Por Alejandro A. Tagliavini*

 

Además del falso argumento de “la herencia” -porque como, ciertamente, recibió el país tan abajo, con muy poco se podía subir mucho- ahora Macri puede sumar otro argumento para esconder su mal desempeño: se acabó el viento de cola y las tasas de interés podrían subir con inusitada fuerza.

Si bien la mayoría de los analistas esperaba que una victoria de Trump trajese turbulencias en el mercado, pocos imaginaban que los vaivenes llegarían en el sentido en que lo hicieron. En los mercados europeos, la peor parte se la llevaron las compañías más endeudadas pese a que, se supone, esas deudas fueron a parar a inversiones cuya rentabilidad superaría el costo de la financiación. Imagínense que pasaría en casos como el del gobierno argentino, cuya deuda se despilfarró y que necesita de grandes sumas para financiar su desorbitado gasto.

Los analistas no esperaban el brutal repunte que está viviendo el mercado de deuda, lo que golpea en dos frentes: el de la financiación y el menor atractivo del dividendo de las empresas frente al futuro interés de las tasas. Las masivas ventas de bonos han provocado una caída en sus precios y, por tanto, un aumento en la rentabilidad al punto que, por ejemplo, la del bono español con vencimiento a diez años alcanzó el viernes su nivel más alto desde de junio al acercarse al 1,50%, mientras que el italiano casi llega al 2%.

Por otro lado, pareciera que Trump apunta a un aumento del gasto y, por tanto, de la inflación, lo que podría provocar más presiones sobre el rendimiento de la renta fija. Apenas se conoció el resultado electoral en EE.UU., los intereses de la deuda pública europea repuntaron tímidamente. La rentabilidad del bund alemán aumentó del 0,19% al 0,20%. Pero luego, se produjo una auténtica oleada de ventas a escala global. Los analistas de Bank of America Merryll Lynch cifran en la friolera de US$ 337.000 millones las pérdidas ocasionadas por este desplome de los precios en la renta fija.

La rentabilidad del bono estadounidense a diez años se disparó por encima del 2%. Por su parte, el interés del bund alemán luego alcanzó el 0,34% cuando hace apenas un mes aún cotizaba con las rentabilidades negativas que propició el triunfo del Brexit. Los mayores cambios se han registrado en la rentabilidad del bono español a diez años. La oleada de ventas desinfla su precio y dispara su interés, desde el 1,25% del pasado martes hasta rozar el umbral del 1,50%. La desbandada es más contundente aún en la otra gran deuda periférica, la de Italia cuyo bono a diez años supera el 1,9% de rentabilidad.

Las previsiones de una escalada en la inflación a niveles inéditos desde el estallido de la crisis financiera obligan a un sustancial ajuste en las expectativas de nuevas subidas de las tasas de interés por parte de la Fed. Si bien en cuanto a la próxima reunión del 14 de diciembre de la autoridad monetaria las opiniones están divididas, casi todos creen que podrían sumarse nuevos ajustes en 2017 al punto que algunas firmas de inversión no descartan hasta tres subidas de tasas en EE.UU. en el próximo ejercicio.

El mandato de Janet Yellen al frente de la Fed finaliza en febrero de 2018, pero sus diferencias ostensibles con Donald Trump han activado los rumores sobre una posible dimisión anticipada. El próximo presidente de la autoridad monetaria tendría un perfil mucho más ‘agresivo’ que Yellen, criticada por Trump por mantener su política ultraflexible de tasas cero. Entre los favoritos figura Richard Fisher, expresidente de la Fed de Dallas y uno de los ‘halcones’ más reconocibles. Los analistas de Axa no descartan que estas subidas sitúen a las tasas cerca del 2% lo que, desde el rango actual de entre el 0,25% y el 0,5%, es muy fuerte.

 

 

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

@alextagliavini

 

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