaz de remontar los obstáculos. ¿Qué es la eficiencia? Dice la metafísica aristotélica, que la causa eficiente o motriz es el estímulo que desencadena el proceso de desarrollo natural, al tiempo que define a la violencia como lo que fuerza el desvío de este desarrollo espontáneo, reprimiendo al estímulo eficiente.

De aquí que el Estado, cuando utiliza su monopolio de la violencia -su poder de policía- para imponer “orden” provoca ineficiencia. En términos económicos, es mayor la eficiencia cuando las personas son menos reprimidas, ya que así pueden maximizar su naturaleza creativa y su potencial de trabajo.

De modo que, a pesar de la insistencia de algunos, no es el “excesivo gasto estatal” lo que retrasa a un país, sino la represión. Aunque tienen razón indirectamente porque este gasto suele solventarse coaccionando a los ciudadanos para que paguen impuestos. Si fuera financiado sin reprimir a las personas, por ejemplo, con la venta de propiedades estatales, no se produciría un retraso social.

Por cierto, cada vez más los pronósticos van bajando, del 3,5% de crecimiento proyectado para 2017, ahora la Cepal dice que Argentina solo crecería 2,3%, debajo del 4% de Perú e, incluso, debajo del 3,8% de la “populista” Bolivia. Pronto se darán cuenta, según digo desde que asumió Macri contra todos los pronósticos, de que no crecerá ni en el segundo semestre, ni en 2017, ni en tanto continúe esta política de represión cada vez mayor con una presión fiscal brutal -impuestos, inflación, etc.- que en algunos casos supera el 80% de sus ingresos, con el fin de solventar el gasto que acaba de aumentar por decreto con lo que el déficit podría superar el 6% cuando la Unión Europea considera excesivo el 3%.

Por el contrario, el gobierno brasileño logró -a pesar de la oposición del 60% de la población- que el Senado aprobara, definitivamente, una enmienda constitucional ordenando que el aumento anual del gasto quede limitado a la tasa de inflación del ejercicio anterior, durante los próximos 20 años.

Según destacados empresarios, la carga impositiva argentina en dólares aumentó 50% desde 2001, en tanto que el costo logístico subió 44,1% interanual en 2016. En 2015 los impuestos para las empresas llegaban al 34% del PIB, según la UIA, cuando en los países de la OCDE es del 34,4%. Me cuesta creerlo, porque la percepción a simple vista es que la carga tributaria argentina es muy superior. De hecho, 40% del precio final de los alimentos son impuestos, 50% del precio de la nafta y algo más del 54% del precio de los autos que, así, cuestan casi el doble que en EE.UU.

Pero aun suponiendo que este cálculo sea exacto, hay que sumarle la inflación que se llevará un 40% en 2016 y costos adicionales como, por ejemplo, los sueldos que hay que pagar para lidiar con la tremenda burocracia. Así, la industria cayó 8% en octubre y la construcción 19,2%.

En contraposición, la tímida eliminación de las retenciones -ya que a la soja que representaba el 70% y el impuesto solo le bajó de 35 a 30%- aun cuando los costos aumentaron mucho, provocó que las ventas de máquinas agrícolas treparon 148% en el tercer trimestre respecto a 2015. Habrá récord en trigo y una cosecha de granos de 125 millones de toneladas, casi 13 millones más en volumen y US$2.800 millones extras en exportaciones, en tanto que se invirtieron US$58.000 millones en producir. Imaginen cuanto crecería el país con una baja importante de la presión fiscal.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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