Por Alejandro A. Tagliavini*

Desde que asumió Macri resultó clarísimo que Argentina caería en todos sus aspectos. Pero los “optimistas” opinan lo contrario y, ante la evidencia incontrastable, vienen corriendo el “despegue” para “más adelante”. Pues lo cierto es que el país no crecerá ni en 2017, ni en 2018, ni en el futuro en tanto se continúe con esta política. Tomen nota, que quede documentado, de modo que podamos discutirlo el año que viene.

El vicepresidente de la UIA, aseguró que en 2016 “el sector industrial cayó 4,5%” y que todos los sectores están mal. Casi todos los índices y tendencias son negativos. Baja el consumo y la producción industrial, aumenta la pobreza y la desocupación, la inflación llega al disparatado 40% anual. Y las libertades decaen, al punto que el gobierno propone obligar a los niños de tres -¡tres años!- años a asistir a la escuela.

Macri, prometió un ajuste moderado del gasto, del déficit fiscal y de la emisión monetaria, pero finalmente -llevado por su íntima convicción de que la economía se reactiva desde el Estado- hace lo contrario: en base a datos de la OCDE, debido al desbocado gasto estatal, la presión impositiva está entre las más altas del mundo y en crecimiento y no alcanza para bajar el gigantesco déficit fiscal.

La voracidad recaudadora ha llegado al límite de que el gobierno traicionará una de sus promesas más sonadas, la baja de las retenciones que debían continuar descendiendo otro 5% para la soja en 2017, lo que equivale a unos US$ 1.000 millones. Algunos analistas como los del Estudio Bein, calculan que el año que viene al Tesoro le van a faltar “apenas” unos $ 300.000 millones y US$ 9.000 millones, adicionales a los que aporten la recaudación, el Banco Central y la ANSeS.

Cruzando la frontera, las cosas van en otra dirección. Destacados operadores de mercado -como el director de investigaciones para América latina de Goldman Sachs- calificaron como “dream team” al equipo que acompaña al presidente Michel Temer. Proponen recortar el gasto público, el sistema de pensiones y la desregulación laboral. Analizan, también, unas cuantas privatizaciones y concesiones y la venta de las participaciones que el Estado tiene en unas 230 empresas, según O’Globo.

Al contrario de Macri, el presidente brasilero, convencido de que es el mercado el que reactiva -recordemos que el Estado impone sus caprichos vía monopolio de la violencia, y la violencia siempre destruye-  ya ha reducido los ministerios de 32 a 26, aunque no está claro si va a aumentar los impuestos “solo momentáneamente”.

Así las cosas, según muchos analistas, en los últimos meses, Brasil pasó de ser un paria a un favorito de los mercados emergentes. El real este año se fortaleció 23% contra el dólar y el índice Bovespa subió casi 41% desde la destitución de Dilma Rousseff. El Congreso acaba de aprobar una enmienda constitucional que limitaría los aumentos reales del gasto presupuestario a cero, durante un período de hasta 20 años.

El entusiasmo de los inversores por Brasil está eclipsando fuertemente al publicitado, pero poco real, interés por Argentina por parte de los inversores desde que el presidente “pro negocios” Mauricio Macri reemplazó a Cristina Kirchner, su predecesora populista. El problema es que “pro negocios” o “populista” la realidad no se mueve con discursos, ni con “buenos amigos” -como el gobierno de EE.UU.- sino con políticas reales.

En septiembre, la confianza de los consumidores brasileros subió por quinto mes consecutivo llegando a su nivel más alto desde enero de 2015, mientras que en el sector industrial se ubica en su máximo desde julio de 2014. A raíz de que la inflación baja, el banco central planea bajar su tasa de interés de referencia Selic de su elevado nivel de 14.25%, en contraposición con las tasas en Argentina que superan un disparatado 26%.

Aunque se espera una contracción del 3,5% este año del PIB brasilero -no por la clásica excusa de la “herencia” sino por inercia, ya que Temer asumió muy avanzado el año- en el 2017 se espera un crecimiento cercano a 1,5%.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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