Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Hoy por hoy, desde un sueldo bruto mensual de $22.747 -$18.880 neto, de bolsillo- un soltero puede estar alcanzado por el impuesto a las Ganancias. Mientras que un trabajador casado con 2 hijos, con un sueldo bruto mensual a partir de $30.121 -$25.000 neto, de bolsillo- también queda atrapado por el tributo. Un empleado con un sueldo de $36.144,58 bruto mensual -$30.000 neto, de bolsillo-, que es soltero y no realiza ningún tipo de deducción, abonará $37.095 de impuesto anualmente o $3.091,21 mensuales. En cambio, el mismo trabajador, si fuera casado y con 2 hijos, estará abonando $12.450 anualmente o $1.037,50 mensuales.

Ahora el Gobierno presentó un proyecto que prevé que los trabajadores que deban pagar el impuesto no podrán deducir más a sus cónyuges, padres o abuelos. Además, de acuerdo a la ley que el gobierno tratará en sesiones extraordinarias, el aumento del mínimo no imponible es de solo el 15%, por lo que se comenzará a pagar a partir de $21.712, para quienes estén solteros y no tengan hijos, mientras que para los casados pasará de $25.000 a 25.231 ya que no podrá deducir más a los cónyuges ni a los padres. Además, los hijos se deducirán únicamente hasta los 18 años y no hasta los 24, como hasta hoy. En cuanto a las alícuotas, éstas partirán del 2% -bajando desde el 5% actual- hasta el 35% que pagarán los de salarios más altos.

Así las cosas, un asalariado soltero que hoy gana $25.000 netos mensuales y paga $1365 mensuales -aproximadamente el 5% de su salario neto de aportes a la seguridad social- podría bajar la carga tributaria a $713 por mes si su sueldo sube 20% el próximo año, y entonces, el peso sobre el sueldo sería de 2,3%. Para un asalariado que gana $35.000, soltero, con una carga actual de $4987 mensuales, si su sueldo se elevase a $44 mil pesos en el 2017, con el proyecto oficial bajaría su alícuota del 14% al 8%. En tanto que, para un asalariado que cobre $50.000 y esté casado con dos hijos, sólo reduciría su impacto actual del impuesto el próximo año en 2,4%.

Entretanto, el proyecto presentado por el Frente Renovador (FR), que conduce Massa, propone que para quienes están casados y tienen hijos, el piso imponible sea de $48.500, y de $30.000 para los solteros. En tanto que las escalas comenzarían en el 3% y hasta el 35%. En cuanto a los jubilados, solo abonarían el impuesto los de privilegio que ganen más de $60.000. Así, según el massismo, su proyecto “beneficia a trabajadores en relación de dependencia, monotributistas, autónomos y jubilados”, además de actualizarse automáticamente y por ley las escalas. Además, el proyecto del FR prevé incorporar como deducción el alquiler de la vivienda.

Pero vamos al fondo de todo esto. El massismo aclaro, para que sus colegas políticos que viven del dinero estatal no desesperen, que de los $80.000 millones que se recaudan anualmente por el Impuesto a las Ganancias, quedarían 45 mil millones -suponiendo un aumento del consumo- en concepto de Ingresos Brutos, IVA y ganancias. Y los otros 35.000 millones se compensarían con impuestos al juego, rentas financieras y a las mineras. Es decir, como era de esperar de un político que se precie de tal, no habrá reducción en la recaudación fiscal.

Ahora, según estimaciones, entre trabajadores en relación de dependencia y autónomos, hoy 1.600.000 personas pagan el impuesto a las Ganancias, alrededor del 15% de los empleados en blanco. Con el esquema de Massa pagarían 800.000, en tanto que, de 400.000 jubilados, solo abonarían Ganancias unos 100.000. Mientras que, según Facundo Moyano, si se aplica un aumento del mínimo no imponible de solo 15% como propone el oficialismo, 500.000 trabajadores más tributaran Ganancias dado que la inflación, al ser mayor, hará que más trabajadores queden atrapados.

En cualquier caso, el motivo por el cual a los políticos les cuesta tanto reducir este tributo debe sencillamente a que es “la gallina de los huevos de oro”: en los últimos nueve años la recaudación total del impuesto a las Ganancias, en términos del PIB, aumentó alrededor del 60% pasando del 4,4% del PIB a superar el 7%.

El problema de fondo es que a los impuestos los terminan pagando los más débiles, de hecho, crean pobreza. De modo que si los políticos realmente quisieran combatir la marginalidad deberían empezar por bajar la carga impositiva. Efectivamente, aunque los tributos estén teóricamente dirigidos hacia los más ricos, lo cierto es que cuanto más alta es la escala económica de una persona, más instrumentos tiene para derivar la carga impositiva hacia abajo. Por ejemplo, si a una empresa le sube la carga fiscal, la derivará hacia abajo subiendo precios o bajando salarios.

En definitiva, todos los impuestos terminan recayendo con más fuerza sobre los más débiles. Dicen quienes justifican estas cargas fiscales que, gran parte de estos fondos vuelve a los más necesitados. Pero, aun suponiendo que esto fuera cierto -que no lo es-, qué sentido tiene quitarles a los pobres para luego devolverles lo poco que queda tras pasar por una tremenda burocracia.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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