Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Lo más inteligente que he escuchado respecto del triunfo de Donald Trump, es lo que me dijo Charles Phillipe d’Orleans, asesor de destacadas empresas, según quien “entramos en zona desconocida, pero los cambios traen oportunidades, nuevos desafíos”, es cuestión de saber manejarlos, aprovecharlos y posicionarse.

Muchos analistas pensaban que esta victoria provocaría un caos en los mercados. Sin embargo, las caídas en las bolsas europeas fueron moderadas, salvo por los activos o negocios muy expuestos a México. El primer día en Europa, luego de conocerse el nuevo presidente, el EuroStoxx 50 cayó menos del 3%, lejos de casi el 10% que se hundió por el Brexit. Mientras que las acciones en Wall Street se mantienen en récords históricos.

En parte, el mercado ya había descontado el triunfo de Trump y, además, muchos creen que hay que esperar a que asuma en enero. Aun cuando tiene mayoría en el Congreso, es probable que no se le permitan medidas radicales. Después de todo, lo cierto es que en EE.UU. gobierna más el “establishment” que el presidente, sino pregúntenle a Obama que prometió cerrar Guantánamo que allí sigue después de 8 años.

El presidente electo hizo unos anuncios entre los que llama la atención que no mencionara el muro (que, en rigor, ya existe en casi la mitad de su extensión), ni la derogación del Obamacare, ni la restricción de la entrada de musulmanes o presuntos terroristas. Sí anunció que reemplazaría, por acuerdos bilaterales “justos”, al TPP que incluye a 12 países del Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EE.UU. y Vietnam) que suman el 40% del PIB global y cuyo fin era contener a China.

Irónicamente, durante la reciente cumbre de la APEC (21 países que suman el 49% del comercio mundial), en Lima, se reafirmó la apertura de los mercados y su anfitrión, el presidente peruano -que a cien días de gobierno tiene 50% de aprobación con su política de libre comercio y privatizaciones lo que conduciría a un crecimiento del PIB del 4,2% en 2017- insinuó que si EE.UU. se retira podría ser reemplazado por el gobierno de Beijing que adquiriría mayor peso global.

Declarar a China “país manipulador de su moneda”, según prometió Trump en su campaña, e imponer un arancel para sus productos del 45% podría desembocar en una guerra comercial global -perjudicando a todos- acrecentada por la promesa electoral de revisar otros tratados comerciales como el NAFTA, imponiendo aranceles del 35% a México.

Anuncios positivos han sido la eliminación de las restricciones al fracking y que, por cada regulación nueva, se eliminarán dos, con lo que se beneficiaría mucho el sector financiero. Sucede que, independientemente de las buenas intenciones de las regulaciones, no es con violencia (regulaciones coactivas basadas en el poder de policía, en el monopolio de la violencia estatal) como se solucionan las cosas.

En donde ya se están viendo las consecuencias es en el mercado de la deuda. Los analistas dan por seguro que la Reserva Federal subirá las tasas en diciembre, aunque sólo 0,25%. Pero esto podría ser solo el inicio de una serie de subas. Así las cosas, el bono global más importante, el de 30 años de EE.UU., ya cayó más de 6% solo en noviembre, llevando a su rendimiento a superar el 3% anual. Entretanto el Vanguard Total International Bond ETF (BNDX) que nuclea bonos soberanos “investment grade” de Asia y Europa, cayó 1,5% también en noviembre y el Vanguard Emerging Markets Government Bond ETF (VWOB), que incluye bonos soberanos de países emergentes, cae todavía más, un 4%.

En la medida en que los títulos norteamericanos presentan mayor rendimiento, se vuelven menos atractivas otras opciones. Los bonos argentinos se llevan la peor parte. El Bonar 2046, por caso, ya cotiza debajo del precio de emisión, a US$ 97,5 y así rinde 7,84% anual en dólares. En su mejor momento llegó a cotizar por encima de US$ 115. El otro país que sufrió fue Brasil cuyos bonos más largos terminaron 1,4% abajo, mientras que el resto de los títulos de la región tuvo caídas marginales.

El dato de las tasas para el gobierno, que compró deuda por más de US$ 40.000 millones este año, es importante ya que tiene que financiar, según cálculos privados, US$ 30.000 millones en 2017 visto que no quiere bajar el gasto y no tiene margen para seguir aumentando impuestos, ni subir la emisión monetaria, la inflación.

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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